Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Elegir un analista

Cuando la elección resulta una obediencia
  Por María Cristina Bacchetta
   
 
“Cuando elijo algo, cómo sé si se trata de lo que yo quiero o de lo que mi madre quiere de mí”.
Frase de una paciente

“… quizás es justamente este factor, la conducta del ideal del yo, el que decide la gravedad de una neurosis”
Sigmund Freud, “El Yo y el Ello”

La elección del analista por parte de un sujeto, neurótico, lleva la marca de su subjetividad, o sea de su neurosis. En ese sentido los modos y recorridos pueden ser muchos, hasta a veces insólitos. Tan insólitos como es la eficacia de la transferencia, eso que sorprende, lo que resulta inesperado.
Recuerdo una situación, hacía poco que me había recibido, se trataba de la vendedora de un negocio cercano a mi casa, era un negocio al que iba seguido, le pregunté si tenía cajas vacías, porque mudaba mi consultorio, la vendedora me preguntó “¿sos dentista?”, no, le dije, soy psicóloga, “ah justo lo que estaba buscando, ¿me puedo atender con vos?”. Combinamos una entrevista, y luego efectué una derivación.
¿Qué es elegir? Cuando un posible paciente llega a la consulta o la solicita, ¿eligió?, ¿qué está eligiendo?, ¿hay elección posible en un neurótico? Además de su “elección”, la del posible paciente, está nuestra escucha. Qué escucha allí el analista respecto de esa “elección”.

Pensamos que no toda llegada permite una continuación, a veces es una llegada que necesita de una escucha que redireccione el camino y al mismo tiempo, del lado del analista, con los años, nos vamos percatando de que no tenemos predisposición para todo tipo de sujeto o de historia o de fantasmática. El problema a veces no son los síntomas, el obstáculo mayor puede ser a qué fantasma estamos dispuestos o no a hacer de soporte. Esto último involucra por supuesto el análisis del analista y el atravesamiento de su propio fantasma, hasta donde ha sido posible.

Tomemos qué nos dice el Diccionario1, elegir tomado del latin elîgêre que significa “sacar”, “arrancar”, “escoger”, derivado de lêgêre “recoger”, y por otro lado dice, electo, “elegido para la bienaventuranza”… “arrobado en éxtasis religioso” y de ahí a eleto “pasmado”, “espantado”.También electuarium tomado del latín tardío derivado de electus en el sentido de “preparado con materiales seleccionados”, popularizado en el gall. leitoario “nombre de una piedra que dicen es buena para la leche de las amas”, también pop. “… cadena de oro con una piedra que es un leitoario con sus engastes de oro…”. Como era de esperar, las palabras nos han llevado lejos, y al mismo tiempo nos han acercado. Otro derivado es Delecto tomado de delectus “elección” derivado de delîgêre “elegir” y también Diligente de diligens “lleno de celo, atento, escrupuloso” participio activo de diligêre cuyo significado es “amar”. De sacar, arrancar, escoger, a, piedra que es buena para la leche de las amas, a, celo, a, amar.

Podríamos pensar que no es lo mismo (de hecho no lo es) que, ante la búsqueda de un analista (el suyo por cierto) el sujeto se dirija a su Obra Social o pre-paga, o a una Institución y siga lo que el admisor le indica, que el que averigua entre sus conocidos, que el que del lugar de alumno pasa al de analizante, etc. etc., pero al mismo tiempo, tal vez de base, sí se trate de “lo mismo”. Decir que los modos de llegada a un análisis, por parte de los sujetos son múltiples y variadísimos, no implica que estemos diciendo que en cada uno, en su singularidad haya “libertad de elección”, es propio del sujeto neurótico el no estar en condiciones de elegir, más bien suele estar sumamente consternado, embargado, aunque crea lo contrario. La libertad es una ilusión nos dice Freud, el predeterminismo psíquico, termina siempre por triunfar2.

De la salida del Edipo dependerán las posibilidades de elección en un sujeto, es decir de la eficacia de la función paterna. Si los objetos constitutivos del Edipo se introducen como superyó o Ideal del yo, oponiéndose desde entonces a la otra parte del yo, las posibilidades de elegir, se mantendrán entre ciertos parámetros, en el sentido de la sustitución, pero también de la repetición, o sea, no sin el duelo, sin el trabajo que este implica, y que culminará con el relanzamiento del deseo3. Es la castración lo que permitirá algún grado de libertad. Pero justamente si el sujeto llega, es porque este recorrido se ha visto impedido, perturbado, detenido. Neurosis y “elección” son, casi, como los polos opuestos de un recorrido, el del análisis. Hay gente que cree que elige porque caprichosamente se empecina con algo, hay gente que cree que elige porque cambia de analista en analista y en verdad no puede instalarse en ningún lugar, no puede jugar allí una transferencia de saber porque esa ha quedado subsumida en un Otro. La marca misma del deseo del Otro implica ya una delimitación, un sometimiento. Y porque en todo caso la “elección” y el “modo de la elección” formarán parte de ese circuito de repetición en el que está instalado, en el que consiste su embargo. Es decir, no se trata tanto de con qué modalidad de “elección” de analista se acerca el sujeto, sino más bien de cómo se acerca, qué tanta subjetivación está en juego en ese acto que lleva a cabo.

Sacar, arrancar, escoger implica un acto, acto que es sin garantías, aunque se busque un garante, aquel que nos diga dónde ir, cuál es el electus, el que porta el leitoario, esa piedra buena que nos permita el buen mamar/amar.

En general antes que el analista, suele estar a “quién” preguntar por un analista. Podríamos imaginar que se trata de una persona, incluso de lo que una institución personifica para cada quien. Pero no es la persona, esa siempre se nos escapa. Son las palabras, los nombres, las frases, muchas veces sueltas, encarnadas en un “alguien” que el sujeto dillingens lleno de “celo y escrupuloso” pone en juego. “Este”, que está antes que el analista, o que la institución, es lo que hace de soporte a una transferencia previa. Por eso lo que allí el sujeto puso, nos habla ya de esa marca. En algunos casos es un otro que “tiene un no se qué”, “que sabe de eso”, “que sabe lo que me conviene”, en otros pareciera no tener ninguna significancia, aunque muchas veces ésta se recobra en el curso del análisis. El comentario de: me parece “serio”, “bueno/a”, “barato”, “caro/a”, “no se deja engañar”, “te da con un caño”, despliega un imaginario, lo que el Otro “me” va a hacer como expectativa y a veces como reflejo de lo que “le” hizo a otro/a. Simultáneamente pone en juego el objeto, los modos de elección de objeto, en tanto ausencia, agujero, recorrido de un circuito pulsional, de un algo que en tanto falta, causa.

En el trabajo institucional muchas veces entrevistamos pacientes que llegan a la consulta porque un amigo le ha dado “el nombre”, porque se ha atendido allí. Es habitual, en algún consultante, comprobar a poco de andar que lo que lo aqueja es casi un calco del motivo por el cual acudiera su amigo, esperando idéntico resultado. Así la elección resulta más una identificación.
En cualquier caso, será necesaria la escucha e intervención de un analista que dialectice e implique allí al sujeto para que este pueda entrar en análisis, en la sesión de una demanda, que algo pueda ceder allí de su narcisismo, para dar paso “al acto de transferir”4.

De los distintos modos de “elegir”, en esta ilusión de que elegimos, no todos resultarán la consecución de un análisis.
Decíamos que en general el sujeto neurótico algún grado de elección pone en funcionamiento, pero también hay sujetos que llegan sin ninguna chance de poder elegir, como “pasmados”, “espantados”, ahí donde parecen haber sido ellos los “elegidos”. Sumidos en una angustia que aparece más como “desesperación”. Más cercanos al lugar de “objeto” que de “sujeto”. Tal vez sea interesante meternos un poco en alguno de estos modos, pedidos, gritos de auxilio, de los que a veces no se sabe si se podrán o no convertir en alguna pregunta que de cause al análisis.

Hace unos meses se comunicó conmigo un señor que pidió una entrevista. Durante la entrevista, relató que estaba muy angustiado, que estaba con una mujer que era el amor de su vida, pero que hacía cosas para perderla, etc… después de un largo rato, comentó que estaba en tratamiento con otro analista, pero que quería cambiar, porque no estaba bien, no se sentía bien, estaba muy desbordado y “lo que me dice ya no me sirve”. Le digo que primero tendría que decidir qué va a hacer con el tratamiento en el que está actualmente y que luego si quiere, puede volver a llamarme.

Un tiempo después, el paciente llamó y realizamos algunas entrevistas. Mientras lo escuchaba, tenía toda la impresión de que silenciaba algunas cosas, sólo podía hablar de “ella”, su pregunta era en torno a qué le pasaba a “ella” y cómo debía él proceder ante los enojos de “ella”. Se me cruzaron algunas ideas, y algunas preguntas “¿habrá querido realmente Juan, hacer un análisis?, ¿hay alguna pregunta que él pueda hacerse respecto a sí mismo? También me puse a pensar cómo había sido su llegada, a través de quién: un amigo de su pareja era quien le había dado mi teléfono. En este punto le pregunté cómo había llegado al análisis anterior y me dijo que se trataba de la analista de su pareja, “muy buena profesional, yo faltaba mucho… solía decirme que no me tomara tan en serio lo que ‘ella’ me decía, que era su modo”. “Ella se analiza hace muchos años, el análisis es muy importante para ella”… Se trataba de, como decía Dolina5, ¿las cosas que un tipo puede hacer con tal de levantarse a una “mina”!?, pero también como lo plantea Freud, acerca de las proezas del enamorado, para conquistar y salvar a la dama, que siempre termina teniendo un fuerte parecido con su madre.

¿Eligió? Y ahora ¿estaba eligiendo? ¿Había hecho ese pasaje, había algún acto? En esas primeras entrevistas se vislumbraba alguna tenue pregunta que al correr de las sesiones de pronto se disipaba, se perdía, para tratarse de respuestas rotundas y de que en todo caso “es un problema de ella, es ella la que está mal… y a mi si me joden mucho, cierro la persiana y me voy…”, para pasar a una serie de actings muchísimo más esclarecedores que todas las racionalizaciones que intentaba argumentar.

No sé si se trata de un sujeto dispuesto a analizarse, y no es que crea que hay alguien que si, sino que con esto me refiero a alguien dispuesto a pasar por la barradura que la palabra del Otro le implica, a abrir la “caja de pandora”, a internarse en la angustia. Va a ser necesario, además que pueda subjetivar su consulta, que mis intervenciones le permitan “verse”, colocarse del lado del sujeto. Creo que su llegada es más una obediencia, en el sentido de “satisfago tu demanda, pero no tu deseo”, ¿estará dispuesto a poner algo de su deseo en juego? Pareciera que el pasaje al acto en relación al análisis no termina de producirse. Sin embargo, todavía no ha bajado la persiana, pero no sé si será posible en estos momentos o en algún otro momento, escuchar allí aquello que recobre alguna demanda, alguna pregunta en función de análisis. Veremos la próxima…
_____________________
1. Diccionario Crítico Etimológico, Corominas-Pascual.
2. S. Freud, Tomo VI, “Psicopatologia de la vida cotidiana”. Pto. XII. Ed. Amorrortu.
3. S. Freud, “Contribuciones a la psicología del amor” I y II T. XI. “Lo ominoso”, To. XVII. “El Yo y el Ello”, T. XIX. “El sepultamiento del Complejo de Edipo”, T. XIX. Ed. Amorrotu.
4. Sara Glasman, “…el sujeto perdido en su pregunta por la causa, embarazo, en tanto el síntoma se construye para velar la aprehension del objeto causa que es la angustia, sumado al no saber ubicado en el lugar de la emoción, pasa al acto de transferir, lo que implica por un lado, suponer saber a algún sujeto, y por el otro haber encontrado la falta con la que amar ese saber que no tiene. Este pasaje al acto, interno al campo de la neurosis, puede o no originar el acting que pide interpretación, esto es demandar análisis”. Rev. Conjetural Nro. 25, “El fantasma de suicidio”.
5. Alejandro Dolina, escritor y periodista.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | “Hasta que la muerte nos separe” 
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Teoría sin clínica y clínica sin teoría… ¿al pie de qué? 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com