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Nombre propio. Rasgo Unario. Letra. Ideal del Yo
  Por Norma Gentili
   
 
“… el ser está perdido en el basurero del Otro.”
J. Lacan, Seminario La Identificación

Toda la batería significante se halla confrontada a este rasgo único, en la medida en que, en rigor, podría ser sustituida a todos los elementos de lo que constituye la cadena significante, soportar esa cadena por sí sólo y simplemente, por ser siempre el mismo.

Es un trazo único, absolutamente despersonalizado, soporte de todo significante. Es en este punto no mítico, sino perfectamente concreto, de identificación inaugural del Sujeto al significante radical que se constituye la Identificación que es el Ideal del Yo. Ese Uno es el instrumento de esa identificación. A ese rasgo está enganchada la cuestión de la garantía, de su función, de eso a lo que sirve ese significante en el advenimiento a la verdad. Este Rasgo Unario es toda la batería en serie, cada uno. La función de la unidad del significante es no ser sino diferencia. El trazo, el Uno, la muesca. La muesca que muy antiguamente los hombres hacían en las paredes, o en los huesos de los animales que cazaban, la marca: I = (un jabalí), II = (dos jabalíes).

En los animales regresa el rasgo del Ideal. Ideal que es identificación a un rasgo, tal como Freud lo plantea en Psicología de las masas y análisis del Yo, bajo la forma de la segunda especie de identificación a la que denomina regresiva porque está ligada a un abandono de objeto al que define como objeto amado y que va desde la mujer hasta los libros raros, pasando por los animales (el perro, el gato: ese duelo “difícil”). Luego habla de la primera identificación, diferente de la elección de objeto, que se produce sobre el fondo de la asimilación devorante. (Con significantes de lo anal: masoquismo-sadismo). Y luego habla de la tercera, que es al deseo: la identificación histérica.
Recordaré sólo que las identificaciones no forman una clase aunque lleven el mismo Nombre (aquí no está el Yo Ideal, por ejemplo, que es una identificación. Se trata de La función de la identificación, no de una clasificación).
¿Por qué las Imagos se han banalizado? (interroga Lacan) ¿Es sólo por alguna especie de efecto de familiaridad? Hemos aprendido a vivir con esos fantasmas, nos codeamos con el vampiro, el pulpo, respiramos en el espacio del vientre materno, al menos por metáforas. ¿Es eso solamente aquello por lo cual nuestro dominio parece doblegar el uso instrumental de esas imágenes como reveladoras?
Seguramente no es sólo por eso, porque proyectadas en las creaciones del arte, guardan aún su fuerza, no sólo golpeante sino críticas, esas imágenes guardan algo de su carácter de burla o alarma. Están, como las sombras del infierno, prestas a surgir, escenificando el automatismo de repetición.

¿Qué es un Nombre Propio? Su función: El término nombre propio, en griego onoma, traducido al latín: nomen propium, significa un nombre “genuino”, o más genuino que otros. “Nombre”, es una palabra más antigua que “palabra”. Toda sociedad humana, por primitiva que fuese, no careció de una palabra para “nombre”: decimos, al decir Nombre, que existe algo a lo cual un determinado signo sonoro corresponde, algo que fue el fons et origo del nombre, algo que proporciona su raison d etre.

El nombre es la insignia distintiva, no de la familia como un todo, sino de cada uno de sus componentes. Las cosas (Gardiner) llamadas por su nombre propio son, en su gran mayoría, miembros de un grupo en el que las semejanzas pesan considerablemente más que las diferencias, de modo que se requieren rótulos, etiquetas, para marcar la distinción.
El nombre propio es un modo de funcionamiento de la palabra en el lenguaje. El Nombre Propio siempre está ligado al trazo de su unión, no al sonido, sino a su escritura.
Para descifrar los jeroglíficos egipcios fue necesario encontrar nombres propios: Cleopatra y Ptolomeo. Cleopatra es Cleopatra de una lengua a otra, esto se conserva en su estructura, su estructura sonora. Hay afinidad justamente del nombre propio a la marca.

El nombre propio es la pura sonoridad de la letra: el lenguaje es la apropiación significante de la letra. La letra puede no acceder al discurso (Real). El Nombre Propio es lo que en el lenguaje está más listo para llevar la información del trazo, su propiedad particular reside en que carece de significación. El Nombre Propio es un artificio. Una máscara: un borde para ceñir el horror. Lo propio del Nombre es que habla una verdad desde el sentido. Que el Nombre no tenga sentido, no lo priva de tener pregnancia imaginaria. Tiene el trazo, está hecho de la misma estofa que el Ideal. Es el nombre de lo que el Sujeto es en tanto que Sujeto de la enunciación; en el acto de la enunciación está la nominación latente a la que podemos concebir como el primer núcleo significante, de lo que enseguida va a organizarse como cadena giratoria: como inconsciente.

El Nombre Propio es un nombre del Ideal que espera al Sujeto desde el Otro. Poder leer en el enunciado el rasgo del Ideal del Otro en el corazón del Nombre Propio, para que –como pura marca– el Sujeto haga serie.
El Nombre Propio, en su dimensión Imaginaria vela lo Real.Es un rasgo del Ideal que puede cumplir la función del Ideal suturando las fallas del Yo Ideal, coagulando la imagen del Sujeto cuando ésta vacila.
En su partición, se metaforiza (Soraya). En tanto deseo circula metonímicamente por la Cadena. Esta partición lo hace operar como un significante cualquiera y es sobre su sustancia de letra que el análisis operará. La letra tiene respecto del significante anterioridad lógica: Letra es ADN, alfa, W: orejas del lobo, número V= hora de la siesta en el Hombre los Lobos. Es unidad y alineación del Yo. Está fuera del cuerpo y fuera de la lengua. El Ideal unifica, de allí la masa, pero también puede degradarse, del rasgo a la unificación hay un proceso de composición que puede revertirse, de-construir la imagen. La misma función representativa puede, actuando por simultaneidad o por rápida sucesión, vehiculizando lo extraño y lo propio, lo habitual y lo inesperado, producir un efecto cómico: se trata de la imagen y su degradación.

La caricatura lleva a cabo la degradación extrayendo del conjunto del objeto eminente un rasgo, que es el unario de la identificación. Es lo que produce el efecto cómico en tanto vacilación de la imagen, como “materialización de la imagen”, como “restitución” lo cual permite pensar a ciertas situaciones en las cuales el Sujeto se lleva al ridículo como una formación del Inconsciente.
 
 
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