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   Comentario de libros

La locura, pasión de lo imaginario
  Reseña de Las locuras según Lacan, de Pablo Muñoz (Letra Viva, 2011
   
  Por Luciano Lutereau
   
 

Que la estructura aparece en el fenómeno es una afirmación de sentido común –casi una trivialidad para el público lacaniano–, hasta que un libro como el de Pablo Muñoz se encarga de sacar las consecuencias teóricas y clínicas que le corresponden, y nos muestra que aquello que se creía evidente aún no fue pensado con todo rigor. Porque, si bien la locura es el tema central de este libro, el alcance de su elaboración es mucho más amplio. Aquella no es más que el hilo conductor de un esclarecimiento que –de acuerdo con la imagen de un “poliedro” que ofrece el autor, dada la diversidad de sus aristas– se detiene en diferentes problemas cruciales del psicoanálisis:
1. La cuestión del extravío en la “nosología psicoanalítica” (contradictio in terminis), al problematizar la pertinencia de la noción de “estructura clínica” –expresión que, como el autor recuerda, jamás aparece en la obra de Lacan–, en desmedro de las “estructuras freudianas” que nombran ciertos tipos de efectos del lenguaje en el hablanteser y plantean la inquietud, relativa al diagnóstico diferencial, de una eventual “suspensión de la neurosis” en que podría manifestarse eso que llamamos locura. Como bien argumenta el autor –ya que rigor expositivo es algo que abunda en este libro–, la proliferación ad hoc de categorías limítrofes (borders, fronterizos, inclasificables, etc.) sólo se sostiene en una incorrecta concepción esencialista –y pre-psicoanalítica– de la estructura.

2. El problema de la “responsabilidad subjetiva” –otro sintagma inexistente en la obra de Lacan, y cuya puesta de relieve da cuenta de la lectura metódica del autor–, habitualmente malentendida como un “hacerse cargo” que supone un sujeto responsable (y sustancial) antes que un efecto de responsabilización –por el singular posicionamiento ante la interpelación del Otro–, que permite introducir en psicoanálisis tópicos descuidados en la investigación analítica como la libertad y la elección subjetiva. Curiosamente, es la locura el motivo que mejor permite plantear esa forma de aproximación a la libertad, cuya “fórmula general” podría resumirse en los siguientes términos: locura es el nombre de una perturbación de lo imaginario que se expresa clínicamente por diversas alteraciones atinentes a la imagen corporal y de las relaciones con los semejantes; que supone una identificación al ideal sin la mediación simbólica del Otro y, por lo tanto, un desanudamiento del Otro (en el doble sentido del genitivo), cuyo observable clínico es el “delirio de infatuación” del alma bella que acusa al Otro según la “ley del corazón” –en una referencia a la fenomenología hegeliana que el autor desarrolla con notable solvencia–. De ahí que el título de este libro Las locuras según Lacan exprese implícitamente esa pasión de lo imaginario, asociada a la constitución paranoica del yo, que redunda en una “estasis del ser” –en términos de Lacan– que adhiere a la ilusión de libertad –de ser lo que es sin el Otro– cuyo correlato inverso es el desconocimiento narcisista.

3. En este punto, luego de la circunscripción del “fenómeno de la locura”, el autor comienza una cuidadosa elaboración que considera la relación entre locura y fenómenos maníacos, la cuestión de las locuras histéricas, en el contexto de lo que se ha llamado “locuras neuróticas”, etc. Es importante subrayar que, en cada una de estas elaboraciones, el autor enfatiza el callejón sin salida –la psiquiatrización– a que conduce el afán clasificatorio. De este modo, por ejemplo, sostiene que “podremos hablar de locuras histéricas sin la necesidad de recurrir a la dicotomía ‘neurosis o psicosis’. Lo que sostenemos es que la locura excede esa dicotomía, hay locuras no psicóticas, que no por ello son neuróticas, simplemente son… locuras. Configuraciones sintomáticas que comportan que la estructura de la neurosis no opera o bien está suspendida: neurosis stand by” (p. 151).

4. Por último, de acuerdo con el método entrevisto, el libro realiza una minuciosa desagregación que aprecia las formas de la locura en el duelo patológico, la paranoia… ¡en el amor! Esta revisión clínica de la aparición del fenómeno es, a su vez, la antesala de la última sección del libro, dedicada a estudiar la cuestión de la locura en el contexto de la teoría de nudos en los últimos seminarios de Lacan. El libro concluye con valiosas reflexiones sobre la relación entre locura y debilidad mental, que recuerdan ese acendrado rechazo del inconsciente que el loco puede encarnar.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, mucho se ha escrito sobre las locuras; eventualmente superponiendo el término al de psicosis, o confundiendo su aparición con un mero desencadenamiento (lo cual no hace más que desplazar el problema). Autores más recientes apelaron a la concepción lacaniana de la “forclusión parcial”, aunque indeterminando la especificidad de la locura, al unirla en un conjunto más amplio en que también quedan incluidas enfermedades psicosomáticas, el pasaje el acto, etc. Por lo tanto, puede decirse que mucho se ha escrito, pero poco se ha avanzado. El presente libro de Pablo Muñoz es el primer libro que ofrece un esclarecimiento sistemático del problema de la locura en psicoanálisis; curiosamente, a sabiendas de reconocer que no se trata de un concepto en sentido estricto. Mucho menos habría una “teoría de la locura”. En todo caso –con la precisión que lo caracteriza–, el autor señala que si encontramos una “doctrina de la locura” en Lacan (así como destacara una “doctrina del significante” en La dirección de la cura y los principios de su poder), esto es, un conjunto de principios (el alma bella, el delirio del corazón, etc.) cuya función operativa permite atravesar la única pregunta que importa a un psicoanalista concernido: la singularidad del sujeto. El diagnóstico, la responsabilidad, la libertad, etc., y la variedad clínica de la locura, son diferentes figuras que interrogan este aspecto fundamental, el único a que la ética del psicoanalista debe responder con sus razones, cuando acepta el desafío de pensar aquello que aparece cristalizado en lugares comunes y frases hechas. Para concluir, remito al lector a la enseñanza que Pablo Muñoz nos deja en su libro, con la forma de una alternativa: desconocer o tomar posición. Ya sabemos qué aceptarán los infatuados, irremediablemente.

 
 
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