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Sueño y arte
  Por Carlos Faig
   
 
En un punto, arte y teoría psicoanalítica concurren. Una buena cantidad de cuadros y esculturas sirven de referencia a Freud y Lacan e ilustran sus desarrollos. Recordemos en Freud las referencias al Moisés de Miguel Ángel, su trabajo sobre Leonardo, y el análisis de Santa Ana, la Virgen y el Niño.1 En Lacan, las referencias pictóricas y escultóricas son mucho más numerosas. Prácticamente todos los seminarios podrían ilustrarse mediante una reproducción ligada a las artes visuales en su portada. Mantegna, La crucifixión podría perfectamente abrir esa serie, y Bramantino, Madonna con il bambino, en el seminario XXVII (La disolución, y si se acepta que este es un seminario), cerrarla2. Así pues, ¿dónde situar esta convergencia?
La imagen onírica, se sabe desde Die Traumdeutung, es un rebús (aunque este hecho, hay que reconocerlo, se ha perdido un poco en la actualidad: no suele interpretarse así el sueño). Al trabajar sobre el contenido latente, sobre las asociaciones del sueño, llegamos a situar la imagen onírica como un rebús (vale desde entonces como letra, enunciado, y no como imagen) y a localizar allí el deseo inconsciente. El producto del trabajo del sueño nos es dado como una escritura en imágenes. No se trata ni de la figuración de un objeto ni de un pictograma. La imagen onírica es un rebús, pero bajo ciertas condiciones muy específicas.
Por un lado, hallamos el contenido manifiesto (CM), lo que el paciente relata y que concierne a las imágenes oníricas de su sueño. Y por otro, el contenido latente (CL), las asociaciones posteriores al relato de las imágenes oníricas. Desde el CL el analista vuelve sobre el CM. Es un trabajo de retorno, de ida y vuelta. Se obtiene entonces una imagen que se constituye, después de este recorrido, como un rebús. El trabajo del sueño produce una imagen con y sobre el CM, basándose en el CL, y el analista la recrea. Esa imagen se lee en palabras, y ya no tiene mucho que ver con el texto, el relato primero del CM. Allí está el deseo o los deseos, las significaciones diversas del sueño. Unas superficiales, otras más profundas. Asimismo, encuentra lugar en ese punto el grado máximo de condensación, a veces indicado por el colorido de las imágenes (es una regla técnica que se halla en Freud).
Veamos un ejemplo de rebús. En la Edad Media, en Francia, se identificaba a los albergues con la imagen en la entrada de un león de oro, es decir, lion d’or, expresión relativamente homófona en lengua francesa a lieu d’ort. El león de oro vale como lugar de dormir. Es una imagen que se lee, un “rebús público”, social.
Ahora bien, vayamos a lo que nos interesa: al paralelo, o el isomorfismo que buscamos. Una obra pictórica se sitúa hasta cierto punto parcialmente al revés que el trabajo del sueño. Ella misma es el contenido latente, o se halla sustituida al contenido latente, llama a las asociaciones, y el “rebús” pasa entonces a situarse del lado de la realidad. El arte muestra ángulos imprevistos del mundo, lo interpreta (aun cuando la interpretación y el comentario recaigan sobre la obra en un primer momento). Es la imagen real, nuestra percepción de la realidad, la que se transforma en marca y puede desde entonces leerse.
Precisemos que en el caso del arte no figurativo el trabajo que indicamos aquí se sitúa en relación con la percepción –con la percepción “pura”, si cabe el término–. Aunque la imagen no reproduzca ni recree ningún objeto, toca nuestros sentidos. El arte no figurativo nos invita a hacer una flexión sobre nuestro modo habitual de percibir.
Si graficamos esta idea obtenemos:

Sueño: CM CL CM=rebús
Plástica: Realidad Cuadro Lectura de la realidad

Debemos observar, asimismo y en segundo lugar, que tanto en el sueño como en el arte se produce una inversión del punto de vista que lo transforma en circular. El yo del soñante está, como indicaba Freud, en todos los elementos del sueño. El yo no domina al sueño, no lo aprehende desde ningún ángulo. El sueño, su producción y su trabajo, desconocen la perspectiva, aun en el caso de que el sueño represente en él al yo y le asigne un punto de vista. De ahí, al menos en parte, que la imagen onírica sea circular, cerrada; que presente esta característica fenomenológica tan subrayada. El arte, por su lado, al producir una interpretación diferente de la realidad, al tomar un ángulo distinto, al descolocarnos, nos permite aprehender por un instante que nuestra representación dista de ser universal, y nos despierta3, o, al menos, nos aguijonea un poco. En ese momento preciso, “vemos” desde el cuadro, que nos incluye. Ciertas formas de arte, ocasionalmente, nos permiten aprehender nuestra captura en la realidad, que pasa desapercibida, pasa por natural. Se ve, pues, desde Otro lado. En esta suerte de aparato psíquico invertido que estamos describiendo aquí para situar el arte podemos decir, quizá exagerando, que desde Lascaux hasta la actualidad se pinta la realidad4. O bien, que el artista siempre produce un sueño, otro sueño: tal el caso paradigmático (aunque en otro terreno), por ejemplo, de aquella noche del Finnegans Wake, de Joyce5.
Por último, esta inversión del psiquismo concurre con la idea que proponía Lacan para situar al arte: analizarlo a nivel del síntoma y no del inconsciente. Con esto Lacan se proponía corregir el abordaje freudiano de las artes visuales6 y la literatura.
_____________
* carlosfaig@yahoo.com.ar
1. Si mencionamos, además, los frescos de Orvieto, que Freud trabaja a partir de su olvido del nombre propio, Luca Signorelli, no creemos que haya muchas más referencias plásticas en la obra (la Madona de Rafael, contemplada por Dora, es otra; y tal vez se encuentren algunas más). Quizá este hecho obedezca a que Freud se hallaba más interesado en la imagen onírica, en el rebús, que en la imagen pictórica. O quizá se trate de una reserva por parte de Freud respecto del arte y su abordaje. Esto contrastaría notablemente con la primera –avanzada–, por decirlo así, del freudismo. Desde su invención y muy rápidamente, el psicoanálisis busca ganar otros terrenos. Desde la histeria, se expande a la fobia y la neurosis obsesiva, en la psicopatología. Y, asimismo, se monta e interpreta la mitología (otra imagen plástica: la cabeza de Medusa), la literatura (La Gradiva, por ejemplo, o Dostoyevski; de todas formas, también son escasas las referencias freudianas a la literatura), etc. Esta expansión un poco desenfadada contrasta con el pudor de Freud con respecto al arte plástico.
2. En medio de los extremos del segmento que citamos en el texto se hallan múltiples referencias pictóricas. Se recordarán los dos grandes análisis de pinturas a los que se entrega el Seminario: Los embajadores, de Hans Holbein (especialmente en el seminario XI), y Las Meninas, de Diego Velázquez (en el seminario XIII). Además, desfilan en distintas ópticas y acompañados de distintas reflexiones, entre otros: Salvador Dalí, Picasso, André Masson, Signorelli, Rouault, Marcel Duchamp, Goya, Michelangelo Merisi Caravaggio, Tiziano, Tiepolo, Magritte, Matisse, Boticelli, El Bosco, Bernini, Marcel Duchamp, Van Gogh, Japoco Zucchi, Degas, Carpaccio, Rubens, etc.
3. La hipótesis de mínima es que la plástica nos obliga a reflexionar y admitir que el mundo percibido no es el que es.
4. No hay por qué ocultar que la historia del arte, y especialmente las menciones rápidas a distintas manifestaciones artísticas que hicimos aquí constituyen una verdadera bolsa de gatos (Lacan dixit): se encasillan como artísticas, como pertenecientes a las artes visuales diferentes manifestaciones de la praxis, desde Lascaux hasta un mingitorio exhibido en una galería, o alguna instalación rara.
5. Joyce, con el Ulises nos había entregado, antes, el día.
6. Otro dato que debemos tomar en cuenta para describir sucintamente el concepto de arte que resulta de la obra de Lacan: así como el goce del cuerpo precisa por oposición la situación del inconsciente, lo bello y el arte se despliegan en el terreno de la obscenidad (J. Lacan, Encore, Seuil, París, 1975, p. 103). Expliquémonos. Si el arte es el artificio que sostiene al Otro del Otro, es decir, en cuanto el arte provee, pretende proveer, truca un partenaire a la especie, y aceptando que no hay relación sexual, se sigue como consecuencia que hay un goce fuera del mundo. Asimismo, para completar aunque más no fuera provisoriamente el circuito conceptual alrededor del arte, debería atenderse a la cuestión de la sublimación.
 
 
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