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   Comentario de libros

Fundamentos Clínicos del Acompañamiento Terapéutico
  de Gabriel O. Pulice (Letra Viva Editorial, 2011)
   
  Por Gabriel Pulice
   
 
Desde su surgimiento en Argentina, en una fecha indeterminada que podríamos situar entre finales de los años ’60 y principios de los ’70 del pasado siglo XX, el Acompañamiento Terapéutico nace como una herramienta clínica que se inscribe en una búsqueda —compartida por una buena parte de los profesionales del campo de la Salud Mental— cuyo propósito era el de subvertir los lineamientos por entonces imperantes, y aún fuertemente arraigados, del modelo manicomial. Este movimiento de apertura y transformación, que comenzó a gestarse en el inicio del siglo pasado, fue generando las condiciones para la implementación de novedosos dispositivos de atención ambulatorios, los cuales a su vez propiciaron el desarrollo de nuevas y diversas disciplinas —tendencia que comienza a acentuarse desde los años ’50—, como respuesta a las renovadas necesidades clínicas que, a partir de ello, comenzaron a tener lugar. Entre esos dispositivos, no podemos dejar de mencionar la creación del Hospital de Día, que pasa a tener un lugar cada vez más importante al término de la 2ª Guerra Mundial, y que es correlativo de una nueva significación de la locura y de las revigorizadas expectativas sobre su tratamiento. Cabe destacar, asimismo, que el cambio de paradigma que vemos operar allí no se limita solamente al campo de las psicosis, sino que se hace extensivo al abordaje de otros pacientes que pasaron a poblar ciertas áreas clínicas que paulatinamente se fueron delimitando en su especificidad, las cuales, asimismo, presentaban con frecuencia sus propios desafíos, urgencias, y complicaciones en su abordaje. Podemos mencionar, entre ellas, el trabajo con niños y adolescentes con trastornos severos como el autismo, el retraso mental y la psicosis infantil; los trastornos de la alimentación, las adicciones, el alcoholismo y otras patologías de consumo; el tratamiento de pacientes oncológicos, terminales, de la tercera edad, y con trastornos neurológicos graves como epilepsias, demencias, Alzheimer; a las que podríamos agregar unas cuantas afecciones más.

La aparición en escena del Acompañamiento Terapéutico está fuertemente atravesada por ese contexto: ligada a una praxis que se reconoce más como una investigación que como una ciencia establecida, sería necesario un prolongado período de maduración para que, más allá del multiatravesamiento de saberes que le dio origen, pudieran comenzar a delimitarse con alguna precisión los contornos de su figura. Durante muchos años, de hecho, el único material bibliográfico específico sobre el tema estuvo constituido por apenas un puñado de artículos publicados en diversos medios porteños del ámbito Psi, en los que el denominador común era poner de relieve los obstáculos que se planteaban para los acompañantes en su tarea debido, entre otras cosas, a la falta de un claro lineamiento teórico, y de algún marco regulatorio de la actividad. Recién en 1985 se publicaría el primer libro dedicado íntegramente al tema.
Durante los años de la última dictadura militar —y a partir del desmantelamiento de todas esas experiencias que veníamos describiendo—, buena parte de los profesionales que las sostenían se vieron obligados en muchos casos a un largo y penoso destierro a países como España, Brasil, Perú, Venezuela y México, entre otros. El Acompañamiento Terapéutico, durante ese período, encontró su lugar de supervivencia en el ámbito de las clínicas e instituciones psiquiátricas privadas, entrando de ese modo en una suerte de período de hibernación. Y, aquellos colegas que por entonces debieron exiliarse, oficiaron al mismo tiempo de agentes de difusión de esta especialidad tanto como de aquellas experiencias que dieron marco a su surgimiento, esparciéndola hacia aquellos países a los que emigraron.

El tiempo transcurrido desde entonces —incluyendo las desfavorables coordenadas planteadas en los ’90 para el desarrollo de los dispositivos públicos en Salud Mental—, fue dando lugar a que el valor clínico del Acompañamiento Terapéutico pase a ser cada vez más reconocido como herramienta indispensable en los procesos de desmontaje de los dispositivos manicomiales, sobreviviendo a esas dificultades a fuerza de eficacia, generándose de parte de los terapeutas, los psiquiatras, las instituciones y de los mismos usuarios una creciente demanda de esta prestación. Paralelamente, fue teniendo lugar una importante desarrollo en la elaboración y articulación teórico clínica sobre esta especialidad, del cual dan testimonio tanto las numerosas publicaciones de las que se dispone actualmente sobre el tema, como la creación de cada vez más jerarquizadas instancias académicas —incluso en el ámbito universitario— que hicieron posible que aquella herramienta clínica surgida en cierto momento como una pura praxis, se encuentre en los umbrales de obtener su carta plena de ciudadanía como una profesión cada vez más jerarquizada y reconocida entre los recursos de mayor valía surgidos en las últimas décadas en el intento de dar alguna respuesta eficaz a las más estragosas expresiones del padecimiento psíquico.

«La obra que aquí se presenta da cuenta del trabajo de investigación, reflexión, análisis y crítica que el autor ha efectuado a la largo de más de veinte años en su trabajo clínico, de investigación y docencia. Si bien Gabriel O. Pulice no forma parte del origen e inicio del Acompañamiento Terapéutico en Argentina, sí forma parte de aquellos que le han dado origen y existencia a través de la letra escrita, abriendo una fuerte interrogación sobre la función del acompañante terapéutico, en el cruce de las diversas modalidades discursivas en que tiene lugar su intervención. Pues como él señala, no se trata de prescindir de esos distintos saberes, sino de establecer aquello que permita generar las condiciones para que los conocimientos propios de cada disciplina puedan alcanzar su máxima potencia, en términos de lo que se puede llamar: la construcción de un saber hacer. No sólo el acompañante, el analista, o el psiquiatra, habrán de tener presente esta cita puntual de Gabriel: mas allá de las crisis, urgencias o abandonos, hay siempre un sujeto aguardando la ocasión para volver a pronunciarse » (Dr. Marco Antonio Macías López, Universidad Autónoma de Querétaro, México).
______________
Gabriel O. Pulice es Psicoanalista, Docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como Coord. Adjunto de la Práctica profesional Fundamentos Clínicos del Acompañamiento Terapéutico (Cód. 800) desde su creación en marzo de 2001; docente regular de la materia Clínica Psicoanalítica I, e Investigador UBACyT.
Miembro fundador de la Asociación de Acompañantes Terapéuticos de la República Argentina, ha participado activamente desde 1994 en la organización de los sucesivos congresos nacionales e internacionales sobre esta especialidad.
Autor y compilador de los libros: Investigar la subjetividad (2007); Eficacia Clínica del Acompañamiento Terapéutico (2002); Investigación f Psicoanálisis: de Sherlock Holmes, Dupin y Peirce, a la experiencia freudiana, Buenos Aires (2000); Acompañamiento Terapéutico, (1997); Hacia una articulación de la clínica y la teoría, publicación del Primer Congreso Nacional de Acompañamiento Terapéutico (1995); Acompañamiento Terapéutico, Aproximaciones a su conceptualización. Presentación de material clínico (1994), y otros numerosos artículos y publicaciones sobre el tema.
 
 
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