Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Colaboración

La continuidad de los “porqués”
  Por Nicolás Cerruti
   
 

“Soy un hombre enfermo… Un hombre malvado. Un hombre carente de atractivo. Creo que padezco del hígado. Pero, por lo demás, no entiendo un comino de mi enfermedad ni sé con certeza qué me duele.” Así se presenta k. al poco tiempo de conocernos en el Hospital Borda. Me propone muy interesado leer en conjunto este libro de Dostoievski, Memorias del subsuelo, que no solo lo considera su libro de cabecera, sino que al leerlo se le revelan tres efectos: el primero, levantando la mirada, suspendido en el hilo de un texto íntimo, “parece que está hablando de mí”, es de autorreferencia; el segundo –como en diálogo– lee algo cómico, suspende la lectura y entonces ríe, cuando vuelve se encuentra leyendo “ustedes se reirán”, levanta ahora su vista, y dice “¿qué casualidad, no?”, risa, goce, registro de otro eminentemente él; el tercero: “este tipo rechaza todo, tiene rabia, eso me hace reír, no es como yo…”, es de diferencia. “Leerlo puede angustiarte… a mí me da libertad”.

k. es libre porque es una psicosis. Es más, tiene la certeza de su libertad. Lo que lo detiene, lo fija a un goce, lo instala en una mirada casi absoluta –como podía afirmar otra psicosis, “soy siempre vista”–, es el sin sentido. Instalado por horas frente a una revista de fútbol se angustia casi sin poder retirar su mirada. El punto que lo ha detenido allí es el encuentro con lo paradojal. Escuchó una vez que el Mundial del ’78, específicamente el partido Argentina-Perú, estuvo comprado. Esto sería que el Campeonato Mundial no lo ganamos, tendríamos una copa menos. ¿Por qué detenerse allí? ¿A quién le importa? “Para otro sería una boludez… para mí no.” ¿Cómo resuelve esta contradicción que se le impone? k. se esmera en hacer algo pues “la intensidad del síntoma” –repite– es superior a sus fuerzas. Entonces sentado al costado de la vida de su casa mira una revista de fútbol por horas, allí, frente a la mirada impasible de su madre, su cuñado, su hermana, su abuela…

Suspendido en esa mirada k. rescata el placer por los cuerpos, lo estético, le resultan bellos y luego… todo el placer que había sentido se ausenta. Se presenta el goce diríamos nosotros, un goce mortífero. Él lo dice mejor al preguntarse “¿qué crueldad es ésta que me arrebata el placer?”… primero el placer del texto, luego tan solo el placer de la mirada… después sólo mirada.
Los sinsentidos lo han conducido a ser confundido en una internación con lo que los psiquiatras llaman T.O.C. (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), y así lo trataban. Él respondía a ese Otro nombrando todo “mis obsesiones”. Se preguntaba “¿la coca engorda?” y entonces regulaba por horas su ingesta y su obesivo pensamiento… otras obsesiones eran el sexo, y más tarde las revistas. Estas obsesiones se expresaban enmascaradas en la duda. La duda, como todo obsesivo lo sabe, puede bañar todas las cosas, su destino es de mutación casi constante, y no se para en su tortuosa no respuesta. La duda puede ser hasta un método para desconfiar de los sentidos (nos proponía Descartes), o la manera que todo obsesivo tiene de escapar a los puntos donde más comprometido subjetivamente está. Lacan nos diría que la duda es un efecto y no una causa, una causa de todo en todo. Diría que el objeto a es la causa de la duda, y desde ya ese objeto (además causa de deseo) puede ser la mirada.

Llegó el día en que k. participó de un taller de plástica en el Hospital, hablaba como siempre de sus obsesiones, que no lo abandonaban, no de la duda, entonces se le pidió que dibujara dichas obsesiones. La sorpresa impactó a más de un psiquiatra: eran todos ojos. En la hoja, en todos sus bordes, completa hasta el hartazgo, un conjunto de ojos los miraban. Es su última “obsesión” la que abre la posibilidad de otra vista, y sin estar tan sujeto a un significante que lo coagula, como es este de la “revista”, pasa a la lectura, y a la literatura. Esta lectura lo alivia, le da libertad. No lee cualquier cosa, los títulos, los autores se suceden y son de un terreno que pocos soportarían juntos: Kafka, Truman Capote, Unamuno, Sábato, Dostoievski, Nietzsche. Geniales autores que han tocado la psicología de lo humano. “Me pasa algo con la literatura” dice, y se preocupa porque sólo escribe una vez por semana, “¿cómo voy a hacer para llegar a escribir mi obra?” La escritura física, entorpecida por su malestar, es demorada frente a una obra casi toda ahí, en el tiempo infinito del texto, tiempo infinito de la metonimia errante, tiempo infinito sin punto de capitón, sin punto de detención, sin nombre del padre diríamos. Él quiere escribir sin embargo, escribir el sinsentido, la contradicción que cohabita… lo logra, son situaciones, escenas, por ejemplo la famosa de Kafka de “Ante la ley”: un hombre que espera toda su vida entrar por una puerta solo destinada a él, pero imposible pues se encuentra interceptada por un más que eficaz guardián. Él se planteó un cuento similar: llega una persona a la casa de su amigo, se sienta en posición de loto, cierra sus ojos, el amigo no comprende esta actitud, entonces se instala junto a éste, se acerca una silla y lo mira fijo. Todo se detiene allí, en ese sinsentido, uno pura mirada, el otro con la mirada de Buda, que toma la castración a su cargo, mira lo real. k. dice que podrían pasar muchas cosas, que uno se levante y le parta un botellazo al otro, o que se vaya y vuelva cuando el otro esté todo contracturado, o que se ponga a mirar pajaritos… “Sería más sano, tendría sentido… pero se rompería la literatura”. Él había dicho ya que tenía algo con la literatura. Solo en ella puede sostener el sinsentido, la contradicción; escribir otra cosa es casi salirse de ella. Cita a Borges: “ni el más robusto pensamiento podría jamás resolver ese misterio”. ¿Cuál es el misterio? El goce… el goce que no queda dicho, que no se resuelve, que petrifica. Y frente a esto, k. se plantea en todo lo que lee una molestia, ¿por qué tantos finales trágicos? Él quiere tomar los autores citados y en sus propios textos escribir un final que termine bien. Se plantea graduaciones, uno malo, otro no tan malo, otro bueno.

Resolver el goce es intentar la escritura con distintas soluciones. Pero no nos mintamos, esto es válido en la literatura, en la ficción. Luego el sujeto sigue con su malestar atormentador un poco más atemperado. Y sin embargo ¿por qué podemos decir que el psicótico es libre? Es libre –dijo Colette Soler en su última charla en el Borda– y nos enseña sobre la ficción del discurso como lazo social ordenado, por medio de un semblante, y sin el cual no hay cohabitación pacífica posible entre los seres humanos. k. es libre en este punto del otro, de ese lazo al discurso, pero no lo es de algo que nadie lo es, del cáncer del lenguaje, del parásito palabrero, de su imposición, diría Lacan.
Esta mirada, esta fijación en una revista, esta cohabitación del sinsentido, de obsesión como puro sinsentido es ya una elaboración segunda, restitutiva, intento de delirio, de algo que aconteció en su adolescencia. Es allí de donde parte el sujeto que se partió, cuando se le impusieron estas palabras que definían su ser, fracasado social, y sintiéndose mirado por sus compañeros de colegio decide llevar una revista de fútbol donde poder ausentarse de la miradas de los otros. Es Schreber quien escucha esta frase psicológica “todo sinsentido se anula”, lo que en k. podría decirse como todo sin sentido se habita, luego, salirse de esto, de esta certeza, de este goce real, podría ser tanto sano como estúpido, como aburrido, como etc., podría ser… Pero él tiene algo con la literatura y cree que sin ésta, sin esta inmensa ficción, no podría vivir.

¿Cómo nos sentiríamos si al abrir un libro encontrásemos escrita nuestra vida? ¿Si esa letra del destino yaciera allí frente a nuestro ojos? ¿Si tuviésemos la certeza que de no leer, de solo levantar la mirada, todo, mundo y yo incluido desapareceríamos? ¿Qué sentiríamos… cien años de soledad? “Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o espejismos) seria arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres y en el instante en que Aureliano Babilonia acaba de descifrar los pergaminos y todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”, termina la magistral obra de Gabriel García Márquez. Ese profundo sentimiento de desarraigo, la soledad, el más profundo y absoluto exilio del hombre sin huellas, sin chances, parece ir acompañado de circularidad. El relato de García Márquez lo posee, Cortázar lo supo hacer pasar en el cuento quizás más corto y bello jamás escrito, “La continuidad de los parques”. En este exilio del que todos participamos solo a veces la continuidad es la respuesta, pues en ella se expresa la posibilidad de lo nuevo, de lo a-porvenir… en ese goce maldito de la circularidad puede pasar otra cosa.

k. lo regula frente a algo más profundo: “siento a veces que si me retiraran estas obsesiones, si no las tuviera más, eso sería el fin, tengo miedo… después de tanto tiempo… eso sería brutal”. No abandonamos tan fácilmente todas las ficciones de nuestro ser, ni las menos placenteras, ni las tan gozosas. A veces parece que solo pedimos un lugar en el mundo… venir de algún lado, ir hacia algún otro… y a veces suspendemos la lectura y no desaparecemos y sentimos placer.

 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Te vería infinitamente, si sólo no fuese tan ciega 
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | El último amo 
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Un resonante cuerpo de palabras 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | No es el amor una bella fábula 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Liarse al fracaso 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Mensaje Telepático.   Una comunicación posible

 

 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» Lacantera Freudiana
Ciclo de encuentros y desencuentros en torno a:  MIEDO AL INCONSCIENTE
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
La Formación del analista  El analista y su práctica - actividad no arancelada
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Primer cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com