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   Colaboración

Sexo y escritura
  Por Patricia Polari
   
 
No hay relación sexual porque para que un acto sexual lo fuera tendría que poder escribirse, pero parece que de esa imposibilidad de escribir una relación sexual se puede hacer una escritura: las fórmulas de la sexuación. En su funcionamiento de conjunto, en la remitencia y articulación de una fórmula a cada una de las otras tres, se funda un delicado equilibrio donde ninguna puede ser fijada de una vez y para siempre porque recibe límites y objeciones de las otras.

Esta ruptura en la fijeza de los términos es, a mi modo de ver, la subversión (y la corriente libidinal) impresa a las escrituras clásicas por parte de Aristóteles de las proposiciones universales y particulares –es decir, a un modo de pensamiento y de aprehensión de la realidad que todavía nos domina. No otra es la finalidad del quiebre de reglas (“abuso”, lo llama el 3/3/72) que lleva a Lacan a volver equivalentes a los modos positivo y negativo de la universal (al tiempo que la cuestiona como tal), a hacer un uso inédito de la barra de la negación, a asignar el cuantor universal a la escritura de una proposición particular y viceversa, y, sobre todo, a separar tajantemente lo que existe de lo que presuntamente es (pero está vacío).

Así que las partes interdependientes de esta escritura cuaternaria –donde la vectorialización y el movimiento continuo entre ellas ya no pueden soslayarse- objetan de entrada una lectura ingenua que quiere leer un reparto entre dos columnas que distribuyen a la gente según su sexo, cosa favorecida, hay que decirlo, por las desafortunadas denominaciones de “lado hombre” y “lado mujer”. Por otro lado sin embargo, dado que el el falo transformado en función es una relación del parlêtre con su goce1, eso es lo que las fórmulas escriben -y no la relación entre los hombres y las mujeres.

Esta relación del hablante con su goce es cuádruple:

(...)lo que se llama la variable, a saber lo que da lugar al argumento, es algo que acá está totalmente especificado por la forma cuádruple bajo la cual está planteada la relación de argumento a la función. 2

La función fálica (Φ(x)) niega la relación sexual; niega otro goce que, si hubiera, haría falta que no fuese ese:

Si hubiese otro, pero no hay sino el goce fálico (...) Es falso que haya otro, lo cual no impide que sea verdad lo que sigue, a saber, que haría falta que no fuese ese. 3

Estos enunciados sugieren el carácter prohibidor del goce fálico, y también que ese “otro goce”, el que no hay –pero que, eficaz, está presente por su misma ausencia 4: si no para qué incluirlo en la fórmula- no es “el otro del fálico”, de lo contrario habría relación sexual: dos goces que hacen pareja, aunque del uno haya stock y del otro ¡sólo una nostalgia eterna!

Del carácter prohibidor del goce fálico resulta que la escritura de la excepción en el lado izquierdo, “existe un x que no fi de x”, sea la negación de una negación. Y por eso la postulación de un individuo excepcional, Uno que no esté afectado por la castración, no asegura sin embargo que la relación sexual sea posible, ya que la negación de una negación, en modificaciones diversas y sumamente heurísticas de la lógica clásica (de las cuales estas escrituras se constituyen en un caso particular), no reestablecen una afirmación, que en este caso ni siquiera existió nunca –que haya relación sexual. No hay reductio ad absurdum, esa demostración según la cual podría establecerse que una proposición es verdadera con tal de demostrar la falsedad de su contradicción.

Entonces, si fuera posible negar la castración, esta negación conduciría a la relación sexual como por un tobogán.
Pero hay otra razón de más peso aún por la cual el susodicho no castrado no asegura que haya relación sexual: le falta partenaire para ello. Allí donde la relación sería por fin esperable por el levantamiento de la prohibición, dice Lacan, el heteros no se hace presente: “no existe ningun x que no esté afectado por la castración”, enunciado de la fórmula superior derecha, dice precisamente que ahí no hay ninguno para responderle al Uno.

La fórmula aludida, ausencia de excepción que priva al conjunto no-todo del extremo inferior derecho de un límite que lo cierre, que haga concepto de él, equivale entonces al cero en la serie de los números enteros, que es un uno de otra clase que el Uno. Entre ambos hay una hiancia, dice Lacan, inducida por el hecho de que son dos en el plano simbólico, pero sumados no dan dos (0+1=1) 5. Por eso no hay relación.

Así, los sexos son dos (bi-sexualidad), pero no hay segundo sexo (hetero-sexualidad) 6, porque el otro o hetero se vacía de existencia.
Asimismo, la “forma cuádruple” según la cual está planteada la relación entre la función y el argumento, determina que:

-no funciona la negación entre existe y no existe ni tampoco entre todo y no-todo. La relación que mantienen es de sostén recíproco y no de negación. Por otra parte, como está señalado más arriba, no puede negarse la negación que la castración es, porque la supuesta afirmación que le subyacería es justamente lo que no se escribe.

-no hay conjunción porque los universales no pueden juntarse (con-juntarse), debido a su discordancia.

-no hay disuyunción porque de un lado existe Uno y del otro cero (presencia de un solo sexo a ese nivel).7

En apoyo del argumento según el cual la cuadruplicidad del conjunto es necesaria para especificar la relación del sujeto con su goce, Lacan nos indica en la misma charla en Sainte-Anne que ese heteros ausente que se especifica arriba y a la derecha, no es el privilegio del sexo femenino, sino indicación de A barrado, ausencia del Otro cuando se trata de la relación sexual. Es una de varias indicaciones para no apresurarse a hacer de la escritura de las fórmulas, dos columnas donde repartir hombres y mujeres.

Recapitulemos. El axioma de partida es no hay relación sexual y la escritura de las fórmulas de la sexuación es su despliegue, lo cual saca al enunciado del terreno del mero aforismo. Se trataría de un principio que está en el lugar de, o más acá, de los pilares de la lógica clasica: identidad, no-contradicción y tercero excluído 8. De ahí la vacilación de estos pilares aludida más arriba, que emparentan a esta escritura a las lógicas paraconsistentes.

Se trata de una escritura de la no-escritura de la relación, en primer lugar, y en segundo término de una escritura de la relación diversa pero finita del hablante con su goce, y no de la relación entre varones y mujeres. Del “lado hombre” y del “lado mujer”, en una banalización corriente de las fórmulas de la sexuación, y tirando abajo el esfuerzo de demostración de que los dos sexos no pueden ser reunidos en el universal del sexo, se vuelve a hacer un conjunto susceptible de ser dividido en dos subconjuntos. Esto lleva derecho al terreno del género y a pensar en la sex-ratio 9: un número de individuos en cada subconjunto que sumados constituyen un todo.

Hay que decir por otra parte que el esfuerzo de Lacan es rebatir no sólo el universal de los sexos sino cualquier universal, produciendo una sacudida de los parámetros de la lógica clásica que es binaria (como los géneros). Al respecto, Guy Le Gaufey sugiere que la lógica clásica es binaria porque está contagiada de la cuestión de los sexos; y, al revés, la cuestión de los sexos en su binarismo está como impregnada por la lógica clásica:

(...) Lacan revela así estar al tanto de que es preciso, para socavar las dualidades Hombre/Mujer, Yin/Yang, XX/XY, con miembro/sin miembro, no dudar en demoler sus cimientos lógicos, pues está seguro de que la lógica, en su propio fundamento, es “con género” [gendrée] (debido a su binarismo clásico) antes que “sexuada”. Es importante convencerse de este punto, sin lo cual se nos escaparía la intuición que lo impulsa a relacionar falla lógica y falla sexual. Para él, el sexo afecta la lógica, pero también la lógica afecta el sexo. Aun cuando reconectarlos entre sí sirve para aclararlos mutuamente, lo uno por lo otro(...) 10

Al problematizar las categorías clásicas, encontramos que, si de un lado hay conjunto abierto o “multiplicidad inconsistente” 11–algo que no hace Uno, a lo que el pensamiento se resiste particularmente-, de ninguna manera podría ponerse en relación con el otro lado (el de una multiplicidad consistente).
No menos importante es la siguiente consecuencia: no podemos hacer una lectura de las fórmulas que no sea tomando las cuatro en conjunto: es lo que significa que ellas sean la escritura de la relación del hablante con su goce; la relación del hablante con el goce fálico y con el goce que no hay.

Hay que remarcar, como lo acabamos de hacer, que con el goce que no hay (el que “haría falta que no fuese ese”) se está en relación, lo que no nos permite enunciar que sólo hay goce fálico y quedarnos tan campantes. Y también porque no hay sólo puede ser dicho, para que no se entienda como un descubierto provisorio sino en su radicalidad, con una frase que es indirecta por emplear negaciones, en lugar de una frase positiva y directa (12).
Si hubiese otro goce que el fálico no debería ser ese, porque “ese”, si lo hubiera, sería el que convendría a la relación sexual en su mortífero abismo de fusión. Este es mi modo de entender un enunciado que sin duda tiene más de un sentido porque es deliberadamente equívoco, y su ambigüedad obliga a decidir. Lacan, en la sesión ya citada de El saber del analista, hablando de Edipo:

(...)a falta de que su partenaire le pidiera que rechazase lo que le ofrecía, manifestando así evidentemente, pero a nivel del mito que, para existir como hombre en un nivel que escapa a la función fálica, no tenía otra mujer, justamente no habría debido existir para él.
Ahí está. Por qué este “no habría debido, por qué la teoría del incesto, eso haría necesario en fin, que me interne por la vía de los “Nombres del Padre”(...)

Que el binarismo resulte socavado (que es lo que quiere decir que no funcionen el principio de no contradicción ni de tercero excluído) no significa que no exista el dos. En los años 1971-1972 Lacan habla de un dos real, un dos que no hace pareja.
Que el sexo sea real, no deja la menor duda. Y su estructura misma, es lo dual, el número “dos”. Se piense lo que se piense, no hay más que dos: los hombres y las mujeres, dicen y se obstinan en agregarle ¡los marchatrás! Es un error. A nivel de lo real, no los hay. De lo que se trata cuando se trata de sexo es del otro, del otro sexo, inclusive cuando se prefiere al mismo.
(...)

Hay una cosa sorprendente, es que el sexo como real, quiero decir dual, quiero decir que haya dos, nadie nunca, ni siquiera el obispo de Berkeley se abrevió a enunciar que era una pequeña idea que cada uno tenía en la cabeza, que era una representación. Y resulta muy instructivo que, en toda la historia de la filosofía, a nadie se le haya ocurrido jamás extender hasta ahí el idealismo.13

El falo en su vertiente imaginaria recompone el dos de la pareja, 1+1; un dos en el que la castración puede ser relevada en la comedia del erotismo, haciendo del falo algo que si no se tiene, se es y recíprocamente; el dos que eventualmente se funde en Uno por obra del amor. Pero como función simbólica se ubica en ese litoral que separa del campo –heterogéneo- de lo real de la relación sexual. Es donde uno y uno están disyuntos sin remedio.
Quiere decir que tienen una diferencia absoluta: tan absoluta, que ni siquiera se puede decir que esté allí para establecer un vínculo entre los dos términos14. Este dos es el real de la no-relación sexual.

El estudio de una disyunción radical exige pasar, claro está, por el no-todo, por donde efectuamos un acercamiento asintótico a lo real, raro porque el concepto no lo permite; significa por otra parte la ruptura del concepto. Hay concepto del lado izquierdo porque hay un conjunto cerrado que, en tanto define una esencia, no necesita de la existencia; puede ser sin existencias que lo pueblen (¡habitualmente lo imaginamos poblado de varones!). Porque para existir, hay que estar fuera del conjunto. El papel que cumple el “existe un x que no-fi de x”, es, dice G. Le Gaufey 15, el de cualquiera de nosotros en la medida en que enuncia “todo x tiene tal propiedad”; si decimos “todos los hombres están afectados por la castración”, para poder decirlo nos estamos situando por fuera, es una excepción narcisista según la cual el enunciador está excluído del conjunto. Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha 16, a entender en esta ocasión que lo que se dice, el dicho, es el enunciado de un todo cualquiera; en tanto que se diga marca el lugar del enunciador.

Se trata de una excepción banal, no trascendente, sino interna a la estructura; por lo cual habría que evitar leer la escritura superior izquierda de las fórmulas de la sexuación como un lugar cortado del conjunto (hábitat de un ser excepcional abonado por toda clase de mitos) y considerarlo en su inmanencia de ombligo del sistema.
El conjunto como esencia, como idea, como concepto, está vacío; y del otro lado, un conjunto que no tiene límite pero a pesar de todo recibe el nombre de conjunto, está hecho de una multiplicidad de elementos o de individuos, multiplicidad inconsistente descripta por la Teoría de Conjuntos. Ella no solamente no tiene cerco que la haga Una, sino que los elementos que la componen tampoco hacen Uno. Aquello difícil de aprehender con el pensamiento y de logicizar es lo que escapa del Uno; es en lo que Lacan insiste en De un discurso que no sería del semblante, ...ou pire y Encore, partiendo del “hay de lo Uno” y también de lo que le escapa.

Lo que queda como existencia fuera de toda esencia –unebevue, un sueño, todo aquello que existe como fragmento de límites imprecisos y que no puede ser integrado a ninguna totalidad –tal como el objeto a de Lacan- presenta la dificultad de no poder ser expresado de una manera directa y positiva, y que no incluya antinomia en la formulación 17, tal como veíamos en la cita acerca de los goces (Lacan, en Encore). Lo que es del orden de la emergencia no calculada ni calculable y que además emerge para desaparecer enseguida –no sin dejar rastro- es del orden de la existencia pura, sin concepto. La pregunta planteada y en parte contestada por Lacan, según creo, en la escritura de las fórmulas de la sexuación, es qué torsión introducir en la lógica para dar cuenta de esa existencia pura.

Referencias
(1) Le Gaufey, Guy: El notodo de Lacan. Ediciones literales, 2007, Buenos Aires. P. 81.
(2) Lacan, Jacques: El saber del analista. Charlas en Sainte Anne, 1971-72, inédito. Sesión del 3/3/72.
(3) Lacan, Jacques: Libro 20, Aún, 1972-73. Edit. Paidós, 1981. P. 75.
(4) Cf. Le Gaufey, Guy: El notodo... op.cit., p. 52-53.
(5) Lacan, Jacques: El saber... op.cit., 3/3/72.
(6) Ibid..
(7) Ibid..
(8) Cf. Le Gaufey, Guy: El notodo... op.cit., p. 47.
(9) Lacan, Jaques: ...ou pire. 1971-1972. Traducción y establecimiento de Ricardo Rodríguez Ponte. Clase del 17/5/72.
(10) Le Gaufey, Guy: El notodo... op.cit., p. 114.
(11) Cantor, Georg: Fundamentos para una teoría general de los conjuntos. Edit. Crítica, 2006, Barcelona. P. 259.
(12) Balmès, François: “No hay modo de simplificar, sin traicionar a Lacan, de alguna u otra manera, en forma de proposición simple y directa –del tipo ‘sólo hay goce del idiota’ este recorrido de negación” En: Dios, el sexo y la verdad. Edit. Nueva Visión, 2008, Buenos Aires. Ps. 76-79.
(13) Lacan, Jacques: El saber... op.cit., 4/5/72.
(14) Le Gaufey, Guy: El notodo... op.cit., p. 193.
(15) Le Gaufey, Guy: El notodo... op.cit., p. 179 y ss..
(16) Lacan, Jacques: El atolondrado. El atolondradicho o las vueltas dichas. Inédito. 1972.
(17) Balmès, François: Dios, el sexo... op.cit..
 
 
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