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   Colaboración

El porvenir del psicoanálisis ha sido justificado por la epi-genética
  A propósito de la publicación de La evocación mnemónica, paradigma de la integración somato-psíquica, de Alfonso Luis Masotti (Letra Viva, 2012)
   
  Por Dr. Ricardo Freire Castelao
   
 
“…Pero la crisis del psicoanálisis ¿no se traduce por el contrario en una retracción, en un constante rumiar mascullante de citas que hacen las veces más de passwords que de portadoras de información? ¡Cuántas veces hemos sentido que quien las formula lo hace más para ser identificado como miembro de la comunidad que para promover un nuevo camino al pensamiento!…”
“El psicoanálisis, por venir”, BRAUNSTEIN, NA1

En la reciente publicación de MASOTTI, AL, La evocación mnemónica, paradigma de la integración somato-psíquica, el autor introduce el uso de la coma en el título de la obra con un objetivo preciso, justificar la legitimidad del enunciado psicoanalítico princeps, la evocación del acontecimiento traumático como instrumento mediador entre la psiquis y el soma (abreacción catártica). Esta vieja presunción freudiana, hoy confirmada por los más sofisticados desarrollos en epi-genética, revela la historicidad del síntoma y sus vínculos con la psiquis. Es bien cierto que el psicoanálisis siempre estuvo amenazado de disolución y/o liquidación, y que nada hay de nuevo a la vez que todo cambia –al decir de Braunstein, pero inferir de las “viejas” estructuras psicoanalíticas un nuevo contexto de justificación, es el mayor mérito del autor. Es el mismo Braunstein quien nos recuerda el naufragio de la topología, emprendida como una búsqueda en pos de la abolición del sentido y de una formalización que resistiría el tiempo y las traducciones-tradiciones, como principio organizador de la institución psicoanalítica, demostrando su esterilidad clínica, filosófica y doctrinaria. Y agrega, es el propio J. A. Miller el que ha confesado su inutilidad, y Lacan, con su “relectura freudiana” quien ha dicho, después de todo, que Freud no pasaría jamás de moda porque todavía no se lo había terminado de entender. Pero es el mismo Braunstein quien halla la respuesta frente al extravío del último Lacan: “…De una disciplina en crecimiento cabe esperarse que viva en crisis en medio de agrias polémicas sobre los avances que se proclaman, en una expansión (no masificación) de su presencia en la cultura, en una profundización rigurosa de su práctica experimental, en el hecho de ser buscada como interlocutora por los animadores de los campos vecinos…”, nunca una tan justa apreciación de la obra de Masotti. ¡Cuánto hay de certero en eso de que nada hay de nuevo a la vez que todo cambia! Para concretarlo, Masotti se ha apoyado en colosos como Husserl, Hegel y Heidegger. No hay duda que esa es su extracción filosófica, así se puede constatar en el brillante alegato del epílogo de su teoría de la Avocación de Deseo. El autor afirma que el psicoanálisis no se limita como instrumento terapéutico que es, al de mero interpelante de la cultura, sino que sugiere que la diversidad subjetiva incluye a los sistemas de reactividad autónoma (emotividad), y detalla los mecanismos neuroquímicos partícipes de ese proceso, aportando una extensa justificación teórica y bibliografía ad hoc. Afirma el autor que cuando tiene una pregunta que responderse, no puede ni debe ponerle límites a sus implicancias, aunque sí podrá desconformar luego con lo que haga falta, pero nunca antes, como tampoco se limitará a mirar las cosas con un solo ojo, ya sea el ojo culturalista o el organicista, sino venciendo la incongruencia de semejante dicotomía, es que alcanzará la escrupulosidad científica ansiada por él.

Zukerfeld asevera en “Psicoanálisis futuro: ¿inutilidad esencial o magia modesta”2: “…no basta con afirmar que lo que se hace, sea en esencia psicoanalítico, y por lo tanto, terapéuticamente útil. Aquí es necesaria la investigación sistemática e interdisciplinaria con sus reglas y limitaciones, y con la posibilidad de dialogar con otras disciplinas y encontrar otras miradas a los problemas que se plantean. Se trata en realidad, de sostener una actitud científica que signifique sencillamente un pensamiento crítico en un campo particularmente complejo. Pero si los psicoanalistas y sus instituciones prefieren no hacerlo, y de hecho preservar identidades con certezas auto-validadas que provengan de la palabra de algún maestro, el porvenir del psicoanálisis se torna nuevamente oscuro. (…) Freud prefirió investigar e intentar traducir aquellas manifestaciones –se refiere a las producciones del inconsciente–, y crea el psicoanálisis, es decir un método de investigación y terapéutico a la vez, cuya acción por la palabra produjo en aquellos sufrientes efectos mágicos, de una magia que no poseía la espectacularidad de la hipnosis y su efímera duración, sino que iba acompañada de un proceso en un vínculo particular (…) Este proceso implicó nuevas traducciones con la intención científica y ética de comprender al otro y hacerse comprender por el otro, núcleo duro de toda disciplina que se sustente sobre una mínima base racional (…) Se trata de una combinación íntima de invención y disciplina, de alejarse de la realidad y, a la vez, de ser realista…” Es Masotti, que haciendo realidad las palabras de Zukerfeld, logra concretar la integración somato-psíquica requerida por los desarrollos epi-genéticos, estableciendo una validación transdisciplinaria y disolviendo de manera definitiva la confrontación entre el organicismo racionalista versus el constructivismo psicologista, al imponer a la evocación mnemónica como paradigma de esa integración, en la que el surgimiento del sujeto psíquico constata el tránsito de lo natural a lo cultural, en un cabal sentido del traspaso, al transitar de la mera aprehensión de los estímulos a la aprehensión de las sensaciones como posibles realidades que están ahí de suyo (inmanencia de la sensación y del sentir). Y aunque resulte obvio, nos dice Masotti, que la génesis del sujeto cognoscente se ha manifestado sincrónicamente con la aparición del lenguaje, los motivos que imbuyeron o insuflaron a hablar al homínido son anteriores a la aparición del lenguaje, constituyéndose como un extra-lingüístico, al que Benveniste3 explica del mismo modo que establece las diferencias entre el énfasis del lenguaje animal y la significación del lenguaje humano, como procesos de simbolización que se fundan sobre la misma problemática. En cambio, con Claude Levy-Strauss4, afirma Masotti, este pasaje de naturaleza a cultura lo testimonia la presencia de la norma, entendida como regulación de cualquier actividad, conducta o vínculo. Esta travesía emprendida por el homínido hacia la subjetividad humana, no responde a demanda biológica alguna, sino a los albores de una “necesidad” de concebir su entorno, reconstruyendo la realidad de acuerdo a sus propias experiencias, en la que la consciencia es tan sólo un elemental reflejo de esa estructura, la que no puede ser confundida bajo ninguna circunstancia, coincidiendo con Levy-Strauss, con la hipóstasis, aunque sí con una pulsión exegética, la que inevitablemente es dada a partir de un patrón biológico que la determina (disponibilidad de las estructuras que la sustentan), estableciendo un círculo de cooperación epi-genética. De este modo, aunque el sujeto psíquico conserve en su fuero más íntimo, el albedrío y/o la competencia para relevar o sustituir la realidad exterior por otra que urdiese su propio imaginario, la estructura no garantiza que la sensación-representación reconstruida, sea la realidad misma. Aún suponiendo que el homínido hubiese echado mano al lenguaje para expresar la condición genérica y abstracta de las cosas sensibles, la actitud de tomar por atributo la inmanencia del sentir y confundirla con la realidad, afirma Masotti, hubo de desconcertar al sujeto de conocimiento, el que al indagar acerca de sí, no obtuviese el ansiado esclarecimiento de su sentir. Este desconcierto sobre los motivos de su propio sentir, y de los motivos del surgimiento del su propio sistema de categorización, restringe drásticamente su raciocinio y su albedrío, oponiéndose a esa supuesta “libertad de conciencia”, al punto de demostrar categóricamente que quien invoca, evoca, rememora o avoca, evidencia su propia ineptitud ante el desgobierno de su rememorar o de su sentir, además con inevitables consecuencias sobre su salud física y mental5.

Este complejo planteo, no obstante exhaustivamente justificado teóricamente y respaldado por la bibliografía específica, le ha permitido a Masotti establecer los nexos funcionales entre los juicios de apreciación valorativa apetitivos o adversativos asignados a las diversas experiencias previas con los sistemas de reactividad, tales como la respuesta de estrés y de recompensa y/ resarcimiento, compartiendo la tesis de una superposición funcional de los circuitos neuronales de la respuesta de alerta con la de recompensa, y describiendo los mediadores endocrinos que promueven estos intercambios. Pero fundamentalmente, sugiriendo que los aportes de la epi-genética actual son los que han permitido la concreción de su teoría. Aportes que no obstante, fueron señalados por Freud quince años antes que Waddington6 definiese qué es la epi-genética, indica Masotti, al promulgar la necesaria y constante interacción entre las alteraciones que acusa el medio interno (Homeostasis) con las que promueve el medio externo (Alostasis) con ese fallido intento de formalizar el concepto de Compulsión a la Repetición, por el que fuera severamente interpelado al pretender extrapolar un concepto de la biología al campo de la psiquis humana, en vez de valorar la congruencia y atribución de su intento de integración somato-psíquica, define Masotti. Expresa el autor sobre el final del Prólogo: “…Los progresos obtenidos en estos últimos diez años, en la comprensión de los mecanismos epi-genéticos que participan en las perturbaciones del desarrollo neuronal que subyace a infinidad de enfermedades mentales, ha actualizado una revisión de los criterios diagnósticos tradicionales que dividen las aguas entre síntomas neuróticos y psicóticos. Por ejemplo, la co-morbilidad entre los síntomas psicóticos positivos y los síntomas defectivos en el Trastorno de Identidad Disociativo, o las recurrencias (reminiscencias) de los contenidos traumáticos en el Trastorno por estrés post-traumático (al que sugiere denominar simplemente como secuela de estrés) o en cualquier otro síndrome incluido en el espectro post-traumático, han forzado el imperativo reordenamiento de los síntomas positivos en las psicosis, aproximándolos a la equiparación con los síntomas neuróticos, y a los síntomas defectivos como una forma de demencia…”.
____________________
1. BRAUNSTEIN, NA: “El psicoanálisis, por venir”, Imago Agenda, nº 156, dic. 2011.
2. ZUKERFELD, R: “Psicoanálisis futuro: ¿inutilidad esencial o magia modesta?, Imago Agenda nº 156, dic. 2011.
3. BENVENISTE, É: Problemas de lingüística general, Siglo XXI, México, 1980, 9º Ed.
4. LEVI-STRAUSS, C: Las estructuras elementales del parentesco, Bs. As., Paidós, 1969.
5. El autor desarrolla a lo largo de los capítulos de su obra, los fundamentos de semejante proposición.
6. WADDINGTON, H: “Development as an epigenetic process”, en An introduction to modern genetics, Allen & Unwind, London, 1939.
 
 
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