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   Colaboración

El discurso del Capitalista en Lacan. Un hapax
  Por Carlos Faig
   
 
Voy a comentar un sector de una conferencia de Lacan en la universidad de Milán, cuya fecha es el 12 de mayo de 1972. Esta conferencia aparece publicada por primera vez en un libro que se llama Lacan en Italia, Lacan en Italie, de ediciones La Salamandra, una edición bilingüe que aparece en 1978. El título de la conferencia es Del discurso psicoanalítico. Posteriormente –el libro Lacan en Italie se agota rápidamente– reaparece en una revista que se llama Bulletin de l’Association freudienne, en el número 10, de diciembre de 1984. Actualmente se puede bajar del sitio de la ELP, poniendo en el buscador “pas tout lacan”. Del Bulletin…, creo, se tomó el texto para una traducción al castellano que aparece en la revista Psyqué, número 22, en 1988. Pero lo que aparece publicado en ese número de Psyqué es un fragmento del texto de Lacan, la parte donde habla del discurso capitalista. Esto es así, en parte y según creo, porque la conferencia de Lacan aborda mayormente otro tema. El discurso capitalista es un pequeño sector, la charla de Lacan apunta a otras cuestiones y esto aparece, no exactamente como una digresión, pero con poco desarrollo. Con esta publicación comienza a ser conocida entre nosotros la existencia en Lacan de una escritura de un quinto discurso (cosa que veremos que es discutible, problemática). Se populariza la estructura del discurso capitalista, casi como un enigma, por la falta que comentaba de mayores referencias al tema. Este discurso es un hapax. Esto significa que un término, un concepto –como ustedes saben–, aparece una sola vez en una obra. No se lo retoma nunca como tal. Existen referencias en Lacan, en muchos sectores de la obra, al discurso capitalista, al capitalismo en general, pero no hay otra referencia a la escritura de un quinto discurso, que sería el discurso capitalista. Hay otro término en Lacan que también es un hapax –y seguramente existen algunos otros–, que es el fantasma colectivo, y que no está lejos de esta problemática. Ese término se encuentra en el cierre de un congreso de la EFP y está en una letra de l’Ècole, que era una publicación interna de la escuela de Lacan. Pero no lo voy a comentar, quería simplemente aproximarlo, mencionarlo.

Si lo situamos en relación con el Seminario, la charla de Lacan en Milán es contemporánea del seminario XIX, …ou pire. Se ubica entre las lecciones 15 y 16 de ese seminario, es decir, sobre el final del desarrollo. Estas lecciones son del 10 de mayo y del 17 de mayo de 1972. Si recordamos que la escritura de los discursos aparece por primera vez en el seminario XVII, estamos muy cerca de la problemática y del origen de la teoría de los discursos, un poco antes de que empiece la serie de seminarios sobre los nudos borromeanos.

Voy a tomar tres cuestiones para situar los discursos y precisar la escritura del discurso capitalista. La primera cuestión que debemos resolver es porque son cuatro, ya que si producimos una permutación de las letras, una permutación simple, los discursos deberían sumar 24. Esto porque en una permutación la fórmula es factorial de 4, 4!, es decir, 4.3.2.1=24. Entonces hay que ubicar qué limita la circulación. Las letras circulan sobre un tetraedro con la base cortada. En un momento lo voy a dibujar en el pizarrón. Y lo que la limita es que hay dos pares de letras que no pueden aparecer una a continuación de la otra, seguidas. Se trata de la contigüidad entre S1 y (a), y entre S2 y el S. Esto produce una circulación en bloque de las letras, y es lo que hace que no se puedan desordenar. Así obtenemos solo cuatro discursos, que son los que conocemos. Para comenzar a entender los discursos, la limitación a cuatro posiciones es una cuestión decisiva. Hay que empezar por entender esto para poder situar correctamente el alcance que tiene esta formulación, su sentido. (Al pasar comento que el intento de sistematizar 24 discursos se hizo. En una Letra de l’École hay un trabajo de Bernard This sobre estos 24 discursos. Es la Letra número 21 que resume un congreso del EFP sobre los matemas del psicoanálisis.)
Segunda cuestión: la letra que figura arriba y a la izquierda, en el lugar del semblant, da nombre al discurso. Si está el S1, por ejemplo, estamos en el discurso del Amo, porque el S1 es el significante amo. Si está el S2 se trata del discurso Universitario, porque S2 es el saber; etc.

Tercera cuestión: el piso inferior figura la impotencia y la verdad, y aun la impotencia de la verdad. El piso superior refiere a la imposibilidad. Por eso vemos que en este piso se presentan parejas. El maestro, el profesor y el alumno ilustran la imposibilidad de enseñar. El amo y el esclavo ilustran la imposibilidad de gobernar, etc. Y estas imposibilidades se ocultan tras la verdad, es decir, por el piso inferior. Y de aquí hay que concluir que la idea que tiene Lacan de la verdad es muy peculiar. El acento está puesto sobre lo real y no sobre la verdad, que aparece como una suerte de coartada frente a la imposibilidad: la verdad envisca lo real. En otros términos, Lacan es muy poco filosófico: está lejos de amar la verdad.
En este momento, para este comentario que hago hoy, la que más nos interesa es la primera convención, porque es la que está cuestionada por la existencia del discurso capitalista. Al escribirlo en Milán, Lacan altera, transgrede las convenciones que él mismo estableció para los discursos. El S y el S2 quedan en contigüidad y el S1 y el objeto, también.
Lacan, que advierte lo que está haciendo, cambia la dirección de una de las flechas y elimina otra.




Además, caracteriza al discurso capitalista como una variante del discurso del amo. No se trataría tanto entonces de un quinto discurso, como de una variación de uno de los cuatro. Y esto no es del todo lo mismo que hablar de un quinto discurso. Igualmente, los problemas que han sido introducidos subsisten y uno se pregunta si se hubiera animado a enunciar este discurso en París, en su seminario.

Que el S1 y el (a) no sean contiguos significa que no hay representación del objeto, no hay simbolización. Mientras que entre S2 y S podemos decir que no hay saber subjetivo. El saber que interesa al psicoanálisis es el saber supuesto, dado que con este saber se supone al sujeto mismo. Es el saber inconsciente. Entonces, una vez que entendemos esto, advertimos que la teoría de los discursos tiene una aplicación estrictamente limitada al campo del psicoanálisis y completamente tributaria de la transferencia (tanto la falta de representación del objeto como el saber supuesto participan de un campo que es el de la transferencia). No se trata de una teoría general de los discursos, en un estilo por ejemplo que podría ser el de Foucault. Y esto en principio porque si uno estudia períodos históricos a la manera de Foucault, Lucien Febvre o quien fuere el autor, no hay manera de esquivar el saber convencional, el que no es supuesto, el saber común y corriente. Ni siquiera sería legítimo hacerlo, sería una especie de locura u obstinación sacar de juego al saber posible, sería privarse del objeto que se está estudiando.

Hago una pequeña digresión. Del lugar del semblant, el que decía que daba nombre a los discursos, vía Althusser y los alumnos que estudiaban tanto con Lacan como con Althusser (Alain Badiou, Miller, etc.), surge la cuestión de la dominante, la a-dominante o dominancia, en el marxismo althusseriano. Cuando se dice por ejemplo que el feudalismo tiene una superestructura con dominancia religiosa, o en el capitalismo jurídico política.
Otra elaboración que pasa del lacanismo al althusserismo, que tiene una influencia de Lacan, es el concepto de causalidad metonímica. Se trata, simplificando mucho, de una falta que tiene efectos, que funciona como causa, y que aparece desplazada sobre otros elementos, en otro plano, efectivamente existentes.

Entre nosotros, en los años 70, el lacanismo entró vía Althusser. En esos años, y especialmente con las cátedras nacionales y populares, Althusser era parte sustantiva del programa de 4, 5, 6 materias, que eran todas más o menos similares. Y Lacan aparecía marginalmente como una suerte de discípulo de Althusser.
Una última cuestión para cerrar esta digresión. En la misma Letra que había mencionado antes, la número 21, se recopila un texto de Solange Faladé (páginas 69 y 70) que propone un matema de la perversión. Lo escribe tal como Lacan escribe en Milán el discurso capitalista, si bien no cambia la dirección de las flechas. En el cierre del congreso Lacan la critica diciendo que él nada en ese matema de la perversión (página 506). Cinco años después, Lacan había olvidado por completo su invención en Italia. Para no decir mucho: “A buen entendedor…”

Vuelvo al discurso capitalista. En una primera aproximación, descriptivamente, lo que sitúa Lacan, o por lo menos un primer sentido que yo le daría, es el de la disyunción del saber y el poder. Si identificamos al S1 con el poder, y al S2 con el saber, que es por otro lado lo que debe hacerse, vemos que en los cuatro discursos estas letras son contiguas, y lo son especialmente en el discurso del amo. El amo ordena hacer algo al esclavo porque el esclavo sabe cómo hacerlo. Si no, no le diría nada. No pretendería gobernarlo porque no le serviría a ningún propósito. Este poder es el que se invierte en Hegel, cuando transforma al amo en el magnífico cornudo de la historia, como decía Lacan. En ese momento de la historia, las letras, lo que se escribe en el pizarrón, comienzan a gobernar lo real, adquieren poder. Es la importancia de Hegel en la historia del pensamiento, haber situado ese hecho.
El imperio antiguo, el imperio romano de la época de Calígula, no conoce esta disyunción. Calígula puede hacer que su caballo sea ordenado como senador. El amo antiguo desestima al saber. Gobierna porque es el amo, no porque sepa algo de nada. Y siempre tiene algo más divertido para hacer que ponerse a estudiar.

El revés de esta posición lo voy a ilustrar con una película, Queimada. De Calígula también se hizo una película pero no recuerdo si está o no la escena del caballo. Queimada es un film que se recomendaba durante los años 70 a los militantes como parte de su formación. Trata de una rebelión indígena en una isla que es colonia portuguesa. Marlon Brando es un enviado inglés que trabaja para que los portugueses sean desplazados del poder. Finalmente, la revolución triunfa. Y los indígenas se sientan en la mesa donde se cocina el poder. Les empiezan a hablar del precio del azúcar en los mercados, y de una serie de cuestiones técnicas sobre las que hay que tomar decisiones. Y los indígenas ignoran por completo todo ese mundo. Los revolucionarios nativos, consternados, impotentes, deciden volver a la sierra para seguir con la revolución. Pero el caso es que la revolución ya había triunfado. Ahora, eventualmente, tendrían que hacer otra revolución contra el saber y no contra el poder. El saber y el poder ya no coinciden. La situación ha cambiado y se ha complejizado de un modo que hace que tomar el poder no garantice nada.
Calígula de un lado, el imperio antiguo, y Queimada de Gillo Pontecorvo, de otro lado, el imperio moderno.

Voy a citar un párrafo del texto de Lacan que me parece el centro de la reflexión sobre esta cuestión: “(…) La crisis, no del discurso del amo, sino del discurso capitalista, que es el sustituto, está abierta. No se trata en absoluto de que yo les diga que el discurso capitalista sea tonto, al contrario es algo locamente astuto. Locamente astuto, pero destinado a reventar. Finalmente, después de todo es lo que se ha hecho de más astuto como discurso. Pero no menos destinado a reventar. Esto porque es insostenible. (…) Una pequeña inversión entre el S1 y el S... que es el sujeto… basta para que marche sobre ruedas, no puede marchar mejor, pero justamente marcha demasiado rápido, se consuma, se consuma tan bien que se consume.”

¿De qué habla Lacan aquí? La inversión misma nos pone sobre la pista: de lo que se trata es de la reinversión del beneficio. Ya no hay un amo que goce del trabajo del esclavo. El amo fue sustituido por la S, por todos nosotros podríamos decir, por la sociedad. Ya no hay quien goce de la producción. Es la diferencia entre el amo antiguo y el moderno. Para el amo antiguo no se trataba, como señalaba antes, de saber nada y menos todavía de dilatar, postergar su goce en la perspectiva de un disfrute futuro. No reinvertía.

Ahora bien, al reinvertir la ganancia desde la perspectiva de un amo universal, abstracto, de una situación de esclavitud no reconocida, que caracteriza las relaciones sociales modernas, caracteriza al capitalismo, y es lo que indica la S, alcanzamos lo que Marx llamaba tendencia decreciente de la tasa de ganancia. La cosa no tiene límite. El capitalismo efectivamente crece sin conocer límite. Va sobre ruedas, como dice Lacan. Y al mismo tiempo, y de la misma forma que puede deducirse el imperialismo (cosa que como ustedes saben realiza Lenin en un texto famoso sobre la base de la fórmula de la tendencia decreciente), el sistema capitalista está destinado a explotar, se infla cada vez más.
Por el momento, con esas dos características obtenemos una primera aproximación al discurso capitalista en Lacan, y podemos pasar a la discusión.

 
 
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