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   El héroe trágico

La cuestión del padre...de Edipo
  Por Jorge Mosner
   
 
Freud denominó complejo del padre a lo que conocemos definitivamente como complejo de Edipo. Comentaremos primeramente un sueño que Freud analiza en La interpretación de los sueños, en el capítulo “Nuevos sueños típicos” con el título de “Representación de los genitales por edificios, escaleras y fosos”. Se trata del sueño de un joven que tiene un idilio inicial con el psicoanálisis y el psicoanalista. Luego presentará fuertes obstáculos a la cura. Freud consigna estas características que por nuestra cuenta señalamos como propias de la neurosis obsesiva.
El paciente se auto-interpreta con abuso del simbolismo, “aprendió” los símbolos fálicos, de la vagina, el símbolo del coito, de la falta de erección, etc. Freud acepta la interpretación del paciente, es como si le dijera: “sabes de simbolismos, pero lo importante del sueño es un elemento que no es simbólico, es lo real de la hojalata con la que tu padre comercia, y el hecho, penosamente sabido por vos, de que se beneficia inescrupulosamente con maniobras comerciales incorrectas. Por eso, en el sueño, tu padre arranca un trozo de hojalata mirando a su alrededor, cerciorándose que nadie lo advierte”. Es el sueño de un hijo defraudado por el padre. La maniobra ilícita alude también a la masturbación porque en alemán “hacerse la paja” se dice “arrancarse una” (arranca la hojalata).

El deseo del sueño es un padre que no mienta, de modo que si preguntara acerca del “comercio sexual”, que es donde el soñante fracasa, el padre pudiera darle una respuesta veraz. La impotencia, en este sujeto, es efecto de un padre estafador.
Valorizamos la observación clínica de Lacan acerca del neurótico que trabaja denodadamente en pos de obturar la castración del Otro. Es decir, que haya un padre sin defecto, perfecto y completo. Observamos en la cultura la recuperación del padre omnipotente de la infancia en los superhéroes o en Dios, o en la veneración de un gobernante, etc. El costo subjetivo de estos movimientos son ofrendas que denominamos neurosis. Pero la función y vigencia del padre implica el reconocimiento de la pérdida de aquel padre grandioso de la infancia. En otros términos: a partir de la prepubertad el padre miente, o tiene alguna mácula, cualquiera de esas cosas humanas que llamamos castración.
Pero ¿qué ocurre con Layo, el padre de Edipo?: aportará desmesura.
Se ha estudiado el complejo de Edipo desde muchas perspectivas, inclusive la de la extraordinaria intuición freudiana al elegir el mito de Edipo en la versión trágica de Sófocles para metaforizar el complejo del padre. J. J. Goux en Edipo filósofo dice que Edipo es el primer héroe intelectual, puesto que su arma para vencer a la Esfinge es la palabra, allí donde la soberbia guerrera, la hýbris, era lo esperable. Anteriormente el joven Edipo, a los 16 años dio muerte a un soberano y a su comitiva, derramando sangre real en un estrecho desfiladero de los senderos de Delfos.

Pensamos que algo cambia radicalmente en Edipo entre Delfos y Tebas. Del orgullo al logos, Edipo vence a la Esfinge interpretando la adivinanza mortal.
¿Acaso no es Edipo Freud respondiendo al enigma de la Esfinge: qué es el sexo? Se atribuye a Lacan haber dicho que el complejo de Edipo es un sueño de Freud; luego, Edipo es Freud.
¿Pero saben ustedes por qué estaba allí la Esfinge al borde del monte Citerón aguardando a los adolescentes tebanos con la intención de aniquilar uno a uno a la estirpe? La Esfinge esperaba a Edipo.
Retrocedamos en el tiempo mítico. El padre de Edipo es Layo, hijo de Lábdaco. Lábdaco muere muy joven, cuando era rey de Tebas. Parientes políticos toman el comando del reino y Layo es expulsado de Tebas. Encuentra refugio en Pisa, donde reinaba Pélope. Éste tenía tres hijos: Atreo, Tiestes y Crisipo. Crisipo no era hijo de la reina Hipodamia sino de una ninfa-esclava llamada Axioche. Crisipo, a pesar de su bastardía, era el preferido de Pélope, generando intensos celos en sus primogénitos gemelos y la reina. Este rey protege al exiliado Layo, pero Layo quiebra las normas de hospitalidad: se enamora y seduce a Crisipo. Poco después muere quien lo expulsara de Tebas. Entonces Layo aprovecha para retornar a su ciudad secuestrando a Crisipo. Pélope invoca a los dioses. No podía ser de otro modo en un pueblo atravesado por el mitheîn, es decir la vida era junto con el mito: dioses y númenes acompañan la existencia sin solución de continuidad entre vida, historia, mito y religión (Freud diría: pensamiento mágico-animista). Hera, hermana gemela y esposa de Zeus, indignada por el acto criminal de Layo llama a la monstruosa Esfinge para que obre vengando a Pélope. La Esfinge, que quiere decir “la que aprieta”, habitaba Libia y Egipto. Llegó a la Tebas griega atravesando el Mediterráneo1. Zeus, por su lado, maldice la descendencia de Layo; ya saben cual fue la maldición. Así es que no le fue muy bien al que tiene el incierto honor de ser el fundador de la pederastia de Grecia, o sea que Layo es el primer gay mitológico de Grecia. Edipo también tiene un primer puesto: será el primer héroe intelectual.

De estos viejos relatos podemos pensar la identificación freudiana con Edipo: el valor de las palabras y la interpretación para resolver los enigmas. Recuerden que Freud dice que interpretar un sueño es adivinar su sentido.
Otro héroe clásico de la mitología merece un breve comentario: Perseo. El artículo de Freud “Cabeza de medusa” habla de la gesta de Perseo, que debe cortarle la cabeza a la peligrosa Medusa que, viva o muerta, petrifica con su mirada. Debía entregarle este trofeo al rey Polidectes a los fines de rescatar a Dánae, su madre, de la pretensión amorosa del rey (es decir otro bolonqui edípico)2. Podemos imaginar que Perseo enseñó a Freud cómo vencer a la Medusa: no mirar de frente, hay que mirar en forma indirecta, en sesgo. No se trata de cobardía sino de estrategia. Perseo para triunfar, para cortarle la cabeza a la espantosa Gorgona, mira en su escudo bruñido como espejo para orientar el golpe de su espada y evitar la mortífera mirada. Los efectos que produce en el hombre ver los genitales de la mujer, encontrarse con la horrorosa castración femenina, es la comparación freudiana con enfrentarse al rostro de la terrible mirada petrificante de la Medusa y sus serpientes por cabellos. Desviar la mirada favorece la escucha, da tregua a la angustia de castración, astucia que mitiga la guerra narcisista del Yo contra el otro Yo y disuelve fascinaciones. El paciente en el diván permite evitar efectos horrorosos y medusantes.

Volvamos a Layo. Él deseaba un padre que lo ame como Pélope amaba a Crisipo. En el nudo de la perversión está el duelo por Lábdaco, su joven padre. Una pérdida, dolor ingobernable en Layo, transformada en activa y desesperada pulsión quebrantadora de las normas fundamentales de la pólis. Pélope entra a Tebas y logra rescatarlo, pero inútilmente. Porque retornado a Pisa, el maravilloso y fálico Crisipo, será la presa de Atreo y Tiestes. Los feroces gemelos, inspirados por su madre Hipodamia, asesinan a Crisipo, conducidos por envidias y celos.
Layo intenta regular la pérdida del padre mediante la pederastia: construye una escena donde él (como si fuera el padre) ama ardorosamente al pequeño (que lo representa). De ese modo niega la pérdida del padre, que se hace presente encarnando en él mismo. Pero esta modificación-perversión de la realidad tiene un costo: condenado por los dioses, nosotros diríamos por el superyó, no podrá ser padre. Los oráculos expresan la necesidad de castigo. Su hijo biológico, Edipo, le dará muerte en el cruce de los caminos. Pero el Edipo construido por Sófocles3 tiene altura moral, y esta caerá sobre sí mismo. La búsqueda de la verdad orienta a nuestro héroe que no se detiene ante la advertencia del sacerdote Tiresias: “no quieras saber quién ha dado muerte a Layo”. Pero como es esta la condición impuesta por los dioses para que cese la peste, Edipo enfrentará su destino. Cómo obrar de forma tal que nuestro acto pueda ser universal ¡Qué responsabilidad ante nuestra descendencia! ¿Y asumir lo actuado, lo reprimido, o incluso forcluido de nuestros ancestros?
El mencionado J. J. Goux dice que el mito de Edipo es un mito enfermo, por dos motivos: el héroe no usa la espada, y el premio, en lugar de ser la princesa, la hija de un rey-padre, será directamente la reina. Edipo es el único mito con estas características.

También asoma la cuestión del padre en Creonte, el hermano de Yocasta. Este caso toma la perspectiva de la muerte del hijo, tema que Freud estudió en el sueño conocido como “padre, no ves que estoy ardiendo”. La Esfinge, enviada por Hera, lanzaba una adivinanza imposible a los jóvenes, potenciales padres y los asesinaba si no respondían correctamente. Así dio muerte a Hemón, hijo de Creonte y primo de Edipo.
Creonte era rey “interino” a raíz de la muerte de Layo, su cuñado. Anhelaba que Hemón lo sucediera, por eso dejará vacante la sucesión del trono y la ofrece a Yocasta en la promo.
Al preguntarnos por el padre de Edipo tenemos que tener en cuenta que los griegos de aquel entonces conocían el relato, vivían en los mitos, decíamos antes. Sabían quién era Layo, qué sucedió antes y qué sucedería después. Estudiamos estas cuestiones en torno al padre de Edipo porque atañen a la metafórica freudiana, pero bien podríamos encararlas en relación a la película Carácter que culmina con una lucha cuerpo a cuerpo con el padre, o La guerra de las galaxias con Darth Vader como el ignorado padre del joven héroe jedi Luke Skywalker, que pierde su mano en la lucha con las espadas de luz, o La celebración donde uno de los hijos denuncia al padre perverso y gozador disfrazado de distinguido hombre de la burguesía, -un Layo perfectamente contemporáneo-, etc.

¿No indagamos lo inconsciente de un modo análogo? ¿No son decisivos en el análisis los relatos de la historia-mito y los ideales del yo ancestrales?

1. La Esfinge o la Cantora, monstruo femenino, con rostro y pechos de mujer, cuerpo de león, ala y garras de águila. Fascinaba con sus maravillosos pechos, que distraían aún más a los sorprendidos adolescentes. Dice Goux que esta escena donde el héroe vence al monstruo equivale a un rito iniciático: dar muerte a la madre fálica para acceder a la condición de hombre.
2. Algunos estudiosos del mito, como Vernant se “enojan” con Freud porque en la transposición cambió el orden y la importancia de los hechos de la mitología griega, lo cual por cierto no era ni remotamente la intención de Freud, que sólo uso a Edipo como metáfora ¿Cómo podía prever que distorsionaría la óptica popular de la Mitología?
3. Es sabido que en la Ilíada homérica no le va tan mal a Edipo, otro tanto en Las Fenicias de Eurípides.
 
 
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