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   Transferencia y empatía

Empatía, el arte de producir discurso
  Por Alicia Hartmann
   
 
“Me parece que usted conoce el Uruguay, ¡me costaría analizarme con alguien que no tuviera empatía con mi tierra!”; dice así una analizante que ha recorrido varios consultorios buscando “ser comprendida”. En su periplo de búsqueda en el “mercado”, hasta el momento nadie ha podido generarle el comienzo de una transferencia.
Frente a este comentario hago un fugaz gesto de asentimiento y ella prosigue, “y parece que ese problema es el de mi tierra, ya que estoy aterrada… ”.
Pienso: ¿habrá leído Lacan en los seminarios 5 y 6?, creo que el 6, en ese momento no recuerdo, si es así, era “El deseo y su interpretación”; pero sí es importante que frente a su fobia grave que ella ubica desde que vive en Buenos Aires, gira en torno a la prevención del deseo.
También pienso fugazmente en esa idea de Freud de “Iniciación del tratamiento” que invita a separar la sugestión que acompaña a toda transferencia. Siempre me pregunté por la sugestión, cómo se la reduce cuando la asociación libre toma cuerpo, podríamos pensar provisoriamente que Lacan resuelve el problema con sus tres registros dando lugar a la llamada transferencia imaginaria. Maravilloso descubrimiento de Lacan poder aplicar los registros a distintos conceptos de la cura.
Un niño de 10 años, bastante resistente a la apertura de su inconsciente, modela un enano y un gigante. El gigante asusta al enano, ficcionaliza la escena de temor y me atrevo a interpretar el miedo que le tiene a su papá cuando grita desaforadamente. Digo: “así se asusta el enano frente al gigante”. Me responde: “¡Me entendiste!”, “¿querés que te cuente un chiste?”, dice a continuación, y sin esperar viene una seguidilla de chistes-adivinanzas donde, con mucha gracia, logra hacerme reír.
Dos secuencias, que puedo recortar como analíticas, encuentros precisos donde se puede decir que hubo analista porque el psicoanalizante se produjo allí. No siempre ocurre, y así Freud y Lacan lo han enseñado, y en esto reside gran parte de lo imposible de nuestra práctica.
La Einfühlung, empatía, que aparece expresa e ingenuamente mencionada en el dicho de la analizante, fue considerada por Freud al leer seguramente a Theodor Lipps (1851-1914), filósofo y psicólogo alemán que, como otros de su época, hacían marca en la creación de una incipiente psicología, no solo pensando el sujeto sino también el efecto que el arte, la estética, la religión, la naturaleza producían en la subjetividad; una manera de pensar el hombre frente al mundo que le toca vivir. Lipps fue un sustancial interlocutor de Freud en “La interpretación de los sueños”.
En Lipps especialmente, y hay otros, Vischer, Worringer, Volket, el psiquismo explica cada forma del mundo, la forma de un objeto es siempre el ser formado por mi actividad interior. La experiencia estética radica en las posibilidades de relación sujeto-objeto. La Einfühlung es definida también como proyección sentimental, como expulsión de la personalidad de una cosa distinta de mí. La relación entre lo psíquico, lo estético, el arte es sensible para las ideas de Lipps. Lipps anticipaba con este concepto el quehacer del analista como el arte de producir discurso.
La Einfühlung también convoca a Ferenczi, mago de la invención de una técnica demasiado atrevida y cuestionable, pero intentando ser innovadora en su tiempo, y también a Lacan con su lupa en su minuciosa lectura de Freud no deja de hacer interesantes alusiones al tema.
Lipps, como dijimos, abre el camino de estas dos vías: la del arte o la estética y la psicología (así la llama), esa empatía que muestra una relación entre sujeto y objeto se solidariza con el objeto en un proceso que hasta entonces ignoraba.
¿Ese proceso empático es entonces del orden del inconsciente?
En el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora aparece como endopatía y precisa que es del orden de la comunicación como característicamente humana, teniendo dos aspectos: la proyección y la imitación. Aclara el artículo que “proyección es hacia adentro” y remite, entonces, a un filósofo nacido en París y que trabajó en Munich, Avenarius (1843-1896), que define la “proyección hacia adentro” como introyección. Encontrar en la filosofía del siglo XIX estos dos mecanismos básicos del pensamiento de Klein es una sorpresa y nos abre otra vía de estudio.
En Freud, la relación entre identificación y empatía aporta al estudio de la función de la identificación; en Lacan nos recuerda el nudo del que habla en el Seminario “Problemas cruciales para el psicoanalisis”, que se arma entre identificación, demanda y transferencia, nudo que da cuenta del síntoma analítico.
Sabemos que la complejidad de la función de la identificación no es resuelta por Freud en “Psicología de las masas”, pero en ese texto aparece la empatía desempeñando un papel en la comprensión del yo ajeno, el de otras personas.
Freud en ese párrafo donde cita la empatía, satisface la demanda de nuestra paciente fóbica, pero no nos deja conformes con esa definición, ya que queda por explorar lo que agrega “incide en la identificación” “permitiendo considerar la importancia en la vida intelectual”.
¿Si no opera vía el pensamiento, entonces es mediante el afecto (decimos goce) que se juega?
¿Es patrimonio de la tercera identificación, al síntoma en la pura infección psíquica del fenómeno de pensionado, en el máximo apogeo de la dualidad que lo caracteriza fenoménicamente? Aunque sabemos que en su seno, bien lo señala Lacan, es al deseo de Deseo que implica la terceridad como soporte simbólico.
Y si nos remitimos a los primeros escritos freudianos, es allí, en el marco del chiste, de lo cómico, donde el ejemplo del niño tiene lugar y allí creo que trasciende lo yoico al despertar la risa.
Dice Freud, “la comicidad descansa en una empatía que comprende el mayor número de posibilidades: la comicidad de la situación, de exageración, de imitación, de rebajamiento y desenmascaramiento”.
¿Desenmascaramiento de qué? Y nos quedamos con esta última idea de “aquello que actúa por repeticiones –dice Freud– se apoya en el placer, peculiar del niño, en la repetición continuada (de preguntas, relato de historias), que lo vuelve importuno para el adulto”; empatía entonces que abre la puerta al más allá del principio del placer.
Recordemos que en esa primera época todavía Freud solo cuenta con el principio del placer-displacer y vemos aquí el más allá insinuado a través de la repetición en el niño. Transferencia –si se suscita la risa– (Lustgewinn) la hay en esa repetición pero es transferencia de cargas.
Ferenczi, a nuestro entender, abre el tema al acto analítico y dice el 1 de mayo de 1932 defendiendo su terapia activa, “Finalmente a uno se le ocurre preguntarse si no es natural y también oportuno ser francamente un ser humano dotado de emociones, tan pronto capaz de empatía, tan pronto abiertamente irritado.”
Sin caer en los atolladeros de la interpretación de la contratransferencia, recordemos esa capacidad infinita de Winnicott y de Margaret Little de bordear esta idea de Ferenczi.
¿Dónde queda entonces Lacan frente a la Einfühlung de tan difícil traducción?
Dijimos empatía, endopatía y proyección sentimental. Un breve recorrido conjuga empatía y transferencia en la dimensión con que el acto analítico toca lo real.
Como es de esperar, teniendo como eje la lógica de la falta en la estructura, Lacan se sale de todo intento que se acerque a la comprensión de yo a yo, propio de las psicoterapias.
En Dick, niño de presentación autista (por su evolución, tal vez un autismo secundario) que por primera vez dice “Poor Mrs. Klein” cuando ve su blusa llena de pequeños desechos, ¿es la marca que por efecto del análisis rompe la muralla que lo defendía, para poder entrar en la dimensión del afecto y de la falta que implican la constitución de su propio cuerpo a través de la presencia del analista?
En “La lógica del fantasma” la empatía circula desde el goce autoerótico al intento de teatro sádico de burlar la no relación, pero esto no queda allí, no escapará a la tyché, al mal encuentro, al trauma de lo sexual. Esa no relación permitirá hablar de trauma y de escena primaria como pérdida de goce.
Pero recomenzando nuestro tema para concluir, ¿es la búsqueda de la empatía un aspecto del amor de transferencia donde la identificación con toda su complejidad es la única que habilita su propia caída, el desencuentro, la distychia, condición necesaria para que la transferencia sea la puesta en acto de la realidad del inconsciente?

Bibliografía:
S. Ferenczi: Diario clínico, Ediciones Conjetural, 1988.
J. Ferrater Mora: Diccionario de Filosofía.
S. Freud: “El chiste”, Tomo VIII, Amorrortu, 1986.
— — “Psicología de las masas”, Tomo XVIII, Amorrortu, 1987.
J. Lacan: Seminario 1 “Los Escritos Tecnicos de Freud”, Paidós, 1990.
— — Seminario 11 “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanalisis”, Paidós, 1987.
— — Seminario 16 “De un Otro al otro”, Paidós, 2008.
 
 
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