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   Transferencia y empatía

De la imaginaria empatía
  Por Isidoro  Vegh
   
 
El ... griego sirvió a Lacan para nombrar de otro modo –“me desvivo por decirles lo mismo de otro modo”– la mediación necesaria entre la palabra y el cuerpo. Saltando siglos y milenios, Vorstellung fue el término que opuesto al mundo, Die Welt, como su representación reconocía en Das Wille a la voluntad de la especie que excedía a la que era, en la conciencia, supuesta voluntad del sujeto. Schopenhauer1, citado por Freud en “Más allá del principio de placer”2, anticipó las tesis cruciales del psicoanálisis para las cuales el encuentro de la conciencia y sus representaciones, con el mundo y sus objetos, no agota la esencia de sus efectos. La conciencia, desde una heterotopía que ignora, recibe las condiciones de su aprehensión. Ese topos ignorado por el sujeto, que no deja de enviar sus señales en lapsus, sueños, chistes, actos fallidos, Freud, el creador del psicoanálisis, lo llamó das Unbewüsste, el Inconsciente.
Descubrimiento que nombra un saber, se compone de Vorstellung-Repräsentanz, representantes de la representación, significantes del signo decimos nosotros. Saber, conjunto articulado de significantes, en el molino del Inconsciente sufre la lógica y la retórica de este procesador. Sus efectos irrumpen en la pantalla de la conciencia que los ignora, los reprime o los advierte. Portadores del deseo, anuncian si son recibidos como mensajes que le conciernen, el buen sentido, vectorial, de los pasos a seguir.
Estas breves descripciones de un funcionamiento que la práctica y la teoría del psicoanálisis dicen y despliegan a diario, hicieron, en algunos casos, olvidar que la representación puede, y en la vida cotidiana lo ejerce con frecuencia, estimular el inicio del movimiento, la puesta en marcha del programa. Aún más, que sin el estímulo adecuado que ellas portan, cuando es el adecuado, la carencia del Gefühl, el sentimiento que sacude al sujeto, impide la llegada al procesador inconsciente y a su encuentro con lo real del cuerpo. ¿Qué real? Freud usaba dos palabras que acoplaba sin distinguirlas: Gefühl y Affekt, sentimiento y afecto. Que no las distinguiera invita a nuestra tarea3. Que pusiera las dos nos pone en camino. Así dijimos que el sentimiento es la dimensión imaginaria del afecto que afecta a lo real.
En el paradigma primero con que Freud abordó la teorización del aparato psíquico, como él decía, representación y afecto repartían las dos vertientes de la pulsión. Pasibles de desencuentros, desplazamientos del afecto a representaciones inocuas ahorraban al sujeto el sufrimiento que su posible recuerdo prometía. Afecto que como quantum de afecto, nombraba la energía que circulaba en el aparato.
Lacan, en su retorno crítico a la obra freudiana, nos invitó a sustituir en cada lugar donde la palabra energía se ofrece, por la que fuera su aporte, la palabra real. Así el afecto como quantum, decimos, afecta lo real del cuerpo, en sus tres variantes del dolor, los goces, los afectos.
Diferencia del quantum como energía indiferenciada, del afecto que implica un enlace primero de lo real con la palabra.
Un colega que valoramos, Jorge Belinsky, en su libro Lo imaginario: Un estudio4, sostiene la vigencia específica del registro imaginario en la eficacia de las ideologías. Que estas no se reduzcan al discurso de la exactitud sino que desplieguen una “visión del mundo” que acerque a la verdad aunque también la vele con una ganancia de empuje, es la prueba de una eficacia imaginaria de la que el humano no puede prescindir.
Como en el amor, el verso que no se reduce al juego significante, conjunción variada de sentido y sonido, despliega en imágenes el anhelo o la elegía del imposible encuentro de los cuerpos. Imposible por ser real, cuando lo es, y por el desencuentro que por ser hablantes, nos distancia del Uno del amor.
Así deslizamos al amor, de transferencia. Sostén ineludible de la transferencia, tanto como el odio, reclama las respuestas adecuadas a la escena5.
“El analista es aquel que suspende su goce para no ceder en su deseo”. Aforismo que reiteramos, subraya que la proliferación de las imágenes que se hacen palabras según la fórmula de la regla fundamental –“diga lo que se le pase por la cabeza, sin preocuparse…”– requiere de la posición del analista sostenida en su deseo.
Cuando el deseo del analista6 encuentra su lugar, perfila bien su sentido, intervenciones en lo imaginario ubican el valor de lo que antaño, una psicología de la empatía ponía como resorte mayor de la cura.
Ni tanto ni tan poco, es precisa su incidencia sin ser única ni principal. El bien-decir al que aspira, lleva a la práctica del análisis a reconocer una sustancialidad diferencial: real, simbólico e imaginario, nombra tres sustancias de la estructura que bien anudadas propician lo mejor. Su ausencia, por ejemplo el silencio inamovible del analista que se cree invitado a la identificación con el mudo objeto, puede llevar a una respuesta paranoide o en el mejor de los casos a la inoperancia.
En el otro extremo, la cura por el amor, es la ilusión –porta un deseo– de las terapias llamadas alternativas que desconocen la complejidad de la estructura y así renuncian a una eficacia que se sostenga en el tiempo.
Efectos de sugestión, se asientan en una transferencia ignorada no menos presente.
Nuestra propuesta no desdeña la sugestión ni desmerece la empatía como intervenciones que en buena lógica pongan en acto el fin buscado. Subordinadas a su fin, el acto analítico comanda sus tiempos y destiempos. Si la tarea es del analizante y el acto del analista, a este le concierne crear las condiciones para que el análisis se despliegue del mejor modo.
________________
1. Schopenhauer, Arthur: Die Welt als Wille und Vorstellung I. Diogenes, Zurich, 1977.
Schopenhauer, Arthur: El mundo como voluntad y representación. Akal, Madrid, 2005.
2. Freud, Sigmund: “Más allá del principio de placer” en Obras completas XVIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1979.
3. Vegh, Isidoro: Hacia una clínica de lo real. “Enlaces y desenlaces”, pág. 73. Paidós, Buenos Aires, 1998.
4. Belinsky, Jorge: Lo imaginario: Un estudio. Nueva Visión, Buenos Aires, 2007.
5. Lacan, Jacques: Encore en Le Séminaire livre XX. “Le savoir et la vérité”, pág. 84. Seuil, Paris, 1975.
6. Lacan, Jacques: Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste de l’École en Scilicet 1, pág. 23. Seuil, Paris, 1968.
 
 
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