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Uqbar, la conspiración
  Por Hugo Dvoskin
   
 
I.- Reunidos en la quinta de Adrogué, Bioy y su amigo fantasean una novela. La novela tendrá contradicciones, o mejor dicho, algunos indicios para pocos lectores pues la realidad que se esconde detrás de ella es a la vez atroz y banal. Ahora que hemos atravesado la historia, incluso la posdata que se escribe mucho después del cuento –el cuento es de 1940. la posdata del 47–, sabemos que esa realidad no es banal y atroz, sino banal o atroz. Banal si no se la descubre más que para unos pocos, atroz si se la se descubre y resulta eficaz para muchos.
Bioy invita al debate. En la Enciclopedia Británica –o en la Cyclopedía–, en el tomo XXVI o quizás en el XLVI, alguien originario de Uqbar, ha dado su sentencia sobre la paternidad y los espejos. Ambos, duplican los objetos, y por ello son monstruosos. Desde el inicio entonces, la duplicación y ser causa de ocupan privilegiadamente la escena. El lugar de origen, la responsabilidad, el ser modelo para otro y el liderazgo serán diversos “nombres del padre” que habitan la travesía del amigo de Bioy. Por fuera de los laberintos que conforman las calles de ese barrio del conurbano bonaerense, en aquellos años, una atroz realidad supera todo imaginario.

II.- Uqbar y más adelante Tlön, un país y un planeta, son el fantástico proyecto de un mundo que habita en las mentes del selecto grupo, que pondrá en duda cual es la verdadera Enciclopedia Británica. Un proyecto que promoverá lenguajes que evidencien los límites del lenguaje mismo para dar cuenta de los infinitos modos de cada objeto. Los lenguajes de Uqbar, en acto, denuncian que ese tesoro que es el lenguaje es precioso e impreciso. Más adelante serán Funes, la biblioteca de Babel o el libro de arena los que anuncien y nominen esos límites, los que aborden los infinitos infinitos, los que tengan la pretensión de hacerlos finitos. “El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables y más anónimos que los colores que en la selva otoñal… cree sin embargo, que estos tintes, en todas su fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y de chillidos. Cree que del interior de un bolsista salen realmente ruidos que significan todos los misterios de la memoria y todas las agonías del anhelo”.1

Si los espejos y la paternidad resultan monstruosos porque generan duplicaciones, la secta y la literatura –en una extraña relación con el idealismo uqbariano– comienzan a producir duplicaciones que no lo son menos. Es la aparición de los hrönir, la duplicación de las monedas en un mundo donde lo perdible no guarda identidad con lo encontrable. Si lo que se encuentra no es lo que se ha perdido, la “re-aparición” es una aparición y el objeto se ha duplicado.
Es una fantasía que lleva al límite el decir de Heráclito pues ya no se trata de que las aguas no sean las mismas cuando nos bañamos en el mismo río y en consecuencia el rió ya no sería el mismo. Se trata de que quien se baña ya no es el mismo que quien se ha bañado. Los objetos no permanecen en el tiempo porque son otros a cada instante, en cada otro lugar. El objeto amerita una nominación nueva en cada encuentro con el tiempo y con las circunstancias que lo rodean y lo determinan. El fantasma de Irineo Funes ya está en el horizonte.

Un extraño arco de tiempo, de cuatro siglos, aúna el proyecto del grupo de sólo dos que se reúnen en Adrogué con Johannes Valentinus Andreä, un teólogo alemán que describe la imaginaria comunidad de la Rosa-Cruz. Los rosacruces que habrían transformado lo banal en atroz, la leyenda en guerras, el mito en cruzadas a Jerusalem. El narrador advierte por primera vez al lector que lo que se trama en la literatura podría ser con consecuencias.
El Orbirus Tertius, la enciclopedia completa Tlön, será el resultado del trabajo de la secta. En setiembre de 1937, en casuales circunstancias, el protagonista se encuentra con el Onceno Tomo que, por esta vía, se da a conocer. El protagonista siente que se le abren las puertas del cielo como en la noche del Islam llamada la Noche de las Noches. Ex unge leonem, nos advierte: con la uña podemos saber como es el león, con la nervadura de la hoja conocemos el árbol. ¿Qué es lo que hemos conocido, que es lo que se revela con la uña del león? No es como podría suponerse los infinitos detalles de ese plantea. Lo que se da a conocer aún no lo sabemos pero ya lo conjeturamos: se darán a conocer e intentarán imponer ese mundo, como si no hubiera otro posible. Intentarán imponer una historia, como si no hubiera otra posible. Ese sólo tomo alcanza para suponer que la realidad que se propone no será para pocos, que existe la pretensión de ir más allá del juego. La enciclopedia se acerca a los correos y a quienes no participan de la secta. Si bien el pleno estado de conciencia habría permitido que algunos pájaros salvaran un anfiteatro, así como el insomnio borgeano salvaría a las ciudades, otros riesgos se acechan: el pasado queda en manos de los que escriben la enciclopedia y adquiere una plasticidad no menor que el porvenir. La sugestión adquiere un valor de “veracidad” mayor que el original.

Es la creación de un brave new world lo cual supone dos temibles riesgos. Por un lado, la construcción de un mundo con poder absoluto de las clases dominantes y con absoluto control del Estado; por el otro, la suposición de que un mundo literario se haga realidad, que la literatura no sólo sea predictiva o premonitoria sino que además sea capaz de producir intromisiones. El plan de la sociedad secreta abarca a inocentes profesionales que se suman cándidamente al proyecto, incluye químicos y algebristas pero también pensadores y moralistas. Lo que ellos parecen no saber que estás dirigidos por un hombre oscuro. ¿Acaso sabremos de quien se trata?
Aún cuando en la nota a pie de página vemos que el problema de la materia de los objetos duplicados no es del todo discernible, la diseminación de objeto Tlön en diversos lugares del planeta es decisiva en el plan. Se complementa con los efectos de la palabra escrita, de la pseudo literatura, o de la literatura que se hace liturgia: manuales, antologías, resúmenes, versiones literales, reimpresiones falsas o autorizadas… que abarrotarán el mundo.

III.- Ha llegado la hora. La realidad cede. El narrador anuncia de qué se trata. El mundo que se planea y se profetiza en Orbius Tertius no difiere mayormente de aquellos sistemas políticos en los que hay predominancia absoluta del poder del Estado: el materialismo dialéctico, el nazismo o el antisemitismo quedan igualados a Orbius Tertius, porque también son efectos de los mismos manuales, de los mismos panfletos, de la literatura apócrifa. Tlön será este mundo simétrico, hecho por hombres que en sus idealistas cálculos logran evitar completamente los detalles y las imperfecciones de la naturaleza.
Si estamos en 1940 y las tropas alemanas avanzan más allá de sus fronteras, si pensamientos banales se han ido transformando en realidades atroces, si los comentarios antisemitas de los años treinta se han transformado en cámaras de gas, entonces el hombre oscuro probablemente use bigotitos y se llame Hitler. El lector sabe, sin embargo, que ese hombre oscuro adquiere disfraces diversos. Stalin o el Kramer Rouge camboyano –que aun no existían cuando Tlön fue pensado– bien pueden vestir las mismas ropas.

El proyecto Orbius Tertius es absolutamente abarcativo y por ello consta de al menos tantos tomos como la Enciclopedia Británica. Se propone esmerilar toda diferencia. Para ello habrá que retroceder con la torre de Babel. Dios produjo Babel para generar el malentendido, que a los humanos se le bajen los humos y se mantengan a prudente distancia de él para poder mantener su posición de privilegio. Aquí se reinaugura la existencia de un idioma único, paradojalmente con las mismas intenciones de dominación plena sobre los otros: inventarles un pasado, someterlos en el futuro, arrebatarles el idioma. Ha llegado entonces también la hora del esperanto, esa ilusión tan unificadora y fascista. En el plan de Tlön no hay lugar para otros idiomas, desaparecerán el francés, el inglés o el español, a la postre lo que importa pues es el nuestro y el del narrador. Sólo queda el idioma Tlön que es sólo uno, ya ni siquiera hay dos como en la época de Uqbar que a la sazón ya es un pasado presto a desaparecer.
En la desolación del mundo que se avecina, alguien se propone una resistencia pacífica dotado de una práctica casi inútil pero indispensable, la traducción al español de un texto de Browne, el sostenimiento las lenguas. Sostener la traducción es sostener al menos dos idiomas, es sostener lecturas. Los finales abiertos y múltiples de “La obra de Herbert Quain”2 auguran que no todo está perdido El lenguaje ese arma cargado de resistencia frente a los sistemas totalitarios.



1 Chesterton (en G. F..Watts, p. 88, 1904), citado dos veces por Jorge Luis Borges en “El idioma analítico de John Wilkins” y en “De las alegorías a las novelas, en Otras Inquisiciones, O.C., p. 709 y 745.
2 Borges, Jorge Luis, “La obra de Herbert Quain”, en” Ficciones”, O.C. Emecé, p.
 
 
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