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   Comentario de libros

Durcharbeitung del límite*
  Acerca de Saber del límite de Isabel Dujovne y Oscar Paulucci (Letra Viva, 2006)
   
  Por Carlos Basch
   
 
Hoy saludamos la aparición de un libro que convoca al debate sobre los modos de lectura de los textos y los relatos analizantes. Un debate que supone volver a formular la pregunta por el psicoanálisis. Y en efecto, desde su título; y en los sucesivos capítulos que lo conforman, el libro se eslabona en aproximaciones tentativas en torno a esa pregunta.
De un modo no ordenado ni exhaustivo, paso a mencionar algunas de esas aproximaciones.
El psicoanálisis –esto es, un psicoanálisis, cada uno de ellos, no menos que el corpus teórico que designamos con ese término– hace a la construcción de un saber que es saber de un límite, a la vez que límite al saber.
En estos, nuestros tiempos de prevalencia de discursos tecno-objetivantes y empujes al consumo, el psicoanálisis se sostiene, a contracorriente de tal discursividad, en lo que bien cabe caracterizar como una ecología del sujeto. Así por ejemplo, en la perspectiva del llamado “discurso del analista”, que al poner en acto la imposibilidad apunta a dar relieve al resto que hace hablar; y en torno al cual se cifran los enigmas que causan el deseo.
A dicha construcción de un límite al saber y a la preservación del sujeto que conlleva, les es inherente asimismo una ética que ante el tope a la rememoración y la representabilidad impone el sostenimiento de la escucha, en dirección al vacío del origen. De ello se sigue el vaciamiento del lugar de la causa; y consecuentemente, la puesta de relieve de un orden de repetición Otro que el que agobia nuestra cotidianeidad neurótica: una repetición en la cual, acorde a la caída de la novela familiar y de la religión del Otro, lo idéntico no ocluye lo desde siempre impar.

Para ello resulta indispensable sostener algunas directrices esenciales en el campo de la transferencia. Por de pronto, el mantenimiento de ese margen de angustia que pone de relieve los desacoples entre mundo y escena del mundo, regida esta última por las leyes del significante. En contiguidad a tales desacoples encuentra su operatividad el acto analítico, en la franja que se extiende entre síntoma, acting out y pasaje al acto. De ahí su homologación al trabajo del duelo, que de algún modo siempre es por lo imposible. El resultado es la construcción de un silencio que sustancia la estructura misma de la transferencia a partir de la charlatanería analítica, si es que ésta permite hacer pasar la tragedia del amor por los filosos márgenes abiertos por el ideal en su caída, hasta arrancar al encuentro con lo irremediable su margen de humor. Es por eso que ante las desdichas e infortunios de la vida amorosa, el análisis no indica camino alguno: a lo sumo abre los cauces de un saber hacer con eso; pero tan sólo en la medida en que la caída de la religión del padre torna evidente que no hay acto en el inicio que no sea un crimen. De ahí la eficacia del trauma ante lo inasimilable de eso que, desde siempre, no hay más.

Por lo mismo, hay que decir que del trauma no hay lectura. Hay sí, lecturas, que forzando sucesivas retranscripciones de sus bordes significantes hasta inscribir (por segunda) su imposibilidad de inscripción, hacen valer la moneda neurótica en transferencia. El psicoanálisis conduce a poner en riesgo el nombre propio vaciándolo del ideal que conlleva, hasta hacerlo tocar fondo en la pregunta por lo incierto del deseo del Otro, que lo ubica a la vez dentro y fuera del conjunto familiar.
El psicoanálisis abre a efectos de escritura, allí donde apuntando a inscribir la diferencia en la repetición, por el recorte de los bordes literales de ese real imposible de inscribir en tanto tal, tiende a metaforizar el goce del síntoma. Tales efectos de escritura, que según la indicación freudiana conviene anotar en diferido de los momentos de un análisis, operan asimismo como registro del diferido –podríamos decir, el diferendo– temporal esencial a la experiencia del inconciente: una escritura que hace marca del olvido constitutivo.

Acorde al horizonte de debate que el libro propone, a menudo predomina en él un tono argumentativo –por tramos, incluso confrontativo– que sucesivamente ubica como el otro de su discusión diferentes modalidades de desestimación del saber del límite. Entre otras, los ideales de curación que a menudo llevan hasta el furor curandis; los de relación armónica y sin resto entre los sexos en el lugar de meta de la cura; las concepciones más lineales y achatadas del valor de la historicidad en la experiencia del inconciente, que propenden a la mera “recuperación” de recuerdos de infancia; el auge de los psicofármacos como herramienta de sutura de ese abismo en lo psíquico que es el sujeto; las siempre renovadas estrategias de entronización de his majesty the ego; la complacencia (que a veces llega a complicidad) del analista que se deja ubicar como pieza clave de la economía narcicista del paciente, con las consiguientes consecuencias sugestivas.
Así pues este libro, no menos que el psicoanálisis que se sigue de su lectura, conforma a mi entender una permanente Durcharbeitung del límite. Pero es preciso señalar que tal trabajo de elaboración de algún modo acontece en el libro mismo, que en su decurso a lo largo de una presentación y veinticuatro capítulos pone en en acto eso mismo de lo que habla. Diré para finalizar que este libro marca, a mi modo de ver, la vigencia (que en cierto modo es supervivencia) en nuestro medio de una modalidad de lectura de Freud y Lacan: esa que al seguir encontrando en el primero algo más que un antecedente ilustre sobre el que postular la soberanía en última instancia del segundo, releva a este último de la solemnidad y el exceso de identidad consigo mismo con que tan a menudo se lo recarga. Un modo de lectura fecundo para iluminar franjas de la experiencia que podríamos denominar “clásicas” –por ejemplo, el problema del manejo del saber y la escucha en la supervisión, con el desarrollo de la neurosis de transferencia como coordenada limítrofe– no menos que otras, cuya actualidad nos concierne hoy como acaso nunca antes. Tal es el caso de la proliferación, epidémica en estos tiempos en el universo “psi”, de maestrías y otras ofertas de posgrado, que sobre fondo de la puja por no quedar afuera del “mercado” prometen un psicoanálisis de envase universitario, que por ajeno a las instancias de transmisión que dan su lugar a la transferencia tiende inexorablemente a pasar por alto todo acceso al saber del límite, con el consiguiente riesgo de ahogar el contenido en el envase. O como solíamos decir en tiempos de menos corrección política, de matar la gallina de los huevos de oro. 


* Leído en la presentación del libro que tuvo lugar en la Asociación Psicoanalítica Argentina, el 18/4/07
 
 
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