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   Colaboración

El UNO (Parte final)
  Por Osvaldo Francisco Meira
   
 
Se intenta con este breve trabajo –de temáticas que imponen sus necesidades a desarrollar–, establecer las posiciones diferentes que están albergadas en un mismo ex-sistente al ser ambas de su propio discurso, entre las “habladurías” del Uno Mismo y la verdad inevitable e intransferible que porta el Sí Mismo. Se insiste que esto alude a algo que es de estructura: es la oscura, por lo oculta, cosa del Sí Mismo, que campea en este lugar de una negatividad tan absoluta, pero eminentemente activa.
Y arribado a este punto, planteo aquí el área de una conjetura.
Se trata de la innegable dependencia que tiene esta temática del ex-sistente, que deviene de ser “cosa” hablada. Es decir, lo que se alude a lo que sólo se puede desplegar con el lenguaje que teje a su hiancia.

Vayamos a un caso que trae la clínica diaria.
“Y”, es una paciente que en entrevista conjunta con “D”, su esposo, plantea en determinado momento, muy atribulada, que vienen a la consulta porque ellos solos, aunque lo han intentado en múltiples ocasiones, no logran acceder a un diálogo que implique “salvar a la pareja”…
Vienen en busca de una “ayuda”, indudablemente apelando al bagaje de posibilidades de información, y no sin “cultura”, que les presenta su propio Uno, ante alguien (SsS), que en un lugar, que es hasta aquí físico, de terceridad, esboce un sendero de resolución desde donde se lo convoca. Si se percibe la escena con cierto enfoque “anamorfósico”, si se lo lleva al horizonte en perspectiva, de verla instalada en la dimensión ex-sistente, este tercero siempre ha estado ahí para ellos desde que existe y ex-siste el hombre. Brujo, sacerdote, médico, juez, gurú, especialista… psicoanalista… Es larga la fila de estos alguienes llamados a encarnar semejante función, convocados aquí en distintas instancias hasta epocales de lo institucional, lo público, lo privado… como también muy variopintas las posibilidades del lugar para “creérsela”, de acuerdo a lo múltiple del discursear…
Se trata de alguien profesional con un esperable saber-hacer sobre su oferta siempre provista de agalma. Alguien que destrabe en la relación, lo que no puede decirse en ella en forma resolutiva.

“El tres no es el tercer número, sino el primero, (entonces), el uno no es el primero”.
De la complejidad y riqueza de este enunciado de Heidegger, pretendo colegir con él, que ese ya lugar de lo que aquí aparece nombrado como tercero, desde luego, no como mero número tres, sino en relación a lo que éste implica en lo que trae como terceridad, es de una dimensión que escapa obviamente incluso a lo ordinal del conteo numérico. Se puede plantear en este contexto, que de él, del mismo tres, deviene la condición de habérsele hecho así “sagrado” al ex-sistente. Es que el tres es necesario en la ex-sistencia para que el dos –y para el caso ella misma– aparezcan como tales, es decir, que pueda aparecer, en lo que son dos cosas –por el salto aquí– el diferenciarse y no ser una sola, en la medida en que recién con este tres se lograría romper su simetría, su ser indistintamente lo mismo. Se insiste, porque se ve, que no se habla aquí de lo numérico… y quizás se pueda comenzar a intuir que se está mencionando ya a algo en lo que “Y” y “D” están implicados… Porque si –en otra manera de decirse–, se plantea que formalmente va primero lo que corresponde al ser de ex-sistencia y después el yo y el tú, se corrobora que el primero es el tercero.
Pero avanzando sobre esta cuestión del tres, en nueva vuelta de lo que es ya un clásico para la metafísica, se hace inevitable traer a este “tejido”, el nombrar al agujero, al vacío, al funcionar de la hiancia, que para el ex-sistente resulta precisamente tan “vital”, y que no alude a otra cosa que no sea la implicada aquí como tercero. Su “asunto” está en él.
Aquí ese “tercero”, buscado ardientemente para una eficacia, nombrado como positividad por “aparecer” en el entramado de la lengua como un componente activo en su dinámica, no es más que una nada allí ubicable. Si se suma en articulación lo que se viene exponiendo, se puede comenzar a concluir, que ese tercero podrá llegar a tener las infinitas formas que le da su presentarse, dada la necesariedad que le surge de la ficción o la creencia constitutivas de un alguien. Pero aquí como “uno + del dos”, debe quedar afuera –como que en el ahí de la dupla, no esté, por así decir, pero entonces estando allí como negatividad–, para que funcione reflejando ex-sistencia. Ésta es la manera que resulta pensable para concebir al encuentro entre el tres y el agujero. Y esto debe llegar a ser debidamente des-espejado, al aplicarlo en acto, para que aquella alcance a ser en su posible plenitud. Hay, por esto entonces, un semblante de un muy especial tres a ejercer, por así decir, palabra que utiliza Lacan para nombrar en esta modernidad a la apariencia.
La convocatoria, la demanda, que inician “Y” y “D”, al analista, podrá ser en el nombre del saber, del prestigio, hasta de una religiosidad, buscando hasta a un personaje de eficacia pragmática… Pero si se deja-ser, se le da lugar y se la escucha, a lo que “dice” la angustia que en especial trae “Y”, allí no puede haber más eficacia que en el lograr ponerse el profesional en esa posición que Lacan llamó semblante de a, como así nombró al “ubicarse” en el agujero. Sólo a su través, a-trayendo sobre sí a la hiancia que ya está constituida por el lenguaje, se puede “hacer correr” a la pasión de un deseo en el habla de cada participante. Finalmente no se le pide al profesional más que ese lugar y esa posición para su operatoria… esperándosele siempre que no se crea su agalma, porque hay en él, si el contexto resulta eficazmente creado, una patente destitución en juego… y si es que además, allí en la escena, no es que entonces, todos no buscan sólo el creer…
Lugar de imposible estar en él, pero hacia el que todo debe hacerse para señalarlo.
Se tendrá que desarrollar el relato del habitar cotidiano en lo que se haya tomado del Uno para estar-en-el-mundo. Y se impregnarán con él las formas que la ficción y la creencia le darán al Uno mismo. Pero el discurso así con-formado deberá perforarse cuando el empuje a plenitud contingentemente lo imponga, y se vea llevado a una ex-sistencia más discriminada, en la medida de haberse ahí percibido el horizonte mortal. 
* omeira45@gmail.com
 
 
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