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Analizarse “de nuevo”
  Por Adriana Bauab
   
 
Posición-pasión del ser.1 Borges comenta la frase de Heráclito que dice “Nadie baja dos veces al mismo río, porque las aguas cambian”, poniendo énfasis en que lo acertado de elegir “río” reside en que es una imagen metafórica del hombre2. Agrega Borges “Sí, efectivamente el río fluye, pero nadie baja dos veces al mismo río porque también nosotros somos el río, nosotros cambiamos, y aquí el acierto”. Traigo este apólogo para referirme al porqué prefiero decir “analizarse de nuevo” y no “volver a analizarse”. Nadie vuelve a analizarse, así como nadie baja dos veces al mismo río, sino que puede decidir analizarse “de nuevo”.
¿Por qué alguien puede consultar “de nuevo” a un analista? Muchas veces los infortunios de la vida, separaciones, decepciones diversas –amorosas, laborales– pérdidas irreparables, duelos que no se elaboran3, reenvían al sujeto a una posición privada, privada del registro de la falta, que obtura al deseo. Frecuentemente lo acompaña una tristeza que lo detiene, una acedía4, que lo asedia. Otras sobreviene el sujeto acéfalo de la pulsión a la orden de los imperativos del goce: desórdenes compulsivos de la oralidad –en la voracidad desaforada de los atracones bulímicos, o en la audaz inapetencia de la anorexia–, o las presentaciones de la angustia incluido el hoy llamado ataque de pánico. Todas ellas invitaciones para recurrir de nuevo a un analista.

Múltiples causas pueden llevar a consultar una vez más a un analista, aunque me atrevo a afirmar que una primordial sería para indagar qué hay “de nuevo” en eso que ya se sabe. Porque ese saber no alcanza a dar cuenta de algún palo que se atascó en la rueda, que impide el movimiento indispensable que el deseo anima. Si se trata de un segundo, o de un tercer análisis o de uno más seguramente que ha podido el analizante acceder a un caudal bastante importante de su archivo mnémico, ha recorrido la trama de su novela familiar y situado las fijaciones gozosas que lo esclavizan. Sin embargo los embates de lo real, real pulsional, acechan. Lo real en tanto lo que vuelve siempre al mismo lugar, retiene al sujeto volviéndolo a un mismo lugar de goce parasitario5. Un lugar en que el sujeto se repite, aunque los escenarios sean otros, sin lograr atravesar el plano de las identificaciones para aproximarse a sus deseos. En cualquier análisis finalizado, y más aún si este fue interrumpido, el sujeto no está exento de resbalones o recaídas en esos restos martirizantes de goce masoquista. Posición-pasión del ser, es como elijo llamarlo.

La inhibición, el síntoma y la angustia son modos de nominación del sujeto6, en los registros de lo imaginario, de lo simbólico y de lo real respectivamente y son las presentaciones del nudo en que la estructura subjetiva encalla, embargando el deseo, estorbando los goces cobijados por el principio del placer y promulgando los del más allá, los del Averno. En la estructura subjetiva presentada en el nudo borromeo, cuando no hay corte que limite el borde de encaje del objeto a, se tapona el lugar destinado a la falta, y las lúnulas de los goces se extralimitan. El goce de sentido acantonado en la inhibición, el goce fálico en el síntoma, el goce del Otro en la angustia. Es por inercia que la estructura del sujeto, la nuestra, la de estos parletres siempre en orfandad de significantes para decir lo real, tiende hacia la inhibición, el síntoma y la angustia.
Cuando me invitaron a escribir sobre este tema advertí que buena parte de quienes conmigo se analizan, estaban reanalizándose, es decir que cuando llegaron a análisis ya habían transitado uno o más análisis.
Teniendo en cuenta que nuestra disciplina aboga en el caso por caso, me referiré en singular a un par de viñetas, cosechadas hace algún tiempo, donde el reanálisis, propició un tramo más de análisis y el encuentro con algo nuevo de lo ya sabido.

Cuando la transferencia negativa ocasionó la interrupción de un análisis. Recuerdo el caso de una joven que me consultó habiendo interrumpido un análisis anterior que transcurrió durante cinco años. Quería comenzar otro y como siempre acostumbro a hacerlo, le pregunté en que circunstancias había finalizado aquel primer análisis. A lo que me respondió que al comenzar su iniciación sexual, la analista le sugirió reiteradamente que se cuide para no quedar embarazada, lo cual produjo en esta joven un enojo importante, es decir, el desarrollo de una transferencia negativa, caldo de cultivo para la subsiguiente interrupción. “Se corrió del lugar de analista. Se puso en el lugar de una mamá, me cuidaba demasiado”, decía afligida. Cuando comenzó su análisis, tuve bastante cuidado de no ubicarme en la serie de representaciones transferenciales ligadas a lo materno. Eran repetidos sus disgustos con otras mujeres en el ámbito laboral, ya que aunque eran sus pares, ella permanentemente sentía que la mandoneaban, que la ponían en el lugar de hija. Su mamá había fallecido repentinamente cuando ella tenía cinco años, y esta marca era una cicatriz en su novela familiar. Precisamente hacía alrededor de cinco años que estaba en análisis conmigo, cuando repentinamente irrumpe un enojo, yo la había descuidado, me dice en ocasión de no poder darle una sesión adicional en el horario por ella solicitado. Aparecía esta vez el descuido, como caldo de cultivo de la transferencia negativa, amenaza para una nueva interrupción. Mi interpretación, recordando su interrupción anterior, fue que, o por demasiado cuidado o por un descuido, se pueden interrumpir sus análisis, ¿qué se jugaba en eso del cuidado o del descuido, una posición-pasión de hija que no se podía atravesar? La asociación subsiguiente fue: que tras haber obtenido ella todos los cuidados y la dedicación materna (por ser la menor de las hijas), abruptamente se vio sustraída de cualquier mínimo cuidado después del fallecimiento de su mamá. ¿Podrá salirse ella de ese lugar de hija subordinado a los cuidados o descuidos de una mamá? Una encrucijada que la había atrapado, sin poder admitir una falta en el otro primordial, al que lo prematuro de su ausencia había dejado en una idealización omnipotente. Trabajar esto permitió avanzar en la dirección de la cura, las diversas vertientes de la femineidad, también de su propia maternidad. Fue indispensable que el análisis franquee –esta vez– el tramo de la transferencia negativa con la analista.

“Siempre al borde del abismo…” Romina está casada hace quince años con Pablo, del que relata varios episodios que dejan a la familia al borde del abismo. En un primer momento fue dilapidar la herencia recibida cuando murió su suegro por jugar compulsivamente, luego endeudarse financieramente hasta llegar a rifar la empresa familiar. Pablo consumía drogas y se negaba a tratarse a pesar de la insistencia de Romina. Ella con sus ingresos lograba salir adelante y cubrir algunos gastos, el colegio de los chicos y cubrir también frente a la mirada de sus allegados y amigos –no sin dificultades– los desatinados manejos de Pablo. De diez años de un análisis anterior trajo una frase que recordó en ocasión de la primera entrevista. Le habría dicho su analista: “de Pablo, en algún momento tenes que separarte”. Llegó a este “nuevo análisis”, diciendo “estoy en la misma”, en esa misma posición-pasión de cubrir al Otro. Evidentemente lo que es inconmensurable del goce, es esa cuota de padecimiento que el sujeto no está dispuesto a ceder. Su historia familiar estaba plagada desde la infancia, de secretos, vergüenzas que ella debió tapar, guardar, cubrir… Relata un sueño: “estábamos sentados alrededor de la mesa comiendo, Pablo se para en el respaldo de la silla, se estira alto y como haciendo equilibrio. Yo lo miraba y pensaba en cualquier momento se estrola en el piso. Y efectivamente de pronto se cae y su cabeza va a dar contra un vidrio. Todos se levantan a ayudarlo con cara de espanto. Yo quiero levantarme pero no puedo, mi silla está trabada y no puedo ir a ayudarlo”. Pido asociaciones. Dice: una silla es para sentarse cómodamente, pero él no, tiene que pararse en el borde del respaldo, siempre está en el borde, es en lo que se quedó.” Interpreto: “¿Enloquecedor?”. Sueño, vía regia de acceso al deseo inconsciente, punto de partida para desalienarse del imperativo de goce que gobierna al sujeto. Una vez que el sueño produce este escrito, en los progresos de la cura, se le hizo difícil a Romina “seguir en la misma”, seguir “cubriendo al otro” al servicio de los restos masoquistas del fantasma.

Si hay un saber inconsciente del que el sujeto se apropió en el recorrido de un primer análisis, siguiendo con la frase de Heráclito, ese saber ya no le alcanza para bajar al río. Y precisamente por ser parletre, ser hablante, requerirá suponerle un saber a otro, a un analista, y posicionarse como analizante. Otro analista o el mismo con ese que interrumpió, que ahora devendrá otro.
Porque, ¿qué saber debe adquirir un sujeto? “Cómo desprenderse de goces que lo maniatan y adormecen, para relanzar lo único que puede darle la dimensión que no se adquiere nunca para siempre: la del deseo”.7
Analizarse “de nuevo”, es ir al encuentro de un nuevo amor, acto analítico que hace lectura del inconsciente. Lectura entrelíneas, la interpretación, que lee el deseo a la letra, en la dit mansión –mansión del dicho– de la transferencia. Es ir al encuentro de ese trazo singular con que el sujeto se identifica para acceder a un goce que no sea parasitario sino, distintivo, anudado al deseo. Que lo invite a recrear cada vez, el lugar de la falta para una satisfacción que será no-toda.
En ambos recortes clínicos, los análisis anteriores habrán tenido su eficacia. Sin embargo la consulta para iniciar un nuevo análisis es a partir de un goce que había quedado intacto por el análisis. Un goce intacto, que mantenía al sujeto en una posición-pasión del ser.
Entre lo terminable y lo interminable, pases e impasses: el análisis del analista.

Freud en Análisis terminable e interminable8, frente a lo que llama roca viva de la castración, se encuentra con un impasse, el penisneid para las mujeres y el repudio de la femineidad o de la actitud pasiva, para los hombres. Sugiere entonces que todo analista sea objeto de análisis periódicamente, quizás cada cinco años, sin avergonzarse de dar ese paso. Lacan propone de ese paso hacer un dispositivo, el Pase, testimonio del analista del fin de su análisis y de la liquidación de la transferencia. Más allá de los pases e impasses, encuentro importante considerar el analizarse “de nuevo”, una posibilidad a tener en cuenta, también o principalmente para aquéllos que han hecho del análisis su oficio. Porque en el saber hacer del analista el análisis es terminable, cuando se está advertido de lo interminable.
_____________________
1. Jacques Lacan: “Variantes de la cura tipo”, Escritos 1, Siglo XXl editores.
2. Jorge Luis Borges: “Los sueños y la poesía, Borges en la EFBA”, Buenos Aires, Agalma, 1993.
3. Adriana Bauab: Los tiempos del duelo, Buenos Aires, Letra Viva, reedición, 2012.
4. Roland Barthes: La preparación de la novela, Buenos Aires, Siglo XXl editores, 2005. Acedía (pág. 38).
Del griego akedia: sensación de bloqueo, de trampa, de callejón sin salida.
5. Isidoro Vegh: El abanico de los goces, Buenos Aires, Letra Viva, 2010.
6. Jacques Lacan: “Seminario RSI”. Clase del 13 de mayo de 1975
7. Héctor Yankelevich: “El dolor en la clínica”, Lectura a diario de la EFBA, Año 5, N° 7, 2012
8. Sigmund Freud, “Análisis terminable e interminable”, Obras Completas, Colección Biblioteca Nueva.
 
 
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