Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Los fracasos en análisis

Un estoico del siglo XXI
  Por Lionel Klimkiewicz
   
 
Desde la Grecia Arcaica, pasando por el pitagorismo, el helenismo, las religiones monoteístas, etc., la historia de Occidente muestra una singular riqueza de prácticas cuyo fin era lograr un modo de vida que evite el sufrimiento. Cada “escuela” o religión tenía la suya, desde los ritos de purificación, pruebas, abstinencias, hasta prácticas que incluían la palabra oral y escrita.
Tenemos el caso de los Estoicos por ejemplo, que con el fin de lograr la indiferencia y la tranquilidad ante la vida, la muerte o el sufrimiento, o para prepararse para los males futuros, crearon un elaborado conjunto de “terapéuticas” que implicaban el trabajo sobre las representaciones y los objetos con la finalidad de desprenderse de todas aquellas opiniones y pasiones que comúnmente se les atribuyen o se sienten por ellos.

A Freud, cientos de años después de aquella época, le gustaba citar una idea de Heine (de su libro Los dioses en el destierro) que decía que los dioses, las creencias y los modos de vida antiguos, se han visto obligados a retirarse a las tinieblas subterráneas luego del “triunfo de Cristo”, pero que no ha muerto todo lo que ha sido enterrado. Y es que muchas de estas prácticas fueron asimiladas por la religión monoteísta y otras han subsistido o nos han llegado algunos restos hasta en nuestros días. De hecho, muchas veces las vemos resurgir desvirtuadas y tergiversadas, en manos de esos contrabandistas del Therapeuein que son los escritores de libros de autoayuda…
Ahora bien, desde los inicios del siglo XX Freud batalló duramente para introducir una praxis novedosa en la cultura: el psicoanálisis. La dura tarea –de la que Lacan fue una pieza clave– dio sus frutos, ya que hoy en día el psicoanálisis ha echado raíces y se ha extendido en múltiples lugares, como los hospitales públicos, por ejemplo.

Sin ir más lejos, en uno de estos lugares, hace poco más de un año, se presentó Darío, de 40 años, bastante angustiado, solicitando ayuda (literalmente), ya que dice que desde hace un tiempo le ocurre algo que lo asusta, y que tiene miedo de estar loco o que le hayan hecho un maleficio. Cuenta que conoció a una mujer, casada, con la que tienen una relación de “más que amistad” pero con la que no tuvo encuentros sexuales. Cierto día en que la va a buscar a su trabajo, luego de verla se le presenta ante sí la sensación de tener “la imagen de la virgen” frente suyo. Recordará después, ya iniciado su tratamiento, que ese día, horas antes de ese suceso, se había acordado que un familiar había insultado a un santo, y que pensar eso le había dado mucha culpa.

Al comenzar el trabajo analítico, dos líneas se comienzan a desplegar a partir de este motivo de consulta que permiten una historización y ciertas rectificaciones subjetivas.
Por un lado su historia familiar. Estas sensaciones de imágenes (así las llama él) comienzan en su infancia. Su madre muere cuando él tiene un año y medio, en el parto de su hermana. Ella ya no debía tener más hijos por indicación médica, y el padre “la seguía dejando embarazada”. De su padre, que aún vive, dirá que es una mala persona, que incluso se enteró recientemente que abusó de algunas mujeres de su familia. A Darío lo cría la abuela materna (que fallece durante su pubertad), a quien quería mucho, pero con la que le pasaban “cosas raras”. Alrededor de sus 8 años, no recuerda bien, comienza a sentir que la imagen de su abuela “lo envolvía”, que la tenía dentro suyo, y que debía mirarse al espejo para comprobar que no era así. Sobre esto se montan un sinnúmero de rituales obsesivos que continúan hasta el presente, como el de tener que cerciorarse cada vez que pasa frente a un espejo, que la virgen no está sobre él. Esta sensación se mantuvo hasta el día del episodio con su amiga en donde esa “imagen” deja de ser la de su abuela y pasa a ser la de una “virgen”, lo que le produce un vacío de sentido que lo asusta mucho, ya que “podía entender un poco lo de su abuela” porque era quien lo había criado, pero no los motivos de este cambio. Estas imágenes se caracterizan por su aspecto ambivalente, entre ser una figura que pasa de protegerlo a invadirlo, dándole a esos momentos el matiz de lo unheimliche necesario para angustiarlo.

La otra vía que puede desplegar en las entrevistas a partir de eso es la de sus vínculos amorosos. Relata que tuvo su primera relación sexual a los 18 años con una prostituta, y que a los 20 mantuvo una relación con una, de la que él estaba muy enamorado, y que esta mujer se aprovechó de eso para quitarle todo el dinero. Por ella vendió todo lo que tenía, “me fundió”, dice. Darío afirma que a partir de esa época siempre anduvo en ambientes de cabarets y que incluso llegó a tener uno a su cargo junto a un socio. Dice que con las mujeres se obsesiona, que a sus 28 años salía con una adolescente de 14, hija de una familia amiga de la localidad del interior de la provincia de Buenos Aires donde vive (Darío hace más de 150 km. para asistir semanalmente a su tratamiento). Esta obsesión lo lleva en muchas oportunidades a “salir corriendo a mantener relaciones con una prostituta” si se “calienta” cuando ve una mujer en la calle. Reconocerá después que tenía que hacerlo por la angustia que le causaba “no poder soportar esa calentura”. Luego de varios meses, en los que Darío no dejaba pasar oportunidad de agradecer el alivio que sentía desde que comenzó el tratamiento, alivio que comenzó el día que yo le dije, ante su duda, que él no estaba “loco”, se comenzó a generar una pregunta en él sobre de qué modo estaban ligadas su sexualidad, estas “imágenes”, sus obsesiones y su historia, momento en donde emerge un sueño en el cual aparece su abuela diciéndole “quiero estar con vos”. El sueño lo angustió mucho. Luego de varias entrevistas en las que se intentó infructuosamente trabajar el sueño (a diferencia de veces anteriores), Darío viene a contar que se siente mucho mejor de “esas sensaciones”, que desde hace varios días piensa cada vez que siente que le puede ocurrir eso, “que esas cosas no existen, que son inventos de los humanos”, y que repetirse eso lo calma mucho y le hace sentirse mejor, incluso ya le ocurre muy pocas veces. Sigue manifestando que “empezar a venir a acá” le salvó la vida, que ahora está trabajando, ganando dinero, y también sin esa necesidad de “tener que coger desesperadamente”, que está viviendo una vida más tranquila, que él “de eso de los sueños” no entiende nada y que prefiere no pensar mucho al respecto.

La práctica del análisis no es para cualquiera, se requieren varias cosas para soportarla, una de ellas es la de conectarse al inconsciente. Podríamos decir que Darío, parafraseando a Massota, nada quiere saber sobre aquello que está en los orígenes de los síntomas que soporta. Elige por ahora por “la solución estoica”.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 163 | septiembre 2012 | “La parte oscura del sueño” 
» Imago Agenda Nº 153 | septiembre 2011 | Estrago 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Miedo a los petisos 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Resplandor. Lacan, Borges y la literatura 

 

 
» La tercera
Seminarios 2020 
 
» Fundación Causa Clínica
Ciclo de conferencias abierto al público. Gratuito. Con inscripción previa 
 
» AASM 2020
XIII Congreso Argentino de Salud Mental  
 
» Fundación Causa Clínica
Cursos clínicos psicoanalíticos para graduados con práctica rentada - CURSADA PRESENCIAL / VIRTUAL 
 
» Fundación Causa Clínica
Talleres • Acompañamiento Terapéutico 
 
» Fundación Causa Clínica
Pasantías Clínicas cuatrimestrales y Cursos breves. Virtuales / Presenciales 
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com