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   Entrevista

Detrás del espejo
  Una conversación en torno a la película Cornelia frente al espejo del director Daniel Rosenfeld
   
  Por Luciano Lutereau
   
 
El 4 de octubre de este año se estrena Cornelia frente al espejo de Daniel Rosenfeld,1 una película basada en el relato homónimo de Silvina Ocampo. La película (que recupera el tono y el clima surrealista del cuento), sobre una mujer que retorna a la casa de su infancia para suicidarse, se presenta como proyecto atípico. En general, los largometrajes de ficción necesitan adaptarse a las convenciones comerciales de un guión donde hay ciertas reglas rígidas que cumplir (por ejemplo, la estructura aristotélica del relato o transformar todo lo que es palabra en imagen). Sin embargo, al trascender el lugar común de la adaptación –transfigurándolo– Cornelia frente al espejo consigue un resultado excepcional: mi experiencia fue la de un atravesamiento. No es preciso leer el relato para ver la película… sino que a través de esta última se llega al relato, se lo conoce del mejor modo –de forma indirecta y no como referente– detrás del espejo, en la pantalla, donde no hay “comparación” posible entre cine y literatura.
En el preestreno de la película (para unos pocos invitados; entre ellos, una entusiasta María Kodama que no privó de elogios al director) pude aprovechar la ocasión para tener una conversación con Daniel Rosenfeld (director), Eugenia Capizzano (coguionista y también la actriz que interpreta a Cornelia) y Leonardo Sabaraglia (actor que interpreta a Daniel).

Daniel, ¿cómo surgió el proyecto de Cornelia en el marco de tu carrera como cineasta?2
Daniel Rosenfeld: Eugenia fue quien me mostró y propuso trabajar con el delicioso texto escrito por Silvina Ocampo, aunque con un desafío: el cuento está redactado puramente en forma de diálogos; en teoría, ¡casi imposible de filmar! En este caso, la película se filmó como si fuera una aventura, porque trabajamos con el deseo y la premisa de mantener los diálogos íntegros escritos por Silvina Ocampo en el cuento donde el valor de la palabra, la misteriosa poética y la musicalidad de sus textos son esenciales, como así también su estructura digresiva, mucho más cercana a Las mil y una noches o a una versión oscura de Alicia de Lewis Caroll que a un guión convencional de cine. Los actores: Leonardo Sbaraglia, Eugenia Capizzano, Rafael Spregelburd, Eugenia Alonso, debían interpretar esos diálogos de manera exacta.

¿Cuál es tu posición estética frente a lo que, desde hace algunos años, se llama “Nuevo Cine Argentino”?

Daniel Rosenfeld
: La etiqueta de “Nuevo Cine Argentino” es quizás producto de un cambio generacional y de tecnología; ahora es más sencillo filmar pero más complicado distribuir. Frente a ese panorama han surgido algunos cineastas creativos, todos muy diferentes… no creo que exista una estética común. En todo caso eso, según mi punto de vista –ahí está la confusión–, eso que quizá fue novedoso se fue transformando paulatinamente en una forma repetida, en una moda. Hacer cine es muy difícil, una tarea quijotesca, sobre todo estando bajo la dictadura del entretenimiento.

Esta versión de Cornelia tiene un énfasis deliberadamente lírico en la construcción de la imagen y del tiempo narrativo ¿cómo definirías tu mirada como director?

David Rosenfeld
: Cada película es diferente, en este caso es Silvina Ocampo quien propone un universo visual lírico y onírico, que no es coloquial, combina distintos registros como el de una tragedia y una historia de amor, el del humor absurdo y el melodrama, siempre con las características de la literatura fantástica. El clima visual tenía que ir en esa dirección, quisimos adentrarnos en un mundo distinto al de todos los días, la película está ambientada en los años 40 o 50, en una casa que podría haber sido parte de un cuento misterioso de Henry James. Con el director de fotografía Matías Mesa (habitual colaborador de Gust Van Sant) y el compositor Jorge Arriagada (músico de Raoul Ruiz) conformamos un equipo para intentar crear un espacio en donde la percepción del tiempo fuera singular: en Cornelia no hay certezas de identidad sino la certeza de ser habitada por otras voces. Es con esas voces, reflejos, que ella reinventa una y otra vez su propia historia.

El cuento original que, como decías, es de Silvina Ocampo, tematiza diversas figuras que son de particular relevancia para el psicoanálisis –retomadas, a su vez, de la obra de Lewis Carroll o el mundo de Las mil y una noches, etc.– como el espejo, el doble, la mirada, etc., elementos que en tu obra se encuentran delimitados con particular esmero, ¿fue el psicoanálisis una teoría que influyó tu trabajo?

Daniel Rosenfeld:
Tenés razón. El psicoanálisis y la filosofía están dentro de esta película. Silvina Ocampo estuvo influenciada seguramente por Lewis Caroll y por Freud, Lacan, Jung, por esa pasión especular, donde aparecen las voces de los otros, el poder de la palabra, las ansias del suicidio, el doble, los espejismos, la crueldad y la infancia, como el cofre que podría esconder un secreto. Y el personaje de Cornelia, también esconde un secreto… Quienes la hicimos estamos atravesados por el psicoanálisis y por los temas que toca la película pero no trabajamos con una teoría psicoanalítica en particular; además una película no debe ser una tesis, sino una historia; pero ¡¿cómo escapar al psicoanálisis habitando en este siglo y en Argentina?! Además, el padre de Leonardo es psicoanalista, mis padres psiquiatras, Eugenia ha realizado cuatro años de la carrera.

Volvamos a algo que mencionaste hace un momento. En el guión decidiste conservar los diálogos de la versión de Silvina Ocampo, aspecto que a mi criterio no sólo rescata la voz impostada de los personajes (una especie de guiño al lector), sino que realiza la puesta en acto de una distancia propicia en el espectador, al impedir cualquier efecto mimético, ¿cómo considerás la relación entre palabra e imagen en Cornelia?

Daniel Rosenfeld:
No nos interesaba sólo la estructura original del relato, con sus digresiones y su poder evocativo. Nos resultaba irresistible la idea de ejecutar los diálogos de Silvina como una partitura, sin que una sola coma no fuera respetada. Después de todo, eso, la respiración de esos textos, y el fluir de su inquietante poética, fue lo que nos cautivó desde la primera página para después corroborar, con el trabajo sobre el cuento completo, que teníamos entre manos una obra maestra. La literatura y el cine están entrelazados en Cornelia frente al espejo. Los personajes no hablan de forma coloquial pero son verosímiles, y eso es algo que colabora a crear una estética, invita a pensar que la película también es una fábula. En un texto tan bien escrito como el de Ocampo, la tarea mía es buscar entre líneas las imágenes ocultas, desentrañar la acción para revelar todo lo que no está escrito pero espera encontrar una imagen poderosa.

Eugenia, la muerte –como una especie de McGuffin en el cine de Hitchcock– atraviesa toda la película; no obstante, hay un delicado equívoco en la formulación: la protagonista es una “suicida” que pide que la maten. ¿Cómo recuperaste esta forma paradójica de sensibilidad desde tu personaje?

Eugenia Capizzano:
Definitivamente, pedir a alguien “que te mate” no es fácil de formular, esos momentos en que el personaje hace explícito ese pedido fueron bien difíciles, ¿cómo llegar hasta ahí? Lo hice creo, como llegué a todo el personaje, a través de las palabras de Silvina, de mi fe en su hondura, de mi certeza en que ahí había claves para mí como persona, así fui descubriendo todo el personaje de alguna manera. Fue inmensamente difícil y fácil al mismo tiempo. Tuve un maestro, Alberto Ure, al que una vez escuché decir: “Los actores creen que se expresan pero en realidad expresan a los autores”. Recuerdo siempre esa frase, yo era muy chica, eran mis primeras clases de teatro, pero coincidí con él en ese pensamiento. Ahora con Silvina había encontrado un autor que me expresaba. Todo empezó para mí el día en que empecé a leer este cuento y sentí el deseo concreto, físico y absurdo, y también inquietante, claro, de ser quien había escrito esto –esto era la primera página del cuento– porque en esa respiración, la del texto, yo me escuchaba a mí misma, y en esas pocas imágenes me veía mostrada. Si Cornelia estaba esperando un espejo lo encontró en mí, lectora totalmente desprevenida, y actriz, como hubiera querido ser Cornelia y no pudo… ¡Cuántas coincidencias! Mi deseo no fue tonto, corrí a decirle a Daniel Rosenfeld que había encontrado “algo”, y mi deseo se contagió en él, y juntos, demasiado juntos, hicimos esta Cornelia, que también lo refleja a él.

Leonardo, luego de haber visto tus últimas películas entiendo que debe haber sido un desafío encarnar un personaje como el de Daniel, no sólo por su carácter intrínseco y su intensidad propia, sino por la austeridad de la puesta en escena de Cornelia, donde se ve que Rosenfeld busca que los objetos resuenen en el actor y viceversa, ¿cómo describirías esa experiencia desde tu punto de vista?

Leonardo Sbaraglia: Cada personaje es un desafío, cada construcción lo es, cada encuentro con un nuevo director y su universo debe serlo, esto es lo que impulsa –estos encuentros– con los distintos compañeros de trabajo o con los viejos desde un nuevo lugar. En ese sentido no ha sido distinto esta vez, fue un encuentro con impulso y desde ese lugar de entusiasmo me encontré con el mundo de Rosenfeld y Silvina Ocampo, con el mundo que él planteaba, que él imaginaba y con ese planteo traté de armar a una persona, a una persona conmovida por Cornelia, por el universo de Cornelia, una mujer que busca la muerte pero que al mismo tiempo está buscando quien pueda salvarla. En Silvina Ocampo y en el film están presentes los símbolos, los objetos, el mundo transfigurado de Max Ernst, los detalles hablan a través de las palabras y las imágenes. En una escena que interpreto junto a Eugenia Capizzano, estamos en un altillo sombrío, vacío, pero sobre la madera del suelo hay varias cabezas de esculturas que parecen observarnos desde su soledad siniestra. Hay algo de ese mundo interior que es un espiral, donde el amor y la infancia reaparecen constantemente. En un momento el personaje de Cornelia dice: “Quiere que mi vida se convierta en las mil y una noches”. Todo ese peso había que tenerlo en cuenta en el relato. La psicología de cada quien siempre es algo más para enriquecer nuestro imaginario, para crear a alguien real y específico, para creer en cada palabra que diremos como parte y consecuencia del devenir del pensamiento. Eso ayuda a confiar en la veracidad de la expresión, para saber que luego, quien mire, mirará y reconocerá en el personaje a alguien verdadero. Disfruté mucho de hacer esta película, de haber podido tener la posibilidad de trabajar con amigos que respeto mucho. Nos une las ganas de buscar y de crecer. De construir un lenguaje común, que nos siga expresando desde lo que hacemos, con originalidad. La alternativa de tener un texto de Silvina Ocampo entre manos, para meternos en su mundo, descubrir sus juegos, sus metáforas, su dolor, su erotismo. Intentar poner en nuestro cuerpo sus pensamientos fue maravilloso. ¡Todo un descubrimiento expresivo! 
___________________
1.    El estreno mundial fue en enero de este año en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam (Holanda). Asimismo, allí la película obtuvo el Premio Anual de Post-Producción del Hubert Bals Fund.
2.    Rosenfeld es autor también de “Saluzzi, composición para bandoneón y tres hermanos” (2001) y “La quimera de los héroes” (2004).
 
 
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