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   El "psicópata" y sus redes

Perversión y fantasma perverso
  Por Marta Gerez Ambertín
   
 
1. ¿Perversión o psicopatía? Llama la atención que, a veces, desde el psicoanálisis se refiera a la perversión como un vínculo transgresor con la ley. ¿Qué es tener un vínculo transgresor con la ley? ¿Cómo ubicar esa transgresión? Si esto no se especifica es posible acabar confundiendo perversión con psicopatías, sociopatías o caracteropatías, arriesgando extraviarse en laberintos lombrosianos.
¿Cómo es en psicoanálisis el lazo deseo-ley enlace que Lacan ubica precisamente como transgresor? En principio conviene despegar la perversión de la psicopatía pues son categorías que provienen de campos referenciales diferentes. La perversión desde el psicoanálisis, la psicopatía desde la clasificación del DSM y una larga historia específicamente psiquiátrica.

¿Cuántas veces mencionó Freud el término psicopatía?: tres. En “Sobre el sueño” (1900) la emplea como sinónimo de «enfermedad de la psique» en general; igual en “Personajes psicopáticos en el escenario” (1905) y, finalmente, en la “Correspondencia con Arnold Zweig” (11 de mayo de 1934) en el mismo tenor.

¿Cuántas veces Lacan refiere a la psicopatía? tres. En “De la psicosis paranoica en su relación con la personalidad” (1932) citando a los psiquiatras Tanzi y Riva que la ubican como “lesión exclusiva de las facultades intelectuales superiores de origen degenerativo”; en “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología” (1950) como la expresión parcelaria de conductas simbólicas y, en “Conclusiones en las Jornadas de noviembre” de 1975 la emplea como equivalente a la perversión y, extrañamente, la refiere al sínthoma. En suma, el termino psicopatía es utilizado polimorfamente por Lacan.
¿Cuántas veces trató Freud de la perversión? 98. ¿Y del perverso? 77. ¿Cuántas veces refiere Lacan al término perversión? 114. ¿Y al perverso? 73.
Aunque los psicoanalistas somos remisos a las estadísticas, contabilizar de vez en cuando vale la pena para mostrar que es el término perversión el que tiene su sitio en el psicoanálisis. La psicopatía, en cambio, se coló –por alguna fisurita– desde el campo psiquiátrico, y parece que allí se quedó a vivir parasitariamente, no sin producir algunos estragos terminológicos, diagnósticos e incluso estigmatizantes. Eventualmente algunos psicoanalistas utilizan el término psicopatía como diagnóstico, otros el neologismo “psicopatear” para referir alguna trapisonda realizada por alguien, y al término “psicópata” como sinónimo de “peligroso” con lo cual se acaba estigmatizando a quien es referido de tal manera. En realidad, son las clasificaciones del DSM IV las verdaderamente peligrosas. Repasemos la F60.2 Trastorno antisocial de la personalidad [301.7] “La característica esencial del trastorno antisocial de la personalidad es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás (…). Este patrón también ha sido denominado psicopatía, sociopatía o trastorno disocial de la personalidad. (…) Los comportamientos característicos específicos del trastorno disocial forman parte de una de estas cuatro categorías: agresión a la gente o los animales, destrucción de la propiedad, fraudes o hurtos, o violación grave de las normas. (…). Los sujetos con un trastorno antisocial de la personalidad no logran adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal…”. Estos “comportamientos característicos” del “trastornado antisocial” pueden aplicarse tanto a los miles de “indignados europeos” como a los gerentes de los bancos europeos cuyas políticas han provocado los “trastornos” que lleva a los “indignados” a las calles. Y, se sabe, cuando un diagnóstico –como un medicamento– sirve para todo es porque no sirve para nada.
Separemos entonces las aguas, en psicoanálisis sólo aludimos a la perversión, y a ella referiré aquí, a la perversión dura o propiamente dicha.

2. El perverso y la ley.
Lacan, en el Seminario “La angustia” (1962-63), al jerarquizar al objeto a planteará que el deseo es siempre perverso porque no hay manera de desear sino transgrediendo de alguna manera la ley. En esta línea sigue su formulación en “Kant con Sade” y el Seminario “La lógica del fantasma” (1966-67). Así, la antinomia no se da entre el deseo y la ley, sino entre deseo-ley versus goce.
El goce refiere al usufructo de la Cosa, sobre el cual la ley –que hace al deseo– pone límites al generar su sustracción. Allí reside la antinomia entre deseo-ley versus goce y así plantea Lacan que perverso y neurótico están ubicados dentro de la dialéctica deseo-ley, ninguno tiene modo alguno de acceder al goce inefable de la Cosa.

La perversión, como estructura, está situada dentro de esa dialéctica, la cuestión es advertir, en todo caso, cómo se ubica allí el perverso; en suma, cómo transgrede el perverso y cómo transgrede el neurótico. Cabe aclarar esto porque circula la versión (pura imaginería neurótica) que el perverso tiene el acceso a un goce infinito y transgrede como se le viene en ganas. Falso. El perverso no llega tan lejos en la obtención del goce; y aquí es preciso realizar un giro respecto a la idea de que la sola noción de renegación puede dar la clave de la perversión.

Por una parte al decir Lacan que el deseo es perverso sólo expone de manera brillante que no hay un objeto natural ni para el deseo ni para la correlación de los sexos: no existe un objeto sexual canónico, los objetos del deseo son el resultado de una sustitución y de un desplazamiento, en suma de una subversión. Con esto Lacan completa la demolición de las ideologías de la “normalidad” y “uniformidad” de la sexualidad humana que había iniciado Freud.
La concepción de que el deseo es perverso echa también por tierra aquello de que, per se, la renegación –o desmentida de la castración– pueda ser la referencia clave para ubicar la posición del sujeto perverso.
No es posible sostener la división de aguas en las estructuras clínicas: represión (verdrangung) para neurosis; renegación o desmentida (verleunung) para perversión; y forclusión (verwerfung) para psicosis. Así, la definición de perversión queda irresoluta, y Lacan buscará otros caminos para ordenar la diferencia entre las estructuras clínicas. Se orienta más bien por la lógica del fantasma y la castración del Otro. Sintetizando: le interesa cómo el perverso tapona la castración del Otro.
Refuta la concepción de que el perverso desconozca la ley y por eso sea un transgresor que la desafía. Nada de esto, al contrario, el perverso no desafía la ley sino la hace cumplir ciegamente, razón por la cual afirmó que son los perversos los últimos creyentes. Quizás, no se trata de transgresión sino de cierta Impostura Perversa como bien señala Serge André en el libro homónimo; impostura que precisa del fetiche como condición sine qua non para tapar la castración del Otro.

3. El fantasma perverso y el fetiche. Es la dirección que tomará en el Seminario 10 cuando da un giro a la cuestión. Luego de la formulación del objeto a cambia su concepción de la estructura perversa, ya no pone el acento en el fetiche relacionado con el falo, ahora da preeminencia a la cuestión del fetiche vinculado al objeto a. Se trata del fetiche como objeto que tapona la castración del Otro. El fetiche asume una dimensión de monotonía y fijeza. No todo sujeto que gusta del “mechón de cabellos” de alguien es un fetichista, el problema es si busca sólo “el mechón”… más allá de quién lo porte.
En los Seminarios 10 y 14 se replantea la estructura perversa propiamente dicha donde el fetiche es el objeto causa en el sadismo y el masoquismo. En la estructura del fantasma del perverso el fetiche no es el objetivo del goce perverso, sino el objeto causa de goce.

Un ejemplo de lo que digo se da en el extraordinario film de Fellini: Casanova. El goce perverso de Casanova lo puede llevar a buscar una monja exótica –con voyeurismo incluido–, grupos de damas diversas, una virgen, una mujer viejísima, una travesti, una jorobada, incluso una muñeca: su búsqueda es variadísima, en esas elecciones no hay ni monotonía ni fijeza sino gran diversidad; pero algo siempre debe estar presente para sostener esas escenas: es el pájaro mecánico –objeto inerte– que oficia de fetiche. Ese pájaro mecánico es el que lo causa, y a partir de allí cualquier cosa puede ser el objetivo.

Casanova se identifica con el fetiche, con ese pájaro mecánico al que termina petrificado, ese objeto que es causa de su goce. Petrificado a ese objeto obtiene una particular posición en el fantasma perverso, y es que en la perversión el sujeto se sirve del fetiche para sostener su deseo y su goce que se halla del lado del objeto, tomando la estructura del fantasma perverso la siguiente forma (ver gráfico 1). El deseo perverso soportado por el fetiche (da) sustenta la voluntad de goce (VG) que produce la afanisis (desmayo) del partenaire ($), estratagema con la que intenta tapar la castración del Otro y producir el sujeto puro, no castrado (S): tal el “cálculo del sujeto” en la perversión. Condición de más para angustiar a cualquier partenaire, y para hacer sumamente dificultosa la instauración de la transferencia con un perverso.

Gráfico 1

Así, sólo la lógica del fantasma hace posible distinguir la posición del sujeto ante el deseo del Otro ya como neurótico, ya como perverso. Porque esa lógica supedita al sujeto al Otro (A) y al objeto a.
Dice Lacan en el Seminario 10 el 16-1-63 “Entre el sujeto, que aquí se encuentra, por así decir «otrificado» en su estructura de «ficción» y el Otro, nunca autentificable por completo, lo que surge es un resto, a”. Es decir, refiere al $, al A, y al resto: el objeto a. Si el Otro (A) nunca es autentificable por completo es porque está castrado, y esto es lo que no soportan ni el neurótico ni el perverso: anhelan un Otro autentificable, más aún: se ofrecen para autentificarlo para así suponer que cuentan con sus garantías. Pero neurótico y perverso difieren en la manera en que intentan autentificar al Otro. El perverso es más leal. En ellos funciona de manera distinta la renegación: el neurótico reniega de la falta del Otro pero no es categórico, soporta que “no sea así” e insiste; el perverso, en cambio, es tajante en la renegación, por eso su jugada es más fuerte, no la tapa con el falo imaginario (–Q), la tapa con el fetiche y de allí obtiene su certidumbre.

Por eso para Lacan, es fundamental diferenciar cómo el neurótico enmarca en el fantasma el objeto a y cómo lo hace el perverso. Sólo eso permite captar la diferencia entre neurosis y perversión dura. Especificará que, la división subjetiva en la neurosis, está plenamente del lado del Otro; en la perversión, en cambio, el sujeto se sirve del fetiche para sostener el deseo que se halla del lado del objeto, asumiendo la estructura del fantasma perverso la siguiente forma tomando el trazado del Gráfico 1:


Gráfico 2

Se marca así una divisoria en la que, en la neurosis, el objeto queda como resto de la operación del sujeto en el campo del Otro; en la perversión, en cambio, el objeto queda en la zona del sujeto, todo lo cual habla de los profundos impasses en el establecimiento de la transferencia en esta posición, así como del interrogante sobre la verdadera posibilidad de análisis del perverso.


Gráfico 3

A partir de allí Lacan hace un desarrollo más claro de la posición perversa ligada al sadismo y al masoquismo, también al exhibicionismo y al voyeurismo. En un simple trazado en “Kant con Sade” resume la posición perversa dura: ubica la Voluntad del Goce del lado del sujeto que produce el desmayo del partenaire.


Gráfico 4

Todo esto nos permite colegir de las dificultades para el establecimiento de la transferencia con el perverso. Para Lacan la división del sujeto en la neurosis está plenamente en la zona del Otro por ello apela a la demanda para hacerse reconocer por el Otro. En cambio, en la perversión, el sujeto se sirve del fetiche para sostener el deseo que se halla del lado del objeto. Allí las barreras para instaurar transferencia en tal posición, es decir, analizar al perverso. Aunque Serge André consideraba preciso intentarlo. Pero, ¿qué hace el analista para soportar la angustia que inevitablemente le producirá el encuentro con el perverso?, ¿cómo arreglárselas con su afanisis? Pregunta que dejo abierta aquí. 
 
 
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