Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Colaboración

La novela de Lacan (sexta entrega)
  3. Loigny, rayos y fotos de un viaje.
   
  Por Jorge Baños Orellana
   
 
“El entendimiento no sería muy diferente a una alacena completamente cerrada a la luz con sólo unas pequeñas aberturas concedidas al paso de las trazas visibles del afuera”.
John Locke, Ensayos sobre el entendimiento humano

Alguna vez, en una fecha a la que difícilmente sobreviva alguno de los analistas de mi generación, se abrirán al dominio público los archivos y las colecciones de Jacques Lacan. Entonces saldrán a la luz −si a esa altura todavía a alguien le importa− los borradores, las cartas, los cuadernos de sesiones, los manuscritos de Marguerite Anzieu y de Bataille, los libros anotados (una de sus seis bibliotecas, la de La Prévôté, la mansión de fin de semana, guarda 5.147 volúmenes cuyos títulos continúan siendo secreto de Estado, del resto se ignora hasta el número). También se podrá saber de la pinacoteca, de las cerámicas de Nazca, de los grabados japoneses, de los fragmentos de esculturas egipcias, de las fotografías que tomaba a las puestas de sol, de las máscaras del Brasil que le compró a Lévi-Strauss, de los potes, de los mapas, de los objetos bizarros, de las vestimentas extravagantes confeccionadas a medida, de las piezas de oro.1 Pero no será en el número 5 ni en el número 3 de la calle de Lille, ni en La Prévôté, sino en la casa-depósito de l’Abbaye de Loix-en-Ré donde aparecerán las estampas de San José compradas en Orleáns el segundo domingo de julio de 1906 y el dibujo del pequeño Jacques acerca de lo que le aconteció de regreso a París. Pegoteados por el polvo, arrugados por el tiempo, dibujo y estampas arderán en la hoguera como el trineo del Ciudadano Kane.

Pero aquel domingo, en el que todo eso era nuevo y el porvenir se antojaba bello, Alfred Lacan recorría contra el reloj las cinco santerías de Orleáns para satisfacer la tenacidad pedigüeña de su hijo. Se iba haciendo tarde para manejar hasta casa. ¿Por qué a Jacques no lo conformaba la carísima figurita de plomo esmaltado de Juana de Arco a caballo? Hasta había simulado desinterés, anunciando que se la regalaría a Marc. ¡Tonteras, sabes que Marc no tiene edad ni para sostenerla! ¿A qué venía, en cambio, ese antojo por corroborar si todos los San José, sin excepción, cargaban en brazos a un Niño Jesús crecido? Jacques era menos un coleccionista de objetos valiosos que de respuestas.

El auto aceleró indeciso. El viejo Emile, el otro amo de Alfred, se había empecinado con abarrotar de frascos de pepinillos el baúl y el asiento trasero. Como si los pedidos no pudiesen aguardar el próximo tren a París. Pero los dos hombres bien sabían, Alfred con alivio, Emile resignado, que la sobrecarga de cajas e indicaciones buscaba enmascarar el hecho de que al padre jefe le había llegado la jubilación. El viejo no regresaría como de costumbre, permanecería en Orleáns aguardando el descalabrante arribo del camión de mudanzas. En la seca despedida, Jacques notó al abuelo empequeñecido y con una estridencia menos atemorizante. Lo mismo daba. Corrió a sentarse triunfal a la butaca libre del copiloto. Cincuenta y pico años más tarde, en un paréntesis del seminario de La identificación, el sentimiento no había cambiado: “Mi abuelo, que no difiere sensiblemente de su nombre propio, Emile Lacan, ese execrable pequeño burgués, ese horrible personaje gracias al cual accedí a una edad precoz a esa función fundamental que es la de maldecir a Dios, ese personaje es exactamente el mismo que se sostiene en el estado civil, como queda demostrado por los lazos de matrimonio, para ser padre de mi padre.”2 Está en las antípodas de la emoción pudorosa y el velamiento con que habló de Alfred, pocas semanas después de su fallecimiento, en el seminario de La transferencia: “¿Nunca los sobrecogió el pensamiento de que faltó algo en lo que dieron a quienes les son más cercanos? ¿Y de que no sólo faltó algo, sino que, a los más allegados, ustedes los dejaron escapar irremediablemente? Con sus más allegados no hicieron sino dar vueltas en torno al fantasma cuya satisfacción, hasta cierto punto, buscaban en ellos. Dicho fantasma sustituyó sus colores e imágenes. Aquel ser a quien súbitamente puede hacernos recordar un accidente, aquel ser verdadero cuya muerte nos hace escuchar desde muy lejos su reso­nancia: en la misma medida en que se lo evoca, se aleja, queda eternamente perdido. ¿Fue por haber convertido, como se dice, a ese otro en un objeto, que se ocuparon mal de él? ¡Ojalá lo hu­biesen tratado como a un objeto, cuyo peso se aprecia así como su gusto y su sustancia! Estarían hoy menos turbados por su memoria: le habrían hecho justicia, rendido homenaje, dado amor. Pero ustedes hicieron de él un sujeto, como si eso fuera lo que merecía por respeto a su dignidad −como suele decirse−, por debido respeto a nuestros semejantes, lo cual es algo muy diferente a lo que está en juego en la cuestión del amor. Temo que el respeto que ustedes le dan acabe enviándolo demasiado deprisa a sus asuntos. ¡Que se las arregle! Libertad de no sentirse en obligación, pero no dicen tanto de la libertad de él sino más bien de la de ustedes.”3 Jean Allouch no ha exagerado al señalar este comienzo de la lección del 30 de noviembre de 1960, sobre las miserias de la intersubjetividad, como una homilía por el entierro del padre.4

Y no nos cuesta seguirlo cuando interpreta que, una semana después, Lacan remonta esa plegaria en estos dichos: “El ser del otro del deseo −ya lo subrayé suficientemente− no es en absoluto un sujeto. El otro en tanto que está en el deseo, en el punto de mira, está ahí como objeto amado. ¿Qué deberíamos considerar para enmendar nuestro error con aquel que dejamos escapar y ya está demasiado lejos? Ciertamente, su cualidad de objeto; lo que inicia el movimiento en juego en el acceso al otro que nos da amor es un deseo por el objeto amado. Si quisiera ilustrarlo, lo compararía con la mano que se aproxima para atizar un leño que de pronto se enciende.”5 Pero la siguiente hipótesis de lectura de Allouch despierta, en cambio, recelo y pedido de explicaciones. Me refiero a cuando él sostiene que tras esta imagen de la mano y el leño asoma la detención policial de Lacan el 19 de octubre, día del entierro de su padre. Básicamente, se apoya en una averiguación de Elizabeth Roudinesco, la de que Lacan casi no llega al entierro de Alfred luego de ser demorado por no detenerse ante un semáforo rojo: “Jacques brûla un feu rouge”.6 Sacando partido de que, en francés, el sustantivo fou nombra tanto a una luz de semáforo como al fuego, y que el verbo brûler nombra tanto a la acción de desobedecer un semáforo como a las de quemar algo o arder uno mismo, Allouch deduce que en ese acto en que Jacques brûla un feu rouge estuvo el venero significante de la figuración de la mano y el leño.7 Pasemos, mejor, a cuestiones más probadas.
No transcurrieron muchos kilómetros antes de que el pequeño Jacques quisiese mudarse a la parte de atrás. Sentado en un hueco libre del asiento y rodeado de mercadería hasta el techo, se puso a jugar a que manejaba un auto dentro del auto. Con cada cambio de marcha, la espalda de Alfred sentía el eco de la presión de los zapatitos hundidos en pedales imaginarios. Cada cual en lo suyo: el padre, enemigo de los encierros, atraviesa veloz el gran espacio abierto del atardecer; el hijo, concentrado en sus manías, va sentado en el trono de un planeta minúsculo o −como diría John Locke− en la recepción vacía de su propia casa; aunque, a medida que la luz menguaba, el recinto iba asemejándose más a una cámara oscura. Así las cosas hasta que sucede lo del rayo.
Mamá atribuyó el asunto a la insolación; papá a la falta de aire, agravado por el tufo a vinagre de las cajas de Dessaux Fils; hoy, un neurólogo amateur lo adjudicaría a que, por las pequeñas aberturas, el ojo de Jacques había sido bombardeado con el azul del campo y los últimos rayos rojos del día, hasta inducirle una epilepsia foto-sensitiva, igualita a la de los niños japoneses por culpa de los Pokémon; un aficionado a la psiquiatría aduciría desequilibrios en la dopamina, causa universal como el Dios de Malebranche. Por su parte, al volverse grande, Jacques Lacan emparejó lo sufrido con la visión de la garganta de Irma del sueño inaugural de La interpretación de los sueños, con la mirada de los lobos del sueño infantil de Serguei Pankejeff, las epifanías de zaguán de Stephen Dedalus, el cuerpo atropellado de Ciudadano Rousseau, la zarza ardiente de Moisés y las voces de la Doncella, vale decir, con situaciones de ensimismamiento y rigor extremo, nunca con un déficit. A lo que allí se le apareció, lo fue nombrando de diversos modos, como el Otro acéfalo o el Otro des-semejante, y pronunciándolo en otras lenguas, en latín, será el Quad que hace perder al Quis. Ya cité demasiado los seminarios como para señalar las páginas que corrigen enérgica y elusivamente a Locke, objetando que lo que el filósofo entendía por nuestro estado mental habitual resulta ser, para la experiencia clínica, una rara y peligrosa excepción subjetiva.

Como fuere, el pequeño chofer comienza a notar en las aberturas de la izquierda, por donde se filtran las últimas luces del horizonte, el embate de un rayo vivo como una serpiente que avanza y una lengua que pronuncia un mensaje incomprensible de latidos. Jacques quiere pero no puede abrir la boca. Luego de un silencio inhabitual, Alfred siente patadas desesperadas. Pacientemente decide ignorarlas, hasta descubrir la inconfundible matriz de los tres plantazos y seis golpes de punta. ¡Está zapateando los puntos y rayas de SOS del sistema Morse internacional! Él mismo le había contado cómo esa mísera cadena de puntos y rayas salvaba del naufragio a embarcaciones de todas las banderas y evitaba el choque de trenes; ningún varón de fines del siglo xix podía desmerecer la evidente utilidad de esta información, pues todos se creían potenciales capitanes de barco o conductores de locomotora. Alfred clavó los frenos y extendió las manos hacia el mudito.

En tierra firme, contemplan la lenta puesta del sol de julio. Pintados en rojo y negro parecían San José y el Niño. Ahora puedo explicarte por qué es José y no María quien sostiene al Niño crecido, ¡porque pesa mucho! Pero el humor de papá se invierte como una campana al percatarse de que están pisando el campo de batalla de Loigny. Salgamos de acá ahora mismo, ordena sin más.
Cuando llegue la fecha en que el dibujo del rayo del pequeño Jacques no consiga convertirse para nadie en objeto de amor (y de temidas disputas amorosas), sino apenas en sujeto de investigación, los testigos lo convertirán en ceniza. Al lacaniano no le toca la buena suerte del interesado por Dora Maar. Aunque todas sus pertenencias legalmente les corresponde, los depositarios de la herencia de la fotógrafa se percataron de que culturalmente los bienes recibidos no eran del todo suyos; abrieron, entonces, la casa de Nimes. ¿Fue obsceno exhibir el trozo de papel con las pinceladas rojo ocre que dice: Sangre de Picasso? No lo fue para los que indagan los efectos que tuvo el romance de Dora y Bataille en la pintura de Picasso. Sirva de consuelo que los afortunados maarianos comparten con nosotros igual espera de los cuadernos de sesiones de 1945-50 del consultorio de Lacan. Apresado en sus tapas azules se guarda el recuerdo del paseo infantil de Maar en el que su padre, el arquitecto yugoslavo-austríaco Joseph Markovitch, la alza hasta la boca de la cámara oscura del aparato de un fotógrafo de plaza. Primero fue el ahogo y el picor en los ojos por residuos del fijador (no olvidemos que la oscuridad de la caja de madera servía tanto de cámara óptica como de laboratorio ambulante de revelado). Poco le faltó a la niña para retirar de un manotazo el acordeón de tela negra hundido hasta los hombros. Antes, el borrón de la placa translúcida cobró feliz nitidez. Situada en los altos de la Plaza San Martín, Dora entendió, a medias en el castellano de la escuela, a medias en el francés de la madre y de su París natal, que ese cohete en descenso era la Torre de los Ingleses patas para arriba. Metida en aquel silencio luminoso y sin cuerpo, sintió por primera vez a un lugar como propio.
________________________
1. Élisabeth Roudinesco, “La liste de Lacan, inventaire de choses disparues”, incluido en AA.VV., Lacan et la littérature, Manucius Eds, Paris, 2005, pp. 181-93. Y Judith Lacan, Album Jacques Lacan: Visages de mon père, Seuil, Paris, 1991, p. 75.
2. Inédito, clase del 6 de diciembre de 1961.
3. Cf. Jacques Lacan, seminario La transferencia, Paidós, Buenos Aires, 2004, pp. 47-48.
4. Agradezco a J. Allouch el siguiente adelanto de su libro en preparación El amor-Lacan: “… este pasaje de Lacan debe leerse como una confesión, como una pena velada, a propósito del amor por su padre. Más exactamente, como la confesión del fracaso de ese amor, en la medida en que, para Jacques, esa muerte invocó el ser verdadero de su padre y en que ese ser, mientras permaneció vivo, fue inaccesible para él.”
5. Cf. Jacques Lacan, seminario La transferencia, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 64.
6. Élisabeth Roudinesco, Jacques Lacan : Esquisse d’une vie, histoire d’un système de pensée, libraire Arthème Fayard, Paris, 1993, p. 367 (p. 411 de la traducción de Paidós, 1994)
7. Jean Allouch, op. cit.: “[por] una lectura del mito de la mano tendida en el amor (mito presentado el 7 de diciembre de 1960, justo después de las declaraciones a propósito del fracaso [amoroso] con el otro), que concluya que esa mano, la surgida imaginariamente del fuego (du feu), es la mano de un muerto”.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | La novela de Lacan (decimoctava entrega) 
» Imago Agenda Nº 146 | diciembre 2010 | La novela de Lacan (decimaséptima entrega) 
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Lo que debe faltar en un escrito 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | La novela de Lacan (decimasexta entrega) 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | La novela de Lacan (decimaquinta entrega) 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Porvenir del testimonio 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | La Novela de Lacan (Décimocuarta entrega) 
» Imago Agenda Nº 131 | julio 2009 | La Novela de Lacan (décimo tercera entrega) 
» Imago Agenda Nº 128 | abril 2009 | La Novela de Lacan (duodécima entrega) 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | La Novela de Lacan (Undécima entrega) 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | La novela de Lacan (Décima entrega) 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | Los miércoles por la noche, alrededor de Freud  de Mauro Vallejos, Letra Viva, 2008.
» Imago Agenda Nº 119 | mayo 2008 | La novela de Lacan (novena entrega)  4. Primeras veces: la cura cubista
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | La novela de Lacan (octava entrega)  4.Primeras veces: la escuela del análisis
» Imago Agenda Nº 116 | diciembre 2007 | La novela de Lacan (séptima entrega)  3.Loigny, los caminos a la escuela
» Imago Agenda Nº 110 | junio 2007 | La novela de Lacan (quinta entrega)  2. Orleáns, los potes y la peste (final)
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | La novela de Lacan (cuarta entrega)  2. Orleáns, los potes y la peste (continuación)
» Imago Agenda Nº 103 | septiembre 2006 | La novela de Lacan (tercera entrega)  2. Orleáns, los potes y la peste
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | La novela de Lacan   1. París, mito lacaniano (segunda entrega)
» Imago Agenda Nº 99 | mayo 2006 | La Novela de Lacan (segunda entrega)  1. Paris, mito lacaniano (Segunda entrea)
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | La Novela de Lacan  1. Paris, mito lacaniano (primera entrega)
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | La vasectomía de Freud como post-scriptum de Más allá del principio de Placer 
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Entre la carcoma de lo inútil y el amarillo de los chimentos 
» Imago Agenda Nº 77 | marzo 2004 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (cuarta entrega) El sueño de la historia clínica
» Imago Agenda Nº 74 | octubre 2003 | Los pequeños oficios, de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (Tercera entrega) Un sueño con cocaína
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (segunda entrega) Lo que guardaban los ojos de Freud
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Inspiraciones y andamios (primera entrega)
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | Apropiaciones de la posmodernidad en la casa de los analistas. 
» Imago Agenda Nº 60 | junio 2002 | Últimas noticias de los propietarios de Lacan 
» Imago Agenda Nº 58 | abril 2002 | Cómo hablamos cuando hablamos de la situación 
» Imago Agenda Nº 56 | diciembre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página (última entrega)
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Tres pilares de la primera página (décimosexta entrega)
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis   Los tres pilares de la primera página (décimoquinta entrega)
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis   Los tres pilares de la primera página (décimocuarta entrega)
» Imago Agenda Nº 50 | junio 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanalisis  Los tres pilares de la primera página (Décima entrega)
» Imago Agenda Nº 48 | abril 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página (Novena Entrega)
» Imago Agenda Nº 47 | marzo 2001 | Los pequeños oficios de la escritura del psicoanálisis  Los tres pilares de la primera página (octava entrega)

 

 
» Fundación Tiempo
PASANTÍAS GRATUITAS CUATRIMESTRALES  Observación de admisiones. Supervisión clínica. Inicio en Agosto
 
» Fundación Tiempo
POSGRADOS EN PSICOANÁLISIS CON ATENCIÓN RENTADA DE PACIENTES  Inicios mensuales. Duración: 12 meses. Derivación de pacientes sin tope fijo.
 
» El Kaso Dora
La Comedia Teatro  Lunes 20:30hs
 
» Fundación Tiempo
FORMACIÓN Y ASISTENCIA EN PRIMERA INFANCIA  POSGRADO EN ATENCIÓN TEMPRANA CON PRÁCTICA ASISTENCIAL
 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  comienzan en Junio
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
La Formación del analista  El analista y su práctica - actividad no arancelada
 
» Fundación Tiempo
Curso de inclusión en la escuela con práctica rentada  Inicia 1 de Abril de 2019
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com