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   Acontecimiento Traumático

Fenómeno psicosomático y acontecimiento traumático
  Por Mariana Howlin
   
 
Un sujeto frente a ciertos avatares que enfrenta en su vida puede responder de modos diversos, uno de ellos es produciendo un fenómeno psicosomático (FPS). Fenómeno, según el diccionario es una manifestación y también se define como algo extraordinario. Hablamos de fenómeno y no de estructura respecto de lo psicosomático, el FPS puede presentarse en cualquier estructura subjetiva.
Es importante, a los fines clínicos y de trabajo con estos pacientes tener claro que el FPS no es una formación del inconciente, por lo tanto no se trata del retorno de contenido psíquico reprimido, ni de un síntoma, no sigue la lógica de lo simbólico o sea algo a descifrar, a develar por asociación libre o a través de la lectura de manifestaciones inconcientes, no se puede apelar a la red de significantes, no hace cadena. En lo psicosomático estamos frente a la lógica de lo Real, lo que no es del fantasma... No se trata de lo Simbólico sino de lo Real.

En el FPS hay lesión de lo real del cuerpo, no del cuerpo fantasmático, lo lesionado del cuerpo no responde a una fantasía inconciente. El FPS queda escrito directamente en el cuerpo y no inscripto en el inconciente como representación reprimida y retornando. Escrito como marca de un significante que no hace cadena y que no está dirigido al Otro.

En el desencadenamiento de todo FPS hay coordenadas psíquicas, generalmente del orden de la pérdida, de un ser querido, una posición social o un lugar simbólico, y también de la asunción de nuevos lugares simbólicos (menarca, ocupar nuevas responsabilidades que ubican a un sujeto en un lugar paterno, etc.). El paciente suele fecharlo “..después de tal suceso empecé con esto en el cuerpo…”

Lo que he podido constatar, por lo menos en algunos casos, en el trabajo clínico con estos pacientes es que además del suceso cercano en el tiempo, anterior al desencadenamiento del fenómeno, es la existencia de un acontecimiento traumático (no sexual) acaecido una, dos o tres generaciones atrás, suceso que no fue elaborado, ni simbolizado y se enquista en el entramado generacional, acallado pero eficaz en la producción de efectos.
En el libro “Historia y trauma. La locura de las guerras” 1, cuyos autores son dos psicoanalistas franceses quienes poseen una vasta experiencia en el trabajo con pacientes traumatizados por diversas contiendas bélicas, ya sea vividas personalmente o su descendencia, podemos leer: “..el registro de lo Real será considerado aquí por los efectos que produce su desanudamiento:

- Ruptura de lo Simbólico: fundamento del sujeto de la palabra y de la Historia…y por consiguiente del lazo social”
- Desorganización de las referencias de lo Imaginario que posibilitan las relaciones de identificación especular…
Lo Real se define ..,como “lo imposible” de nombrar y representar, “lo que no cesa de no escribirse”. Por eso retorna siempre al mismo lugar…en una sobrerrealidad, …, por fuera del campo de la palabra y más allá del espejo, imponiendo la presencia de catástrofes no inscritas, quebrando los límites del cuerpo y del alma, escapando a la historia, el tiempo y el olvido” (el remarcado es mio).

Algunos breves ejemplos clínicos:

Caso 1: María desarrolla una Vasculitis a partir de la muerte de su hermano mayor, muerte que la toma de sorpresa, el hermano padece síntomas similares a los de ella antes de morir. Sesenta años antes muere un bebe de 6 meses, primer hermano de María, no hay relato en relación a esa muerte.

Caso 2: Juan desarrolla una psoriasis cuando pierde su negocio y se queda sin trabajo. 80 años antes su abuelo, Juan, caía a una tina con ácido y muere en ese accidente, todos los hijos de aquel abuelo muerto trágicamente nombran a alguno de sus hijos Juan.

Caso 3: Ana desarrolla lupus luego de la caída de un comercio prospero y propio que poseía. Muchos años antes se perdía la fortuna hecha por sus abuelos paternos porque su padre y sus tíos no la reclamaron.

En estos casos un elemento en común que puede aislarse es lo poco o nada que puede decirse de estos sucesos, y como en la lesión del cuerpo se “muestra aquello que no puede decirse” y que se ha transmitido de generación en generación como “pedazos de temporalidad congelados”. (1)


(1) Davoine F. y Gaudilliére J.M. “Historia y Trauma. La locura de las guerras”. Ed. Fondo de Cultura Económica. 1ra. Edición. Buenos Aires 2011, pág. 100-101
 
 
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