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   Psicoanálisis y Epigenética

La clínica psicoanalítica y la variabilidad individual y diversidad reactiva que propone la epigenética
  (En respuesta a “Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más?”, de Jean Allouch)
   
  Por Alfonso Luis Masotti
   
 

“…De no regular sobre lo diverso, el analista estaría invitado a acoger a alguien absteniéndose de cualquier acción o pensamiento identificador, no sólo en la primera entrevista y subsiguientes, sino a todo lo largo del análisis. Se entreve que es algo difícil, tal vez imposible. Pues se trata de excluir una identificación de tipo nosográfico concerniente no sólo al que los analistas aún llaman paciente, sino a toda identificación, sea la que fuese. Pensar “vengo de recibir a una mujer, o a un niño, o a un emigrado, o a un pobre, o a un colega, o a un deportista, etc.” ya es de por sí demasiado. Pues ¿cómo sabría yo que se trata de una mujer, de un niño, de un emigrado, de un pobre, de un colega o de un deportista? Esa mujer puede no tener la sensibilidad de una mujer, ni el niño el alma de un niño, ni el emigrado la condición de emigrado, ni el pobre el estatus de un pobre, ni el colega la virtud de un colega, ni el deportista el aguante de un deportista. En resumen, tales juicios sólo se fundan sobre la apercepción de orden fenomenológico, cuando no sobre una balanza. Su efecto de distorsión es seguro…

…es por no haber acogido lo diverso que hemos estado marcados por el hierro al rojo vivo de la vergüenza. En esto es ejemplar el caso de la homosexualidad. Sin embargo, más allá de esto, ¿no será conveniente interrogar, a partir de la lección recibida, el ejercicio mismo del psicoanálisis?...1


Allouch advierte que el uso del término “la modernidad” , más habitual en otros campos del conocimiento como el sociológico, el antropológico, e incluso el filosófico, se “introduce” en el campo psicoanalítico para “subrayar la constatación” de la despatologización “…de la homosexualidad, de la transexualidad y de otras pretendidas enfermedades…” y que dicha des-patologización –término que alude de modo aberrante e incluso irracional al de despenalización- no es el resultado del esfuerzo analítico, “…sino el de los activistas que han “hecho movimiento”…” –y agrega suspicazmente, “…en ambos sentidos de la expresión…”-, prosigue, “…a los que el psicoanálisis y su compinche la psiquiatría, han hecho bien en seguirles el paso a pesar de no haber sabido tomar suficiente nota de ello…”2 para luego repreguntarse ¿por qué no habrían de saber tomarla?, para responderse “ipso facto” que el concepto de perversión y el de heterosexualidad –hoy severamente discutidos, a igual que el de psicosis y el mismo concepto de neurosis que fue excluido del DSM-IV, les haya obnubilado la comprensión, justificándose que si “…parte de la erótica ha permanecido inexplorada por más de un siglo...”3, es posible que esta circunstancia hubiese contribuido con el hecho de no haber sabido tomar cuenta de lo diverso de la sexualidad a que nos enfrenta la homosexualidad o la transexualidad, y sin más análisis, dirige su alegato hacia una crítica de qué se entiende por “Clínica de la modernidad” para confrontarla con el concepto de “Clínica psico-analítica”, acercándose a la verdadera propuesta del artículo, la que se instituye no casualmente, luego de la coma, “Despatogizaciones: homosexualidad, transexualidad…, ¿otra más?”. Este singular “… ¿otra más?” del título se refiere a las bofetadas que “la modernidad” le ha infringido al psicoanálisis4 por sus descripciones “clínicas” de la “erotología” y por las prácticas normalizantes que las acompañaron5, confrontando a los psicoanalistas con una supuesta inescrupulosidad científica, o por lo menos con una displicente actitud ante la problemática. Insinúa a sus colegas que la existencia de psicoanalistas inadvertidos de las diferencias entre “una clínica de la modernidad” –que acepta la homosexualidad y la transexualidad como destino libidinal sin penalizarlo- y la “clínica del campo freudiano” pasa por alto lo inapropiado de equiparar a éste con “la modernidad”. Allouch asevera que el título de su nota debe acogerse en un sentido en todo caso, radical, a efecto de no confundir los términos “campo freudiano” y “modernidad”. Esta advertencia no puede no interpretarse más que de un solo modo, su recalcitrante rechazo a “esa exacerbada y pretenciosa modernidad”.

Y acá viene lo más sustancial de su sectario pensamiento: “…La psiquiatría norteamericana, y en adelante, la de todo el mundo, se ha movilizado en esta dirección, no sólo afinando sus descripciones clínicas o ajustando nueva enfermedades a un repertorio un poco más extendido u ordenado, sino transformado radicalmente su sentido del término “clínica”. Será entonces, que se tratase de otra forma de “clínica”, de otro régimen clínico para el que la estadística haya sido escogida como operador principal. ¿Y el análisis?¿Será que se aferra a la “vieja clínica”, a esa clínica de la que ahora se dice “clásica” , así como a librar una batalla que se sabe perdida de antemano? Eso sería persistir en adelante en hacer caso omiso a la obcecación a la que me referí anteriormente. ¿No amerita una detención, una espera, un extraer alguna lección? Si la psiquiatría se des-solidarizó del análisis abandonando su paradigma clínico, alguna vez común a ambos a pesar de su eficacia incierta, y si por lo demás, el concepto de perversión ha visto resquebrajar su imperio (que está hecho de pedazos ensamblados al azar), ¿qué de útil sería el tratar de mantener en pie contra viento y marea lo que en 1988 llamé “pernepsí”, o el ternario perversión/neurosis/psicosis?... (…) Que “pernepsí” haya sido común durante un tiempo a los discursos psiquiátrico y psicoanalítico –y hoy esté severamente cuestionado-, es algo que debería alarmar –afirma Allouch-. Se vería allí una feliz complicidad, ¿no sería para el análisis una manera de ceder terreno sobre su clínica? (…) El momento feliz para el análisis no sería en cambio, el que nos reconduzca (…) en lo que concierne al sentido mismo de la palabra “clínica”, en especial el de Freud y el de Lacan. (…)¿Qué es la clínica psicoanalítica? No es complicado, (…) es lo que se dice en un psicoanálisis. (…) De ahí que Lacan hunda más el clavo en el concepto de “clínica analítica” y no en el analizante (del cual el bla-bla proporciona “la base” de esa clínica), sino en el psicoanalista –de quién va de suyo si ese bla-bla, como toda palabra, solo trae las consecuencias que le reserva su acogida. La clínica analítica interroga al analista, es una clínica del analista en la que el analista es el objeto. (…) La última definición lacaniana de la clínica analítica nos coloca en la vía de una respuesta: es la relación del analista con lo diverso como tal, ese diverso que erradica toda descripción clínica que no se presente como basada en un bla-bla analizante, pero que pretenda producir autoridad dado que es ejecutada por una AUTORIDAD...”6

Allouch refiere además, que el intento de cualquier regulación sobre lo diverso de la clínica7 se funda como juicio de apreciación aperceptiva en tanto tal, en un efecto de inefable distorsión. La cita que Allouch que refiere a Lacan acerca de “encontrar” en Heráclito el fundamento de lo diverso, tiene el propósito de afirmar lo difícil de permanecer en lo diverso sin que no se lo intente regularlo, a lo que agrega, siempre siguiendo a Lacan, que nuestra propia subjetividad (singularidad), es la que nos obliga a pensar el universo de una determinada manera. Para finalizar la referencia a la defensa de Allouch sobre lo imposible de mantenerse excluido de regular sobre lo diverso, afirma: “…Si parece que estar excluido de permanecer en lo diverso, sea lo habitual, tal vez no sea necesario apoyarse de manera insistente sobre la cuerda de la universalidad. En todo caso, es lo que hizo Lacan ese 2 de noviembre de 1973 al recusar la noción de “tipo clínico”. La “vieja clínica”, llamada así ahora al crear tipos, desnuda el diverso del que ella pretende dar cuenta, y que no hace sino obliterar…”8 Por el contrario, la epigenética de hoy brinda concretas argumentaciones para una justificación de la clínica de lo diverso.

Hasta aquí me he extendido con las citas textuales con el único objeto de ser rigurosamente preciso con el orden de las argumentaciones que Allouch expone para justificar los motivos por los cuales el psicoanálisis no hubo de tomar suficiente nota de lo diverso de la clínica. Pero estas argumentaciones se constituyen invariablemente, no sólo en una afrenta al raciocinio, sino una infamia al dar cuenta del craso error de “no haber tomado suficiente nota de lo diverso de la clínica” con un alegato que lo menos que podemos decir, resulta displicente, o en todo caso, inescrupuloso. La noción de variabilidad individual y diversidad reactiva no hay que buscarla en la filosofía, mi señor Allouch, sino en la epigenética9. Es la epigenética de nuestros días, la que aporta los fundamentos que la justifican. Y no hace falta que alcemos loas en contra de la introducción de la explicación de los mecanismos biológicos en las interrelaciones entre el sujeto psíquico, el medio externo y su medio interno, porque mi señor Allouch, somos una unidad indivisible. Y aunque los genes no codifiquen el comportamiento y menos, pudieren dar cuenta de las apreciaciones valorativas asignadas a las experiencias en función de los desafíos impuestos por el entorno, sí contribuyen codificando productos moleculares que coadyuvan al gobierno de las funciones cerebrales a través de las cuales se expresa la conducta, reflejando a nivel celular y molecular las mutuas y recíprocas interacciones entre el genoma y el medio ambiente10. ¿Pero qué tendrá que ver esto con el “campo freudiano”? El estudio sobre los cambios químicos, la expresión génica y los procesos biológicos relacionados con las experiencias apreciativas implícitas en la experiencia subjetiva y singular, con la que el sujeto afronta los avatares o vicisitudes que le propone un entorno constantemente cambiante, es el fundamento del origen de la variabilidad fenotípica, y a la vez, convergencia de diferentes campos del conocimiento, como las neurociencias, la epigenética y la bioquímica molecular y por supuesto, el psicoanálisis y la psicología11, y en vista de esta irrefutable interacción, es que el “campo freudiano” debiera repreguntarse para qué sirve su aporte y dónde se sitúa, cuando la revisión que inevitablemente propone la epigenética de la psicopatología, ha volteado de una vez y para siempre la eficacia del “pernepsí”12, que por otro lado Ud. admite en este mismo texto cuando se interroga “…¿ qué de útil sería el tratar de mantener en pie contra viento y marea lo que en 1988 denominé “pernepsí”?...” o ¿debiera refrescarle la derrota y el fracaso implícito de los psicoanalistas en la asistencia al autismo?13 ¿Ud. cree que esto ocurre porque hay un saboteo mundial a la práctica lacaniana, y un rechazo irracional a sus argumentaciones? Basta con leer ese excelente trabajo de Attal14 para inferir lo contrario. Por último, no se lamente de las bofetadas propinadas al psicoanálisis, contribuya con el cambio, porque las hipótesis freudianas (algunas) sí han sido confirmadas por la epigenética.

*Nota de la Redacción: Dr. Masotti se desempeña actualmente como Asesor Científico en
el Área de Psicoanálisis y Epigenética de esta Editorial, y como Director Jefe de la Sección
del mismo nombre.

(Endnotes)
1 ALLOUCH, J: “Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más?” Imago Agenda, enero de 2013, traducción por Martín Pérez C y María Victoria Puerta.
2 ALLOCH, J: “Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más?”, Op. Cit.
3 ALLOCH, J: “Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más?”, Op. Cit.
4 V el segundo acápite en el texto.
5 V el análisis a esta actitud en MASOTTI: AL: “Psicoanálisis, epigenética y conducta social y sexual” en Imago, Área Psicoanálisis y epigenética, y en Mecanismos epigenéticos en la Avocación de Deseo, Editorial Letra Viva, Bs. As. , Enero de 2013, Cap 3.
6 ALLOUCH, J: “Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más? Op. Cit.
7 V. el acápite del presente trabajo
8 ALLOUCH, J: “Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más?, Op. Cit.
9 MASOTTI, AL: “Psicoanálisis y epigenética, una justificación de la variabilidad individual y diversidad reactiva” Imago, Sección Psicoanálisis y epigenética, febrero de 2013.
10 MASOTTI, AL: Mecanismos epigenéticos en la Avocación de Deseo, Ed. Letra Viva, Área Psicoanálisis y Epigenética, Bs. As., 2013, Cap. 1 “Ontogénesis versus filogénesis” pp. 29-81.
11 LESTER, BM; TRONICK, E; NESTLER, E; ABEL, T; KOSOFSKY, B; KUZAWA, WC; MARSIT, CJ; MAZE, I; MEANEY, MJ; MONTEGGIA, LM; REUL, JMHM; SKUZE, DH; SWEATT, JD & WOOD, MA: “Behavioral epigenetic” Annual NY Academy of Science, 1226: 14-33, 2011; V. besides GRIFFITHS, PE & TABERY, J: “Behavioral genetics & development, historical & conceptual causes of controversy” New Ideas in Psychology, doi: 10.1016/jnewideaspsych. 2007.07.016
12 V. MASOTTI, AL: “Fenómenos disociativos en el origen de los síntomas psicóticos” Imago Agenda nº 143, “Perturbaciones epigenéticas del cerebro vinculadas a trastornos amnésicos o disociativos?”, “Herencia trans-generacional de la respuesta de estrés como efecto de los cuidados maternos y de un entorno enriquecido en la progenie confirman supuestos psicoanalíticos”, estos últimos dos en la sección Psicoanálisis y epigenética de Imago.
13 CHACÓN, P: “El autismo ¿una causa perdida para el psicoanálisis? Revista Ñ de Clarín, 15/10/12
14 ATTAL, J: La no-excomunión de Jaques Lacan. Cuando el psicoanálisis perdió a Spinoza, El Cuenco de Plata, Bs. As., 2012
 
 
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