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A la pesca de la Verwerfung
  Por Martín  Alomo
   
 
En lo que respecta al mecanismo específico de la estructura psicótica, denominado por Lacan como Verwerfung del Nombre del Padre, rápidamente podemos localizar dos tipos diversos de movimientos. Por un lado, lo que toca al sujeto; y por el otro, lo específico del mecanismo estructural. El sujeto y el significante, cada uno con sus avatares y sus lógicas particulares. En lo que respecta a la posición del sujeto psicótico, la siguiente cita de Lacan esclarece bastante el asunto:
“¿De qué se trata cuando hablo de Verwerfung? Se trata del rechazo, de la expulsión, de un significante primordial a las tinieblas exteriores, significante que a partir de entonces faltará en ese nivel. Este es el mecanismo fundamental que supongo está en la base de la paranoia. Se trata de un proceso primordial de exclusión de un interior primitivo, que no es el interior del cuerpo, sino el interior de un primer cuerpo de significante”1.

Por lo tanto, encontramos en este repudio de referencias exteriores, la posición específica del sujeto en las psicosis. Pero en lo que toca al mecanismo, al modo lógico de funcionamiento de la estructura en lo que atañe a la sintaxis específica del significante allí, la cuestión es distinta. La operatoria significante propia de la forclusión consiste más bien en tratar aquello diverso que el significante porta (diverso de lo uno) como a lo mismo. Se trata de la lógica de la holofrase. El sujeto rechaza al persistir en su posición; y el significante trata como a más de lo mismo, holofrasea, a todo aquello que tendría la cualidad de solicitar al sujeto determinado por el uno a un lugar Otro. Eso, esa autoridad, ese motor que vienen portados en la solicitación del Otro son registrados, pero captados por la lógica estructural, en una operación de rebajamiento, de depreciación, de desvitalización de lo que es portado en el significante que representa en lo social la solicitación proveniente del Otro. Este mecanisimo forclusivo es solidario del Unglauben, la in-creencia. Aquí falta uno de los términos de la creencia, justamente aquel que haría posible la creación de un espacio ilusorio, fantasmático, incluso amoroso entre el S1 y el S2; y simplemente hay vuelta recursiva sobre el uno, que solo no puede creer, aislado en la certeza de lo mismo. Pero no se trata de in-creencia en el sentido de una negación de la creencia, que de algún modo la presentaría embozada. Se trata, más bien, de una carencia inherente a la lógica de la alienación y la separación. Lacan lo explica así:

“En el fondo de la propia paranoia tan animada, en apariencia, por la creencia, reina este fenómeno del Unglauben. No el no creer, sino la ausencia de uno de los términos de la creencia, el término donde se designa la división del sujeto. En efecto, si no hay creencia que sea plena y entera es porque no hay creencia que no suponga en su raíz que la dimensión última que tiene que revelar es estrictamente correlativa al momento en que su sentido va a desvanecerse”2.
Entonces, por lo que venimos diciendo, en el mecanismo forclusivo lo que encontramos del lado de la estructura, como operación específica, es el trato de aquello que proviene de fuera, como a lo mismo. ¿Qué significa esto? Esto significa que la captación de la cadena no es interrumpida: los significantes continúan su prosecución encadenada, y –más aún– perpetran en ella los cortes que se corresponden con la arbitrariedad que les es propia. Arbitrariedad del corte que participa de lo azaroso por definición, pero que no es cualquiera. Los cortes, las síncopas provenientes de la cadena significante, aun en la lógica de la forclusión del Nombre del Padre, son azarosos en su imprevisibilidad, pero justamente esos que advienen al lugar de la otredad repudiada y no otros. Un ejemplo, es el célebre poema de Jacques Prévert, “La pesca de la ballena”:

A la pesca de la ballena, a la pesca de la ballena,
Decía el padre con voz irritada
A Próspero, su hijo, acostado bajo el ropero,
A la pesca de la ballena, a la pesca de la ballena,
Tú no quieres ir,
¿Se puede saber por qué?
Y por qué, pregunto yo, habría de pescar
Un animal que no me ha hecho nada, papá,
Ve a la pesca, ve a pescarla tú,
Ya que esto no te gusta,
Yo prefiero quedarme en casa con mi pobre mamá
Y el primo Gastón.
El padre subió solo a la ballenera
Y se hizo al embravecido mar...
He aquí pues el padre en el mar,
El hijo en casa,
La ballena enfurecida,
Y el primo Gastón que vuelca
La sopera con el caldo.
El mar estaba malo,
La sopa estaba buena.
Y he aquí que Próspero
En su silla se lamenta:
A pescar ballenas yo no fui,
Quisiera saber por qué.
De haber atrapado una,
Hubiera podido comer ballena.
Pero he aquí que la puerta se abre, y empapado
Aparece el padre sin aliento,
Con la ballena al hombro.
Arroja sobre la mesa al animal, una hermosa ballena de ojos azules,
Un animal hermoso como pocos,
Y dice con lastimera voz:
Daos prisa en descuartizarla,
Tengo hambre, tengo sed, quiero comer.
Mas hete aquí que Próspero se levanta,
Mirando a su padre en el blanco de los ojos
El blanco de los ojos azules de su padre,
Azules como los de la ballena de ojos azules:
¿Y por qué habría de despedazar yo
A un pobre animal que no me ha hecho ningún daño?
Paciencia,
renuncio a mi parte (Tant pis, j’abandonne ma part).
Y arroja el cuchillo al suelo,
Pero la ballena se apodera de él, y abalanzándose sobre el padre (et se précipitant sur le père)
Lo atraviesa de lado a lado. (Elle le transperce de pére en part)
Ah, ah, dice el primo Gastón,
Esto me recuerda la caza, la caza de mariposas.
Y allí tenéis
Allí tenéis a
Próspero preparando las participaciones (Voilà Prosper qui prépare les faire-part)
A su madre enlutada por su pobre marido
Y a la ballena que contempla con lágrimas en los ojos
El hogar destruido.
De pronto la ballena exclama:
Por qué he matado a ese pobre imbécil,
Ahora los demás van a perseguirme en lanchas
Y exterminarán a toda mi pequeña familia.
Entonces, con inquietante risa,
Se dirige hacia la puerta y al pasar
Dice a la viuda:
Señora, si alguien pregunta por mí,
Sea amable conteste:
La ballena ha salido,
Tomen asiento,
Espérenla,
Dentro de quince años, sin duda volverá... 3


En la cuestión preliminar, Lacan escribe:
“… podemos considerar como rebasados los límites en que lo nativo y lo natal van a la naturaleza, a lo natural, al naturismo, incluso a la naturalización, en que lo virtuoso resulta vertiginoso, el legado liga, la salvación saltación, en que lo puro bordea lo malempeorial, y en que no nos asombrará que el niño, a la manera del grumete de la pesca célebre de Prévert, mande a paseo (verwerfe) a la ballena de la impostura, después de haber traspasado, según la ocurrencia de este trozo inmortal, su trama de padre a parte”4.
El hijo, Próspero, sujeto de esta historia, es quien manda a paseo (verwerfe) a la ballena de la impostura. He aquí la posición subjetiva: se trata de la expulsión, el rechazo a las tinieblas exteriores de un significante primordial. Lo que se rechaza a las tinieblas exteriores es lo que el significante del Nombre el Padre puede venir a aportar como principio de separación. Y por otro lado, lo que señalábamos para lo específicamente correspondiente al mecanismo significante: esos significantes5 siguen hablando solos, que los ojos azules, que la ballena, que la ballena tiene ojos azules igual que el padre, y entonces la ballena que como buen significante se anima y reconecta con otros (ya que como significante no le importa que no ha sido admitido en tanto Otro, sino que está siendo tomado en la lógica de lo uno), ya que eso hacen los significantes, entonces la ballena en su metonimia incesante, que no tiene quien la frene, traspasa al padre de lado a lado, de padre a parte. He aquí, mostrado de un modo privilegiado los dos aspectos, las dos caras a que nos hemos estado refiriendo respecto de la Verwerfung del Nombre del Padre: el sujeto repudia al Otro, a aquello que lo solicita a arriesgarse a la vida, a cumplir con sus responsabilidades, a someterse a la autoridad del Otro: “A la pèche à la baleine! ¡A la pesca de la ballena! ¡Vamos, levantate, vení a trabajar!” Solicitación del Otro que es repudiada como tal, como solicitación y como ley del Otro, desde una posición inamovible de reclusión en la cueva del uno. Por otro lado, la estructura, la operación significante de la forclusión: allí el significante continúa haciendo lo suyo, sólo que ahora en una captación de la cadena por parte de lo que en su posición –el sujeto– continúa siendo uno, ya que no hay posibilidad de lo Otro. La ballena traspasa al padre de lado a lado con el cuchillo. Pero, sin embargo, el Padre no es Padre ahora; es sólo una parte más, un significante más como otro cualquiera de los que pueden advenir a la lógica de lo uno, de lo más de lo mismo, de lo siempre igual. En esta lógica de la holofrase, padre, ballena y cuchillo no presentan diferencias para el sujeto anquilosado en lo uno. Esto nos lleva a pensar que en la Verwerfung del Nombre del Padre hay, en lo que respecta al sujeto, como decíamos siguiendo a Lacan, una posición de repudio de referencias exteriores. Pero, a la vez, no es que no hay referencias exteriores: esas referencias exteriores están ahí, llamando, solicitando al sujeto a que participe en el lazo social: ¡Levantate, vamos! Y como se trata de significantes, la autoridad no admitida, el padre “despadrado”, convertido ahora en una pobre partecita más de la trama monótona, continúa participando de la tontería que sube y baja, muere, resucita, va y viene, en un puro hacer de significantes reducidos al polo metonímico, y que nunca van a constituir una repetición verdadera que posibiliten una salida de la reclusión en el campo de concentración de lo reconcentrado sobre uno. Esta es la cara significante de la forclusión.

Breve reseña curricular del autor:
Lic. en Psicología (UBA); Docente de Clínica de Adultos I, Facultad de Psicología
(UBA); Investigador (UBACyT P039); Miembro del Foro Analítico del Río de la Plata, y de la Escuela Internacional de Psicoanálisis del Campo Lacaniano.

Bibliografía:
-LACAN, J. (1956). Las psicosis, El seminario: Libro 3, Paidós, Bs. As., 1984.
-LACAN, J. (1958): “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis”. En Escritos 2, Siglo Veintiuno, Bs. As., 1988.
-LACAN, J. (1964a). Los cuatro principios fundamentales del psicoanálisis, El Seminario: Libro 11, Paidós, Bs. As., 2001.
-PRÉVERT, J. (1931). “La pèche à la baleine”, en Paroles, Gallimard, París, 1990.


1 J. Lacan (1956). Las psicosis, El seminario: Libro 3, Paidós, Bs. As., 1984, p. 217.
2 J. Lacan (1964). Los cuatro principios fundamentales del psicoanálisis, El Seminario: Libro 11, Paidós, Bs. As., 2001, p. 246.
3 J. Prévert (1931). “La pèche à la baleine”, en Paroles, Gallimard, París, 1990, 20-2. La traducción y las cursivas son nuestras. En aquellos versos donde nos parece fundamental retener los juegos homofónicos del francés, consignamos entre paréntesis la versión original.
4 J. Lacan (1958): “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis”. En Escritos 2, Siglo Veintiuno, Bs. As., 1988, 562-3.
5 Significantes que no son tales en la lógica estructural de ese sujeto, no representan el segundo paso del algoritmo del sujeto que consiste en la metáfora paterna como principio de la separación. Sin embargo, eso que se pegotea en lo mero uno, continúa respondiendo a la lógica del significante, en lo que ella importa de cortes y determinaciones. Pero en tanto se trata de significantes en lo real, y de tal modo significantes que no representan a un sujeto para otro significante, que no metaforizan al sujeto, lo que resulta en definitiva es algo así como un ensañamiento y una exacerbación de la sintaxis propia del lenguaje subsumida ahora en la captación holofrásica de la cadena por parte de lo uno mismo.
 
 
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