Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   "Cuplas" Patológicas

El mal de ser dos, tragicomedia en acto
  Por Leonardo Leibson
   
 
Una mujer, cercana a la cuarentena, cuenta que ya no sabe qué hacer con la relación con su marido, un vínculo que tiene más de quince años, varios hijos y un sólido patrimonio construido en común. La tensión entre ambos se ha vuelto crónica y creciente, aunque también es notable, y le llama la atención a ella misma, cómo por períodos todo parece tan natural; casi que se olvidan las peleas, las agresiones, el malestar que alcanza momentos de acmé cada vez más intensos. Cuenta que está con él desde la adolescencia, lo conoció en un momento crítico de su vida, encontrarse con él fue sentir que encontraba un salvador, alguien que la recogía del fango y la llevaba por un camino seguro y con horizontes claros. Termina confesándose que siente pánico de perder ese vínculo, a pesar de que se da cuenta cuánto la lastima. Le da pánico pensar en moverse por la vida sin eso; dice: “yo sé funcionar así, no de otra manera”. Prefiere el horror y no el vacío.
El “mal de ser dos” es un nombre que puede caberle a ciertas relaciones “matrimoniales”, llamando así no sólo al vínculo refrendado por una autoridad civil o religiosa, sino a una manera de ligarse dos personas, de un sexo y el otro (no necesariamente, por supuesto, hombre y mujer en sentido “clásico”, pero sí un sexo y otro).

Porque uno de los grandes descubrimientos del psicoanálisis es no sólo que hay sexo (y por ende que hay dos sexos: lo sexual indica lo sexionado, partido, cortado en dos, como lo ilustra el mitológico andrógino de Aristófanes), sino que, y este es el aporte subversivo del psicoanálisis, que no podemos definir a un sexo ni al otro ni tampoco encontrar una manera de formular un encuentro entre ambos que sea armonioso, correcto y adecuado. Que haya no relación entre los sexos no es un hecho de la naturaleza, más bien parece estar en contra de lo que la naturaleza dicta para el resto del reino animal y vegetal. Sin embargo, que haya encuentros entre uno y otro sexo es innegable. En esos encuentros se conjugan y se perturban el deseo, el amor, el goce, en todas sus variantes infinitas y a la vez restringidas. Restringidas por el hecho de que hay lenguaje y hay cuerpos, y no podemos ir más allá de uno ni de los otros.
El tema es tan amplio como la experiencia del psicoanálisis en tanto tal. Como en la literatura, sólo hablamos de amor y de crímenes. Ricardo Piglia agrega que, como en verdad el amor es un crimen, sólo hablamos y escribimos acerca de crímenes (y pecados, agregaría W. Allen). Crímenes, modos de la transgresión que el deseo, el amor y el goce implican. Pero ¿transgresión de qué ley?

Hace unos años, otra mujer confesaba que se había dado cuenta de algo fundamental: el matrimonio era una institución tan complicada que siempre hacían falta al menos tres personas para soportarlo. Diciendo esto, justificaba risueñamente su imperiosa necesidad de mantener relaciones con personas que no fueran su marido, así como el hecho de permanecer, fielmente…, al lado de ese mismo marido.
Aunque resulte muy esquemático plantearlo así, y no pretendo fijar ninguna regla al hacerlo, podemos decir que si el amor es de a dos (aunque no del todo), el deseo es de a tres (al menos) y lo que goza siempre evoca al Uno (que no es unidad sino pura marca de diferencia). Lacan afirma que el amor participa de lo cómico, así como el deseo se plantea en términos trágicos.

Muchos (¿casi todos? ¿todos?) de aquellos que acuden a un psicoanalista lo hacen por estar enredados en alguna tragicomedia ligada a sus relaciones amorosas. Por eso podemos hablar del síntoma como partenaire y del partenaire que se constituye en el lugar del síntoma. A su vez, la búsqueda del partenaire se convierte en un imperativo tan inexcusable como inaccesible, como si un obstáculo extrañamente insuperable impidiera el encuentro. Aunque también a veces el problema emerge porque cuando, con la apariencia de un milagro, sí se produce el encuentro, alguien se descubre allí, con el otro o la otra, habiendo perdido la brújula y sin saber qué hacer para permanecer… o para salir.
Por alguna extraña razón, pareja y matrimonio se proyectan como una tierra prometida. De ahí el imperativo de llegar allí a cualquier precio y así terminar con el vagabundeo por el desierto de la soledad o las relaciones ocasionales que la redoblan. Lo curioso es que ni bien se transpone el límite y se ingresa finalmente en el vínculo fabuloso, las promesas de felicidad eterna quedan súbitamente postergadas por problemas de toda índole que brotan de la manera más sorpresiva.
La figura de un Moisés, el que no pudo ingresar a la Tierra Prometida en castigo por haber dudado, en su momento, de una zaraza parlante y ardiente, ¿nos dice algo? Nos dice, tal vez, que aquello que nos guió hasta allí queda afuera. Más aún, tiene interdicto el ingreso. Solo podrá atisbar desde el límite los campos plenos de promesas de felicidad y prosperidad. Y morir allí dejando como legado una tumba vacía y unos textos fundamentales.

¿De dónde proviene la promesa del amor en la pareja? Y ¿qué es lo queda afuera? Más aún: ¿qué es lo que es condición que quede afuera para que la promesa se convierta en otra cosa (aunque no necesariamente en realidad)?

Un hombre, acercándose a la cincuentena, se queja amargamente una y otra vez de lo que tiene que soportar por tener la esposa que tiene. ¡Cómo quisiera separarse! Pero siempre algo lo detiene: los hijos, las cuestiones patrimoniales1, los temores a la soledad y a las críticas sociales, etc. Un buen día, exclama que no soporta más ese martirmonio… ante lo cual se sorprende y puede reírse de lo que está diciendo, e incluso eso lo lleva a interrogar su lugar al lado de esa esposa que se ha vuelto para él una suerte de dominatrix doméstica y en pantuflas.

Otro hombre, en una situación bastante similar, se queja de estar metido en un matricomio… Las risas que siguen no sólo suavizan el recurso recurrente a la queja, sino que abren una lectura diferente del argumento de esa queja.
También podría decirse algo de los matrimoños, maneras de atarse y enredarse de a dos. El humor ingresa en lo cómico, atraviesa lo trágico, indica enigmáticamente modos de la satisfacción que quedan ignorados en el lamento perpetuo.
El matrimonio es un acto –aunque puede estar más cerca del acting out e incluso puede asemejarse a un pasaje al acto–. Como señala Lacan, es un acto de palabra2, la posesión de un cuerpo por un acto significante: “esta institución está fundada sobre la sola enunciación (…) del “Tú eres mi mujer”, lo que no tiene necesidad de ser redoblado por otro anuncio, lo que vuelve casi puramente formal que se le pregunte si ella está de acuerdo”.3 El matrimonio implica además que esa pareja es definida como (re)productora, donde el producto es el niño “y no solamente como retoño biológico”. O sea, una manera de vérselas con la dificultad del acto sexual, que quedará preñada de esas mismas dificultades y producirá a partir de ellas. Tal vez por eso la institución del matrimonio, sigue diciendo Lacan, “se revela tanto más –no diría sólida, es más que eso– resistente (…) El matrimonio queda en el centro [de las manifestaciones y cambios en la sociedad y en la cultura] sin modificarse ni una pulgada en su estatuto fundamental”.4
Hay algo en este acto de palabra, que vincula dos cuerpos que se revela sólido, resistente, persistente. Pero, como hemos visto, esto no se sostiene por las buenas y armónicas costumbres, sino a pesar de ellas. Con el horizonte de la transgresión y el piso de un goce extraño.

Estas referencias de Lacan al matrimonio aparecen en el contexto de la pregunta acerca del acto sexual, la supuesta proporción y lo inconmensurable en el encuentro de un sexo y otro, donde el goce no es una respuesta sino un supuesto que se muestra por su opacidad y el amor, una metáfora de sí mismo, expuesto en el plural de sus formas tan opuestas como divergentes. Desde ya que el falo y el objeto a hacen a la lógica que rige estos recorridos.
Desde ya que estas notas no pretenden agotar un tema de por sí inagotable. Sólo se intenta mostrar que en eso que llamamos “relación de pareja” y que suele plasmarse en vínculos de tipo matrimonial, encontramos los hilos del amor, el goce y el deseo, con el frecuente agregado de un suplemento de angustia, anudados a partir de la imposibilidad de anudamiento. Esos tres –o cuatro– “se anudan de no anudarse”, dice Lacan en RSI.

Para concluir, tomemos otra mención al matrimonio, que se articula con los misterios y lo que los rituales intentan enlazar. En el Seminario 21, “Les non-dupes errent”5, dice Lacan:
“En cuanto a lo Real (…) se trata de ver, justamente, lo que hay de Real en el nudo borromeo. Y por eso comencé (…) por decir que no hay iniciación. No hay iniciación, quiero decir que no hay más que el velo del sentido, que no hay sentido sino de lo que se opercula, si puedo decirlo, por una nube: nuptiae no se articula, al fin de cuentas, sino de nubes.6
“Es lo que vela la luz, todo aquello en lo cual las nuptiae, los ritos del matrimonio, sostienen su metáfora”.

“No hay otra cosa detrás de aquello a lo que cual es preciso atenerse, el soporte de la apariencia. Ciertamente, en tanto que esa apariencia es semejante a la articulación de lo que no puede decirse sino bajo la forma de una verdad enunciada. Es decir, como develamiento necesario, o sea incesante. La articulación es el nudo, en tanto que la luz no lo ilumina, en tanto que no hay ningún esclarecimiento (…)”
El matrimonio, los ritos nupciales, ¿son el velo que nubla qué cosa? No daríamos con la respuesta si intentáramos descorrer ese velo. Se trata de localizar ese anudamiento ahí donde nada se esclarece. Leer el ritual matrimonial (que no concluye, ni comienza, al salir de la Cámara de los Misterios ni del registro civil ni del templo, sino que es lo que se construye según los modos de enlazarse dos, a lo largo del tiempo, que es de lo que los sujetos analizantes se lamentan, se quejan, se sonríen o se sonrojan), leer esos rituales, decíamos, con la opacidad de lo sexual.

Y con el humor. Por eso, a modo de coda, cerramos con una interesante historia, tan clínica como ficcional.
Lleva por título La Monjita Friolenta7 y reza así:
Cierta vez, un Cura y una Monja, después de peregrinar, regresaban hacia el convento. Al caer la noche, ven una cabaña en medio del camino y deciden entrar para pernoctar y proseguir el viaje al día siguiente. Al entrar a la cabaña, ven que hay una sola cama. Después de algunos segundos de silencio, el Padre dice:

—Hermana, usted puede dormir en la cama y yo duermo aquí en el piso. —Y así hacen.
En medio de la noche la Hermana despierta al Padre:
—¡Padre! ¿Está despierto?
El padre medio dormido dice: —Hermana, diga, ¿qué pasa?
Ella contesta —Es que estoy con frío. ¿Puede ir a buscarme una cobija?
El padre responde: —Sí hermana, claro que sí. —El Padre se levanta, va a buscar una cobija al armario y cubre a la hermana con mucha ternura.
Una hora después, la hermana despierta al padre nuevamente:
—¡Padre! ¿Todavía está despierto?
—¿Qué pasa Hermana? ¿Ahora qué sucede?
—Es que aún estoy con frío. ¿Puede darme otra cobija?
—Seguro que sí, Hermana. —Una vez más el Padre se levanta lleno de amor y buena voluntad para atender el pedido de la Hermana. Pasa otra hora, y una vez más, la Hermana llama al padre:
—Padre… ¿sigue despierto?
—¡Sí, Hermana! ¿¡Y qué necesita ahora?!
—Es que no he podido dormir. Sigo con mucho frío.
El Padre entonces le dice: —Hermana, ¿estamos aquí los dos solos, cierto?
—Cierto, contesta la Hermana.
—Lo que ocurre aquí sólo nosotros dos lo sabemos y nadie más, ¿cierto?
—¡Cierto, Padre!, contesta la Hermana.
—Entonces tengo una sugerencia... ¿Qué tal si hacemos de cuenta que somos marido y mujer?
La Hermana contesta:
—¡Sí! ¡Sí, Padre! ¡¡Hagamos de cuenta que somos marido y mujer!!
El Padre cambia el tono de voz y dice:
—Entonces ¡¡déjate de joder!!... ¡¡Te levantas, vas a buscar otra cobija y dejate de romperme las pelotas!!

________________
1. Curiosamente, el matrimonio, al menos desde los tiempos de la Roma Antigua, es una institución esencialmente destinada a preservar el patrimonio. Véase al respecto lo que desarrolla Pascal Quignard en El sexo y el espanto.
2. Seminario “Lógica del fantasma”, inédito, 7/6/67.
3. No conviene buscar en esta afirmación una cuestión de supuesto machismo. Hay, como decíamos, un sexo y otro, con muchas variantes de quiénes se ubican en un lado u otro (lo que Lacan formalizará con las llamadas fórmulas de la sexuación). Recuerdo dos historias: un hombre que decía, muy ufano, con respecto a su matrimonio: “somos la típica pareja de la histérica y el obsesivo”, para agregar inmediatamente, con una sonrisa pícara: “yo soy la histérica”. La otra historia es la anécdota que una joven mujer contaba de cómo había sido el momento del casamiento de sus abuelos. Se le pregunta primero a la novia si aceptaba por marido…etc, a lo que contesta, con la firmeza y energía que la caracterizaron a lo largo de toda su vida, un estentóreo “¡Sí, quiero!”. El oficiante se dirige entonces al novio, le formula la misma pregunta y la respuesta del hombre fue: “y bueno…, si ella quiere”.
4. Ibídem.
5. Lacan, J., Seminario 21, “Los no incautos yerran o Los nombres del padre”, inédito, traducción R. Rodríguez Ponte, 8/1/74.
6. La boda en latín se denomina nuptiae, de donde procede nuestra palabra nupcias. La raíz del vocablo es nub- y pertenece a la palabra nubes, que además de significar “nube” significa “velo”, en alusión al velo transparente que usan las novias.
7. Agradezco a Mario Betteo Barberis haberme hecho conocer esta edificante historia.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | Misión imposible o lo imposible en la misión  El psicoanalista es el dispositivo
» Imago Agenda Nº 179 | marzo 2014 | ¿Qué hace ese psicoanalista en la nave de los locos? 
» Imago Agenda Nº 165 | noviembre 2012 | David Helfgott, discípulo eufórico de Eros   de Mario Betteo Barberis (Letra Viva, 2012)

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com