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   Comentario de libros

Paso a pase con Lacan.
  Edición completa y ampliada de Isidoro Vegh (Letra Viva, 2013)
   
  Por Alejandra  Ruiz
   
 
Paso a pase con Lacan” no es sólo el título de uno de los libros ya clásicos de Isidoro Vegh, cuya reedición completa y ampliada constituye una grata novedad. Es también un título que acierta al nombrar un estilo que hace suya la investigación psicoanalítica, un recorrido propio que va precisando su objeto “paso a paso”. Si es cierto que la palabra vivifica, entonces, hay que reconocer en este libro el intento de hacer pasar esa palabra vivificante que no busca sentenciar de una vez y para siempre (scripta manent), sino indagar, medio-decir (verba volant). Aproximaciones que intentan cernir lo que no puede agarrarse de un plumazo, pues la verdad emerge –como se subraya en el texto– en los balbuceos del saber.

El Hombre de los Lobos acude para ser interrogado junto a sus sucesivos analistas. La maestría de Freud en este análisis no impide que su labor sea discutida donde, a juicio del autor, surgen trabas. Si bien Freud ahonda en la vertiente del erotismo anal, la castración y el complejo paterno, descuida –y así lo subraya Vegh– que la mirada de esos lobos en el nogal plantea otras cuestiones. Si en la línea del objeto, en tanto objeto anal (heces, velo, dinero, identificación homosexual inconsciente, por la cual el sujeto anhela recibir el falo y darle al padre un hijo=bolo fecal) opera la represión, la verdrängung, como en cualquier obsesivo, en la otra línea hay que reconocer algo diferente. “En la escena primaria el niño queda fijado en ese lugar de objeto que con Lacan llamamos mirada”, afirma Isidoro Vegh, ubicando allí la otra serie: la angustia aterrorizante frente a una mariposa-mujer, el episodio alucinatorio de un dedo cortado, el tajo en un nogal, la alucinación de un agujero o herida en la nariz, etc. Serie que concierne a la eficacia de un objeto, la mirada, con el cual, como lo señala el autor, tuvo lugar una operación distinta, la Verwerfung. Siguiendo la distinción, subrayada por Lacan, entre la represión y la forclusión, Vegh interroga esos puntos en los que el análisis del Hombre de los Lobos se había detenido. El sueño que lo angustia y aterroriza, el temor a ser tragado por el lobo, no cede ante la interpretación freudiana de que se trataba del deseo de ser poseído sexualmente por el padre. “Según mi lectura definir un fin de análisis en términos de situar al analizante frente a su angustia de castración, entendida como la pérdida del pene, es dejarlo en una posición de reclamo, justificada en la medida en que fue elidida una posición aún más radical: aquella que funda la dimensión del deseo y la distinción, en cada etapa, del objeto causa del deseo…”, concluye Isidoro Vegh. De ese modo, el análisis se convierte en infinito.

El Hombre de los Lobos será derivado por Freud a Ruth Mac Brunswick. No me voy a detener en los detalles de ese análisis, pondré el acento sólo en lo que Vegh considera su límite: la resistencia de Ruth Mac Brunswick por ir más allá de Freud. Sus interpretaciones, que reiteradamente apuntan hacia la pasividad, desoyendo algunos dichos del analizante. Será recién el tercer analista del Hombre de los Lobos, Muriel Gardiner, quien le sugiera que escriba su análisis con Freud. A su manera, dice Isidoro Vegh, lo incitó a que hiciera el pase. El resultado es un libro: El Hombre de los Lobos por el Hombre de los Lobos.

Quiero subrayarlo. El seminario que se reedita hoy –cuya argumentación apenas hemos comenzado a desplegar aquí- fue dictado en 1985. Cinco años después de la muerte de Lacan. Leerlo nos produce cierto orgullo: prueba que Lacan fue leído tempranamente en nuestro país por Isidoro Vegh y por otros maestros analíticos que en ese momento producían aquí. Es interesante observar que, en ese primer momento de la lectura, el acento estaba colocado en el avance clínico que se podía obtener de seguir algunas propuestas lacanianas, que permitían destrabar puntos difíciles de los análisis freudianos. La crítica a la contratransferencia, la confusión entre el moi y el sujeto, la burocracia del tiempo de sesión, la pérdida de dirección de análisis que desatendían el objeto de deseo no son más que algunos de los puntos que cabe mencionar. Análisis infinitos vieron, gracias a esta lectura analítica de la obra de Lacan y a sus incidencias clínicas, la posibilidad de transformarse en finitos. La conclusión lógica no es un mero problema temporal: implica otras cuestiones decisivas. Una lógica fálica de incompletud donde el límite, marcado por la excepción, instaura la infinitud. Una lógica del no-todo donde la ausencia del límite, que se marca en la inexistencia de la excepción, muestra a lo real que no hace todo, no hace conjunto.

Y es justamente porque lo real no hace conjunto que hoy, muchos años después, Isidoro Vegh nos acerca nuevos desafíos clínicos. “Análisis finitos, análisis transfinitos” es un artículo que se incorpora a esta edición. No es casual. Lo que se postula allí constituye una novedad: su originalidad es el fruto de una clínica llevada lo bastante lejos. “Más de treinta años investigando una lógica del fin del análisis y un procedimiento de sanción que se nombra pase plantea nuevos desafíos: analistas que han hecho el pase y fueron nominados y que, por lo que cuentan, no pareciera desacertada su nominación, reclaman un nuevo tramo de análisis”, se interroga Isidoro Vegh. ¿Qué hacer ante esta evidencia? “¿Fracasó mi análisis, se equivocó mi analista, fui yo quien confundió a los otros?”, pregunta intencionalmente el autor. Lejos de cualquier concesión a una moralina edulcorada, Vegh interroga lo real allí donde lo simbólico no podría cubrirlo por completo. Entiendo que conviene leer este artículo plegado a los primeros capítulos del libro, los dedicados al Hombre de los Lobos. Hay una continuidad lógica que, desprendiéndose de la cronología en la que fueron concebidos, nos permite recrear tiempos de anticipación y tiempos de retroacción, invitándonos a distinguir cuidadosamente el fin del análisis de su interrupción. ¿Cuándo ha habido pase? El pasaje de analizante a analista, la caída de la ilusión de un sujeto supuesto encarnado en él, también la caída de ese objeto que al final sostenía el analista, representante de la fixierung que lo apartaba de su deseo. Análisis infinito, finito y transfinito, anticipación y retroacción que señalan los tiempos y la preocupación del autor por señalar su incidencia.

Quienes asistimos desde hace muchos años a los seminarios de Isidoro Vegh sabemos el carácter de fiesta que tiene ese encuentro de los viernes al mediodía. Los chistes, la montaña de libros marcados que se aprestan a la ceremonia, los objetos topológicos, los amigos (analistas, matemáticos, en este seminario el valioso aporte de Carlos Ruiz), los actores que en alguna ocasión ingresan por la puerta sin que los asistentes estén advertidos, las inflexiones de la voz mediante las cuales él hace hablar allí a sus maestros, a ficticios pacientes, a escritores y a personajes (Dante y Beatriz, Hamlet y Ofelia). Todo ello confluye en una escena viva de transmisión, una modalidad que nunca es de mera ostentación de conceptos sino una mostración de cómo se producen en un clima de entusiasmo. Lo que allí se juega no es una cátedra –aunque constituya un lugar de aprendizaje para muchos de nosotros– sino un modo de cernir un objeto que es específicamente psicoanalítico. Sus avances apuntan hacia lo que retorna en la clínica. Recomiendo la lectura de este texto, en donde hay huellas vivas del modo en que se produce una enseñanza que no renuncia al rigor pero tampoco desdice el gusto por la vida.

Alejandra Ruíz [alejandraruizllado@gmail.com]
 
 
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