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   Folie à deux

La folie à deux
  Por Julio Lutzky
   
 
El nombre y suceso de la Folie à deux de Lasègue y Falret se debe a que también fue bautizada como Locura Comunicada. En Junio y Julio de 18731, en una comunicación en la Sociedad Médico-Psicológica de París, desencadenaron las discusiones que tuvieron lugar entonces y que se siguieron a su publicación en 1877, a la que se agregó la aparición de Locura de dos o Locura Simultánea de E. Regis, en 18802.
Esas primeras discusiones fueron fruto de lo que Régis llamó importantes cuestiones de doctrina. Se refería al escándalo que provocó en la comunidad psiquiátrica hablar de “contagio” de la locura. La posibilidad de esa comunicación encausó un fuerte rechazo. Es que cuestionaba una pieza principal de la doctrina psiquiátrica sobre la locura: el supuesto autismo de las psicosis.

El psicoanálisis no ha escapado de la consideración del psicótico como aislado. La doctrina freudiana sobre el narcisismo3, que considera a la psicosis como incapaz de transferencia, abona la concepción de la locura como aislada e individual. La noción de autoerotismo, como punto de partida del sujeto, revela que no es casual que Freud abrevara en Bleuler.
Lasègue y Falret participaban del prejuicio y a la vez, paradojalmente, se preparaban para el contragolpe. Las siguientes aclaraciones y precisiones introductorias muestran que sabían a qué se enfrentaban:
“Es una cuestión de principios que el alienado… resiste con obstinación verdaderamente enfermiza todos los argumentos que se pueda hacer valer contra su delirio. La contradicción lo detiene o lo deja indiferente pero no cambia nada en el fondo de sus ideas”.4

Y más adelante, entrados en tema: “… el alienado vive extraño a la opinión de los otros: se basta a sí mismo y poco le importa tanto que su creencia se imponga con una autoridad irresistible como que se quiera o no seguirlo al terreno del cual no se lo desposeerá. Establece así una línea de demarcación absoluta que no admite compromiso”.5
El contagio y la comunicación de la locura eran presentados como una rareza cuya descripción y reconocimiento no debía conmover el dogma de la psiquiatría.
Los rasgos clínicos esenciales aislados por Lasègue y Falret son los siguientes:

“En condiciones ordinarias, el contagio de la locura no sucede de un alienado a un individuo sano de espíritu, al igual que el contagio de ideas delirantes es muy raro de un alienado a otro”6.
Estoy citando las conclusiones del artículo de los autores. Otras conclusiones de interés son:
“El contagio de la locura sólo es posible en condiciones excepcionales…
a.- En la locura de dos, uno de los individuos es el elemento activo, más inteligente que el otro, crea el delirio y lo impone progresivamente al segundo que constituye el elemento pasivo. Éste resiste primero, sufre después poco a poco la presión de su congénere, accionando a su turno sobre aquel, en cierta medida para rectificar, corregir y coordinar el delirio que se les vuelve entonces común y que repiten volviendo sobre los mismos términos y de una manera casi idéntica.
b -…hace falta que esos dos individuos vivan durante mucho tiempo absolutamente una vida en común, en el mismo medio, compartiendo el mismo modo de existencia, los mismos sentimientos, los mismos intereses, los mismos temores y las mismas esperanzas concebidas… la condición de verosimilitud lo vuelve comunicable de un individuo a otro y permite a la convicción de uno, implantarse en el espíritu del otro”7.

Lasègue y Falret descartan un papel de la herencia en la determinación de la Folie à deux a partir de los casos en que la enfermedad se produce entre marido y mujer.
Consideran que la indicación terapéutica principal consiste en separar uno del otro… “Sucede entonces que uno de los dos puede curar8, sobre todo el segundo cuando está privado del punto de apoyo del que le comunica el delirio”9.
Encuentran que el segundo enfermo está menos afectado que el primero… como habiendo sufrido una simple presión moral pasajera sin estar alienado.
También recalcan que la inducción puede extenderse a una o varias personas del entorno.
Hablar de comunicación de la psicosis fue un paso adelante en la superación de la noción autística de la locura. Pero ese paso resultó casi anulado por anticipado por Lasègue y Falret mismos, al apresurarse a ubicar su ocurrencia como excepcional.

Sin embargo como si ese intento de mantenerse en el redil de la psiquiatría no hubiese tenido lugar, llegó poco después la respuesta prevista. Régis desconoce las restricciones y aclaraciones de Lasègue y Falret.
Es como si el término contagio hubiese hecho su propio camino10. Régis11 se los reprocha tanto como la noción de comunicación. Diferencia entonces Folie à deux o Locura Simultánea de la Locura comunicada12. Rechaza ocuparse del contagio de la locura que para él no es la cuestión. Distingue pues el contagio como la creencia que puede despertar un delirante en individuos no locos y define la Locura comunicada, como delirio que suscita adherentes. En cambio reserva para lo que considera la “verdadera” Folie à deux, un cuadro de dos psicóticos indudables que coinciden en el tiempo en su delirio: la simultaneidad hace innecesario cuestionar el autismo.
Lacan se ha ocupado de la Folie à deux al menos en su tesis sobre Aimée, en “Locuras Simultáneas” firmado junto a Claude y Migault en 1931, en “La Familia”, en el trabajo sobre las Hermanas Papin, en su tercer seminario “Las Psicosis”, en su “Homenaje a M. Duras” y en el seminario “El Sinthome”.

Su punto de vista es diagnóstico y estructural. Como De Clérambault, se mantuvo cercano a la posición de Régis. Dice Lacan:
“El estudio de las estructuras conceptuales debe, además, dar puntos de vista nuevos sobre el problema, falsamente resuelto a nuestro entender, del contagio mental… para la mayor parte de los casos de delirio a dúo, nosotros rechazamos toda inducción de delirante a delirante cuya rareza misma impone una explicación de índole muy distinta.”13

Contra Régis, aún considerando al contagio como una excepción, no lo niega y prepara esa nueva explicación.
“No puede dejar de impresionarnos la frecuencia de los delirios a dúo que reúnen madre e hija o padre e hijo… la doctrina clásica del contagio mental no los explica jamás. Es imposible distinguir entre el presunto sujeto inductor… y el presunto sujeto inducido. Se habla entonces de locuras simultáneas o de delirios convergentes. Pero queda sin explicar el hecho de que tal coincidencia sea tan frecuente…”14
Lacan la encuentra frecuente en contra de la opinión de Lasègue y Falret. La mención de la alta ocurrencia con que se encuentra la simultaneidad entre paranoicos, va en dirección de las condiciones de transmisión de la paranoia.
“… hemos podido señalar la importancia del aislamiento social en pareja y la ley del reforzamiento de la anomalía psicótica en el descendiente…” 15
Sus primeros puntos de vista son los de la semiología psiquiátrica a la que enriquece al subrayar el mismo sexo en las cuplas madre-hija o padre-hijo, la dificultad para distinguir inductor de inducido, el aislamiento social de la pareja. La noción de transmisión de la paranoia va más allá de cualquier semiología.

Dice Lacan que Lauge ha señalado que “se encuentra en los ascendientes directos de estos sujetos, un delirio cuya similaridad llega hasta el extremo de reproducir el contenido mismo del delirio”16
Señala “… la designación habitual de ‘nido de paranoicos’… [y] la frecuencia de la transmisión de la paranoia en línea familiar directa… con una agravación de su forma hacia la parafrenia…[en] su aparición en el descendiente.”17
En fin “… los delirios de a dos son los que mejor permiten aprehender las condiciones psicológicas que pueden desempeñar un papel determinante en la psicosis.”18
Digamos que Lacan plantea las condiciones psicológicas de la transmisión de la paranoia poniendo el acento en la transmisión de la locura y no en su comunicación: locura transmitida19
El objetivo de estas líneas es un estudio sobre la transferencia en la psicosis. Supone un recurso a la Folie à deux pero localizado en la asimetría presentificada por la demanda del activo al pasivo. Debemos a J. Allouch el haber acentuado la relación de la Folie à deux con la transferencia.
Se ha basado fundamentalmente en las descripciones de Lasègue y Falret para reconocer en la “creencia” que el loco pasivo tiene en el loco activo, una transferencia al psicótico en la que cree encontrar el secreto de la transferencia en la psicosis20.
Es posible encontrar en el mismo Lacan referencias al psicótico como ofrecido a la transferencia.
Es cierto que hay locos que suscitan adhesiones, de locos y de no locos. Del mismo modo sucede con los líderes de masas. También es correcto diferenciar la adhesión a un delirio, de una relación entre psicóticos delirantes.
Pero Lasègue y Falret muestran que el loco activo tiene requerimientos específicos para su compañero, requerimientos relativos a la actualidad en la que se desarrolla la locura.
La locura de dos enseña lo que el loco activo, el “verdadero” psicótico, tolera en relación a su partenaire. Soporta que otro, loco o no, pueda rectificar, corregir, coordinar y adaptar a los fines de la verosimilitud su delirio.
¿No se advierte que más allá de la discusión sobre si el pasivo es o no psicótico, tenemos psicóticos activos, captados al vuelo por Lasègue y Falret en su transferencia al otro?21

Ellos observan que “… librado a sus instintos patológicos, el alienado es relativamente fácil de examinar, le gusta, le apetece comunicar las ideas que lo obsesionan o se decide a un mutismo sistemático que no es menos significativo de ellas…”22
La mención del gusto por relatar ilustra la economía del placer en la psicosis, tan cercana a la angustia y al padecimiento. Pero además “el gusto por enunciar” remite necesariamente a un otro que escuche. ¿Se puede suponer que la “decisión por el mutismo” no es tanto un índice de sus ideas patológicas como de la repulsión para acogerlas que encuentra en los demás?

“… los delirios que contornean la verdad tienen tanta más posibilidad de aquiescencia si se acomodan a un sentimiento o como habrían dicho los teólogos, maestros en casuística moral, si halagan más una concupiscencia humana”.23 La verosimilitud es la moneda con la que el psicótico paga su transferencia hacia el pasivo. La demanda dirigida por el inductor sobre el inducido incluye tal intento de verosimilitud para complacerlo y adherirlo.
¿Imaginamos al loco intentando satisfacer al otro? ¿No es patente entonces su sujeción al deseo del otro?24.
“Los niños, temerosos por naturaleza, confinados en un medio sin expansión, están dispuestos en primer grado a devenir eco de un delirio al cual son asociados… Su fe en algunos casos va tan lejos, que el alienado mismo duda en seguirlos y a primera vista se creería que los niños han creado los delirios, de los cuales son reflejo”.25

¿El exceso de fe de un hijo puede hacer dudar de su delirio a su madre loca? ¿La habita algún otro deseo que el que se cifra en el delirio?
Lasègue y Falret explican que en los casos en que el loco activo es un joven que toma por pasivo a un viejo, el primero no suele recibir del segundo más que: “¡Ah! Es verdad”, “no hay duda”, “ella no miente”.26
Se trata apenas de un asentimiento, a veces casi interjecciones. Ese mero asentimiento basta para que un delirio se despliegue abriéndose a la comunicación. Lacan pone como condición del diálogo con locos un esfuerzo de asentimiento: “Digamos que semejante hallazgo no puede ser sino al precio de una sumisión completa aún cuando sea enterada, de las posiciones pro­piamente subjetivas del enfermo (…)27.
Los términos compromiso y contrato, que hacen eco a nuestro lenguaje analítico sugieren que el síntoma se anuda a la transferencia: “Una vez que el contrato tácito que va a anudar a ambos enfermos está casi concluido, no se trata sólo de examinar la influencia del alienado sobre el hombre supuesto sano de espíritu, importa investigar la acción inversa del razonante sobre el delirante y mostrar por qué compromisos mutuos se borran las divergencias”.28
La Folie à deux es un fenómeno que la psiquiatría descubre y ante el que retrocede porque es una impugnación de hecho contra el autismo.

Pero la actualidad del problema, lo que nos interesa de él, deviene de la naturaleza del lazo transferencial. En esa transferencia se juega la cotidianeidad de la locura.
Los casos que Lasègue y Falret presentan, revelan que el loco pasivo cumple una función en hacer variar el delirio del loco activo. Lacan le discute a Kraeppelin justamente la invariabilidad del delirio en la paranoia29. El delirio varía no sin una intervención transferencial. “… las inter-reacciones ‘inconscientes’ entre los individuos van mucho más lejos de lo que las experiencias mismas de la sugestión dirigida habían permitido imaginar.”30
La psicosis deja, a veces, un lugar para un tercero, lugar distinto del de los perseguidores, lugar para la confianza del que testimonia. También debemos a Allouch la noción de codelirante potencial31 para ubicar lo que el psicótico deja abierto a una transferencia que no es la misma que la que el delirio efectiviza. Ese codelirante es siempre un par, un semejante pero de ningún modo, cualquiera.
Por una cuestión de método a la pregunta sobre cómo operar en la psicosis, se debe responder a partir de lo que la psicosis misma enseña. Es decir una distribución de la intersubjetividad32, y del sujeto mismo, que diferencia el otro persecutorio del otro codelirante potencial.

Notas
1. La Folie à Deux ou Folie Communiquée (En collaboration avec le Dr. Ch. Lasègue) 1877 (Extrait des Archives générales de médecine, septembre 1877) (republié dans Etudes cliniques sur les maladies mentales et nerveuses, par le Dr. J.P. Falret en 1890, éd. J.B. Baillière). Las citas extraídas de este texto han sido traducidas por mí.
2. Régis, Emm, La Folie à Deux ou Folie Simultanée, avec des observations recueillies à la Clinique de Patologie Mentale (Asile Sainte-Anne) éd J.B. Baillière, Paris, 1880. Las citas extraídas de este texto han sido traducidas por mí.
3. Introducción al Narcisismo. S. Freud. O.C., volumen I, Biblioteca Nueva, Madrid, 1968.
4. Ver cita 1.
5. Ver cita 1.
6. Ver cita 1.
7. Ver cita 1.
8. Régis discute la oposición activo/pasivo, al presentar activos que curan y pasivos que no lo hacen. Discute que la intensidad del delirio sea mayor en el activo y duda de la curación del pasivo por aislamiento.
9. Ver cita 1.
10. Dicen Lasègue y Falret: “Es por este estudio comparativo que se puede estimar el grado de penetración de la enfermedad adquirida y que uno se convence fácilmente de que el nombre que mejor le conviene a la situación respectiva de los dos individuos no es el de contagio. El enfermo real permanece enfermo, el alienado por reflejo no ha logrado pasar los límites de lo absurdo”.
11. Régis, Emm, La Folie à Deux ou Folie Simultanée, avec des observations recueillies à la Clinique de Patologie Mentale (Asile Sainte-Anne) éd J.B. Baillière, Paris, 1880.
12. Régis define la Folie à deux, como el caso de dos alienados con delirio parcial, en general persecutorio, ambos hereditarios o predispuestos, que conviven en contacto íntimo y que sufren influencias ocasionales que los afectan simultáneamente.
13. De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, J. Lacan, Siglo Veintiuno, México, 1987. Pág. 311
14. Ver cita 15, pág. 258.
15. Ver cita 15, pág. 258.
16. Ver cita 15, pág. 259.
17. La familia, J. Lacan, Homo Sapiens, 1977, Argentina. Pág. 126.
18. Ver cita 19.
19. Transmisión ha de entenderse en el mismo sentido en que decimos transmisión del psicoanálisis. La transmisión no es mera comunicación sino reunión del ser y la palabra.
20. Dice Allouch en la revista Litoral, en el número dedicado a las psicosis, en su conocido artículo “Vds. están al corriente: hay transferencia en la psicosis”: “… el neurótico transfiere, el psicótico plantea transferencialmente…” pág. 41. Pero Allouch ha escrito il pose, lo que significa que plantea pero también que pone o que posa: el psicótico de Allouch posa ofreciéndose a la transferencia.
“Admitimos una identidad de posición del psicótico y del psicoanalista en cuanto a la manera de estar situado en la transferencia” pág. 63.
Si esta es la estructura, al analista no le queda otra que entrar en transferencia con el loco “…la transferencia psicótica… es ante todo… una transferencia al psicótico” pág. 52.
“…este “plantear transferencialmente” equivale a “prestarse a soportar una transferencia” pág. 63. Que el loco se preste o directamente, que soporte cuantas transferencias sean; eso no autoriza al analista a amarlo.
21. Debemos a Régis el término codelirante y a J. Allouch el de codelirante potencial que define la posición que el loco le deja al analista.
22. Ver cita 1.
23. Ver cita 1.
24. El alienado apunta al deseo del otro. “El asistente no obstante sólo consiente en dejarse convencer, si la historia le interesa personalmente; ahora bien, los dos sentimientos que mejor se prestan a esta manera de tracción son, con seguridad, el temor y la esperanza. Sólo siguen a la realidad presente como punto de partida; su verdadero dominio está en el futuro y en lo desconocido”.
25. Ver cita 1.
26. Ver cita 1.
27. J. Lacan, Escritos 2, “De Una Cuestión Preliminar a Todo Tratamiento Posible de la Psicosis”, Siglo Veintiuno, México D.F., 1975, pág. 220.
28. Ver cita 1.
29. El Seminario de J. Lacan, Libro 3, Paidós 1984.
30. Ver cita 15, pág. 259.
31. Marguerite Lacan la llamaba Aimée, J. Allouch, Sistemas Técnicos de Edición, Tlalpan, México, 1995.
32. “Intersubjetividad” representa aquí sólo una descripción del fenómeno.
 
 
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