Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Folie à deux

Enseñanzas del aislamiento social de a dos
  Por Gabriel  Lombardi
   
 
Hay delirios que parecen configurar un cierto tipo de lazo social. Se los llama delirios colectivos, y su forma más frecuente es el delirio de a dos. Las investigaciones clínicas sin embargo sugieren que tales lazos no tienen exactamente la textura de lo social. Eso puede verse ya en las finas descripciones clínicas de los clásicos de la psiquiatría que se han ocupado del tema, de los cuales publiqué hace tiempo algunos comentarios, lo que me permite exponer algunas de las consecuencias que esas notas clínicas implican en este momento para mí.
El texto más interesante para mi es La folie à deux ou folie communiquée, data de 1877, fue redactado por dos psiquiatras célebres, Ch. Lasègue y J. Falret, es de lectura ágil, entretenida, reúne el talento clínico con el literario. Sus autores no tardan en plantear la cuestión que nos interesa, la relación del delirio con lo social. “El delirante, [escriben], vive extranjero a la opinión de los otros; su creencia se impone con autoridad irresistible, quiera o no alguien seguirlo.” Esa posición respecto del prójimo lleva a los autores a esta notable consecuencia, evidente en las presentaciones de enfermo: “El alienado es relativamente fácil de examinar; él tiene el gusto, el apetito incluso de enunciar las ideas que lo obsesionan, cuando no se decide a un mutismo que no es menos significativo. Pero una vez que uno ha penetrado en su plaza, ella es tanto más fácil de explorar cuanto menos abierta esté al cuestionamiento de los otros.”
Va de suyo entonces que la locura de a dos no reúne a dos delirantes en tal sentido. Si hay en ella un delirante, las posiciones y las aptitudes del otro integrante de la pareja, –cómplice, adherente o seguidor– difieren necesariamente de las del primero. Él ha tomado prestado el tema delirante «de modo involuntario e inconsciente», y aunque luego parezca muchas veces ser el elemento activo de la dupla, y sobre todo el que realiza el mayor esfuerzo razonante para volver verosímiles las ideas para los demás, su convicción no resiste usualmente la separación física del primero, no sostiene por sí solo el sistema inquebrantable del verdadero delirante” –que no necesita de nadie para asegurar su posición excepcional–.
Lasègue y Falret enfatizan esa asimetría entre el delirante y su seguidor, asimetría que se corrobora en el hecho de que el delirante confirmado no es permeable al sistema de otro, “nunca tienen esas docilidades, y permanecen amos absolutos de su delirio”. Esta expresión de amo absoluto que emplean los autores es excelente, y nos permite medir la distancia que separa al delirante del lazo social aristotélico: el amo de la Política no es absoluto, necesita de un esclavo que al relacionarse con él, lo relativiza. El amo absoluto, desligado etimológicamente, es el amo sin esclavo, que no necesita que alguien responda en lo social para verificar su certeza. Tal vez en ello se apoye Lacan para afirmar que en la ciudad del discurso el psicótico es el amo. En la ciudad actual la posición del amo antiguo, salvo excepción, es socialmente insostenible porque la esclavitud ha sido legalmente abolida, mientras que ninguna legalidad afecta al amo absoluto –mientras no perpetre actos lesivos para los derechos de sus conciudadanos–.
¿Idealizan nuestros autores al delirante al tomar como modelo un paradigma de delirio inquebrantable? No lo creo. Aunque para los otros ese delirio avance en el sentido de la contextuación y la verosimilitud, no debe olvidarse la penetrante indicación de Lacan: por muy extendido que esté, el delirio sigue participando de la estructura del fenómeno elemental, es siempre increíble porque no tiene la estructura doble y escindida de lo creído. Octave Mannoni explicó que la creencia no es la certeza. La certeza se impone como un saber indiscutible. La creencia es en cambio un saber íntimamente cuestionado, “ya lo sé, pero aun así…”. Yo por ejemplo soy ateo, pero aun así, tomo mis recaudos, ¡Dios no quiera que me suceda una desgracia!
Sobre esa base se puede interpretar la decidida afirmación de los autores: “se establece así una línea de demarcación absoluta que no admite compromisos”, entre el verdadero delirante, “loco en el sentido médico y social de la palabra”, y su adherente hay una línea de demarcación infranqueable. El primero mentiría si afirmara renunciar a sus convicciones. El segundo puede admitir más fácilmente haber sido dominado por opiniones absurdas, miente por lo tanto al afirmarlas.
Esa demarcación anticipa entonces la que Lacan propondrá entre la creencia común y el Unglauben freudiano de la paranoia, pero antes repercute en otros autores. Karl Jaspers por ejemplo afirmó en 1913 que la convicción del extravío común encuentra sus raíces en lo que todos creen. Por lo mismo deduce que esa convicción no se corrige con razones sino por transformación de la época. El extravío delirante es en cambio un apartamiento radical de lo que todos creen, de lo que “se” cree. Por eso el verdadero delirio es para Jaspers incorregible y es infalible en el sentido propio del término, ya que una corrección conllevaría un derrumbamiento de la existencia misma. Y el hombre no puede creer en lo que suprimiría su existencia, concluye.
También Lacan en su Tesis sostiene que lo social se opone al verdadero delirio; allí se hace eco de las palabras de Bowman: “si se puede sostener un déficit en el sentido de lo real en los paranoicos (el subrayado es de Lacan), es porque esos enfermos desconocen en primer lugar la imposibilidad de alcanzar los objetivos que se plantean a partir de la posición, especialmente social, que ocupan”. No es que el paranoico no acceda a un real en su síntoma, y más directamente que nadie, sino que desconoce el modo en que lo real se presenta en la ciudad del discurso: como obstáculo sutil pero insalvable, imposible de superar, el mismo que hace que no se pueda habitual y legalmente añadir tres o cuatro ceros, inofensivos en apariencia, a la derecha del saldo de la cuenta bancaria, justo antes del punto, sin sufrir una pérdida moral o material por otra parte.
Por oposición al lazo social, que requiere que en alguna parte esté esa mediación de lo imposible para sostenerse, ya en la Tesis el delirio a dúo es considerado “aislamiento social de dos”. La justa demarcación de Lasègue y Falret encuentra allí este corolario que Lacan agrega en nota al pie: “este aislamiento social del psiquismo de los alienados hace que su reunión en los asilos no conduzca jamás ni siquiera a un esbozo de grupo”. Atrapado sin salida por ejemplo, la emotiva ficción de Milos Forman, de inspiración antipsiquiátrica, desconoce la frontera trazada por Lasègue y Falret.
La enseñanza que de aquí se desprende para el psicoanalista no consiste en que al verdadero delirante hay que dejarlo solo. Por el contrario, sólo si respeta su certeza el analista podrá ser admitido en su realidad, en la que inicialmente no entiende nada, pero una vez allí tal vez pueda actuar como analista, desde el interior, y no cuestionando la realidad del delirio, que ya se impuso como algo estructurado en todos sus niveles. Habrá de actuar no desde el saber, sino desde el no saber. El (psico)análisis es la realidad, escribió Lacan tajantemente. Pero el análisis es otra cosa, es la disolución del saber que sólo puede operarse desde un deseo que, cual caballo de Troya, se cuela en la articulación del significante, incluso si ese significante, por estar en lo real, sustenta los muros de una realidad de textura férrea.
El analista se adentra en la realidad del psicótico, pero no para volverse su adherente, ni siquiera tiene necesidad de preguntarse si esa realidad es verdad o ficción. No es verdad, no es ficción, es una trama en la que se sostiene el deseo de un ser increyente, pero que tal vez se alivie con una escucha analítica, que desdoble el dolor del significante unívoco. La experiencia del analista con el psicótico a veces depara sorpresas por su eficacia.
Mi hijo de 8 años suele relatarme cosas diferentes y divertidas. Como por casualidad, mientras revisaba estas líneas, me cuenta una escena de un dibujo animado que vio en la televisión. Leila, la princesa de Star Wars, está ante Dark Vader, quien le dice: acá no hay escapatoria. ¿No la hay?, dice ella, que lo ama oscuramente, fugitiva. A lo que Dark Vader responde, con su usual certeza: No, ahí está la puerta.

Algunas referencias
Aristóteles. Política.
Freud, S. (1896). “Manuscrito K”.
Jaspers, K. (1913). Psicopatología general.
Lacan, J. (1936). De la psicosis paranoica en sus relaciones con la realidad.
Lacan, J. (1969). “Reseña de enseñanza del seminario sobre el acto analítico”.
Lacan, J. (1967). “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”.
Lasègue, Ch. y Falret, J. (1987). “La folie à deux ou folie communiquée”. Annal. Méd.-Psych., 1987, pp. 21-55.
Lombardi, G. (2001). Revista universitaria de psicoanálisis. Vol. I. Fac. de Psicología. U.B.A. Pp. 157-184.
Schreber, D. P. (1902). Memorias de un enfermo nervioso.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 193 | noviembre 2015 | La ignorancia de Lacan 
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Into the wild  Reflexiones sobre la distinción entre locuras psicóticas y no psicóticas
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Teoría y experiencia 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | La dificultad en percibir las innovaciones en psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | Lo fundamental de Heidegger en Lacan  de Héctor López, Letra Viva, 2005
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | La demarcación freudiana entre psicoanálisis y ciencia 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com