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   Comentario de libros

Reseña del libro Posiciones perversas en la infancia
  de Lujan Iuale, Luciano Lutereau y Santiago Thompson. Ed. Letra Viv
   
  Por Martín  Alomo
   
 
En 1962, Jacques Lacan produce una vinculación entre la máxima sadiana y el imperativo de goce, superyoico, articulado al objeto voz y a la Crítica de Inmanuel Kant. Como queda señalado –en el texto de Lacan y en Posiciones perversas en la infancia– al elucidar la posición del perverso en la estructura a partir de la introducción del objeto a, “la cruz de la experiencia sadiana” difiere del semblante sádico de los enunciados, hecho que constatamos por esas palabras dichas como al pasar, como al costado de la proposición principal de la máxima universal: “puede decirme quienquiera”. He allí la posición de objeto que se ofrece para restituir el goce del Otro; en definitiva, se trata de una posición masoquista.
Posición masoquista que, cuando se inserta en una estructura perversa, produce la división del partenaire, ya que la experiencia se le vuelve intolerable. No sólo Wanda von Sacher-Masoch es ejemplo de ello. Jean-Jacques Rousseau, de quien estamos habituados a estudiar su psicosis, narra una anécdota que nos hace pensar en una posición perversa en su infancia, a juzgar por los efectos en su cuidadora. Alfred Binet nos llama la atención sobre el punto: respecto de la Señorita Lambercier, y a propósito de los castigos que ésta le imponía, Rousseau comenta: “…yo había encontrado en el dolor, en la vergüenza misma, una mezcla de sensualidad que me había dejado más deseo que pena por experimentar de nuevo lo mismo…” Por su parte, “la Señorita Lambercier, que sin duda advirtió que ese castigo no conseguía su objetivo, declaró que renunciaba a él porque la fatigaba demasiado”. Al partenaire ocasional o bien lo divide o, al parecer, no le interesa participar del juego que satisface al masoquista.

En el libro de Iuale, Lutereau y Thompson, asistimos a las idas y vueltas que el rastreo de una noción impone al analista comprometido con la clínica. Itinerario tortuoso entre unas y otras épocas de la elaboración freudiana y lacaniana de la noción de perversión, pero también entre la teoría y la práctica, y viceversa. En primer lugar, los autores producen una demarcación clara entre la perversión polimorfa infantil, mentada desde temprano por Freud en los Tres ensayos… -menudo revuelo para su época- y la posición perversa ligada al padre imaginario delimitado por Lacan en el segundo tiempo del Edipo. Luego, según podemos ver en Posiciones perversas… es notoria la evolución del concepto en la enseñanza de Lacan, organizada por dos referentes principales: el falo, primero; el objeto a, luego. En el primer caso, el paradigma de la perversión pareciera ser el fetiche; en el segundo, el masoquismo.

En cuanto a los casos presentados y discutidos, ellos nos invitan a pensar una vez más en aquel comentario de Freud respecto de las tareas imposibles, entre ellas “analizar”. Y aquí surge el que, a mi modo de ver, constituye el aporte más considerable de esta obra cuya lectura invita a la transferencia. Los casos presentados ilustran puntos de obstáculo clínico, y los autores logran situar aspectos de la teoría que permiten problematizarlos. Logran ir más allá de la mera detección y comentario del obstáculo: acceden al terreno metodológico que implica el planteo de un problema. Considero que dicho problema queda planteado en tres términos, que formulo aquí como interrogantes: a) ¿cuál es la diferencia entre la perversión originaria –infantil y polimorfa– y la llamada estructura perversa?; b) ¿cuáles son las implicaciones de la introducción del objeto a para la clínica de la perversión?; c) ¿qué similitudes y qué diferencias entre el acting out y la escenificación perversa?

Los autores no sólo han logrado problematizar la clínica de la perversión, sino que además han avanzado en su planteo, produciendo lo que entiendo como tres novedades epistémicas. Ellas se distribuyen como respuestas a las tres preguntas del problema. En relación a la primera, los autores han señalado la demarcación entre perversión originaria constituyente del sujeto y posición perversa en la estructura. Considero que en este caso, la novedad está en hablar de “posiciones perversas”, de modo tal de poder aislar en los casos de niños presentados, aquella perversión distinta de la originaria y constituyente, pero cuidando el hecho de que la estructura aún podría verse conmovida en la adolescencia, antes de una estabilización cristalizada. En lo que respecta al segundo interrogante, Posiciones perversas en la infancia ofrece una respuesta dinámica y fuertemente anclada en la realidad clínica: la restitución del goce al Otro se constata en lo que se da a ver del objeto en la escenificación; en la división causada al partenaire –a través de la violación del pudor, por ejemplo–; y se articula a un saber del Otro que es elevado al valor de axioma. El “caso Mario” resulta paradigmático: un dicho de la madre funciona como ley inexorable. Al respecto, en el prólogo de Pablo Muñoz queda subrayada la correspondencia entre estas posiciones perversas en la infancia y el desconocimiento del Otro materno, que más bien propicia y sostiene eso mismo que denuncia. En cuanto a la tercera pregunta, el libro avanza mucho más que sobre la diferenciación entre acting out y escena perversa. Señala, como al pasar, que el llamado “acto perverso” no podría ser un acto, ya que se sostiene en la existencia de un Otro a quien le está dedicado. Pero además, avanza sobre desarrollos interesantísimos que invitan a estudiar las distintas “posiciones de la mirada” en la perversión, así como en la clínica de las psicosis estamos habituados a detectar las posiciones del Otro antes que las del sujeto.

Por último, no es un hecho menor la reunión de Luján Iuale, Luciano Lutereau y Santiago Thompson en esta colaboración autoral. Se trata de tres jóvenes docentes e investigadores de la Universidad de Buenos Aires, que además han obtenido su Maestría en Psicoanálisis con sendas tesis sobresalientes, y que continúan sus investigaciones, ahora en el contexto del Doctorado. Que el libro haya sido prologado por el primer magister en psicoanálisis de nuestra casa de estudios no es casual. Todo ello hace de Posiciones perversas en la infancia un material de elevado nivel académico, que amerita un lugar en la bibliografía de toda asignatura sobre clínica psicoanalítica. Por ello la consideración destacada del libro entre los colegas de la Universidad. Por ello el interés que el trabajo despertó en la comunidad de analistas, en la presentación del libro en el Foro Analítico del Río de la Plata.

Los autores agradecen los diálogos mantenidos con algunos referentes, que han funcionado como orientadores para su producción. Al parecer, el contexto de la cátedra del profesor Gabriel Lombardi ha sido terreno fértil para las discusiones que nutren el trabajo. Además, por cuestiones ligadas al método, creo que el libro se inscribe en la genealogía de un texto fundamental de Roberto Mazzuca: Valor clínico de los fenómenos perceptivos. Posiciones perversas en la infancia, de Iuale, Lutereau y Thompson, bien podría llamarse “Valor clínico de lo que se muestra”. Aunque si nos atenemos a lo que señalan los autores, “fenómeno quiere decir literalmente lo que se muestra” (p. 63). En tal caso, Posiciones perversas… bien podría llamarse “Valor clínico de los fenómenos”.


 
 
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