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   Colaboración

Un lugar en el dese(ch)o1 materno
  Por Eugenia Etcheverry
   
 
Las huellas de una historia dejarán marcas,
que al ser leídas por el psicoanálisis,
permitirán que el sujeto reescriture otra historia
.2

Cecilia tiene 30 años y vive con sus padres y el menor de sus hermanos. Llega a la consulta manifestando tener problemas familiares, principalmente con su mamá. Se define como insegura, indecisa, sin saber hacia dónde ir y dice sentirse vacía desde siempre.
Hace tres años terminó un noviazgo que duró una década. Dice que Franco se cansó de ella porque era muy celosa, lo maltrataba, lo insultaba y hasta le pegaba. Cuenta que él le daba todo, pero a ella nada le alcanzaba.
Hablar de Franco la angustia, en palabras de la paciente: “lo trataba para la mierda y lo cagaba con otros chicos. Él se iba llorando, pero al tiempo volvía y la historia se repetía”.
Me pregunto qué historia se repite.

Durante las primeras entrevistas sus quejas están centradas en la relación con Mónica, su madre. Dice que no cumple su rol, que nunca recibió de ella contención ni atención. La define como insoportable, ya que se queja de todo, grita, insulta. Sus palabras hacia Cecilia son siempre las mismas: “nadie te quiere, quién te va a aguantar, te tenes que ir de esta casa, sos una mierda”. También maltrata a su esposo, Miguel, lo cela, le grita, lo insulta. Al decir de Cecilia “papá nunca dice nada, es sumiso y lo domina como quiere”.
El significante mierda aparece en el discurso de la madre y se repite en el trato de la paciente hacia Franco.
Abro otros interrogantes, que me permitan pensar cuál fue el lugar de Cecilia en el deseo del Otro, ¿qué lugar tuvo para la mamá esta hija en sus primeros tiempos? ¿Pudo suscitar en ella el deseo de hijo? ¿Acaso Cecilia le hacía falta?
La paciente comienza contando retazos de su historia: nació en un país vecino, fruto de la corta relación de dos adolescentes. Este hecho provocó un profundo enojó en los abuelos maternos quienes echaron a su hija de la casa familiar. Según cuenta la paciente, sus padres carecían de lo indispensable para alojarla, no tenían ropita para ella, no contaban con dinero y la comida la recibían de una tía.
Al cumplir dos años, y con una hermanita de un año, Cecilia es entregada a una tía del papá para que junto a su esposo la críen. Cuenta que vivió con ellos algunos años durante los cuales recibió educación y comida, pero nada de amor. Recuerda que a su mamá la veía poco, que era su papá quien la visitaba más seguido.

Winnicott sostiene que en el desarrollo emocional del niño el ambiente representa un papel fundamental ya que en los primeros tiempos niño y ambiente no están separados y dicha separación (no-yo y yo) dependerá en cada caso del ambiente en que se desarrolle.
La función ambiental implica tres acciones fundamentales que darán como resultado la maduración personal del bebé. Estas acciones son las de sostener o aferrar (holding), la de manipular (halding) y la de presentación de objetos (object-presenting).

La función de holding hace referencia al elemento afectivo puesto en juego en la relación madre-hijo, ya que la madre lo sostiene en sus brazos, lo mira, lo acaricia, lo acuna. Holding que en Cecilia fue llevado a cabo con pobreza ya que se precipitó una separación en acto, cuando con el nacimiento de la segunda hija esta mamá ya no pudo sostener a Cecilia, desalojándola ¿Cómo alguien que sobra? ¿Cómo un desecho?
Ya desde estos primeros momentos vemos entramarse los entretejidos que configuraran la relación madre-hija para preguntarnos una vez más acerca de cómo se dio este “sostener”. Podríamos pensar en términos lacanianos si la paciente pudo ocupar el lugar de falo imaginario y desde allí tener un lugar en la economía del deseo materno.

Si nos ubicamos en el primer tiempo del Edipo notamos que aparece allí “la relación del niño, no con la madre, como se suele decir, sino con el deseo de la madre. Es un deseo de deseo”3. Es decir, que el niño se identifica con lo que es el objeto de deseo de la madre, que no es otra cosa que el falo. Es por esto que Lacan llama a este primer momento etapa fálica primitiva y subraya que es fundamental ya que aquí se detienen cuestiones que marcarán determinado sentido en el sujeto.
En este primer tiempo el niño entiende que para gustarle a la madre alcanza con ser el falo. El falo en cuanto es deseado por ella. Es así que “el niño intentará denodadamente convertirse en su equivalente y colmar las expectativas propuestas para ser cuidado y atendido en sus necesidades básicas”4 Pero para que estas cuestiones se lleven a cabo no solo es necesario que la madre desee el falo sino que actúe la Metáfora Paterna. Dicha metáfora plantea que el Nombre del Padre aparece como un significante que sustituye a otro significante, sustituye al significante materno. De este modo el padre hace caer el deseo de la madre, por debajo de la barra y lo vuelve enigmático impidiendo que el goce materno recaiga sobre el hijo.

Dice Lacan que es en este momento cuando “el niño, con más o menos astucia o suerte, puede llegar a prever muy pronto lo que es la x imaginaria, y una vez lo ha comprendido, hacerse el falo”5.
Podemos pensar que Cecilia no alcanzó a revestir el brillo de falo imaginario para su madre, ocupando en cambio un lugar de desecho que ha venido sosteniendo.
Lacan, en el Seminario 4 se refiere a la relación de objeto, y sobre este eje le cuestiona a Winnicott olvidarse en su dialéctica de la noción de falta de objeto, a la cual define no como negativa, sino por el contrario, como el motor de la relación del sujeto con el mundo6. Menciona tres formas de falta de objeto, que acontecen en la estructuración del psiquismo en la neurosis y están dadas por los agentes materno y paterno que efectivizan la operación. Estas tres operaciones reciben el nombre de privación, castración y frustración.

Me detendré en esta última, que puede establecerse en la relación de la madre con el niño donde éste es frustrado de un objeto. Si la madre aparece como agente simbólico lo que frustra imaginariamente es un objeto real, el pecho materno. La madre como simbólica hace de ella un objeto presente-ausente que puede así responder a la llamada del niño. Es una frustración en el goce, que produce un relanzamiento del deseo.
Pero puede suceder que el Otro materno no responda o que lo haga arbitrariamente. De este modo se convierte en madre real, en “potencia” dice Lacan, que como tal frustra, no sobre el goce, sino sobre el amor, sobre el don de amor. “Frustrado de amor y no frustrado de goce, el sujeto queda bajo el peso oscuro del mandato”7.
Para Cecilia el Otro materno aparece mezquino en su don de amor lo que nos lleva a pensar que la frustración recayó sobre el amor y no sobre el goce. Esta privación se le presentifica en las relaciones, sobre todo con su madre, siendo muy gozada ya desde pequeña.

Al cumplir 8 años los padres se separan ya que el hombre encuentra a su mujer manteniendo relaciones sexuales con su mejor amigo. Su mamá queda en la calle y pasa a vivir con sus otros cuatro hijos en un terreno tomado. Ella está embarazada y necesita de Cecilia para que cuide de sus hermanitos mientras sale a trabajar como vendedora ambulante. Es en este momento donde deja de vivir con sus tíos y vuelve con su familia, hasta el momento en que son desalojados de este terreno y viajan a la Argentina para buscar al padre. La paciente sabe que su mamá no fue a buscarla por amor, o deseo, sino presa de una necesidad, “cuidar a mis hermanos” afirma.
“Lo que interviene en la relación de amor, o que se pide como signo de amor, es siempre algo que sólo vale como signo y como ninguna otra cosa. O, por ir todavía más lejos, no hay mayor don posible, mayor signo de amor, que el don de lo que no se tiene. […] El don es algo que circula, el don que uno hace es siempre el don que ha recibido”.8
En esta paciente podríamos pensar que el Otro materno donó con dificultad su agujero, no donó su falta, lo que no tiene a quien no lo es. Como consecuencia Cecilia se presenta como presa de un goce que la ubica en un lugar de mierda, de objeto expulsado y desde donde ella misma también goza. Veamos cómo…

La letra insiste: Conoce a un chico con quien comienza a salir. Se queja de que es demasiado dulce y atento. No puede llamarlo por su nombre, no puede diferenciarlo de otros chicos. Le señalo que se llama Joaquín y cada vez que hago referencia a él lo nombro. Ella se ríe y dice que le cuesta llamarlo por su nombre.
Sostiene que tiene miedo de engancharse y que después la deje (como su madre), que “cuando un hombre te lleva a la cama después se va”.
Cuenta que un día mientras tomaban un café ella le dice: “¿y si mejor vamos a un hotel alojamiento?”. Joaquín le dice que no, que prefiere ir despacio, de a poco. Ella se enoja. Al respecto Stella Maris Rivadero sostiene que “El goce superyoico se juega por los caminos de la culpa y la necesidad de castigo. Una cosa es no poder hacer un llamado al Otro y otra muy distinta obtener una localidad en el Otro y a partir de allí lograr cambios subjetivos. De todas formas, estar en deuda con el Otro puede resultar insoportable al punto de llevar al sujeto, a cerrar intempestivamente las puertas, precipitándose al goce”.9

Ahí donde algo del amor aparece ella lo cubre con goce, se ubica como un objeto queriendo que la lleven a la cama para que después la dejen, la expulsen.
Comienzo a pensar que lo que se repite es algo del lugar que el Otro materno le “reservó” para esta hija. Un lugar en donde es expulsada, entregada, como un objeto, como se hace con la Mierda. Un lugar de desecho.

_________________
1. Definición: residuo que queda de una cosa, después de haber escogido lo mejor. Cosa que se ha desechado. Residuo, desperdicio. Pequeño Larousse Ilustrado. Diccionario enciclopédico. 2002
2. Rivadero, Stella Maris. Abordaje psicoanalítico en pareja y familia.
3. Jacques Lacan. Seminario V. “Las formaciones del inconsciente”. Clase 10 Los tres tiempos del Edipo. Pág. 204.
4. Alba Flesler. El niño en análisis y el lugar de los padres. Capítulo 2 “Los padres”. Pág. 46.
5. Jacques Lacan. Seminario 5: “Las formaciones del inconsciente”. Clase 9. La Metáfora Paterna. Pág. 180.
6. Jacques Lacan. Seminario 4: “La relación de objeto”. Clase 2 “Las tres formas de la falta de objeto”. Pág. 37. Buenos Aires, 1994. Editorial Paidós.
7. Stella Maris Rivadero. Fracasos del amor. Impedimentos del deseo y enclaves de goce. Editorial Letra Viva. Pág. 39.
8. Jacques Lacan. Seminario 4: “La relación de objeto”. Clase 8. “Dora y la joven homosexual”. Pág. 142. Buenos Aires, 1994. Editorial Paidós.
9. Stella Maris Rivadero. Fracasos del amor. Impedimentos del deseo y enclaves de goce. Editorial Letra Viva. Pág. 24.
 
 
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