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   Colaboración

Algunas notas acerca del enigma que nos plantea la persistencia y la actualidad de la Reunión Lacanoamericana1
  Por Pablo Kovalovsky
   
 
La Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis fue creada en 1985 en base a un artificio que resitúa un efecto de transmisión en el marco donde la ligazón al texto escrito de Lacan genera en Latinoamérica, en especial en Argentina, consecuencias en la dirección de la cura y asimismo en la enseñanza que concierne a la formación de los analistas.

Mas allá de reivindicar las ventajas de lo que supondría el hecho que en esta formación “su persona no habría hecho obstáculo a su enseñanza” (parafraseando la frase previo a su viaje a Caracas que dijera en su seminario en Paris). Allí llama “Mis Lacanoamericanos” justamente a aquellos que accedieron a la transmisión de su enseñanza por la vía de sus escritos. En esa misma clase subyace la interrogación acerca de los efectos de su escritura ligada a la transmisión.
Más precisamente, y a pesar de los esfuerzos que imaginemos al respecto tratando de localizar allí una nominación cerrada en sí misma “Lacanoamericanos”, deviene, en principio, metáfora de lector. Y más allá de colmar el sentido del nombre adjudicado a sus discípulos de ultramar, sitúa el hiato a interrogar entre el efecto de su decir y el del escrito, en función de la formación de los analistas.

A partir de esta propuesta, nuestro punto de partida será no aquello que signaría el nombre “Lacanoamericanos” como un llamado a un cierre, sino a una apertura plenamente presente como interrogante en la enunciación de Lacan. De hecho, todo el contexto discursivo en que lo enuncia mantiene ese hilo de lo no calculado, de lo incauto, abierto a la sorpresa que lo mueve en la pregunta que supone, previo a su viaje. Él esta intrigado por aquellos que, a pesar de no participar en sus seminarios dice: “…no dejan de ser lacanos”. Es cuestionable probablemente afirmar que se vislumbren tan sólo ventajas en esa distancia para con la persona de Lacan ya que su enseñanza y los efectos transferenciales que implicaba esa distancia en nuestras tierras es aún tema de trabajo entre nosotros. Y agregaríamos que la letra de su escritura, sin su voz, tendieron a plasmarse en muchas oportunidades en puntos de atolladero que sus textos publicados y aquellos que nos llegaban mas allá de su publicación “oficial” o “autorizada legalmente” no lograban destrabar.

Los que participamos en la idea del artificio que soporta la Reunión (término de por sí ya significativo)1y con esta mención merecen nuestro homenaje a aquellos que aportaron a este “formato” la creatividad de su transmisión2. Hoy su desaparición no nos permite contar con el intercambio compartido una vez más entre nosotros. Teníamos la idea de que el efecto de diversidad del nuevo campo del psicoanálisis así promovido a través de un funcionamiento acorde a su ética, valorizaría el encuentro heterogéneo. Sosteníamos la convicción que dicha diferencia sería productiva en ese que era un tiempo de formación particular en el cual muchos de esos analistas convocados, algunos participantes de instituciones y otros no, podrían ser invitados y motivados a verter su deseo participando en una organización peculiar para un congreso no realizado bajo un estilo “universitario” (es por ello que subrayo el termino de “reunión”). En la misma habría un sorteo previo para el orden de lectura de los trabajos, no contaríamos con un tema prefijado, todos los participantes tendrían el mismo tiempo cronológico para su exposición y discusión posterior del trabajo presentado, y el lugar del coordinador sería sustituido, en cada presentación, por el participante que terminaba de exponer su texto.

El hecho que cada uno sea presentado sin validar pertenencias ni jerarquías previas al evento, potenciaría la participación de muchos que se habían sentido excluidos de experiencias que en ese momento habían recientemente acontecido. Por el malestar que generaron habían opacado, por el eclipse de la palabra en función de las jerarquías adjudicadas por una supuesta cercanía a la persona de Lacan, la transmisión del maestro en lo referente al psicoanálisis llamado “en extensión”. Vale decir el que toca el hueso nuclear de la formación de los analistas en lo referente a los intercambios en los espacios donde lo importante, por el contrario, era generar una comunidad de experiencia.

Esta modalidad cuestionaba esa destitución de los efectos de transmisión ya generados entre nosotros basados, en principio, en la lectura de los textos y en las consecuencias para nuestra praxis en ello causada y validaba por el contrario el “encuentro” entre analistas de un modo tal que constituiría una apuesta a interrogar los efectos sobre los que Lacan ya se había interrogado en su seminario cuando dijo querer conocer a sus “Lacanoamericanos”. Él desconocía ese efecto que potenciaron sus escritos en la dirección de la cura. Esta apuesta retornaba como legado a renovar ahora entre nosotros, ya sin la presencia del maestro, en las diferentes polis donde la practica del psicoanálisis se ejercía según su enseñanza desde hacía más de 10 años. Una vez más, intentando retomar su palabra, esta Reunión pretendió renovar, a nuestro estilo, la pregunta abierta acerca de lo que surgía de la diversidad de lecturas que, extraídas de sus escritos, habían generado tal interés por su producción, por la práctica y difusión del psicoanálisis, poniendo énfasis en el término “diversidad”.

Hoy quizás debemos reconocer que muchas de las condiciones que precipitaron como respuesta semejante artificio no son las mismas. El intercambio entre analistas sigue líneas variadas y renovadas por las diferentes instituciones y espacios de trabajo donde el texto de Lacan mantiene vigente su poder de agrupamiento (y las consecuencias en los efectos en función de la dirección de las curas son evidentes). No hay un discurso que se plantea como monovalente en relación a la enseñanza de Lacan.
Es entonces que nos retorna algo de ese contexto enunciativo abierto a la pregunta y a la sorpresa posible que Lacan expresaba en su seminario, en aquella clase en la que signó el nombre “Lacanoamericanos”. Este retorno parte del enigma que a aquellos que en su momento hemos intervenido en su diseño nos llama la atención y nos interroga la vigencia potente de su convocatoria.
El enigma de la persistencia exitosa de esta Reunión Lacanoamericana, se produce aproximadamente cada dos años desde hace más de 25 años y la actualidad del modo de su funcionamiento no ha variado. Por otra parte, es necesario decir que tal vez hayan caducado las razones coyunturales por las que en su momento fue creado. Esto entiendo que merece algunas reflexiones en relación al enigma de su vigencia.

Llamaremos “real” al enigma que genera el interrogante acerca de aquello que alberga y que nos convoca, una vez más, esta vez nuevamente en nuestra polis, como en 1985, Buenos Aires.
Una de las respuestas que se me ocurren posibles podría situarse en el efecto de diseminación que conlleva cada Lacanoamericano, ya que en el mismo, como antes mencionamos, no hay tema prefijado, vale decir que cada uno habla desde aquello que le concierne como tema, pregunta, caso, etc. Este efecto que llamo de “diseminación”, que acentúa el efecto de enunciación singular de cada expositor, entiendo que tiende a neutralizarse en la reunión misma. Esto, según mi parecer ocurre de diferentes formas dentro y posteriormente a cada Lacanoamericano.

El llamado a lo exhaustivo que se promueve en la modalidad habitualmente utilizada de abrochar lo mas ceñidamente un concepto problemático que interroga nuestra praxis es moneda corriente en nuestros espacios de trabajo con otros analistas, en Instituciones, Escuelas, en hospitales etc. En cambio, en la Reunión Lacanoamericana está enfatizado el sujeto y su enunciación como otro modo de situar una posición frente a la problemática que se abre, como dijimos, sin anuncio previo más que el del título que lo subtitula. Esto genera un efecto sobre el público que es el de ser escuchado de un modo atento, expectante, abierto a la sorpresa, no estamos demasiados “advertidos” de su abordaje. Esto es lo que acentúa su carácter de “encuentro”. El público esta ahí como “espectador” (el que está expectante, a la espera, en suspenso), y no como “observador” (esperando que se diga lo que “hay que decir”). Se trata de alguna manera de una posición “incauta” ya que en muchos casos no conoce al que expone, ni sabe de sus antecedentes ni adscripciones y tan solo queda ese efecto de enunciación que suele producir una confluencia con otro texto, ya sea presentado otro día, o bajo el tamiz de otra temática, o el de una experiencia compartida e ignorada. El público que el Lacanoamericano convoca y genera se ve así exigido a ser un lector en acto, a extraer un texto aún no articulado, entre un texto y otro y su propia experiencia, articulando en su haber un entrecruzamiento inaugural, muchas veces gratamente sorpresivo. Debe estar abierto a esa sorpresa posible.
¿Qué es entonces participar de una Reunión Lacanoamericana?: participar de la experiencia del “lazo social” que el Lacanoamericano genera no es ciertamente para todos, pero no es ello lo que la Reunión se propone, vale decir que no hay ahí un anhelo de masificación. Hay allí respeto inclusive por los tiempos subjetivos de aquellos que dan a saber su texto producido para la ocasión. Con esto pretendo indicar que el “participar de la experiencia” del “Lacanoamericano” no exige la presentación de un trabajo o que por otra parte admite diferentes tiempos no canonizados en la elaboración de los mismos. Algunos despejando un interrogante y otros en un tiempo conclusivo. La experiencia compartida que suscita: charlas en los pasillos, en el café, retorno a través de las actas que testimonian de los trabajos presentados, por lo general se reproduce y se reinventa en el marco de las instituciones y espacios de trabajo, hospitales o espacios de transmisión que participan en él desde la primera reunión Lacanoamericana realizada en Punta del Este. Estas Actas configuran la producción de un testimonio. Permiten volver sobre la palabra dicha, ya en otras escenas, ya sea en la transmisión o en la cura.
Este respeto por el tiempo subjetivo de la enunciación de cada uno es lo que soporta la “amabilidad”. Este término debería ser elevado a la categoría de un concepto en la transmisión del psicoanálisis. Piedra fundamental del respeto en la relación al semejante que funda el lazo social. En el Lacanoamericano está claramente pensado desde el artificio de su organización misma y apunta al hecho que soportar el suspenso del tiempo conclusivo, a saber lo incierto de la incompletitud inherente a ese efecto propuesto de la “diversidad” no totalizable mencionada más arriba, toca indefectible algo del “real inalcanzable” de nuestra experiencia donde el amor de transferencia se trasmuta en el marco del psicoanálisis en extensión.
Sin embargo, ese tiempo del Lacanoamericano, no podría ser soportado sin el acotamiento de un tiempo limitado a unos días. La diseminación que conlleva el no tema, la no pertenencia ni filiación, la indeterminación del sorteo, generan un vaciamiento circunstancial de sentido, de la función de la representación misma que requiere de un lapso acotado, de lo contrario pienso no sería soportable o el “odioenamoramiento” haría claudicar la empresa al mejor estilo descripto por Freud y retomado por Lacan.

Esto abre a la temática de la cual partí en mi título y a la que quería llegar: la “disolución del Lacanoamericano”3.
“La disolución” al fin de cada Reunión como inherente al artificio ya estipulado en sus estatutos sería el resultado de otra disolución “más velada”. Se trataría de aquella que lo potencia y lo hace persistir más allá de las coyunturas disímiles por las que atravesó. Esa “contingencia del encuentro con lo real” de la experiencia del haber participado en el mismo y soportar sus efectos, en la medida en que atañen al “deseo del analista”, se ponen en juego en el “transcurso” de cada Lacanoamericano mismo y no solo al final en el cierre disolutivo, anunciado. Esto ocurre en la medida en que cada uno, y aquí la singularidad subjetiva juega su partida acerca del cómo sea tramitada esa “otra” disolución, la que ha aportado en cada presentación sin representatividad la donación de su letra. Ya fuese que se hubiese desprendido de ella a través de un trabajo, o que haya participado siendo testigo del acto en el que el otro lo ha “realizado” (vale decir que lo ha hecho “real”) según el modo singular en el que ha compartido “algo” (con lo indeterminado del “etwas” freudiano que implica), algo en lo cual se siente concernido en sus efectos, algo que ha conmovido su ser de analista con el soporte de ese lazo social. Esa situación, compartida aún con un desconocido, tiene sus consecuencias en lo que atañe a lo que se llama “comunidad de experiencia”.
Por otra parte, decíamos que si este evento-acontecimiento se prolongase en el tiempo se haría insostenible. Su carácter puntual temporal es esencial. Pero ese carácter casi efímero temporal de su realización se hará soporte de lo que luego, aun involuntariamente, retorne bajo la presencia de las voces y los efectos detrás del olvido irreductible en que devendrán, de las que quizás solo resten del mismo retazos de una huella de recuerdo borrosa por lo general ligada a la ciudad o el entramado social en la que se produjo.

Luego, el trabajo con los otros, mitigará ese eclipse de representatividad momentánea que se produjo ahí, en parte por el entrecruzamiento de lenguas que ninguna traducción simultánea alcanza para reducir. La confrontación con experiencias disímiles venidas de otras polis, de culturas diferentes, indica, y “hace signo” de aquello que implica el soportar la brecha propicia allí producida.
Con el final de cada Reunión Lacanomericana, que suele ser un “ritual conclusivo”, cada uno retorna a su lugar de trabajo y comparte con los otros tanto como puede, de “eso” vivido.
Creo que el éxito aun enigmático del Lacanoamericano y su “persistencia”, que no cesa de interrogarnos, es un modo en que los “Lacanoamericanos” tuvimos, y seguimos teniendo, no solo de responder a Lacan por la pregunta que él se hacia en su seminario acerca de quiénes serían esos que él no conocía y que habían accedido a su enseñanza por su escritura, sino que el modo en que nosotros también retomamos la pregunta con el rigor que merece, sin cerrarla. Y entusiasmo que pondremos de nuestra parte al recibir a los que vengan a nuestra ciudad, Buenos Aires, donde algo nuclear de esta experiencia y esta apuesta se gestó, es un modo de hacer homenaje a su transmisión.

Estaremos muy agradecidos con la participación de aquellos que deseen acompañarnos en la experiencia, de modo tal que en aquel que concurra, presente o no un trabajo, no cesaremos de subrayar la importancia de la lectura en donde el “publico” del psicoanálisis debe hacer “acto”, sosteniendo el margen de sorpresa posible en la letra del otro, y según el momento en que cada uno desea y puede tomar la palabra. Volvemos así a la encrucijada acerca de esa transmisión “por el escrito” por la que Lacan se interrogaba en 1980, para mantenerla vigente en la hiancia que indefectiblemente no se deja apresar por la palabra.
_______________________
* El autor es co-director de “Convocatoria clínica. Espacio psicoanalítico”. En tanto tal forma parte de la Mesa Ejecutiva de la Reunión Lacanoamericana de Buenos Aires 2013 a realizarse desde el 30 de octubre hasta el 2 de noviembre en el Palais Rouge de nuestra ciudad.
1. Pierce en sus Escritos Filosóficos, en su “Notas para el acertijo” da cuenta del término reunión y la imposibilidad de reducir los términos que allí están presentes a una dualidad. Introduce la triada como valor fundante de su teoría de los signos. Pág. 212: LA TRIADA EN EL RAZONAMIENTO.
2. Me refiero con especial énfasis a Roberto Harari que sembró desde su gestión al frente del Centro de extensión psicoanalítica del Centro Cultural San Martin el germen de esta idea, y de otros cuya participación y su presencia alimentaron la interlocución en los diferentes Lacanoamericanos.
3. Notemos al pasar que puede ser digno de reflexión que Lacan en 1980 (el mismo de la inclusión del término “Lacanoamericanos”) es el de la disolución de la Escuela Freudiana de Paris.
 
 
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