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   Conceptos fundamentales del psicoanálisis

¿Qué es el síntoma?
  Por Luciano Lutereau
   
 
La noción de síntoma se encuentra en el corazón de la clínica psicoanalítica, en la medida en que éste no se define de forma objetivada (a través de la observación) ni como un “problema” a resolver, sino a partir de dos coordenadas fundamentales: a) por un lado, implica una toma de posición del sujeto respecto del padecimiento; b) por otro lado, ese padecimiento es irreductible frente a las soluciones cotidianas que se le puedan ofrecer (consejos de los amigos, familiares, etc.). Ambos aspectos de la clínica del síntoma se encuentran en una célebre definición freudiana de la “Conferencia 23º”:

“Los síntomas […] son actos perjudiciales o, al menos, inútiles para la vida en su conjunto; a menudo la persona se queja de que los realiza contra su voluntad, y conllevan displacer o sufrimiento para ella. Su principal perjuicio consiste en el gasto anímico que ellos mismos cuestan y, además, en el que se necesita para combatirlos […] estos dos costos pueden traer como consecuencia un extraordinario empobrecimiento de la persona…”

En función de esta referencia, a la doble consideración mencionada –que destaca la posición así como el costo del padecimiento– cabe agregar un tercer elemento: el síntoma es un “acto”. Es cierto que quizá puede ser un acto cobarde o irresuelto –como el que orienta el padecimiento de muchos sujetos, de acuerdo con lo que Freud llamaba “política del avestruz”–, pero no por eso deja de haber una participación del ser íntimo de quien sufre en aquello que lo “empobrece”. Dicho de otro modo, la respuesta al síntoma –al menos desde el psicoanálisis– está fundada en la ética que Freud descubrió cuando sostuvo que las enfermedades eran un desgarramiento del ser moral (como suele recordar Gabriel Lombardi): si la respuesta al síntoma no puede estar más que en una revisión de las coordenadas sintomáticas –eso que suele llamarse “división subjetiva”– es porque el síntoma ya es una respuesta o, como sostuviera Freud incluso respecto del delirio, un “intento de curación”.

Sin embargo, a pesar de este lineamiento general, la definición de síntoma no es unívoca. Desde un punto de vista teórico pueden ofrecerse diferentes versiones de una misma noción; así, por ejemplo, en la obra freudiana cabe recordar la concepción del síntoma en el caso Dora como expresión de fantasías inconscientes, mientras que en Inhibición, síntoma y angustia –de acuerdo con una comparación entre el pequeño Hans y el Hombre de los lobos– se enfatizara el carácter de sustitución de la formación sintomática. Por esta vía, podrían proponerse diferentes definiciones metapsicológicas del síntoma. Sin embargo, es importante advertir que esta diversidad no pluraliza la orientación clínica: tanto en el caso Dora –donde fuera presentado en términos de “cuerpo extraño” en la vida psíquica– como en Inhibición, síntoma y angustia –donde destacara su “extra-territorialidad”–, Freud subraya el carácter intrusivo del síntoma, rasgo que remite nuevamente a los dos aspectos que mencionamos con anterioridad: el síntoma es el resultado de un conflicto y una forma de satisfacción. En definitiva, quizá no haya mejor modo de resumir esta doble vía del síntoma que recordar esa sentencia de Freud que expresa que el síntoma es “la práctica sexual de los enfermos”.

Desde el punto de vista de la enseñanza de Lacan, este factor conflictivo que subtiende al síntoma tiene un nombre específico: sujeto. Una aprehensión canónica de este término se expresa a través de la definición del significante –lo que representa un sujeto para otro significante– y permite precisar dos cuestiones. Por un lado, que el sujeto es, en principio, efecto de la división por el significante; por lo tanto, esta definición requiere de la participación del decir (de la división entre lo que se quiere decir y lo que se dice, entre lo dicho y lo escuchado, etc.). Por otro lado, que el psicoanálisis bien pueda formalizar una teoría de la sujeción inconsciente, no quiere decir que haya un concepto de subjetividad que pueda desprenderse de esta práctica.

Esta doble consideración es especialmente relevante cuando nos proponemos interrogar la situación de lo que actualmente se llama nuevas formas de síntomas. ¿Se trata de nuevos sujetos? ¿Es posible interrogar estas formaciones en función de los cambios de la época, etc.? Sin duda que es posible, aunque quizá sea poco valioso para la clínica psicoanalítica. En todo caso, más interesante sería preguntarse hasta qué punto podría hablarse de síntomas en estos casos. Dos observaciones salen al encuentro cuando pensamos en casos de este orden: la dificultad para la puesta en marcha del dispositivo –por ejemplo, en el obstáculo (del analista) para hacer cumplir la regla fundamental–, el carácter inasible de localización de algún punto de división subjetiva. Sin embargo, no implican estas observaciones que se trate de casos “inanalizables” o de nuevos síntomas (resistentes al psicoanálisis). Consideramos que, con mayor precisión, cabría hablar de nuevas formas de presentación del padecimiento, que no se afincan en la posición sintomática propicia para la clínica psicoanalítica.

Por lo demás, caben aquí dos aclaraciones suplementarias: en primer lugar, esta supuesta “novedad” podría no ser tan “nueva”, en la medida en que ya Freud había destacado que muchas veces la histeria se presenta a través de la “actuación”, y no hay más que recordar –una vez más– el caso Dora para reconocer que no fuera el síntoma lo que motivó la consulta con un analista. En efecto, podría decirse que ésta es una constante en toda la casuística freudiana, de ahí que siempre resulte banal la pretensión de una clínica freudiana que hoy se nos presentaría como inactual, como si la puesta en forma del síntoma no fuera aquello en lo que Freud demostró su constante actualidad. En segundo lugar, si no son las coordenadas sintomáticas las que definen estas manifestaciones, ¿de qué modo podríamos nombrarlas? Quizá el término “fenómeno” sea el más adecuado, en la medida en que su etimología –lo que se muestra– indica cierta coordenada convergente que no puede ser desestimada: en muchos de estos casos la presentación del padecimiento se encuentra articulada a situaciones de carácter mostrativo. He aquí, entonces, el tema de nuestra próxima entrega: el acting out.
 
 
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