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   Colaboración

JACQUES LACAN <> JACQUES A. MILLER
  Contrapunto
   
  Por Norberto Rabinovich
   
 
En este breve trabajo me propongo interrogar la interpretación, o más precisamente, las diferentes interpretaciones que hizo J. A. Miller de la obra de Lacan. Con el paso del tiempo Miller se convirtió en algo así como el representante oficial del maestro. Por supuesto que no lo es para el conjunto del movimiento lacaniano, pero sí para una inmensa cantidad de personas de otras disciplinas que se han interesado en el pensamiento de Lacan. Y fundamentalmente para una verdadera multitud de practicantes del psicoanálisis.

Aunque no considero legítimo atribuir un valor de verdad de su propuesta teórica, clínica o institucional, por estar anclada en una continuidad dinástica, el hecho que haya sido Lacan quien depositara en su yerno la confianza - aunque solo sea para el establecimiento de sus Escritos y seminarios- es un factor que, indudablemente, ha favorecido la influencia de la propuesta milleriana que muchas veces trasciende los límites del territorio de sus seguidores.

Como adelanté, me propongo interrogar el alcance, el valor y la concordancia armoniosa o no del contrapunto Lacan-Miller. Para ello, debo ante todo explicitar los límites de mi trabajo: no procuro abarcar el conjunto de la obra de Miller sino cernir mi examen a un solo texto, aquel que fue editado por primera vez por Paidós en el año 1998, con el título Los signos del goce1. Este es el libro en castellano que reúne las clases del seminario de Miller dictado en Paris durante el año 1986 y que llamó Ce qui failt insigne. Del conjunto de trabajos del autor a los que he accedido seleccioné éste ya que es el que me ha resultado más claro y sistemático en el desarrollo de sus ideas. También porque en ese año Miller introdujo algunas tesis teóricas y clínicas en la interpretación del pensamiento de Lacan de gigantesca envergadura, que conforman la plataforma teórica de su enseñanza posterior y la progresiva constitución del movimiento milleriano. Finalmente, seleccioné este texto porque ya lo había leído detenidamente, en ocasión de la redacción de mi libro El Nombre del Padre. Articulación entre la letra, la ley y el goce2 donde lo cité como modelo de una lectura de Lacan donde ese operador del Nombre del Padre deambula en el laberinto de una profunda confusión.

La tesis central de Los signos del goce es que Lacan, durante los últimos años de su enseñanza, particularmente a partir del Seminario Le Sinthome del año 1975, introdujo un giro de ciento ochenta grados en la conceptualización del síntoma analítico. Como no podría ser de otra manera, tal viraje teórico arrastró consigo, según Miller, una serie de cambios relativos a la articulación de los conceptos sobre los que el síntoma había sido construido, tales como el inconciente, el goce, el fantasma, el S1, el objeto “a”, etc. Se habría tratado de un verdadero “cambio de axiomática” que iría contramano de los primeros postulados de Lacan. Un cambio que el maestro nunca anunció como tal y por lo tanto su descubrimiento por parte de Miller incrementaría el mérito de este último- por haber sido el primero y único en revelarlo.

La trascendencia de las tesis presentadas en el libro fue anunciada como un acontecimiento decisivo en el psicoanálisis por su entorno. Así por ejemplo, Eric Laurent se expresó al año siguiente en términos de la novedad “novedad absoluta” que entregaba Los signos del goce:

“Para nosotros [el seminario Le Sinthome] hasta ahora era un enigma. Creo que solamente este año, por ejemplo, J. A. Miller, después de estos años de investigación sobre el tema, pudo presentar, en su curso de este año sobre “Lo que hace insignia”, la novedad absoluta de este seminario de Lacan. Presentar una nueva definición del síntoma no se puede entender si no se tiene en cuenta que, a partir de los años 70,…”.3

Ahora bien, la tarea que me propongo, se encuentra con la dificultad de que Miller apoya muy poco su lectura en enunciados puntuales de Lacan. La mayor parte de las veces cita la página del texto donde la extrajo pero no el texto, sin aclarar a que edición corresponde. Tampoco se apoya en observaciones clínicas, lo cual hace difícil comprender, a que tipo de fenómenos hace referencia cuando, por ejemplo, habla del síntoma y del fantasma.

Lacan, del mismo modo que criticaba a quienes se habían dedicado a enfrentar a Freud I con Freud II e incluso con Freud III destacando la coherencia interna de su pensamiento pese a las variaciones conceptuales, no expresó en ningún momento que sus avances teóricos o la invención de nuevos modelos, alteraran el orden de las razones de los desarrollos anteriores. Por el contrario, en varias oportunidades recalcó la continuidad de su pensamiento a lo largo de su obra. Sin embargo, reconozco la legitimidad del esfuerzo de Miller por localizar en la obra de Lacan resortes no advertidos por otros psicoanalistas e incluso por el mismo autor, tanto como de introducir en el psicoanálisis nuevos desarrollos, nuevas fórmulas y conceptos. Mi objetivo se limita a interrogar la coherencia lógica de su discurso y, simultáneamente, confrontarlo con el texto de Lacan. Intentaré, con espíritu spinoziano, tratar el contenido del libro ateniéndome a su lógica interna descartando cualquier explicación basada en razones de índole personal. Tampoco tomaré en cuenta las cuestiones institucionales o políticas del mundo del psicoanálisis como factores explicativos de su concepción teórica, aunque, como sucede siempre, unas vayan de la mano de las otras.

La tesis fundamental

El libro Signos del goce gira enteramente en la necesidad del autor por explicar por qué Lacan empalmó finalmente la estructura del síntoma con la categoría de goce. La novedad que anunciaría este seminario de Lacan es que el síntoma es una vía de goce, un modo de gozar de lo que viene del inconciente, puesto que anteriormente el goce habría sido presentado por Lacan separado del síntoma. Esta supuesta primicia la encuentra apoyada en la elaboración que hizo Lacan ese año del concepto de Sinthome, el cual – explicó Miller- implica una fusión entre síntoma y fantasma:

A partir del momento en que (Lacan) habla del symptome como Sinthome, deja de hablar de fantasma, es decir, que construye, como Sinthome un compuesto de symptome y fantasma. En otras palabras, incluye en la definición misma del síntoma el goce que implica. En ese sentido, hace del síntoma- he aquí la novedad- un modo del que cada uno goza del inconciente. 4

El planteo comprende dos operaciones: por un lado, la novedad de que el síntoma es un vehículo de goce y, por el otro, que dicho cambio conlleva la condición de que fantasma y síntoma conformen una sola estructura y compartan un mismo goce. Y afirma entonces:

Desde esta perspectiva Lacan procedió a un cuestionamiento de los fundamentos mismos de su enseñanza.5

Empezaré por interrogar las razones en que se apoya Miller para sostener que hubo un primer Lacan que presentaba al síntoma despojado de goce, porque allí encuentro la clave del hallazgo anunciado en Los signos del goce. La tesis de que síntoma y fantasma conforman una sola estructura, en cierto sentido muestra la honestidad intelectual de Miller, puesto que pone sobre la palestra la caducidad de algo que él mismo consideró como su primer aporte decisivo para comprender a Lacan. En Dos dimensiones clínicas; síntoma y fantasma publicado en castellano en 1984, adelantó lo siguiente:

El fantasma permanece aparte del resto del contenido de la neurosis. He aquí lo que yo retomo. Que el fantasma está en otro lugar distinto al resto de los síntomas… la experiencia analítica no es un campo unificado.”6

Tanto la distinción topológica de los lugares del síntoma y el fantasma, como de su función y su fenomenología fue efectivamente desarrollada por Lacan durante sus primeros seminarios y plasmada en el grafo del deseo. Pero, al decir de Miller, esa distinción clínica no había sido tomada en cuenta. No queda claro con quienes debatía Miller en el momento de diferenciar síntoma y fantasma, pero lo cierto es que Lacan nunca los había confundido. Sin detenerme en los argumentos esgrimidos por Miller para forjar el supuesto aporte de la distinción clínica entre síntoma y fantasma, quiero destacar una tesis de lectura de gran envergadura que incluye, un poco al pasar, en ese mismo texto recién citado:

Mi tesis este año, en mi curso, fue justamente que el fantasma fundamental corresponde a la represión originaria.7

En ese momento Miller estaba elaborando lo que a posteriori quedaría como su primera lectura de Lacan, o lo que definió el primer Lacan, y no había descubierto aún la mutación final. Sin embargo, la tesis recién mencionada establece anticipadamente una superposición de lugares, a nivel de los fundamentos, del síntoma y el fantasma. Al proponer el fantasma original en el lugar de lo reprimido originario, es preciso replantear la relación lógica ya establecida por Freud entre lo reprimido original, lo reprimido secundariamente, y el retorno sintomático de lo reprimido y reformulada por Lacan a partir del postulado de que el inconciente está estructurado como un lenguaje. Recordemos uno de los innumerables pasajes donde Lacan define la implicación entre la represión originaria y el síntoma.

Lo reprimido original es un significante y lo que se edifica por encima para constituir el síntoma podemos considerarlo como un andamiaje de significantes. 8

Este significante en singular, “un significante” remite a la categoría del Uno, el significante excepcional ubicado en el origen de la cadena inconciente. El síntoma no es lo reprimido, sino una composición significante que gira en torno a la repetición del Uno. Este Uno, como veremos, es el gran problema con el que se enreda Miller.

Si ubicáramos, como propuso Miller, al fantasma fundamental en el lugar de lo originariamente reprimido, es decir, el fantasma fundamental en el lugar donde Lacan conjeturó el Nombre del Padre, salta a la vista que habría que redefinir aquello que retorna de lo reprimido. Deberíamos entender, por ejemplo, que las formaciones del inconciente son emisarias del fantasma fundamental, con lo cual se borrarían las diferencias entre síntoma y fantasma. No deja de intrigarme por qué Miller, al mismo tiempo que creía introducir una importante demarcación de la diferencia entre síntoma y fantasma, intercaló la tesis de su indistinción en el terreno de sus fundamentos. ¿No nos encontramos acaso ante una premisa del pensamiento de Miller que lo empujaba a alcanzar la meta de fusionar síntoma y fantasma, antes que lo enunciara como tal?


Este problema teórico quedó flotando hasta que unos años más tarde Miller, en Los signos del goce dio su repuesta definitiva:

Al final de su enseñanza, Lacan propone el término sinthome, que engloba síntoma y fantasma.9

Retomo ahora la premisa de lectura de Miller por la cual el primer Lacan (que en verdad abarca aproximadamente el 90% de su producción total) no había mezclado al síntoma con el goce. Pongo en contrapunto las dos voces:

Mientras que la primera axiomática implica una definición del síntoma a partir del deseo –del deseo del Otro, siempre del Otro- esta versa sobre el síntoma determinado a partir del goce.
Antes, sin duda podía mencionarse el goce del síntoma, pero no es lo mismo a partir de él como termino axiomático que del sujeto tachado de la palabra…..Se trata por supuesto de otro punto de vista, de otra perspectiva.
10

En ningún lugar aclara de qué orden eran las primeras menciones de Lacan acerca del goce del síntoma, y como veremos, no entran para Miller en los fundamentos dados por Lacan acerca de ese goce. Tomo ahora uno de los incontables pasajes del supuesto primer Lacan, en el seminario de La Angustia donde explicita la dimensión del goce del síntoma:

Pues, demasiado se lo olvida, lo que descubrimos en el síntoma, en su esencia, no es llamado, dije, al Otro, no es lo que muestra al Otro, {es} que el síntoma en su naturaleza es goce, no lo olviden, goce encubierto, sin duda, untergebliebene Befriedigung. El síntoma, no tiene necesidad de ustedes como el acting-out, él se basta. Es del orden de lo que les he enseñado a distinguir del deseo, como siendo el goce, es decir que él va hacia la Cosa habiendo pasado la barrera del Bien, referencia a mi seminario sobre la Ética, es decir, del principio del placer, y es por eso que este goce puede traducirse por un Unlust. Todo esto, no soy yo, no solamente quien lo inventa, sino que no soy yo quien lo articula, esto está dicho en estos propios términos en Freud, Unlust, displacer, para los que todavía no escucharon el término en alemán.11

Al parecer, Miller había engrosado inicialmente las filas de quienes “olvidan” la conjunción, absolutamente decisiva en su explicación del inconciente, entre el significante y el goce. A partir de esta cita, estoy en condiciones de sostener que cuando el Miller de Los signos del goce atribuye al primer Lacan, entre otras cosas, la separación entre síntoma y goce, no se trata de la posición de Lacan sino de la lectura que había hecho inicialmente Miller de la misma. Y, por lo que podemos constatar, no había entendido mucho. Por consiguiente, cuando el autor de Los signos del goce menciona al “primer Lacan”, cabe entender que se trata del “primer Miller”. Nada nos asegura que el “segundo Miller” haya encontrado una correcta interpretación de los últimos seminarios de Lacan.

El pasaje mencionado del seminario de La Angustia contiene varias afirmaciones que paso a resumir. La primera es que define al síntoma en el orden de la realización del goce. La segunda: ese goce del síntoma “va hacia la Cosa”, la Cosa de goce que luego llevara el nombre de objeto “a”. Es decir que emparenta el goce del síntoma con lo real de goce pulsional. La tercera es que el goce que realiza el síntoma es alcanzado más allá del Principio del Placer, en consonancia con la pulsión que Freud llamó de muerte. Finalmente, por esa misma razón, que se trata de un goce traumático que se experimenta como displacer. Ahora bien, pretender atribuirle a Lacan que alguna vez concibió al síntoma como un fenómeno limpio de goce, implica, necesariamente, sostener que Lacan no había entendido a Freud, o por lo menos que había tomado otro rumbo. Es posible afirmar lo anterior en tanto hay dos postulados básicos que Freud afirma sobre el síntoma:

1. que se trata del retorno de una representación reprimida y
2. que el síntoma constituye una satisfacción sustitutiva de la pulsión.

El ABC de la concepción freudiana de todas las formaciones del inconciente -incluyendo al síntoma neurótico clásico- es que constituyen un modo alternativo (alternativo a la descarga directa) de dar satisfacción a la pulsión. El síntoma implica, en última instancia, un proceso de descarga pulsional. Esta descarga no se produce, explicó Freud, sino por intermedio del representante psíquico de la pulsión, inscripto en el campo de lo reprimido y sometido a la ley que rige los procesos primarios. La inscripción psíquica de la pulsión es lo que retorna en el síntoma y aporta de ese modo una satisfacción específica al sujeto. La idea que el sujeto goza con su síntoma forma parte de la esencia del descubrimiento freudiano. ¿Sostuvo Lacan esta continuidad entre el goce pulsional y el goce del síntoma? Por supuesto que sí, aunque introduciendo significativas rectificaciones conceptuales como la recién mencionada acerca del estatuto de la pulsión. De hecho afirmó que:

El síntoma es el retorno por vía de sustitución significante de lo que está al cabo de la Trieb, de la pulsión, como su fin.12

Lacan mantuvo la explicación freudiana de que el síntoma era un vehículo de la pulsión, pero no que era sexual. La pulsión, la única que Lacan llamó así, está lejos de realizar un fin sexual. En sentido estricto la pulsión en Lacan repite un goce “a-sexual”, más allá del Principio del Placer. Subrayo este punto, porque si lo pasamos por alto, la definición del goce del síntoma como goce sexual nos llevaría entenderlo en función de la lógica del Principio del Placer.

¿Cómo podemos explicar que el discípulo omitiera el enunciado citado, de carácter por demás categórico? Es que Miller establecía una línea divisoria y excluyente entre la estructura del significante y lo real. Su razonamiento fue que si el síntoma es una estructura significante, entonces el goce va por otro lado. Esto es lo que había entendido Miller antes del gran viraje. Evidentemente había pasado por encima de una de las categorías lacanianas más importantes para explicar el anclaje del inconciente en lo real. A este concepto Lacan lo denominó de diversas formas pero giró siempre en torno a la noción de “significante del goce” o del “significante en lo real”. Este referente teórico esencial donde confluyen el goce, lo real y el significante, concierne precisamente a su modo de explicar la noción freudiana de la represión originaria. Volveré más adelante sobre este punto clave.

El automatismo de repetición

A fin de no perder la brújula del derrotero de Lacan, me detengo en el concepto “repetición significante” que introdujo en sus primeros seminarios y está ampliamente desarrollado en el Escrito de La carta robada. Hasta aquí he empleado de manera indistinta los términos retorno y repetición de un significante, para definir el mecanismo del síntoma. En verdad, el vocablo -que tiene en Freud un valor conceptual y no solo descriptivo- es repetición, traducción habitual de la palabra alemana Wieder. La Wiederholung, la compulsión repetitiva, fue un término tempranamente asilado por Freud para definir el conjunto de fenómenos que caracterizan a las manifestaciones del inconciente. El modo freudiano de definir al síntoma es Wierderkeher des Verdrengten que cabría traducir como repetición de lo reprimido. Se trata de la misma tendencia a la repetición que Freud supuso en la base de la satisfacción de la pulsión sexual, en tanto que ella apunta a reencontrar -es decir a repetir- una primera experiencia de satisfacción –Wiederzufinden-. Finalmente, a partir del 20, Freud designó con la palabra Wiederholunszvang – tendencia compulsiva de repetición- el elemento constituyente más radical de todo empuje pulsional a la descarga, cuyo origen y puntos de retorno se sitúan “más allá del Principio del Placer”.

La conceptualización hecha por Lacan del fenómeno de repetición es absolutamente determinante para comprender su retorno a Freud. Lacan incluye todas las formas en que se manifiesta la repetición bajo la categoría de lo real. Por eso es decisivo poder identificar y distinguir los fenómenos de repetición de cualquier otro tipo de fenómenos. La causa de la repetición, explica Lacan, es lo real y lo que se repite también es algo real, aunque venga disfrazado de imágenes y sentidos. En la repetición, siempre, está implicado lo real… más allá del principio del placer. Y como acabo de referir, no es privilegio de la pulsión; el síntoma es también un camino de acceso a ese goce por fuera del principio del placer. En consecuencia, si el síntoma fue incluido por Lacan en el campo de la repetición del goce es porque el inconciente, esa estructura significante, está anclado en lo real. Esta deducción -que Miller encontró como novedosa en el seminario Le sinthome- está desplegada a lo largo de toda la obra de Lacan. Dice así:

Mi tesis es que, al introducir una nueva escritura para el concepto de síntoma, Lacan exhibe el esfuerzo por escribir al mismo tiempo y de un solo trazo el significante y el goce.13

El error de la lectura del primer Miller, insisto, es haber entendido que el significante, por pertenecer al registro simbólico, no podía al mismo tiempo participar de lo real, y por lo tanto, se encontraba imposibilitado de erigirse en referente de goce. A fin de subrayar la importancia que tuvo a nivel conceptual la repetición significante del goce cito ahora otro pasaje de Lacan, esta vez del Seminario XVII, donde retoma y resume su perspectiva desarrollada durante los años anteriores.

La repetición. ¿Qué es la repetición? Leamos su texto [Más allá del Principio del Placer]: veamos lo que articula: lo que necesita la repetición, es el goce, el término está designado en sentido propio. Es en tanto que hay búsqueda de goce en tanto que repetición que se produce lo que está en juego en ese paso, el salto freudiano, que ese algo que nos interesa como repetición y que se inscribe en una dialéctica del goce, es propiamente lo que va contra la vida.
….
Ahora viene lo que aporta Lacan: esta repetición, está identificación del goce, y acá tomo prestada, para darle un sentido que no está puntuado en el texto de Freud, la función del rasgo unario, es decir la forma más simple de marca, es decir lo que propiamente es el origen del significante. .14

La frase “Ahora viene lo que dice Lacan” no remite al seminario que estaba dictando en ese momento. El “ahora” designa el tiempo del retorno de Lacan a Freud, y esta vez es Lacan quien aclara que con eso introdujo algo nuevo, algo que no fue explicado así por Freud: la función del Significante Uno –el Nombre del Padre- articulado al campo de la Wiederholungsvang. La repetición del goce articulada en la repetición significante, de vieja data en Lacan, es el punto pivote de un supuesto cambio de axioma del último Lacan que Miller se propone desentrañar.

Ciertamente el síntoma está articulado a partir de una estructura significante. ¿Cómo pensamos el goce que está capturado allí? 15

El inconciente y el sentido.

Si antes nuestro punto de partida era el sujeto, ahora lo es el goce, que está en el otro extremo.16

Esta cita nos permite ver el esfuerzo de Miller por redefinir la Spaltung del sujeto una vez que se confrontó con la categoría del significante del goce. La separación entre el significante y lo real, es solo parcialmente correcta, porque el significante del goce funciona como embriague entre ambos. La división del sujeto que propuso Lacan, nunca fue entre el significante y lo real. Su primera enseñanza estribó en destacar la necesidad de separar dentro de la estructura del significante, lo que concierne al sentido y lo que corresponde a su composición material, fonemática, despojada de sentido. Esta última es, precisamente, la que brinda apoyo al inconciente en lo real en tanto excluido del campo del saber. El estatuto de los significantes reprimidos fue definido por Lacan como estructura de borde entre lo simbólico y lo real, pero no por fuera del lenguaje. Una cita de Lacan del año 1977, que recoge y reafirma este principio planteado desde sus inicios indica claramente como explicó la división del sujeto:

Pero esto quiere decir al mismo tiempo, y eso es lo que he tratado de borronear en el grafo que produje en los viejos tiempos - yo he escrito el significante de que el Otro no existe, así, S(A/). Pero al Otro en cuestión, hay que llamarlo por su nombre, el Otro, es el sentido, es el Otro-que-lo-real.17

Subrayo lo esencial de este pasaje: ese Otro que resulta barrado por el mensaje del inconciente, remite a la categoría del Otro imaginario donde el sujeto supone el saber como ya sabido. No es el Otro definido a veces como equivalente a la estructura del lenguaje.

Hay tres referentes para explicar el síntoma. El primero, la Cosa de goce, “a”, producto caído de la trama significante, que instaura y soporta el registro de lo real en el sujeto. Es la causa última que motoriza el automatismo de repetición que siempre es del orden de lo real. La pulsión es su primer medio de transporte. En segundo lugar, el significante Uno, operador significante del sin sentido del lenguaje, lo real del lenguaje, punto de partida de la repetición significante. El tercero de esta serie corresponde a los efectos de retorno, de irrupción de lo real en la superficie del Otro, engendrando allí fisuras traumáticas. En el grafo del deseo, Lacan escribió dos matemas hermanados a la repetición de lo real de goce: la pulsión, S/<>D, y, con un solo matema la amplia gama de formaciones del inconciente, S(A/). El primer Miller lo había entendido de manera muy diferente y, cuando se confrontó con la conjunción del significante con lo real, creyó que Lacan había virado ciento ochenta grados.

¿Y el síntoma? Cuál es el cambio de axiomática que realiza Lacan respecto al síntoma en la época del grafo del deseo? En aquel momento el axioma de Lacan era definir al síntoma a partir del sentido. Y para resumir, el cambio de axiomática de su última enseñanza, basta indicar que lo define a partir de lo real.18

Si inicialmente Miller no pudo advertir que el inconciente era del orden de la existencia significante en lo real, significa que entendió que el inconciente pertenecía al campo imaginario. ¿Estoy deshonrando la lectura del primer Miller?

No sé si notan que la perspectiva, el drama esencial de la última enseñanza de Lacan es la discusión sobre el estatuto imaginario del inconciente. Lacan no considera que esté resuelto. 19

Si un alumno universitario, cursando Lacan I escribiera en su examen que antes del viraje de los 70, Lacan teorizó el estatuto del inconciente en el registro imaginario, sin duda, merecería ser reprobado. A menos que sea alumno de una cátedra del mismo Miller.

De modo que para definir el estatuto del inconciente que no sea imaginario la histeria no nos es de ninguna ayuda. Debemos recurrir a la psicosis, cuyo síntoma se inscribe en lo real.20

Si el inconciente es concebido a nivel de los efectos de significado, resulta que el significante reprimido estaría acuñado en el inconciente como un sentido. Aunque a cualquier lector crítico, le resulte absurda esta deducción, es la que Miller nos presenta como habiendo sido la del primer Lacan. ¿Qué podría resultar de su segunda lectura de la obra de Lacan, cuando aquello que cuestiona de la primera fue tan mal comprendido?

El grafo de la división del sujeto.


Sostener que el inconciente esté anudado a la repetición de lo real no lo exime de pertenecer al registro de lo simbólico y estar estructurado como un lenguaje. Hay algo en la naturaleza del significante que participa de lo real, algo que circunscribe en lo simbólico, un agujero, algo que se hurta al saber, algo que está por fuera del campo semántico del lenguaje, algo que no entra en lo imaginario del ser hablante. Sobre esta propiedad del signo lingüístico, Lacan definió el inconciente estructurado a nivel de la letra y fuente de la equivocidad irreducible de todo lo que se amasa como saber. En cuanto a la nomenclatura, designó de muchas maneras el elemento clave de esta función asemántica del lenguaje. Empezando con la de un significante primordial, el Nombre del Padre, que adquiere luego la notación S1. A partir de que “existe al menos Uno”, correlato conceptual de la represión originaria, se instituye el conjunto de los significantes “reprimidos secundariamente”, es decir, fuera del registro del saber. Cada uno de los elementos del conjunto que funda el Uno - o sea, la cadena significante inconciente- también son los escribe Lacan con el matema S1. De donde la simplicidad de indicar la división freudiana entre el sistema inconciente y el preconsciente, con los matemas S1 y S2.

Pido disculpas al lector de estas líneas por detenerme en una recapitulación de estos principios tan básicos de la enseñanza de Lacan, pero lo hago porque el manojo de desarreglos y complicaciones que ha introducido Miller al respecto tiñó de confusión las entrañas mismas de dicha enseñanza. Nada, absolutamente nada, de las tesis de Ce qui fait insigne puede ser entendido sin tener presente que Miller sitúa su punto de Arquímedes para mover el mundo lacaniano, en el tardío reconocimiento de la función del Nombre del Padre como embrague entre el lenguaje y lo real. Dejo para más adelante el interrogar también al Otro Lacan, al que nació de la pluma de Miller, cuando éste incluyó en su consideración algo tan fundamental que, sin lugar a dudas, había leído pero al mismo tiempo ignorado.

Para volver a constatar el argumento de la precocidad de Lacan en formular el empalme entre inconciente y goce me remitiré en principio al grafo del deseo, tal como fue elaborado a lo largo del quinto seminario. Este grafo apunta a situar la división del sujeto establecida por Freud en una composición topológica relativamente sencilla:

…siempre hay una Spaltung, es decir siempre hay dos líneas en las que el sujeto se constituye.
21

La siguiente cita de la página 349, del texto del seminario de Las formaciones del inconciente establecido por Miller anuncia la primera presentación completa de dicho grafo, tal como lo presentó también en el Escrito La subversión del sujeto… .

Esa distancia, esa Spaltung, se encuentra aquí reflejada en la construcción de este pequeño esquema que les propongo hoy por primera vez en la pizarra. 22



El Inconciente se encuentra representado en la línea horizontal superior, y, en torno a la línea central inferior, aparece el conjunto de subestructuras y funciones relativas a los efectos imaginarios que engendra la alienación del sujeto al mundo del lenguaje. En cuanto a lo que Freud designa como función de la conciencia, encuentra su representación en la línea en forma de pera -que Lacan llamó la línea del discurso-.

Lo primero que salta a la vista es la palabra Goce sobre el vector superior. En la página 400 de Los signos del goce Miller transcribe otra versión casi igual del mismo grafo, pero en el lugar donde estaba escrito Goce, figura ф, el significante Falo. Comprobamos pues, la equivalencia entre una función del significante que llama Falo y una categoría que nombra Goce. En la página 335 de La subversión del sujeto…23, Lacan nombro al ф como el “significante del goce”. Suficiente para advertir que no es de los años 70 el axioma lacaniano que liga el goce al significante. ¿Cómo no reconocer en los dos vectores horizontales dos pisos diferentes del significante? Se trata de los efectos del significante en la constitución del sujeto dividido que con el tiempo Lacan redefinió definió como “efectos de escritura” y “efectos de significado”. Sin embargo, el primer Miller había entendido que los dos pisos dividían, por un lado al significante, y por el otro, a lo real desanudado del significante.

La formalización topológica tiene la ventaja de permitirnos localizar la articulación lógica de los conceptos sin entender acabadamente sus implicaciones teóricas. De este modo, podemos constatar que, en la perspectiva de Lacan, la mitad del sujeto que representa la cadena significante inconciente está articulada con la función del goce. Pero hay además algo más difícil de entender después que hubiera crecido tanto arbusto alrededor: sobre la misma línea del inconciente y en una posición equidistante a la del Falo, Lacan escribió del lado derecho, la palabra Castración. Por el momento, solo subrayo este punto, para que no se olvide, esta correlación en un mismo nivel entre el Goce y la Castración o entre el significante Falo y la Castración.

Lacan escribió en el mismo lugar del grafo ф y goce. Pero, ¿cual de las múltiples vertientes del goce especifica la letra ф? Descartamos que sea, como podría deducirse erróneamente, cualquiera de las modalidades del goce fálico, por una sencilla razón: si sobre el mismo vector, Lacan agregó la palabra Castración, la letra Fi no podría representar al mismo tiempo el goce fálico y algo que hace fallar al goce fálico. El goce fálico es imaginario y se explaya en el piso inferior del grafo. Dijo Lacan:

El goce fálico es aquel que aportan, en suma los semas. 24

La función fálica se corresponde a la función semántica del significante y el significante ф constituye la excepción.

(…) el ф, que como significante es su soporte [del sujeto barrado] el cual se encarna igualmente en el S1 que, entre todos los significantes, es el significante del cual no hay significado, y que, en lo que toca al sentido, simboliza su fracaso. 25

En las páginas siguientes subraya la equivalencia lógica y topológica del significante Falo y su matema del significante maitre donde encontramos el siguiente comentario.

Pienso que aún tienen el recuerdo del rumor que logré inducir la última vez designando a este significante, S1, como significante del goce.26

La puntuación de Lacan es suficientemente clara en lo que concierne a tocar un punto sensible a las almas bellas. Manteniendo la misma perspectiva, aclaró en el Seminario XXIII:

Esta letra Ф sitúa las relaciones de lo que llamaré una función de fonación ― esa es la esencia del Ф, contrariamente a lo que se cree ―…27

La función de fonación aísla aquello que, en la estructura del significante, es estrictamente asemántico. Dicho de otro modo, aísla la instancia de la letra en el lenguaje.

Volviendo a la cuestión del goce que especifica este significante Falo, no podría sino estar incluido dentro de los “procesos primarios” del inconciente que Freud describió sin contar con la categoría del significante ni de lo real. Todo esto nos permite concluir que la línea superior designa el vector de la existencia de lo real, y resulta un anticipo de la elaboración de la cuarta cuerda del nudo borromeo, llamada la cuerda del Sinthome.




1 J.A. Miller. Los signos del goce. Ed. Paidós S.A.I.C.F. Argentina. 1998.
2 Norberto Rabinovich. El Nombre del Padre. Articulación entre la letra, la ley y el goce. Ediciones Psicolibro, Argentina. 3° edición (al público a partir de abril 2013).
3 Eric Laurent .Estabilizaciones en las psicosis Ed.Manantial.1989. Argentina. Pág. 19
4 J.A. Miller, Los signos del goce. Edit. Paidós SAICIF. Buenos Aires, Argentina 1998. Pág. 235.
5 Ibíd. p. 259
6 J.A. Miller, Dos dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma. Ediciones Manantial. Buenos Aires, 1984.Pag 20.
7 J.A. Miller, Dos dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma. Ibid. op.cit. P, 23
8 Lacan, J., Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales, Argentina, Paidós, 1991, p.183.
9 J.A. Miller Los signos del goce, op.cit. p. 252
10 Ibid. Op. p. 341
11 J. Lacan. Seminario X, La angustia (1962-1963). Traducción: R.R.Ponte– Clase 9 (23-01-1963). Pag.15

12 Jacques Lacan. La ética del psicoanálisis. Seminario VII (1959-1960). Buenos Aires: Paidós; 1997. Clase Nro 8 (20-01-1960). Pág. 136

13 J.A. Miller. Los signos del goce, op.cit. p.241
14 J.Lacan, Seminario XVII El reverso del psicoanálisis. Argentina, Paidós, 1992, p 49.
15 J.A. Miller Los signos del goce, op.cit. p. 252
16 Ibid.. p. 341.
17 Lacan, J. Seminario 24. L’ insu que sait de l’ une-bevue s’ aile a mourre. Clase 5. 8 de Marzo de 1977. texto establecido por J.-A. Miller en Ornicar?, 16 . Trad. R.R. Ponte Circ. Int. EFBA
18 J.A. Miller Los signos del goce, op.cit.. p,338
19 Ibíd., p. 439
20 Ibíd..,p. 413
21 Lacan, J. Seminario V. Las formaciones del inconciente. Buenos Aires, Paidós, 1999, p, 402
22 Ibid, p. 349
23 Lacan, J. Escritos II. La subversión del sujeto y la dialéctica del deseo en el inconciente freudiano. Siglo XXI. 1971. México. Pág. 335.
24 J. Lacan, Los no incautos yerran. Seminario XXI (1976-77). Trad. Irene Agoff y Evaristo Ramos. Circulación interna de la EFBA. Clase Nº 15,del 11/6/ 74.
25 Lacan, J. Seminario XX, Aún. Argentina, Paidos, p. 97
26 Ibíd.,p. 113
27 Lacan, J. Seminario XXIII. El sinthoma, Clase 9 16/3/76. Trad. R.R.Ponte. p. 10. Circ.Int. EFBA
 
 
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