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Acefalía psíquica. Tratamiento de las adicciones
  Por Federico E. Padilla
   
 
Las adicciones son un recurso sádico de defensa del sujeto, que genera un goce marcando el camino hacia la compulsión; la droga funciona como montaje que sostiene el reconocimiento yoico, un suplemento imaginario, funcionando como "prótesis narcisista", que trata de sellar la hiancia que existe entre el yo real y el yo ideal. En el sujeto de las toxicomanías el lugar donde opera la ley esta vacío, vació de significante que haga corte, el objetivo terapéutico es generar un imperativo que se situé mas allá de la “voluntad” del sujeto, inscribe un mandato. El lugar del Otro debe ser encarnado por una Ley, sin importar sus semblantes, podrá ser “Dios”, un ser querido (vivo o muerto), una institución, un grupo de personas, pero en definitiva son valores y normas que van de lo explicito a lo implícito, por un proceso de internalización, mediante un mediador, que se sitúa como portador del “poder superior”, (superior al “yo”). Su finalidad es la de hacer cumplir la norma; en las adicciones el déficit de la función paterna es un déficit identificatorio, pero no es la autoridad en si misma la que ayuda a la constitución del yo sino la devenida dialéctica identificatoria, es decir una autoridad afectivizada, debido a que los límites deben venir cubiertos de significantes de “cuidado” y “amor”, así marcaran un ideal. En el caso de que se produzca un déficit en dicho nivel, aparecerá un ideal poco idealista, (un yo real que se funde, mediante la droga, con un ideal alucinatorio; y un narcisismo que se eleva por las nubes), no hay lugar entonces a un impulso, un deseo, solo un Ideal empobrecido que nos encamina a la desaparición del ser, pero una droga que funciona como constante tapón, porque aquella desaparición se le presenta como un agujero en sus representaciones, de si mismo, en donde la angustia se hace presente y ahí es donde ancla su ser en la droga, en un estilo de vida: ser un drogadicto, es ser algo.

No debemos anular ninguna de las diferentes modalidades de tratamiento contra las adicciones, existen hoy en día una gran diversidad de lineamientos teóricos y prácticos debido a la particularidad de las toxicomanías. Podemos ver programas asistenciales como son las comunidades terapéuticas con su marcada institucionalidad a través de sus propias filosofías, normas y reglas, pero también vemos otras organizaciones que se valen de la “fe”, creencias y diferentes referentes como: entidades divinas, dioses o poderes superiores que no hacen mas que situarse allí, en el lugar de la Ley, sin importarnos sus mascaras sino su funcionalidad, función fundamental en la constitución del fantasma, ecuación propiciatoria de un marco referencial que venga a cubrir un vacío existencial (en el ser) reforzando un yo débil, un yo que “no puede solo”. En un primer momento se instaura un “como si” que es sostenido por un entorno, por una ley que funciona por fuera, pero su finalidad ultima es la internalizacion de la misma; y este es el proceso más difícil, es necesario para esto que la Ley funcione mas allá de las encarnaciones de la figura de autoridad que las hace cumplir, para que se logre la autonomía del paciente. En el tratamiento contra las adicciones no importa quien es el que instaura la ley, solo importa que alguien encarne dicho lugar. Y una de las puertas para encarnar aquel lugar es en la Transferencia, donde el lugar del analista, como menciona J. D. Nasio, es el Deseo del Analista1; y dicha encarnación es fundamental para tejer desde aquel privilegiado sitio las prohibiciones y límites necesarios, una puerta por la cual debemos acceder no sin dejar una marca que marque un camino, pero debido a esta acefalía psíquica propia de las adicciones, la falta de autoridad internalizada sin ley que opere, dificulta la tarea de encarnar una figura de autoridad, más bien debemos ayudar a constituirla, construirla, poniendo el cuerpo, porque pasaremos a ser blanco de la transferencia del paciente, que lucha contra la autoridad, la vulnera, la esquiva, la viola, la rompe y nuestra tarea es que llegue a cumplirla. Una vez encarnado el lugar, se debe pasar por un proceso de internalización, pero debemos saber para elevar la tolerancia a la frustración de los analistas que no en todos los casos es posible dicho proceso, en algunos casos es necesaria la constante figura encarnada de la ley, para no recaer y que el Ideal del yo termine siendo nuevamente un ideal destructivo, debido a la fragilidad del yo necesitan de una ortopedia que marque los límites. En otros casos la internalización es posible por medio de una figura que se sitúa a nivel del superyó, se internaliza la norma, conformando un imperativo y su independiente fuerza sancionaría. No debemos criticar o preenjuiciar que tipo de figura es internalizada en el proceso, su función es impedir el consumo, razón primera en el tratamiento contra las adicciones, importa la Ley y no su portador.

El superyó es el heredero del complejo de Edipo, de un “padre” que impuso sus prohibiciones, pero creer en un Dios o creer en un padre todopoderoso no tiene grandes diferencias, ninguna figura es más idiosincrática que la otra, lo importante es “ocupar el lugar”-“dar a lugar” y que no haya forclusión. Entonces podríamos decir que en las adicciones nuestro objetivo es que el superyó sea el heredero de un tratamiento que impone sus normas y reglas y “se vale” de las diferentes creencias que puede poseer cada adicto para vehiculizar la Ley, que va a imponer sus diques como el asco, la vergüenza y la moral, sus prohibiciones, para restar el goce tóxico, un mandato (ley) que acote el goce que demanda la pulsión descontrolada en la adicción, un pedido del cuerpo que no es mediatizado por la palabra, un organismo que demanda desde lo visceral un placer destructivo que tiene un alto riesgo, y justamente ahí es donde el tratamiento debe hacer algo con la falta de dicción, la falta de palabras, la a-dicción, ahí es donde debe donar las palabras para que puedan empezar a restar algo del goce del cuerpo, frenar aquel pedido desesperado del cuerpo por un pedido “hablado”. Las creencias no son más que grietas por donde el tratamiento contra las adicciones debe escurrirse (ver el estatuto de A.A. el lugar de “un poder supremo”).

Es importante saber también que los adictos, al poseer un yo débil, se valen de los otros para sostenerse en un proceso de identificación, por eso mismo es de gran importancia que la Ley (normas, reglas, filosofía) de cada institución atraviese también a los directivos y a todo el equipo profesional, debemos poner el cuerpo, porque justamente en ese atravesamiento institucional es donde el adicto va a comenzar a internalizar la norma.
Vygotsky considera que “la internalización hace referencia a un proceso de autoconstrucción y reconstrucción psíquica, a una serie de transformaciones progresivas internas, originadas en operaciones o actividades de orden externo, mediadas por signos y herramientas socialmente construidas… los procesos de interiorización son creadores de la personalidad, de la conciencia individual y social. Son procesos fundamentales para el desarrollo de los procesos psicológicos superiores en el que participan los instrumentos de mediación, especialmente el lenguaje.”2. Una operación que inicialmente representa una actividad externa, se construye y comienza a suceder interiormente. Un proceso interpersonal queda transformado en otro de carácter intrapersonal. La transformación de un proceso interpersonal en un proceso intrapersonal, es el resultado de una prolongada serie de sucesos evolutivos.

El fenómeno de la internalización es un proceso de autoformación “se constituye a partir de la apropiación gradual y progresiva de una gran diversidad de operaciones de carácter socio psicológico, conformado a partir de las interrelaciones sociales y en general de mediación cultural. En esta dinámica de operaciones, la cultura se va apropiando del mismo sujeto” 3 Este proceso de mediación cultural, de apropiación de la cultura al sujeto, es justamente la instauración de la ley, y en esa mediación es necesario un mediador con sus instrumentos de mediación, que haga del “exo-poder” un “endo-poder”, logrando así la apropiación, que no es más que una modificación en el del sujeto. Generando un progresivo control, regulación y dominio de sí mismo, conducta que se evidencia en el ámbito sociocultural.

Bibliografía
(1) Juan David Nasio, Como trabaja un psicoanalista, Editorial Paidós Buenos Aires 2010
(2) Vigostky, Lev. Enfoque Socio Cultural, Revista Educare, 2001
(3) Vigotsky, Lev. El desarrollo de los procesos psicológicos superiores, Crítica, Grijalbo, México, 1988
 
 
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