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   Los autismos

Dar muerte al psicoanálisis
  (a través del blanco del autismo)
   
  Por Cecilia Collazo
   
 
En los últimos tiempos las investigaciones teórico-clínicas sobre el autismo en el campo del psicoanálisis han avanzado arrojando resultados asombrosos. Según Eric Laurent y Jean Claude Maleval el autismo no se conceptualiza como la porción más regresiva dentro del campo de la psicosis, y por ello la orientación en la dirección de la cura se ve obligada a rotar hacia una posición distinta a la anterior, más calibrada a punto con las características que el autismo posee en sí mismo. Nos vemos obligados a distinguir a éste, de la psicosis, ante las evidencias clínicas que así lo muestran.
De esos estudios se descubre que el modelo que nos propone la geometría euclidiana ya no es apto para su comprensión, y que hay que acercarse a la topología como disciplina para asir sus principios básicos. Asirse de ella tal como lo propone Lacan en su última enseñanza.
El autismo entonces tiene sus rasgos propios, diferenciándose de la esquizofrenia y por tanto de la psicosis. Nos preguntamos en qué radica esa diferencia.

Si partimos de la lógica en juego en la relación que un parletre tiene con el vacío, podemos precisar que en la neurosis hay existencia de éste en tanto el mismo se encuentra negativizado, y por ello el neurótico tiende a velarlo con sus objetos más que con sus ropajes. En la psicosis ese vacío se muestra positivizado y entonces tiende a descompletarse, por ejemplo en el pasaje al acto. De ahí la frase tan conocida de Lacan que dice que el psicótico lleva a su objeto en el bolsillo.
En el autismo no hablamos de vacío sino de agujero. La constitución topológica del espacio nos brinda la posibilidad de acercarnos a los conceptos de borde y de objeto para estos niños. Y aquí merece la oportunidad agregar el lenguaje y sus vicisitudes específicas.
Vamos a definir cada uno de esos términos en su constitución autista.

Eric Laurent sitúa el retorno del goce en las diferentes modalidades psicóticas, y nos dice, que en la paranoia el retorno del goce se efectúa sobre el Otro, sobre el lazo; en la esquizofrenia éste se vuelca sobre el cuerpo, hay goce sobre el órgano del cuerpo; en la manía aquel se centra en el lenguaje produciendo la consecuente excitación motora. Y en el autismo el retorno de ese goce es en el borde. Esto hace que se presente y se muestre con sus propias características.
¿De qué hablamos cuando decimos borde para el autismo?
Si consideramos que topológicamente el niño autista no tiene agujero, no tiene un cuerpo conformado por agujeros que le den sentido, que lo historicen y lo descompletan de goce, se ve en la necesidad de armarse un borde que le dé una contención a esa nada, entonces que trace un borde armándose con él, un límite inventando un continente para ese contenido.
El goce retorna en el borde haciéndole de coraza, de caparazón en defensa del Otro o de los otros, de los estímulos externos.
Es su suplencia frente a la irrupción de goce amenazador a su existencia.
Es la invención del niño autista para arreglárselas con el goce masivo que se le presenta. Es la manera particular que tiene de trazar un límite, justamente de hacerse un borde con una fijeza y una dureza que le aporten cierta consistencia.
Podemos pensarlo en los términos de alienación y separación a la altura del Seminario 11, donde el autismo no entra ni siquiera en la alienación al Otro, quedándose por afuera de ella. El neurótico participa en ambas operaciones, es decir de la alienación y también de la separación. A diferencia del psicótico que si bien entra en la primera, nunca llega a la segunda, y por lo tanto no oficia en él la separación.

Ahora vamos a articular el borde definiendo el objeto autista. El objeto autista entonces no es el objeto para un psicótico; así como el cuerpo para el primero no se presenta de la misma manera que para el segundo.
Podemos definirlo así, en tanto no hay extracción del objeto a, entonces queda adherido a su objeto, uno que construye a su medida y que puede ser desde el estar pegado al cuerpo de otro, así como el utilizar objetos imaginarios que funcionen como tal. Ejemplos de ello son las revistas que trae al consultorio y con las que anda todo el día vaya a donde vaya y cuida adosadas a sus ropas; un muñeco; su propia mochila que no pude sacarse de su espalda. Ese objeto no es intercambiable, no puede reemplazarse por otro cualquiera, obtiene una fijeza que le permite hacerse un borde, que le funciona como armazón consistente para hacerle de parapeto al goce.
Podríamos pensar que gracias a ese objeto y a ese borde se arma un cuerpo que no tiene. Es por ello que si le quitamos el mismo, con ánimo de adaptarlo a conductas de niño que perteneciera al campo de la neurosis, irrumpe en crisis o en una especie de brote que lo desestructura. Por ello la dirección de la cura sobre él versa en el tratamiento con ese objeto en su propia modalidad, y no el desprenderlo del mismo.
Del lenguaje nos resta dar la definición de Lacan en la que los llamó “sujetos verbosos” y con ello nos estaba diciendo que no es que no tengan palabra o que no tengan lenguaje, si bien no son portadores de un discurso al modo de que haya un sujeto que se apropie de él, tampoco consideraba que porque algunos autistas no hablen es que no pasan por el lenguaje, sino que están llenos de palabra, atiborrados de ella, y que tal vez esa misma sea la causa por la que quitan palabra. Es insistencia de lo Uno, que golpea allí.
Entonces tanto la problemática de la sustancia del objeto, del borde al goce y del lenguaje en el autismo, son los elementos que fundan su aislamento al lazo social y sostienen un real autista.

Mucho se ha dicho sobre el tratamiento de diferentes terapias para el autismo en estos últimos años, ha habido aportes de las neurociencias, de las terapias cognitivas, y de los postulados del cientificismo. Tomando como punto de anclaje el ataque de esos discursos al tratamiento del autismo desde el psicoanálisis lacaniano y con ello llegando al corazón del psicoanálisis mismo.
Los postulados que aquellos sostienen sobre la base de lo medible y calculable en los individuos, llevan a la aplicación de una epidemiología con la consecuente evaluación del real en juego. Siendo esta ideología cientificista la que convierte al sujeto en un objeto a su medida.
Un objeto más entre otros, a los que es empujado a consumir a gozar, con el ofrecimiento de obtener “la felicidad” incluso la de los padres del niño autista. Es al decir de Laurent la época del objeto a en el cenit… y también la del imperativo de goce, “¡Goza Tú!”.

Entonces el individuo puede ser enviado a consumir fármacos que supuestamente le solucionarán el problema y ser adoctrinado por prácticas que lo adaptarán al medio y que suelen tener cierta eficacia, pero que omiten el detalle de ese real en juego. Así consumen y son consumidos en esa misma lógica, quedando cosificados en su calidad de objeto resto.
Los psicoanalistas de esta orientación han salido a defender con base en las investigaciones teórico-clínicas el tratamiento del autismo. Entre ellos escuchamos a Eric Laurent que nos describe La batalla del autismo en el campo del psicoanálisis o a Agné Aflaló que nos dice sobre El intento de asesinato del psicoanálisis en relación a la historia de la enmienda Accoyer en Francia, y a Jean Claude Maleval que nos solicita lo siguiente con el título de su libro ¡Escuchen a los autistas! Así cómo las actuaciones de Jacques-Alain Miller al respecto y de las que encontramos una perla en su curso “Piezas Sueltas” donde efectúa una crítica a las terapias cognitivas conductuales que se aprovechan de la ciencia para armar un libreto cerrado y supuestamente sin fallas.

Hace unos días se comunica conmigo la madre de un adolescente autista que hoy tiene dieciocho años. La misma ante el diagnóstico del niño a sus ocho años, hace una consulta oportuna y decide quedarse con la propuesta de las TCC. Hoy vuelve a llamarme sabiendo que soy analista y que esa es mi oferta. El relato de la mamá a la vuelta de tantos años de atención adaptativa es el siguiente, “Mi hijo es una máquina, un robotito, lo convirtieron en eso, nada de lo subjetivo hay en él”, “que sea una persona, y no una cosa”.
De aquellas investigaciones lacanianas se han podido extraer los conceptos de diferenciación del autismo respecto de la psicosis. Y así su especificidad, con la consiguiente descripción de su dirección de la cura, que escucha la esencia del autista.
El Gran As de Espadas de los psicoanalistas lacanianos es escuchar la subjetividad de cada quien, más allá de universales y de particulares que hagan a una clase. No se trata de educar, ni de enseñarles nada, no vamos por la vía de la cognición a la cura.

La clase, el clasificar, sólo calma el espíritu de quien clasifica, dado que el clasificador no puede tolerar a ese alguien paciente sin que sea ubicado bajo un nombre, un cliché que le dice dónde ponerlo, dónde encajarlo, en qué clase. Entonces recién allí puede con él.
Para el analista de la orientación de Lacan, la persona no es un objeto, es un sujeto, un parletre (para la última enseñanza) que se muestra en tanto real. Y si viene en calidad de objeto se trabajará para que advenga un sujeto allí.
En el autismo se propicia la producción “de lo que hace las veces” del sujeto del inconsciente, que es lo más humano que tiene ese niño o ese adulto, sin reducciones que lo traten como a una cosa.
Así pensamos la clínica en el autismo desde el psicoanálisis lacaniano como una apuesta sobre un real que se muestra en cada niño; quedando por fuera de cualquier competencia, dado que no hay medida al respecto.
Es un real que se aprecia en su singularidad más absoluta y con él se trabaja.

Quisiera concluir con las palabras de Eric Berenguer en relación al libro La Batalla del autismo de Eric Laurent, que ubica las coordenadas en juego sobre la actualidad de los tratamientos sobre el mismo. “El autismo es pues una demostración viva de que lo real más humano se encuentra más allá de cualquier reducción posible. No sólo encarna una objeción a las supuestas leyes de la ciencia, sino que también pone en crisis los intentos autoritarios de las burocracias sanitarias en su operación de control antidemocrático de las poblaciones, de naturaleza fundamentalmente biopolítica”. ??

Bibliografía
Aflaló, Agnés. El intento de asesinato del psicoanálisis. Grama Ediciones. Bs. As. 2011.
Collazo, Cecilia E. Psicosis y Autismo Infantil. Conceptos Fundamentales y Problemas Clínicos. Editorial Letra Viva. Bs.As. 2013.
Lacan, Jacques. Seminario Libro XI. “Los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Ediciones Paidós. Bs.As. 1987.
Laurent, Eric. La Batalla del Autismo. De la Clínica a la Política. Grama Ediciones. Bs.As. 2013.
Maleval, Jean Claude. ¡Escuchen a los Autistas! Grama Ediciones. Grama Ediciones. Bs.As. 2012.
Miller Jacques-Alain. Piezas Sueltas. Ediciones Paidós. Bs.As. 2013.
Tendlarz, Silvia Elena y Álvarez Bayon, Patricio. ¿Qué es el Autismo? Infancia y Psicoanálisis. Coleccion Diva. Bs.As. 2013.
 
 
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