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   Los autismos

Autismo y psicoanálisis
  Por María Julia Basso
   
 
Pensar en las incumbencias del psicoanálisis en lo que hace al tratamiento del autismo, nos lleva a indagar respecto de las particularidades que encontramos en la clínica de aquello que no se articula en un discurso. Precisamente, las manifestaciones que el autismo nos da a ver, patentizan muchas veces, “Eso” que no cesa de no inscribirse, de ahí que esta afección sea usualmente asociada a la clínica de lo real. Es en efecto, lo real de esta clínica, aquello que insistentemente nos interroga y nos conduce invariablemente al borde mismo de nuestro saber, al tiempo que nos desafía a una rigurosa puesta a punto en la investigación y formalización de nuestra práctica, sin olvidar que la misma ha sido instituida alrededor de un saber muy particular, el cual incluye en su esencia un saber no sabido, que es el del inconsciente.

Una primera apreciación nos permite colegir que los fenómenos que se presentan en este padecimiento no califican para ser considerados como “formaciones del inconsciente”, puesto que, para suponer un retorno de lo reprimido, hay que admitir primero una represión –Verdrängung– y, para que ésta ocurra, tiene que darse previamente, un momento lógico de admisión en el aparato anímico: aquello que Freud dio en llamar, la Bejahung primordial o afirmación primordial, y que Lacan hizo corresponder, al tiempo en que los significantes son inscriptos en lo simbólico.
Recordemos que en la constitución del aparato psíquico, Freud propone la “inclusión” dentro del yo y la “expulsión” fuera de él: todo lo que ha quedado incluido adentro tuvo que haber seguido el camino de la Bejahung, en tanto que lo que ha sido expulsado afuera tuvo que ser el resultado de una Ausstossung. Para Freud, esta polaridad originaria inclusión-expulsión, “… parece corresponder a la oposición de los dos grupos pulsionales que hemos supuesto. La afirmación –como sustituto de la unión–, pertenece al Eros y la ne­gación –sucesora de la expulsión– a la pulsión de destrucción”1.

El autismo nos incita a reflexionar entonces, respecto de la posibilidad de un “accidente” dado a nivel de esta operación primaria de inclusión-expulsión, suceso que deducimos, se correspondería con una frustrada entremezcla entre Eros y pulsión de muerte.
En mi libro, Una aproximación psicoanalítica al Autismo,2 procuré ubicar, dentro de la obra de Freud, algunos hitos que resultan esencia­les para pensar esta temática, intentando responder a muchos de los enigmas que emanan del autismo, a partir de nociones claves de la metapsicología freudia­na, tales como: libido, pulsión, autoerotismo, pro­cesos psíquicos de inscripción y retrascripción, narcisismo, identi­ficación, repetición, represión, etc. Si bien, en la vasta obra del maestro de Viena no aparece el concepto de autismo como entidad nosográfica, poder estudiar estas conceptualizaciones, considerando los puntos de vista tópico, dinámico y económico, puede acercarnos a una justa intelección de lo que en este padeci­miento acontece.

Incluso, a partir del estudio del Proyecto de psicología para neurólogos3, –obra considerada pre psicoanalítica–, es posible colegir las contingencias que podrían tener lugar en la constitución del aparato anímico en el autismo. En efecto, a la luz de las enunciaciones que el padre del Psicoanálisis nos presenta en este texto de 1895, puede inferirse que “… cantidades hiper­tróficas de energía provenientes del sistema ψ (impasadero), no conse­guirían ser vehiculizadas y éstas se encontrarían por tanto, anegando el aparato psíquico”4. Corresponde analizar la relación que todo esto guarda con esa función que Freud ha apreciado “en extremo importante”, la del “entendimiento” {Verstän­digung} o comunicación, la acción específica en manos del adulto auxi­liador, y la cancelación del estímulo, por ende, con la vivencia de satisfacción en cuanto tal.

Tomar en cuenta estas consideraciones –y otras que se desprenden del estudio de los textos metapsicológicos del Dr. Freud–, va a resultar esencial para aproximarnos al punto de funcionamiento psíquico del niño autista, en la medida en que las mismas cobren el valor de operadores que nos permitan pesquisar en qué momento lógico de estructuración psíquica se encuentra ese niño. ¿Pudo darse entre éste y el otro auxiliador la Verstän­digung o comunicación? ¿Qué ha sido de la vivencia de satisfacción? ¿Se ha efectivizado la Bejahung? ¿Ha conseguido el niño establecer una diferenciación yo/no-yo? ¿Pudo constituir el fort-da? ¿Qué caminos fue tomando la libido? ¿Se ha logrado trasponer libido narcisista en libido de objeto? ¿Ha alcanzado el niño a constituir un yo, en cuanto que instancia psíquica, o ha quedado “anclado” en el autoerotismo? ¿Acaso hizo una regresión a dicha fase arcaica? ¿Ha conseguido inhibir el principio de placer para dar lugar al relevo de éste, por el principio de realidad? ¿O acaso las mociones pulsionales continuaron siendo gobernadas por el proceso primario, sin haber conseguido trasmudar la energía de investidura libremente móvil, en investidura tónica? ¿Ha devenido un fenómeno de conciencia?, y esta última, ¿ha podido acoplarse a los órganos sensoriales? Finalmente, ¿ha logrado “dominar el estímulo” a través de procesos de inscripción y ligazón psíquica, o sólo intenta desembarazarse del mismo a través de la descarga?
Los esclarecimientos surgidos de tales planteos, no sólo cobran valor diagnóstico, sino que además nos llevan a reflexionar acerca de las especificidades que compor­ta nuestra práctica, frente a sujetos que se presentan, “no a través de un discurso, sino a tra­vés de una materialidad real-pulsional que no se articula en discurso”5. En base a dichas intelecciones podremos concebir nuestras estrategias clínicas, siempre apuntando al suje­to, incluso cuando se trate de un sujeto “aún no advenido al mundo representacional, por hallarse sumido en unas tareas que son primarias, en el arduo derrotero de su constitución psíquica. Estamos hablando de un sujeto que se halla absorto en el comprometido trabajo de dominar montos hipertróficos de estímulo endógeno, esto es, lo pulsional desligado que desborda” –dicho desborde pulsional ha de ser– “solidario de un fracaso temprano en el sistema de inscripción psíquica y retrascripción de las huellas mnémi­cas, sistema que Freud nos presenta, en su Carta 52, a Fliess”6.

Justamente, una particularidad que podemos hallar en el autismo, es que la regulación pulsional “no va a venir de la mano de la representación y la ligazón psíquica, sino que va a intentarse infructuosamente, a través de la descarga”7. Sin embargo esto no es óbice para atender a esta problemática desde el psicoanálisis, por el contrario nuestra disciplina constituye una instancia privilegiada desde la cual podemos estudiar en profundidad los modos particulares de satisfacción pulsional, siendo viable pensar al autismo como “la expresión de una des­mezcla pulsional e incluso en algunos casos, como la expresión de una mezcla pulsional no consumada, en la que Eros, desde un estado yo-ello indiferenciado, no conseguiría entramarse con la pul­sión de muerte, a fin de contrarrestarla, a través de una inscripción. La actividad de Eros, no obstante, se manifesta­ría constante, aunque infructuosa desde el punto de vista de la ligazón psíquica”8.
Los cuadros clínicos nacidos de tales coyunturas, mueven al analista a favorecer en dichos sujetos potenciales anudamientos, que permitan al­guna posibilidad de regulación y ligadura de eso pulsional que los desborda. Por cierto que la intervención analítica deberá admitir en estos casos, determinadas aquiescencias que la diferencian del modo de tratamiento que es propio en la neurosis: “En la clínica del autismo, el analista va a asumir una posición muy diferente a la de inter­pretar el discurso del sujeto, tal como lo hace en la neurosis, pues no ha­biendo significante que represente a esa dimensión puramente pulsio­nal que se da a ver, todo va a quedar reducido a una materialidad real, que se satisface de manera directa. El analista podrá ofrecerse enton­ces, como testigo de los actos que estos sujetos exhiben, en el marco de ese oscuro real. Pero a la vez será algo más que un testigo, siempre que propicie la posibilidad de un trabajo psíquico, por muy elemental que éste pudiera parecer”9.

Vemos en ello, esa dimensión clínica que el psicoanálisis suscita, la cual se distingue de cualquier otra alternativa terapéutica con fundamento psicoeducativo.
Al respecto, cabe reconocer que lo que el actual modelo médico privilegia son las teorías neurobiológicas y genéticas, empero ese no sería un inconveniente, ya que cualquier avance en tal sentido, no podría menos que contribuir al esclarecimiento de esta compleja categoría diagnóstica, de bordes nunca del todo bien delimitados. El problema se presenta cuando desde las diversas prácticas que se ocupan de estos niños, se inadvierten los tiempos lógicos inherentes a cada sujeto psíquico, y –en nombre de la adaptación–, se escotomiza la dimensión subjetiva, y se los compele a un ajuste forzado, sin tener en cuenta qué instancias psíquicas han alcanzado, y por ende, sin saber a qué instancias psíquicas apelar.
Por su parte, el psicoanálisis, con su ética y su especificidad nos da un marco tal que no necesitamos ni menospreciar la interdisciplina, ni oponernos obcecadamente a los distintos abordajes que suelen ocuparse de estos niños, desde otros discursos. Sin embargo, el mantener una actitud respetuosa hacia otras corrientes teóricas, no debería significar ni eclecticismo, ni desconocimiento de aquello que parecería estar jugándose actualmente en el campo de la salud mental.
En efecto, ciertos discursos que se desprenden del modelo médico hegemónico, parecen desacreditar la aptitud del psicoanálisis en lo que hace a la temática del autismo. Cito por ejemplo la siguiente referencia en Internet: “El Grupo de Estudio para los trastornos del espectro autista del Ins­tituto de Salud Carlos III (Ministerio de Sanidad Español), en su Guía de buena práctica para el tratamiento de los trastornos del espectro autis­ta, desaconseja la terapia psicodinámica como tratamiento de los TEA y destaca que el planteamiento psicoanalítico del autismo ha constituido uno de los mayores errores en la historia de la neuropsiquiatría infantil”10.

Atender a estas circunstancias nos lleva a advertir que el psicoanálisis –a propósito del autismo–, tiene aún mucho para decir, para escuchar, para investigar y para seguir formalizando. Es por ello que los psicoanalistas no deberíamos conceder, ni mucho menos consentir, que el autismo sea para nuestra causa, una causa perdida. Por el contrario, y habida cuenta de que esta dolencia constituye la expresión paradigmática de una falla simbólica esencial, hemos de considerar innegable, la pertinencia del psicoanálisis en lo que hace a la investigación de este padecimiento, y al trabajo clínico con el mismo, toda vez que nuestra disciplina constituye en efecto, una herramienta fundamental para no retro­ceder ante ese tipo de fenómenos, puesto que ella nos permite, no sólo pensar la problemática, sino además, abordarla adecuadamente, abarcando en forma ineluctable la dimensión subjetiva, que en muchos de los abordajes hoy en boga, podría verse dejada de lado.

“¿A qué aspiramos como analistas? ¿A adaptar al niño a un ideal social, cueste lo que cueste? ¿O más bien a contribuir con la disminución de su sofocante sufrimiento, a partir de poder propiciar en él, un trabajo psíquico elemental?
Si somos capaces de pensar al pequeño, aceptando la idea de que él es un sujeto complicado en una dificultosa tarea de constitución psíqui­ca, entonces no intentaremos ninguna maniobra, adaptativa o de apren­dizaje, que no se corresponda con el momento lógico de estructuración subjetiva en el que él se encuentra.
Precisamente, en la especificidad del psicoanálisis, está el descubrir a ese sujeto y atentos al momento lógico de estructuración subjetiva en el que éste se halla, ver la manera de acotar ese goce invasor que lo conmina a sufrir por demás”11.
____________________
1. Freud, S. “La negación” (1925) en Obras Completas, Amorrortu editores, Bue­nos Aires, 1987, vol. XIX, p.256.
2. Basso, M. J., Una aproximación psicoanalítica al Autismo. Ed. Letra Viva, Bue­nos Aires, 2013.
3. Freud, S. “Proyecto de Psicología para neurólogos” (1895) en Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1988, vol. I.
4. Basso, M. J., Una aproximación psicoanalítica al Autismo. Ed. Letra Viva, Bue­nos Aires, 2013, p. 24.
5. Ibidem, p.21.
6. Ibidem, p.19.
7. Ibidem, p.175.
8. Ibidem, p.174.
9. Ibidem, p.19.
10. Extraído el 13 de agosto 2010, desde: http://es.wikipedia.org/wiki/Autismo.
11. Basso, M. J., “Una aproximación psicoanalítica al Autismo” Ed. Letra Viva, Bue­nos Aires, 2013, p.20.
 
 
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