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   Comentario de libros

Presentación de “Locura y Melancolía” de Haydée Heinrich
  Por Norberto Díaz
   
 
Hay algo creo, que todos van a notar en la lectura de este libro de Haydée: la claridad conceptual con que trata el tema: la articulación entre Locura y Melancolía, claridad no exenta de complejidad pero que se ofrece abierta a la interrogación, a la lectura, y que nos propone ampliar la perspectiva clínica sobre los fenómenos que analiza.
Esta claridad de las que les hablo, no sé si es solo una intención, sino que es producto de una postura, de una posición en la clínica que inspira el pensamiento que se despliega, esa posición, es lo que por otra parte, se anuncia desde el comienzo y tiene una consecuencia, no tranquilizadora para la necesidad de estándares clasificatorios, así se los llame cuadros clínicos o estructuras y esto se plantea con una “amabilidad” que Uds. encontraran en el estilo y en la propuesta de una posición respecto a la transferencia.

Diré que se trata de una “amabilidad” no exenta de “firmeza”, tomando palabras de un ejemplo clínico, pero que es también su propuesta para ciertos pacientes o diría más bien para los avatares clínicos de cualquier tratamiento.
Amabilidad que suaviza el efecto de ruptura, herejía quizás si aceptamos también la raíz griega de la palabra, raíz en la que se apoya Lacan (Creo que en el Sinthome) allí toma: “haireómai” que significa “yo elijo”.
Ruptura, herejía decía, de este libro que me resultó como una suerte, tiche, escribió Aristóteles, al re-encontrarme con una pregunta que me vengo haciendo: ¿para qué diagnostico? Si, para que sirve en un campo en el que concebimos un sujeto que aparece y desaparece y como efecto surgido de los impasses significantes. Si, podrán decirme la estructura permite situar una posición de ese sujeto en relación al A, etc.
¿Pero no habría que priorizar el riesgo que implican los prejuicios que se juegan en la dirección de una cura que podría estar guiada por el diagnóstico?

No se me escapa que se lo puede suspender o que no se lo puede evitar, ¿pero, me digo, no será mejor tratar de no hacerlo? O dejar que se construya al final de un tratamiento.
Pero volvamos a lo que llamaré, repitiendo lo de “amable”, una “amable ruptura” y reúno estas palabras, decía antes, tomándolas del texto cuando comentando un estilo de intervención cita “…es llamativo que Masud Khan insista en que sus intervenciones son firmes pero amables.” Es el estilo de Haydée, un estilo que permite, según lo que leo dejar pasar la “peste”. Que no es ni más ni menos que llevar adelante la propuesta de que es solo la transferencia la que “define” un proceso que si sabemos cómo empieza no podremos anticipar nunca como termina.

Se despliega con este estilo aquello de que “nuestro campo por su naturaleza se pierde” y que nos demanda estar a su altura, la de la naturaleza significante del sujeto. Es así que puede haber distintas perspectivas transferenciales, en un sentido amplio: la de la teoría, la de la praxis, la de transmisión, etc. sobre un mismo objeto. Aunque siempre es el mismo, no lo será según se lo pierda.
“Nuestro campo que por su naturaleza se pierde”, lo que implica un duelo, porque no habiendo universo del discurso este se define en transferencia, pero si se define en transferencia, no admite otras alternativas. Cito a Lacan: “Este concepto está determinado por la función que tiene en una praxis. Este concepto dirige la manera de tratar a los pacientes. Y a la inversa, la manera de tratarlos gobierna al concepto”. Seminario XI.
Definición tautológica, como la de que “un significante representa un sujeto para otro significante”. Señalo así el eje, “encontrado” de esta lectura que hago.

Leo en la Presentación:
“Sobre el final de su enseñanza, Lacan llega a la conclusión de que el Psicoanálisis es intransmisible, con lo cual a cada analista le cabría la fastidiosa tarea de reinventar el Psicoanálisis”…también lo hará, agrega, con lo que haya extraído del hecho de haber sido analizante. “Tal vez”, escribe en el párrafo siguiente, “tal vez” que pongo a cuenta de la amabilidad. “Tal vez esta consideración así como su desafío a que demos las razones de nuestra práctica, expliquen el atrevimiento”, y es un atrevimiento lo que plantea, “de publicar este libro”.

Bueno es la posición de quien escribe, aceptar el desafío de reinventar y como es producto de una escucha no prejuiciosa, resulta en una fructífera ampliación de los conceptos de Locura, Melancolía y de su articulación en definitiva.
Sigue la presentación haciendo referencia a un enfoque desplegado en su libro “Los Borders de las Neurosis” en los que como en éste trata de dar cuenta de “las preguntas que giran en torno a determinados fenómenos y presentaciones que ofrecen algunos pacientes-actings, adicciones, impulsiones, pasiones, locuras - que entre otras cosas ponen a prueba la inventiva del analista a la hora de manejar la transferencia”… “Actualmente”, es decir a diferencia de lo que pensaba en aquel libro”, estamos más cerca de pensar estas cuestiones como manifestaciones de la melancolía, sin que esto implique otorgarle una entidad diagnóstica ya que, a partir de la introducción de los nombres del padre por parte de Lacan, nos cabe la pregunta acerca de si se sostiene la tripartición clásica entre neurosis psicosis perversión” y concluye, agrego que como resultado del abandono, de la pérdida, de la dicha tripartición, “trataremos de establecer una lógica para la melancolía que, a nuestro modo de ver, tiene un alcance mucho más amplio”. La amplitud es efecto del no aferrarse a la clasificación, entiendo.
Y agrega: “pensar, escribir, teorizar, no deja de ser también un testimonio de nuestras dificultades para sostener esta práctica imposible”.

Recordando que se trata de una nueva vuelta sobre un tema ya tratado, el de los “Borders”, y de la imposibilidad de nuestra práctica verán cuando lo lean como puede hacerse de una dificultad o de la imposibilidad, una falta productiva.
Leemos más abajo a que remite su referencia a los “Borders”: “Hay fenómenos que desde un tiempo se intentan conceptualizar en nuestro medio en el borde de la neurosis, idea de la que en su momento hemos participado”… “nos parece que lo que se ha dado en llamar estructuras o patologías de borde junto a la suposición de que se trataría de nuevas patologías, ha cobrado una consistencia excesiva e injustificada”.
Con esto, la autora nos recuerda que no pueden coexistir consistencia y completud. Tampoco la de la que escribe y lo hace, al reconocer su cambio de perspectiva.

Más abajo “…más allá de las diversas acepciones que pueda asumir el termino locura, más allá de quien sea este loco-psicótico, neurótico, melancólico o simplemente loco-, partiremos, en cada ocasión de lo que se pueda leer en transferencia”.
Digo que de no ser así se arriba a la idea de los “inclasificables”, cita posterior en el texto, lo que a todas luces sería una “locura clasificatoria”, podríamos decir, que para sostener la completud y la consistencia descarta las paradojas, al modo de los lógicos matemáticos, “locura clasificatoria”, en nuestro caso, que descarta a los que no se dejan incluir en el conjunto, para evitar las inconsistencias, los no analizables por ejemplo. Escribe sobre las coerciones de la época actual que:… “la religión imperante ya no es la eclesiástica sino el estado capitalista; vuelve a ser pecado salirse del sistema, esta vez el de la producción y del consumo y la industria farmacéutica lucrará gracias a la promesa de garantizar que la cosa marche, como ordena el discurso del amo”. Pero es que justamente se trata de nuestro sujeto y este es producto de lo que no se clasifica, de lo que no marcha la consecuencia sería una severa caída de los conceptos que decimos sostener.

El diagnóstico, las clasificaciones, las de la psiquiatría incluidas, nos proveen de conceptos para analizarlos, cuestionarlos y este texto es ejemplar en eso. Analizar, pues las síntesis, como dice Freud, se hacen solas y el libro es un ejemplo de un trabajo de análisis sobre la imposible síntesis del sujeto que se pone en juego en un análisis y que incluye a ambos participantes. Hasta podría decir que es la síntesis, la identidad, lo que melancoliza. La del objeto que cae sobre el yo, como la de la clasificación que cae sobre el sujeto que así deja de ex-sistir expulsado de lo simbólico y solo a-pareciendo de ese modo evanescente cuando un significante lo representa para otro.
Para concluir tomo de este parágrafo titulado: “Acerca de la cuestión diagnóstica”: “Como se habrá notado, hemos evitado a lo largo de estas páginas ubicar a la melancolía o a la locura melancólica en términos de neurosis o psicosis, y esto por diversos motivos.”
En primer lugar…nos parece que es difícil decir algo por fuera de la transferencia, ya que allí se jugará la chance de que un análisis se torne posible o bien que se cristalice una locura de transferencia”.
 
 
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