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   Cuando el cuerpo se hace letra

Escrito en el cuerpo
  Por Viviana Vassallo
   
 
¿Es posible plantear: “escrito en el cuerpo”? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la escritura en el cuerpo? ¿Se trata de una bella metáfora utilizada para nombrar los avatares de la pulsión que en su insistencia lleva a un sujeto a marcar su cuerpo de modos diversos?
Lo escrito no es el lenguaje, dice Lacan, pero lo escrito no se construye más que por su referencia al lenguaje. ¿Cómo nombrar entonces las marcas autoproducidas? ¿Inscripciones, intentos de inscripción por fuera del discurso? ¿Cómo pensar una escritura que no resulte de la articulación significante? ¿Si el psicoanálisis trabaja con la palabra y el discurso, cuál sería la aplicación del dispositivo analítico en estos casos?

La escritura china. En la Conferencia XV de sus Conferencias de introducción al psicoanálisis, Freud sale al paso de las incertidumbres y críticas que plantea el método de interpretación de los sueños, proponiendo que la elaboración onírica da a las ideas latentes una forma de expresión primitiva, similar a la escritura figurada. Las escrituras de lenguas primitivas presentan numerosas indeterminaciones, donde a veces el sentido se fija agregando un signo figurado independiente de la pronunciación. La escritura sagrada egipcia dejaba al arbitrio del sujeto ordenar las imágenes de derecha a izquierda o al revés. La escritura jeroglífica ignora la separación de las palabras y nunca se sabe si un signo determinado forma parte del que le precede o es el comienzo de una palabra nueva.
La lengua china, muy antigua, está llena de indeterminaciones. Comprende un gran número de sonidos monosilábicos que pueden ser pronunciados tanto aisladamente como combinados por parejas. A cada sílaba corresponden diez significaciones, lo que obliga a arbitrar medios para definir el sentido. Esta lengua no posee gramática (no distingue sustantivo, verbo ni género). Se muestra este idioma como reducido a su materia prima, semejante, dice Freud, a lo que ocurre con el lenguaje abstracto, después de sufrir la disociación a la que lo somete la elaboración onírica, eliminando la expresión de las relaciones.
La determinación del sentido, siempre ambiguo, queda del lado del oyente y del contexto. Sin embargo, dice Freud, las lenguas y escrituras antiguas son instrumentos de comunicación, calculadas para ser comprendidas, a diferencia de los sueños que no se proponen “decir nada a nadie”.

También Lacan se interesó por la escritura china, poniendo de relieve dos aspectos. Por un lado la ambigüedad de los caracteres, que da lugar a múltiples sentidos. El lenguaje, dice, cobra relieve en la medida en que la referencia respecto de todo lo que le concierne es siempre indirecta. Por otro lado su forma escrita, que le permite relacionar y diferenciar los efectos del lenguaje y la escritura. Lo escrito no es primero sino segundo respecto de toda función del lenguaje. Lo escrito no es el lenguaje, pero sin lo escrito no sería posible ubicar el efecto más importante del lenguaje, del orden simbólico, la dimensión de la verdad. “… Lo escrito mismo, en cuanto se distingue del lenguaje, nos muestra que el lenguaje se interroga desde lo escrito justamente en la medida en que lo escrito no lo es, pero que no se construye, no se fabrica más que por su referencia al lenguaje…” (Lacan, 1971,2009).
La escritura se refleja en la palabra, es representación de palabra. Aun en las lenguas que usan pictogramas o ideogramas, si estudiamos una escritura es sólo por lo que puede representar. Si la escritura es representación de palabra es porque la palabra ya está allí antes que se haga su representación escrita.
Si la escritura y el lenguaje siendo diferentes, están relacionados, podríamos considerar a las marcas autoproducidas (autoescoriaciones por ejemplo) como signos prediscursivos, significantes no dialectizables, que no hacen cadena, testimoniando un acontecimiento traumático.

La función del semblante. El discurso se define como esa estructura necesaria, que excede con mucho a la palabra, siempre más o menos ocasional. Se distinguen en él cuatro lugares: el S1, significante amo, agente del discurso, que interviene sobre la batería de significantes, el S2, que forma una red, que llamamos saber. El sujeto, representado por un significante para otro significante. Allí donde es representado el sujeto está ausente, por eso aun estando representado se encuentra de todos modos dividido. Y el cuarto elemento es el objeto a, que se define como pérdida. El discurso se presenta como un artefacto, porque para el discurso no hay ningún hecho más que por el hecho de decirlo. El hecho enunciado es a la vez el hecho de discurso. No hay semblante de discurso, todo lo que es discurso solo puede presentarse como semblante, y sobre la base del significante, por eso “…el significante es idéntico al estatuto como tal del semblante…” (Lacan, 1971,2009). El discurso es del semblante. En cuanto a la relación con la verdad, ésta no es lo contrario del semblante, la dimensión de la verdad soporta la del semblante.
Como lo real no puede ser dicho, sólo lo podemos designar a través de la articulación del semblante en el discurso. Pero de tanto en tanto, dice Lacan, en los límites del discurso, dado que éste se esfuerza en sostener el semblante, hay real, real que designa como pasaje al acto.
Lo real no es decible y la verdad sólo puede ser dicha a medias, bajo una estructura de ficción. He ahí la función del semblante y del discurso como artefacto. Pero existen fenómenos cuyas estructuras escapan al discurso, donde asistimos a una caída de la función del semblante y a un tratamiento de lo real por lo real mismo. Marcas de lo viviente en un sujeto.

Una letra que no es litoral. Dado que la escritura no es de ningún modo primaria, la letra es una precipitación del significante, es el soporte material del significante y lo que se distingue de él. El significante se sitúa del lado de lo simbólico y la escritura del lado de lo real. El sinsentido radical de la letra obedece a lo real. La letra haría de litoral entre goce y saber. El litoral es lo que establece un dominio que es frontera para otro, porque no tienen nada en común, ni siquiera una relación recíproca.
El inconsciente, que es efecto del lenguaje, porque tiene su estructura, rige esta función de la letra. Ella simboliza todos los efectos del significante pero no es un significante.
Es necesario diferenciar el río del lenguaje, el significante y la estructura gramatical que participa del sentido y por otro lado los aluviones que se depositan en el inconsciente, lugar de representaciones cosa, puro encadenamiento literal, sinsentido radical.
Lo que del goce se evoca cuando se rompe el semblante es lo que en lo real se presenta como erosión. La escritura, en lo real, representa la erosión del significado “… lo que llovió del semblante en la medida en que esto es lo que constituye el significado…” (Lacan, 1971, 2009).
La lingüística diferencia significante y significado, pero sabemos que el significante no tiene ninguna relación con el significado, el significante no se refiere a nada que no sea un discurso, un modo de funcionamiento, un uso del lenguaje como vínculo.
Lo que hay que saber es lo que en un discurso se produce por efecto de lo escrito, porque el significado no tiene que ver con los oídos sino con la lectura de lo que se escucha del significante. El significado es el efecto del significante.
“… Todo lo que está escrito parte del hecho de que será siempre imposible escribir como tal la relación sexual. A eso se debe que haya cierto efecto de discurso que se llama escritura…” (Lacan 1972/73, 2001).
Si la condición de lo escrito es que se sustenta con un discurso, si la letra es, radicalmente, efecto de discurso, ¿las incisiones y marcas en el cuerpo pueden considerarse letras? No es posible pensarlas por fuera del lenguaje, porque el lenguaje es lo propio del ser hablante. Serán trazos, marcas, despojadas de su función de litoral, de límite entre lo real y lo simbólico.
Testimonio de un inconsciente no reprimido, representan lo que no logra escribirse.
El análisis es una lectura, las producciones del inconsciente se prestan a esta lectura, el analista lee en los dichos del analizante. El síntoma puede ser leído, porque ya está inscripto en un proceso de escritura, es lo que no cesa de escribirse.
En el discurso analítico se trata de darle a lo que se enuncia como significante una lectura diferente de lo que significa. Lacan dice que en el discurso analítico el analista supone que el sujeto del inconsciente sabe leer, agregamos y también que sabe escribir.
Pero ¿cómo aplicar el dispositivo analítico cuando lo que se presenta no se presta a la lectura, y por estar fuera del discurso no produce escritura?
Se tratará una vez mas de rescatar al sujeto, “que hable” con la convicción de que la experiencia analítica, en el marco de la transferencia, puede llevar a la producción de un discurso, donde algo pueda escribirse.

Bibliografía:
Freud; “Conferencias de introducción al Psicoanálisis” “Conferencia XV: Incertidumbres y críticas”, en Obras Completas, tomo XV – Amorrortu Ediciones.
Lacan, “Producción de los cuatro discursos” en Seminario 17: El reverso del Psicoanálisis, Paidós. Buenos Aires, 1992.
Lacan: “eminario 18: De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Buenos Aires, 2009.
Lacan: “La función de lo escrito” en Seminario 20: Aun, Paidós, Buenos Aires, 2001.
 
 
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