Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   La repetición

Lo escrito de un análisis. Repetición y diferencia
  Por Gabriel Belucci
   
 
Me doy vuelta hacia tu lado, en el lecho o la vida, y encuentro que estás hecha de imposible. Me vuelvo entonces hacia mí y hallo la misma cosa.
Es por eso que aunque amemos lo posible, terminaremos por encerrarlo en una caja,
para que no estorbe más a este imposible sin el cual no podemos seguir juntos
”.
Roberto Juarroz

1. En el origen, el psicoanálisis es una experiencia de lo real. Basta leer los primeros historiales freudianos –los que componen los “Estudios sobre la histeria”– para convencerse de ello. En el origen, los síntomas no eran otra cosa que un real inconmovible. Fue la intervención de Freud la que los enlazó al sentido, en un momento que puede ser fechado, y que coincide con el tratamiento de Elisabeth Von R. Ese real se vuelve legible ya en el Proyecto, pero mucho más a partir de 1920, como repetición. El análisis, entonces, no es otra cosa que un tratamiento de lo real, de “lo que vuelve siempre al mismo lugar”. Ése es su fundamento y a lo largo de su historia no hemos hecho otra cosa que retomarlo.

2. La neurosis es un modo posible de responder a lo real. Un modo religioso, ya que se soporta en la garantía del Padre. Su esencia consiste en transformar lo real del encuentro, la tyché, en necesidad. En otros términos, la neurosis es equivalente a la serie. Todo evento será seriado como un término que verifica el patrón común, el “clishé”. Lo imposible se significa como necesario, movimiento que trae aparejado el aburrimiento, una de las caras de la neurosis. Basta escuchar unos minutos a cualquier neurótico para comprobarlo. El aburrimiento, la rutina, el “más de lo mismo”, es uno de los precios que los neuróticos eligen pagar para eludir el encuentro con lo real. El Padre es un modo posible de orientarse, que no puede soslayarse en un análisis.

3. El análisis es una operación de escritura. Freud lo captó con claridad al articular su primera versión del aparato psíquico –la de la Carta 52– como un sistema de escrituras y reescrituras, y al sueño como una “escritura en imágenes” (eine Bilderschrift). Esas escrituras dan cuenta de un real que no cesa de no escribirse. En el análisis no se trata de otra cosa que de eso: de escribir, en el lugar de ese real, algo diverso de la neurosis.
Es en esa vertiente que la idea de re-escritura resulta válida. Al igual que en la ciencia historiográfica, sólo hay historia a partir de una primera escritura, que en nuestro caso no es otra que el Edipo y el fantasma, su cicatriz. Ello le permitió a Freud, en las series complementarias, oponer la historia a lo “prehistórico”. Hay pues, en todo análisis, cierto “revisionismo histórico”, y es el cine el que, en nuestros días, nos proporciona su clave. Fue Hong Sangsoo, específicamente, el primero en proponer un modo de relato en el que la historia se reescribe al tiempo en que es contada. De ese movimiento, el analista es tanto causa como lector, y es el analizante quien lo realiza.
El análisis posibilita entonces, cuando funciona, la escritura de otras respuestas a ese real que se repite, allí donde la neurosis busca restablecer el sostén dormitivo del fantasma. Para que esto acontezca, es preciso atravesar la vivencia de la angustia. La angustia es traducción de lo real, y así el afecto más auténtico. Y la transferencia brinda el soporte que el fantasma en suspenso no aporta. Quienes transitamos un análisis hemos podido constatarlo: la transferencia introduce la convicción de que ese momento es franqueable. El atravesamiento de la angustia conlleva una nueva escritura, y marca un punto de no retorno.

4. Si la llamada historización conduce al encuentro con lo real, es porque ese real estaba presente desde el comienzo. Freud lo nombró Versagung, y en las series complementarias lo situó como aquello que desestabiliza la solución de la neurosis. El síntoma es, en efecto, irreductible, y es uno de los modos del despertar, aunque no el único.
De la Versagung, por otra parte, Freud hizo un pivote del dispositivo, pues la regla de abstinencia apunta a que no se diluya ese real, que causa el trabajo del analizante. En el momento de recibir una consulta, y en cada uno de los giros de un análisis, hasta las proximidades del final, el analista es aquél que no olvida la pregunta: ¿cuál es el real en juego? El analista, ante todo, se orienta por lo real.
Por otra parte, eso que a partir de Lacan designamos deseo del analista hace posible que el campo de la transferencia no sea un campo de pura repetición, sino que pueda advenir en ese circuito la diferencia. Ésa y no otra es la razón por la que Lacan, advirtiendo un deslizamiento no sólo de otros analistas sino también propio, puso especial cuidado, a partir del Seminario 11, en separar transferencia y repetición. No hacerlo llevaría los análisis a un callejón sin salida.
Con todo, ese advenimiento de la diferencia requiere de una puesta en acto de la repetición y de la serie. No es in absentia. Es allí donde el semblante, inseparable de la función deseo del analista, hace trama con la serie, para inducir su apertura. Así, cuando Freud impone al Hombre de las Ratas el imperativo de apalabrar su goce ignorado, enunciando al mismo tiempo que “no tiene inclinación alguna por la crueldad”, se inscribe como semblante en la serie paterna, separándose al mismo tiempo del atributo de la crueldad. Se ubica así en una posición que no es complementaria del masoquismo del fantasma, y funda la transferencia como el espacio en el que ese fantasma podrá atravesarse, abriendo a una escritura inédita. Que esa escritura se haya producido o no en ese análisis sigue siendo hoy materia de debate, e interroga los límites del análisis freudiano.
Las impasses del análisis podrían definirse, entonces, como momentos en los que ninguna diferencia puede escribirse. Se instala entonces el registro dormitivo del estancamiento, de la ausencia de cambio, toda vez que prevalece la respuesta fantasmática (o alguna otra), o bien el angustioso del Wiederholungszwang, de un real al que se vuelve una y otra vez, porque hay allí una escritura que fracasa. En cualquiera de esos casos, compete al analista el promover que la respuesta a ese real no sea sólo la ya conocida, que la angustia pueda soportarse y que se habilite entonces, algún otro camino transitable.

5. Desde Freud se planteó a los analistas la distinción entre el fin del análisis y las “conclusiones prácticas”. La renovación lacaniana le dio a esta cuestión toda su importancia y problematizó su definición. El fin de análisis va de la mano de la producción de un límite, que sólo puede formularse en términos lógicos, es decir, no sólo prácticos. Freud dio de ello su conocida versión, la que en “Análisis terminable e interminable” remite ese límite al complejo de castración, y por ende al Padre. Ése es, en efecto, el límite freudiano: si la falta queda del lado del sujeto, eso redunda en una consistencia del Otro que retorna como ferocidad del superyó, sindicada por Freud como el mayor escollo de la cura. Eso hizo leer a Lacan que el destino trágico del Hombre de las Ratas podía pensarse como un resto no solucionado de su análisis, en el que las deudas del Padre nunca le fueron restituidas.
Lacan dio, por su parte, tres versiones, no excluyentes pero sí diversas. La primera, a finales de los ’50, refirió el fin de análisis al duelo por la posición de falo del Otro, fundamento de la pasión neurótica por darle consistencia. La segunda, una década más tarde, puso como su condición el atravesamiento del fantasma, sostén de la versión neurótica del amor como posible complementariedad al Otro, al precio del sacrificio y con la garantía del Padre. La tercera, ya entrados los ‘70, comenzó con la pluralización del Padre para plantear después su más allá, el anudamiento singular del sinthome.

Esas versiones pueden leerse como precipitados del movimiento de Lacan en su seminario, que él mismo equiparó a su análisis. En ese trayecto, Lacan reescribió el límite freudiano, replanteando sustancialmente nuestra relación con lo real. Lacan estableció, sobre el final de su enseñanza, el real de la no relación sexual: no hay común medida con el Otro. Esto es lógicamente solidario de su inexistencia, y es en ese lugar, el de la inexistencia del Otro, donde se sitúa lo femenino. Lo femenino es, directamente, una consecuencia de la inexistencia del Otro. Desde ese lugar es posible repensar el límite del análisis freudiano: el sacrificio al Otro, sostenido en el Padre. Los análisis freudianos finalizan religiosamente, como el propio Freud nos testimonia: “Nunca he podido dejar por completo de ser padre”, “¿Qué quiere una mujer?” son claras marcas de ese límite.

Desde allí, retornamos. El núcleo de la repetición, “lo que no cesa de no escribirse”, podríamos formularlo como la inexistencia del Otro, que remite a lo femenino. Ante eso, la neurosis interpone la respuesta del fantasma (el masoquismo femenino como fantasma masculino), o el artificio de la fobia, como mediaciones ante la angustia que traduce ese real. Más aun que la neurosis, la condición perversa intenta vanamente reducir lo real, sin resto, al escenario fantasmático. Las psicosis plantean, por el contrario, el problema de qué escribir en el lugar del Edipo ausente. Un sujeto marcado por esa condición de estructura instaura, ante lo enigmático de la falta de respuesta de una mujer, la idea de que ésta ha participado de un complot en su contra (la idea, en fin, de su consistencia). Restitución que dista de estabilizarlo, a no ser porque ha encontrado otros dos puntos de apoyo: el recurso al trabajo, como terceridad que instituye un otro más amable, y la suposición de que es él quien se equivoca (es decir, no el Otro), lo que notablemente lo apacigua. Hay, en la diferencia de estas condiciones, algo en común: todas apuntan a tramitar ese real, y el análisis se oferta entonces como la posibilidad de otra escritura, “ahí donde eso era”.

6. Me he servido de los conceptos para bordear con ellos lo que decanta de una experiencia: la propia. Lo real, que he articulado lógicamente, se declina siempre en singular. Y el fin del análisis, operación que lleva al extremo esa declinación, está marcado por la dimensión de lo contingente, de eso que Lacan llamó invención, como un modo de hacer con lo imposible. Una solución que, si es irreversible, es porque una vez escrita se pone en acto cada vez, en la contingencia de un encuentro, como apertura a lo por venir. Tan sólo agregaré que si esa solución abre y no cierra la vía del amor, se trata de un amor que no será del sacrificio.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 191 | septiembre 2015 | El silencio en el análisis  Modalidades diferenciales y quehacer del analista
» Imago Agenda Nº 188 | enero 2015 | Acompañamiento Terapéutico y psicosis  Articulador de lo real, simbólico e imaginario
» Imago Agenda Nº 186 | noviembre 2014 | Entre «dispositivos» y «rizomas»: la Ética del caso por caso 
» Imago Agenda Nº 170 | mayo 2013 | El analista ante el desencadenamiento.   Acto y efectos
» Imago Agenda Nº 160 | junio 2012 | El trauma, revisitado. Apuntes lógicos y clínicos 
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Después del manicomio: ¿qué salida? 
» Imago Agenda Nº 143 | septiembre 2010 | Desencadenamiento: la anticipación como estrategia 
» Imago Agenda Nº 137 | marzo 2010 | El malentendido de la Verwerfung 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Semblante y escena institucional 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Tres dispositivos: análisis, supervisión, comentario 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Acerca de lo "prehistórico" en Freud 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Hacia una estética del intervalo 
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | El analista en el Hospital:  entre la estética del sacrificio y una (posible) ética.

 

 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» Lacantera Freudiana
Ciclo de encuentros y desencuentros en torno a:  MIEDO AL INCONSCIENTE
 
» Lacantera Freudiana
Una genealogía del sujeto del deseo - Jorge Reitter  Inicio viernes 3 de Mayo de 2019
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
La Formación del analista  El analista y su práctica - actividad no arancelada
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Lacantera Freudiana
Cursos 2019  En CABA y Zona Oeste
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Primer cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com