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   La repetición

Repetición e Incertidumbre
  Por Sergio  Rodríguez
   
 
Sostengo lo elaborado por Freud y Lacan sobre la repetición. No repetiré lo conocido. Trataré de extraer y desarrollar lo que pueda y me parezca útil para nuestra práctica, de neurobiología y mecánica cuántica1. Busco entender, cuánto y cómo: genética, estructura del sistema neuronal y de sus partículas elementales2 inciden en las pulsiones de vida y en las de muerte.
Partamos de que lo elaborado por la Cultura (social, familiar y personalmente) es transmitido y operado por la genética y por el sistema nervioso central. Las partículas elementales, son el sostén material último, de ambos.
El gen, elemento básico de transmisión hereditaria, está formado por un segmento de ácido desoxirribonucleico y se ubica en los cromosomas. Que son la argamasa receptora neuronal, que recibe al lenguaje y a la Cultura, “archivándola”. Generan así condiciones, para que re-incida en el sistema nervioso central y desde él en el cuerpo. Pero en tanto transmite en proporciones azarosas la genética de ambos padres, la naturaleza repite en contenido y forma, pero dentro de ciertos límites. Repite, pero lo no idéntico, como luego ocurrirá también con los sujetos del Inconsciente.

Se llama filogenia al estudio de la historia evolutiva y las relaciones genealógicas en las estirpes. Freud tomó este significante, para nominar una de las series de sus series complementarias. Para la otra eligió ontogenia. Ontogenia, es como llama la biología al desarrollo del individuo, y en especial a su período embrionario.
Se nos plantea una pregunta: desde lo común en los genes, ¿cómo se llega a la particularización de las lenguas y más específicamente a la lalengua de cada uno? Se puede encontrar en Internet3 un video de Patricia Khul sobre “La genialidad lingüística de los bebés”. Es muy interesante.
Transcribo textualmente parte de lo que esta señora dice:

“¿Qué hemos aprendido? Que los bebés de todo el mundo son los que me gusta denominar ‘ciudadanos del mundo’, pueden discriminar todos los sonidos de todos los idiomas sin importar el país en que estemos ni el idioma que estemos usando. Eso es notable porque ni ustedes ni yo podemos hacer eso. Somos oyentes cultura-dependientes. Podemos discriminar los sonidos de nuestro propio idioma pero no los de los idiomas extranjeros. Entonces la pregunta que surge es ¿en qué momento estos ciudadanos del mundo se vuelven los oyentes cultura-dependientes que somos nosotros? La respuesta es: antes de su primer cumpleaños. Durante la producción del habla, cuando los bebés escuchan, están tomando estadísticas del lenguaje que escuchan. Y esas distribuciones crecen. […] Los bebés absorben las estadísticas del idioma y eso cambia sus cerebros; eso los transforma de ciudadanos del mundo, a los oyentes cultura-dependientes que somos4. […]. Estamos gobernados por las representaciones mentales que se forman tempranamente en nuestro desarrollo5. […]. Sostenemos […] que el aprendizaje de material lingüístico se hace más lento cuando nuestras distribuciones se estabilizan6.

[…] Pero, nos preguntamos qué papel representa el ser humano en este ejercicio de aprendizaje. Por eso a otro grupo de bebés les suministramos la misma dosis, las mismas doce sesiones, pero frente a un televisor, y a otro grupo de bebés sólo los expusimos a un audio con un oso de peluche en la pantalla. ¿Qué le hicimos a sus cerebros? Aquí ven el resultado del audio –no hubo ningún aprendizaje– y el del video –tampoco hubo aprendizaje–. Se necesita un ser humano para que los bebés tomen estadísticas. El cerebro social controla los momentos cuando los bebés toman estadísticas. Queríamos meternos dentro del cerebro y ver qué sucede cuando los bebés se enfrentan al televisor versus cuando se enfrentan a seres humanos.
Afortunadamente tenemos una nueva máquina, el magneto encefalógrafo, que nos permite estudiar esto. Parece un secador de pelo marciano, pero es completamente seguro, no invasivo y silencioso. Estamos viendo una precisión milimétrica en cuanto a lo espacial, y una precisión de milisegundos en lo temporal, usando 306 SQUIS –dispositivos superconductores de interferencia cuántica– para detectar campos magnéticos que cambian a medida que pensamos. Somos los primeros en el mundo en registrar bebés con estas máquinas mientras están aprendiendo. Esta es Emma (video), tiene seis meses y está escuchando varios idiomas en los audífonos que tiene puestos. Pueden ver que puede moverse. Seguimos su cabeza con unas bolitas en la gorra de modo que pueda moverse con absoluta libertad. Es una maravilla tecnológica.
¿Qué estamos viendo? Estamos viendo el cerebro de un bebé, a medida que el bebé oye palabras en su idioma las áreas auditivas se encienden y posteriormente, las áreas circundantes –que pensamos están relacionadas con la coherencia, encargada de coordinar el cerebro en sus diferentes áreas– y la causalidad, una zona del cerebro que provoca la activación de otra […]”

Los genes codifican la información necesaria para sintetizar proteínas, sostenidas en su composición de partículas elementales. Dichas proteínas, juegan un papel importante, influyendo (aunque, en muchos casos, no determinantemente) en el fenotipo del organismo. Es decir, en lo modificable para reaccionar ante lo real7.
En los humanos, la biología encuentra como uno de sus condicionantes importantes, al lenguaje y sus hablantes. A través de la historia humana, las operaciones del habla y el lenguaje sobre el cuerpo y sus zonas erógenas y pulsionales han ido produciendo modificaciones en su biología. La piel y los músculos8, también son parte del funcionamiento de dichas zonas erógenas y de sus claves. Los homínidos de hoy tienen diferencias biológicas innegables, con los de las cavernas, como producto del dominio del lenguaje y el trabajo.

No resultando pertinente a nuestra práctica, investigar con el método experimental científico, los psicoanalistas lo hacemos analizando. De la información que surge, luego teorizamos y conceptualizamos.
La ontogenia retoma la filogenia: la biología repite. Pero repite con diferencias, en tanto provenimos de dos progenies –padre y madre– y sus arborizaciones hacia las generaciones previas, marcadas por diferentes historias y significantes.
Recordemos, cómo subraya Lacan en “El Estadio del Espejo” que nacemos prematuros. Lo que subraya la importancia que tienen las madres en los primeros tiempos del desarrollo psíquico de los hijos. Tanto en relación a la función del lenguaje, como de las lenguas, y de la del “En Nombre del Padre”. Sabemos que si éste está forcluido hay terreno fértil para psicosis. Lamentablemente tenemos también, y esto se ve en casos muy extremos, tierra fértil para patologías peores que las psicosis, cuando la ausente fue la función materna. Debe haber por lo menos una madre, que esté en lugar de la madre biológica perdida. Antes de Lacan, y por influencia de Melanie Klein, la teoría psicoanalítica en nuestro país estaba centrada en la madre. Quedaba en un lugar secundario la función del “En Nombre del Padre”. Hoy, hay que replantear la esencialidad también, de la función madre –sea biológica, adoptiva o de otra persona que se haga cargo–. Por lo menos, hasta después del año. Algunas de estas funciones son, desde los primeros meses del bebé, trasmitirle a través de la tibieza de la piel y de los cuidados, del alimento, de la voz: la lengua, el lenguaje, el deseo de seguir vivo. Los orificios del cuerpecito irán siendo catectizados bien y mal, por los cuidados maternos. Así se irán libidinizando las pulsiones. Se irán reestructurando formas, modos del SNC, y agrupamientos de partículas elementales, cerebro y cuerpo en general. Son repeticiones imprescindibles.

Las partículas elementales sólo están quietas en su molécula, a bajísimas temperaturas que no existen en el cuerpo humano ni en el planeta. Sólo son producibles por medios tecnológicos. Hay circunstancias en que la conjunción de genéticas, progenies e historias de vida, fallas en el sistema nervioso central y/o en su dotación de partículas elementales, opera contra la vida. Formaciones de origen psíquico, en las cuales la compulsión a la repetición apunta a la destrucción de su portador por ausencia de deseos vitales y/o presencia de deseos de muerte propia, creo que tienen que estar sostenidas en conmociones ocurridas en las partículas elementales. Sólo acontecimientos violentos, de bruscos cambios de temperaturas u otros equivalentes, pueden conmover a los diferentes agrupamientos de partículas elementales.

En consecuencia en mi hipótesis, la pulsión de muerte opera sobre el sistema nervioso central –en parte–, como efecto de lo que ocurre en los agrupamientos de partículas elementales. Freud se apoyó en la entropía y la segunda ley de termodinámica. En esa época, ya se afirmaba que “como el Universo es un sistema aislado, su entropía crece constantemente con el tiempo”. Lo que llevaría a que cuando la entropía fuera máxima en el Universo, cuando existiera un equilibrio entre todas las temperaturas y presiones, ocurriría su muerte térmica.9 La compulsión a la repetición proveniente de la pulsión de muerte discernida por Freud de experiencias clínicas, le resultaba misteriosa. Por lo que dijo sobre ella, que proponía un mito en que se podría creer o no. Hoy tenemos bases en la mecánica cuántica, para afirmarlo.

Cuando psicoanalizamos trabajamos las repeticiones, de acuerdo con lo que nuestra teoría y práctica nos fueron enseñando. Para eso también, resulta muy útil observar qué puede estar incidiendo de la herencia genética, de la biología y de sus sostenes en partículas elementales. Partículas que dan vida, a lo que la mecánica cuántica reconoció como “Principio de incertidumbre”, clave en los funcionamientos moleculares. El ϕ(otro) penetra por la vista (en electrones Fotones), la voz (en electrones Fonones). Y por otros electrones que sustentan a lo que olemos y damos a oler, lo que tocamos y damos a tocar, lo que gustamos y damos a gustar. Coito, caricias, piñas, chirlos, besos, felatios, cunilingüis, mordiscos; se sostienen en distintos cúmulos de partículas elementales que producen, diferentes valores significantes.
Por todo esto, debemos pensar globalmente, operatorias combinadas con otras disciplinas en casos que lo ameriten. Según la lógica temporal, y/o circunstancias azarosas, el psicoanalista debe convocar a otras prácticas. Psiquiatras que sean hábiles administradores de psicofármacos, acompañantes terapéuticos, terapeutas de grupo, artistas, fisioterapeutas, músico terapeutas, psicodramatistas, asistentes sociales, docentes en sus diversos niveles. Trabajando coordinadamente, pueden resultar muy valiosos, para los resultados de aquellos psicoanálisis que lo requieran suplementariamente. Todos, lo sepamos o no estaremos incidiendo en adecuar mejor, la dotación de partículas elementales del analizante en cuestión.
______________
1. En mecánica cuántica, la “relación de indeterminación” o “principio de incertidumbre” establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria. Afirma que no se pueden determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas. Por ejemplo, posición y momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto. Cuanto con mayor certeza se busca determinar la posición de una partícula, menos se conocen su cantidad de movimientos lineales y velocidad. Este principio, fue enunciado por Werner Heisenberg en 1925.
2. Átomos con sus componentes y funcionamientos
3. http://www.ted.com/talks/patricia_kuhl_the_linguistic_genius_of_babies.html. Patricia Kuhl es co-directora del Institute for Brain and Learning Sciences en la Universidad de Washington.
4. Coloca al cerebro en dependencia de la lalengua, tal como lo plantea el psicoanálisis y principalmente Jacques Lacan.
5. Agregaría: a través de las “repeticiones de palabras”, ligadas a expresiones positivas o negativas de afectos.
6. O sea: cuando se repite lo ya conocido.
7. Sergio Rodríguez.
8. Aunque Lacan haya objetado esto.
9. Principio encontrado por Clausius, físico de los años 50 del siglo XIX.
 
 
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