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Testigo silencioso, una verdad que cuesta vida
  Por Sergio Zaiacometti
   
 
Cuando veo por primera vez a M, ella está sentada junto a sus padres esperando que vaya a recibirlos. Muy quieta desde su silla, casi inmóvil, observa la situación abrazada a tres de sus muñecos. Me observa y es como si estuviera presente pero desde un lugar distinto. Un lugar que no es un lugar en sí, sino la extensión de un otro lugar que necesita, pero que a la vez no le pertenece.
A pesar de esto hay algo en ella que demuestra que puede más, que necesita más y es así que puede desprenderse de su mamá y su papá, que quedan abajo esperándola, pero a un costo. Un costo tal vez muy alto. Es que implica que fuera de ese circulo que considera familiar, eso que de alguna manera la contiene y le da posibilidad, pierde aquello que vehiculiza todo lo que de ella puede tener individualidad. Pierde aquello que manifiesta lo que le da la posibilidad de interactuar con otros, lo que le permite en ese intercambio experiencias distintas que le permiten conocer y conocerse, crear y crearse…. Pierde la posibilidad de hablar.

Dirá su mamá mas tarde que M tiene “Mutismo selectivo”. Y es acá que una palabra, lo que M no puede decir al no poder hablar, recibe por parte de ese otro, una palabra que obtura, una etiqueta que lo define. La pregunta acerca de M, recibe como respuesta una palabra que empieza con M, Mutismo.
Lacan en “Dos notas sobre el niño” señala que el síntoma se define como representante de la verdad, y esta verdad esta en relación a una respuesta a lo que hay de sintomático en la estructura familiar o, en el caso en donde domina lo que compete a la subjetividad de la madre, el niño esta ubicado como correlativo de un fantasma.

Dice Lacan:
Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (lo que asegura normalmente la función del padre), el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en el “objeto” de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto.”
Es así, que siguiendo a Lacan, el niño queda como objeto a en el fantasma materno. Por lo tanto, el niño queda alienado a ese deseo materno imposibilitando el acceso de su madre a su propia verdad. Dándole, por lo tanto, cuerpo a esa verdad.

Miller, siguiendo a Lacan, en el artículo “El niño entre la mujer y la madre"  señala respecto al niño como objeto a del fantasma materno:
En el segundo caso, por el contrario, el síntoma del niño es mucho más simple si esencialmente deriva del fantasma de la madre, pero entonces, además es un síntoma que bloquea, y en el límite se presenta como un real indiferente al esfuerzo por movilizarlo mediante lo simbólico, precisamente porque no existe la articulación presente en el caso anterior. Y cuando el síntoma es “blocal”, en él se lee sin dificultad cuál es el deseo del propio sujeto. En lo que a la segunda modalidad se refiere, en las notas que hemos mencionado, Lacan toma como ejemplo el síntoma somático.

M queda atrapada en ese deseo materno, le da cuerpo… cuerpo pero no voz. M se presenta como una espectadora, como si su presencia no tuviera en si misma consistencia necesaria mas que la de estar allí, la de ser testigo. La de ser un guardián silencioso de esa verdad materna que necesita no ser revelada.
Como sólo da cuerpo a esa verdad, ese cuerpo que la representa no le pertenece del todo. Es por ello que no puede disfrutarlo, que no puede experienciar con él el placer del movimiento, tan propio de su edad. Es por eso que todas sus acciones son acciones a medias, A medias de M, que no tiene otro objetivo que el de su M(amá) y que por eso son M(udas).
¿Que relación tiene M con lo “no dicho”, con eso que no debe ser revelado en tanto convoca a otro que no aparece, a otro que no puede ser llamado para mediar e interceder para liberarla de esa captura de que es prisionera y testigo de lujo?
Sobre este punto se hace necesario citar a Miller en el artículo “El niño entre la mujer y la madre” en tanto señala:
La metáfora paterna (…) no significa solo que el Nombre del Padre deba poner bridas al deseo de la Madre a través del yugo de la Ley. La metáfora paterna remite, en mi opinión, a una división del deseo que impone que, en este orden del deseo, el objeto niño no lo sea todo para el sujeto materno. Hay una condición de no-todo: que el deseo de la madre diverja y sea llamado por un hombre. Y esto exige también que el padre sea también un hombre.

Señala por tanto la necesidad de que eso que interceda, el padre en tanto norma y orden del deseo de la madre, sea en principio Ley pero sea también un hombre que permita que el deseo de la madre diverja.
En el caso que comentamos, M encuentra en su padre un hombre que no puede desviar el deseo de su madre, manifiestamente expuesto en que ellos están separados prácticamente desde su nacimiento. Adicionalmente tampoco la función del padre en tanto portador de la ley y posibilidad normatizante, ha podido ejercer una función de corte suficiente que le permita una alternativa posible.
Dentro de las definiciones de testigo de la Real Academia Española encontramos:
testigo.
(De testiguar).
1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua.
2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo.
3. m. Cosa, aunque sea inanimada, por la cual se arguye o infiere la verdad de un hecho.
4. m. En los tramos de una vía de comunicación en los que circunstancialmente solo se permite circular en una dirección, bastón u otro objeto que transporta el conductor del último de los vehículos que marchan en un sentido, para que su entrega al primero de los que aguardan para hacerlo en sentido contrario, señale el comienzo de este movimiento.
5. m. Especie de hito de tierra que se deja a trechos en las excavaciones, para poder cubicar después con exactitud el volumen de tierra extraída.
6. m. Extremo de una cuerda en que el cáñamo o esparto está sin torcer e indica que la cuerda está entera.
7. m. Pieza de escayola o de otro material adecuado que se coloca sobre las grietas de un edificio para comprobar su evolución.
8. m. testículo.
9. m. Muestra que se excluye de un análisis experimental, para que sirva de referencia en la evaluación de resultados de la parte analizada.
10. m. Trozo de papel que se deja sin cortar al pie de una hoja para que acuse el tamaño original de los pliegos.
11. m. Dep. En las carreras de relevos, objeto que en el lugar marcado intercambian los corredores de un mismo equipo, para dar fe de que la sustitución ha sido correctamente ejecutada.

La segunda de las definiciones hace referencia a esa verdad, sólo su presencia aunque sea inanimada da soporte a esta verdad. A esta, se agregan varias definiciones que dan cuenta de algo que marca algo otro, que en algún momento fue entero y que en su presencia evidencia lo que le falta. Algo que marca cuando ha sido hecho, dejándolo en evidencia. Marca cuanto se ha avanzado en un mismo sentido para que eso pueda habilitar algún otro sentido contrario u opuesto. Es esto lo que interesa, que desde la posición de testigo abra alguna posibilidad. Una posibilidad que marca algo que puede ser diferente a lo que era, que pueda revertir alguna situación, que puede decir cuando de eso ya es suficiente y algo más, algo propio, puede advenir.

Siguiendo a Lacan en el Seminario 4 en la clase sobre “El falo y la madre insaciable” habla del don en tanto implica todo ciclo de intercambio. Dice que “No hay don que no esté constituido por el acto que previamente lo había anudado o revocado. Sobre este fondo, como signo de amor, primero anudado para reaparecer luego como pura presencia, el don se da o no se da al llamar.”
¿Cómo podrá M recibir su don si no puede llamar? Como dice Lacan en el texto citado anteriormente,“la llamada es esencial en la palabra (…) porque la estructura de la palabra implica en el Otro que el sujeto reciba su propio mensaje en forma invertida” Si la llamada es antecedente de la palabra y la palabra posibilita el orden simbólico, como se puede transformar la satisfacción de la necesidad en una satisfacción simbólica si no hay posibilidad de juego entre la presencia y la ausencia que posibilite la diferencia.

Esta diferencia es la que posibilita que el objeto real adquiera valor de símbolo y esto se da, no por las características del objeto, sino por la acción.
Citando a Lacan:“Lo que desempeña aquí un papel esencial no es el objeto, sino el hecho de que la actividad ha adquirido una función erotizada en el plano del deseo, el cual se ordena en el orden simbólico.”
Es de esta manera que Lacan explica la anorexia mental como satisfacción sustitutiva de la saturación simbólica donde “comer nada” es precisamente algo (“nada”) que existe en el plano simbólico. “Frente a esto que tiene delante, la madre de quien depende, hace uso de esa ausencia que saborea. Gracias a esta nada, consigue que ella depende de él.”

En el caso que seguimos sucede algo similar que podemos correlacionar. M habla “nada”, en esta actividad que da cuenta de una frustración donde el Agente que es Real (madre omnipotente) mediante una operación la Frustración que produce un daño imaginario, priva de un objeto simbólico (“nada”) Frente a esto, busca en la “nada”, en hablar “nada” una saturación simbólica que pueda restituir y ubicar a ese Agente Real como Simbólico.
Pareciera que el “no hablar” de M se presenta como una respuesta frente a su madre que se muestra como imposible de contradecir, imposible de descifrar en relación a lo que espera de M fuera de su amparo. Como si lo social se circunscribiera a lo que su mamá espera y fuera de eso…. nada, ninguna forma de comunicación resulta atractiva, “una nada” que resulta atractiva y le da una sustitución placentera. Decide por tanto, en un síntoma que denuncia socialmente aquello que no ha podido elaborar por falta de recursos y por lo importancia que ha tenido temporalmente en el desarrollo de su constitución psíquica, mostrar aquello que le preocupa. Esto le da un lugar de testigo sosteniendo en su síntoma, con su síntoma, una realidad que le resulta displacentera.

M necesita dejar de ser solo testigo. Y para eso sus padres desde lo simbólico deben otorgarle el don de la palabra. No solo alimentarla con ellas, sino darle el lugar para que las pueda tomar y hacerlas propias para que no funcione a la manera de una profecía, sino de algo que pueda tomar como herramienta para poder conocer un mas allá de ellos.



Referencias Bibliográficas
Lacan, J. (1956/2004). Seminario 4: La relación de objeto. Buenos Aires. Paidós
Lacan, J. (1969/2007). Intervenciones y textos 2. Dos notas sobre el niño. Buenos Aires. Manantial.
Miller, J.A. (2005). El niño entre la mujer y la madre. Virtualia Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana. Año IV – Número 13 – Junio/Julio2005.



 
 
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