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El perfil de él y ella
  Por Martín. H Smud
   
 
Lo primero que te pide el acceso a las redes sociales es la información de tu perfil. Es como una declaración jurada pero sin ninguna obligación jurídica. A muchas mujeres no les gusta poner la edad, como poner el estado sentimental, no es muy bien recibido por los hombres.
¿Por qué mostrar una foto actual si podés mostrar una foto de las vacaciones de hace diez años? Si ya sé que no estás más así como estuviste esas vacaciones. Nadie puede echártelo en cara, el paso del tiempo no ha sido malvado con vos (o conmigo), apenas ha crecido un poco la panza… No hay engaño, simplemente un poco de Photoshop. Las modelos más lindas jamás aceptan salir sin que las retoquen, ¿por qué no podríamos poner una foto que muestre nuestro mejor perfil?
No hay alguien que nos mire en vivo y en directo, que nos cuestione lo que hacemos, tampoco nadie, salvo nosotros, podrá quitar esa foto para poner otra pero alguien del otro lado responde. Le gustó esa foto y parece que tenemos el perfil que estaba buscando. Porque, al final, el tema no es el perfil de uno sino del otro. Ese que se conecta, ¿tiene el perfil que ella o él están buscando?

La última aplicación en un programa para celulares inteligentes que muestra quiénes están buscando relacionarse con otros u otras, te deja ver esa foto y otra variable importante: la cercanía a tu hogar. ¡No vaya a ser que te guste una persona que vive en Alaska! Si lo tildás simplemente con un “me gusta” y el otro/a hace lo mismo, se abre instantáneamente un chat privado. Es mágico como un encuentro face to face, un “me gusta” amparado en dos variables: la apariencia y la cercanía, abre la puerta del encuentro con el otro.

1. El tema es qué hay del otro lado. Él se levanta con urgencia, la ha detectado a ella del otro lado de la mesa, ya le ha mandado varios mensajes. Además está apurado por la cerveza que ha tomado, necesita sacarse de encima esa ansiedad irresistible.
Hay que subir un nivel, animarse a la escalera larga y sinuosa que lo lleva al primer piso. Llega frente al letrerito de la puerta del baño, mira para ambos lados, no hay nadie, ni cámaras intrusas, todo desolado. Intuye que después de abrir la puerta… Saca el celular con 3G y se conecta con esa chica de la planta baja. La invita a subir. Ella le pregunta, antes de subir, si tiene novia. La información de tu perfil la has sintetizado tanto que no dice nada. Toma la decisión de declarar una situación sentimental “abierta” y espera que ella suba también desesperada porque ha bebido mucho y lo busque siempre con la misma excusa, que no sabe por qué subió pero, no tienen tiempo, se embisten furiosos a besos y manotazos.
Al rato, ella parece haber cambiado de parecer, ya sin dudas, le agradece con besos profundos haberlo encontrado y hasta se da tiempo para una dulzura, él es lo que tanto había buscado, su media naranja.
En el poco tiempo que tienen para hacer algo que los haga felices, él empuja una puerta, ¿la del baño de mujeres o de hombres? No importa.
¿Quién dijo que el ser humano necesita tanto tiempo para ser feliz? Alcanza sólo con un rato. Él no sabe para dónde han entrado. Nadie que va con tantas necesidades a un primer piso, necesita en la puerta un pictograma fácil de reconocer.
Él sabe cómo dirigir sus manos a pesar de que su cabeza le da vueltas. Simpleza y mostrar cuáles son sus intenciones, por más que sean las peores, hay que ser transparente, porque todo tiene que ser hecho rápido y a nadie le gusta encontrarse con un chasco, y encima lento.
Lo que necesita es sacarse de encima ese líquido, esa ansiedad que apenas resiste. Y ella, pese a una pose de aguantadora, es la que espera menos y corre, para llegar rápido y despacharse a gusto sin importarle lo que se abra a sus impulsos incontrolables.
El viejo letrerito de ella con tetas y él con pantalones, los pictogramas en cada puerta de los baños públicos. Para ir rápido al grano, para que nadie se confunda. Lo que tiene de bueno, es que cada cual sin tener que decir su nombre muestre lo que tiene oculto.
Él hace algo que nunca se había animado, estos encuentros posibilitan diversidad, nada de discriminar lo que se puede y lo que se debe y, mucho menos, cuando uno está medio borracho. Ese líquido tibio en su espalda, impensado como probable en ese baño público.
¡Tendrá la excusa de que fue el mareo, el alcohol, esa tendencia de hacer cualquier cosa!
Todos esperamos un elefante que salga del armario donde guardan las escobas voladoras de nuestros sueños infantiles. Ella se da vuelta y le cambia la cara, alguien la vuelve a desilusionar. Pues si es cierto eso de la media naranja, pocos la deben haber hallado en este mundo super poblado y lleno de gente con tantas ganas de mear.

2. El mundo dura tanto como una conexión, la esperanza de encontrarte con el otro dura el sueño de una noche. ¡Pero qué noche!
Internet es el lugar de las “transgresiones normales” y a esto se llama pandemia. La cantidad de peleas que se están generando entre las parejas porque a ella o a él se los descubre hablando indebidamente con otro u otra. Internet es un “disolvente” serial de parejas.
La ansiedad es el hueso duro de roer, Internet lo sabe por eso quiere que pongas un perfil con el que te puedan reconocer rápido, con todas tus necesidades para que, cuando alguien vaya al primer piso, pueda reconocerte en el muñequito de la puerta del baño. Un perfil simple y que muestre tus intenciones, que viralice la cháchara de la felicidad. Ser inteligente en ciento cuarenta caracteres. Que muestre tu ansiedad, ¡cuanto más tremenda, mejor! Se agradece la transparencia, a nadie le gusta esperar el turno en el espacio virtual. No hay colas a respetar. Siempre estamos participando. Nuestro perfil nunca duerme, no sabemos qué está haciendo ahora, con quién está jugando la seducción de una pronta posibilidad.
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El presente texto es un anticipo del nuevo libro de Martín Smud, Generación Play. La multiplicación de pantallas y controles. Letra Viva, 2014.
 
 
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