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   Determinismo y Elección

Sexuación: determinismo y elección en diálogo
  Por Adriana Bauab
   
 
¿Determinismo o elección? Recibimos en la consulta, en ocasiones, padres que se interrogan a cerca de la definición sexual de sus hijos. Un papá se preguntaba si su hija era “lesbi” por unas fotos que vio en Facebook, en las que su “hasta hace poco” inocente púber aparecía en osada pose de seducción con una amiga.
La joven mamá de un niñito, a partir de relatar un infeliz episodio acaecido hacía varios años en su familia –un sobrino suyo se había suicidado, luego que sus padres al conocer su inclinación homosexual lo obligaron a ponerse de novio con una muchacha– impresionada por el hecho, se preguntaba cómo hubiera reaccionado ella. Se precipitó a decir, “le demostraría mi amor respetando su elección”.
Una pareja con preocupación relató que cuando le preguntaron a su hijo veinteañero, si alguna vez había estado con alguna joven, éste respondió “no se metan en mi vida”. Confirmándoles luego la intensa sospecha que arrastraban desde hacía un tiempo sobre su homosexualidad. Afligida la madre me preguntó, ¿pero por qué sucedió esto, es algo genético? Mientras el padre con una mirada desencajada simplemente balbuceaba “Algo habremos hecho mal”.
Difícil encrucijada en la que nos encontramos los analistas cuando nos piden una respuesta. Sí podemos afirmar, que no se trata de lo genético. La inmersión en el lenguaje desaloja inexorablemente al sujeto de la determinación biológica, de quedar arrastrados a lo biunívoco de la polaridad macho, hembra. Y también podemos afirmar que en relación a la crianza de los hijos no existe una receta para hacerlo “todo bien”.
Freud a partir de sus desarrollos sobre la bisexualidad constitutiva, y alejado de una posición moralista, sostuvo que los jóvenes pueden tener a veces ocasionalmente juegos sexuales con partenaires del mismo sexo y otras alternar al comienzo de su segundo despertar sexual, elecciones con partenaires homo y heterosexuales. Es importante señalar que ése es, a veces, un tiempo necesario de búsqueda y sondeo de satisfacción. Acompañar al adolescente en ese trayecto con sus preguntas, lo llevarán a establecer la asunción sexual definitiva.
Por estructura no hay relación causa-efecto, entre el deseo manifiesto de los padres, sus expectativas respecto del hijo, y de lo que de ello resultará. La constitución subjetiva es efecto del lenguaje y son múltiples las variables que intervienen en el montaje de la pulsión. Como dice Lacan en uno de sus póstumos textos1, “el Padre tiene tantos nombres que no hay Uno que le convenga, sino el Nombre de Nombre de Nombre. No Nombre que sea su Nombre Propio, sino Nombre como ex-sistencia. Es decir el semblante por excelencia.”
Efectivamente la pulsión sexual, se constituye a partir del Otro, de la demanda del Otro. La fina construcción de la erogeneidad y de la disposición sexual en el cachorro humano nos viene del deseo del Otro, que vale la pena aclarar, no es sólo mamá y papá. El Otro, el lugar del Otro, tiene su dimensión opaca, desconocida, misteriosa, impregnada de malentendidos. ¿Qué me quiere? Es la pregunta del infans, sobre la que se teje todo el devenir del sujeto.
Sin embargo el goce del Otro, el goce mudo del Otro, del cuerpo del Otro, a veces es arrasador y nunca es signo de amor. No podemos negar que una madre, tía o abuela, que viste permanentemente de niña al varoncito o lo tilda con un nombre femenino, no va a influir marcadamente en la determinación de su elección de sexo. Tampoco podemos negar que el abuso sexual sobre jovencitos, por parte de un mayor con investidura de seminarista, tío o padrino, no va a ocasionar cuanto menos una fuerte inhibición de su sexualidad.
Dependerá de cómo opere la castración en tanto simbólica, la significación fálica en su función estructurante, para que el cuerpo constituido narcisísticamente, devenga cuerpo erógeno, sexuado. Con disposición a gozar en la relación con el partenaire.
Tal como lo propone Lacan en “La significación del falo”: “El complejo de castración inconsciente tiene una función de nudo, 1°) en la estructuración dinámica de los síntomas en el sentido analítico, es decir en lo que es analizable en las neurosis, las perversiones y las psicosis. 2°) en la instalación en el sujeto de una posición inconsciente sin la cual no podría identificarse con el tipo ideal de su sexo, ni siquiera responder sin graves vicisitudes a las necesidades del partenaire en la relación sexual, ni acoger con justeza las del niño engendrado en ellas.
La eficacia de la castración es la condición determinante para que la sexualidad orientada por los diques contra el incesto, se identifique “con el tipo ideal de su sexo” anatómico. Pero, para las encrucijadas del goce, la anatomía no es el destino.
El lugar del Otro es espejo, es universo simbólico y es también de donde provienen las marcas que estampan el goce en el cuerpo del infans.
Marcas de goce que de no ser borradas por el advenimiento del significante, en el paso por un análisis, retornarán al mismo lugar, como pura repetición, tal vez en diferentes escenarios y con distintos personajes, sin que el sujeto pueda acceder a una elección y transformar eso que lo determinó y que le impide realizar sus deseos.

Alienación/separación: ocasión de una elección para el sujeto
El neurótico en su padecer se mueve generalmente en un estrecho laberinto de falsas opciones.
¿La bolsa o la vida? ¿La libertad o la vida? Elegir la vida, ¿pero la nuda vida2? Sabemos que la vida nuda está despojada de placeres. Son los artilugios de lo que Lacan llamó primera operación de constitución del sujeto, operación de alienación, el vel alienante. Deja al sujeto capturado en una falsa disyuntiva. Si elige la bolsa, se queda sin ambas, sin la bolsa y sin la vida. Si elige la vida permanecerá en una vida despojada de placeres. Con la segunda opción, lo mismo. Si elige la libertad, pierde ambas, y si elige la vida, está será amputada de la libertad.
En este vel alienante se sumerge el sujeto para existir, pero condenado, esclavizado bajo los significantes del Otro, entregado al sentido que el Otro le aporta, afanisíaco de su deseo.
En la alienación el goce se juega al todo o nada y así parece como se transitan las encrucijadas más ríspidas de la vida, navegando como una cáscara de nuez, en las aguas del Otro.
Este es el Limbo, en el que el neurótico gira, volviendo a repetir, repetición de lo mismo, dominado por los apremios del ello o los mandatos del superyó, enrolado en los avatares de la pulsión… A veces puede llegar a naufragar. Allí impera lo que Lacan llama, el factor letal. Lo azaroso de esta empresa es que la materialidad de las palabras, su estofa significante da la chance, ya que esa alienación no es otra, que al significante.
Sólo logrará exiliarse de esa letalidad mortificante, por la vía de la palabra, por la lectura del inconsciente en transferencia. Por una segunda operación llamada separación.
La pulsión se constituye en los desfiladeros del significante, única chance de rescatar al sujeto sin que esas aguas lo ahoguen en su determinismo que no proviene sino de la demanda del Otro, una demanda proferida en palabras.
La equivocidad del significante dará la chance de alguna elección por sobre el determinismo, la ocasión de que el sentido cristalizado se conmueva. De exiliarse de la repetición ineluctable, para advenir a otra constelación que no será de las posibilidades infinitas ni del libre albedrío, pero sí de la lógica de un goce regulado, de un “no todo” goce.
Esa segunda operación de la constitución subjetiva que es la de la separación, permite al sujeto descontarse del Otro y contar con el S1, el significante unario, extraído del S2, la batería de los significantes. La poiesis del inconsciente, es el alumbramiento que permite la realización del sujeto. Podríamos llamarla la segunda vida, respecto de la primera, la del nacimiento biológico. Justamente Lacan denomina a esa separación del sentido aportado por el Otro, se-parere, jugando con el equívoco en latín, engendrarse, parirse.
Es otro nacimiento para el sujeto, cuando por vía del significante, recupera el sentido vital de su deseo.

Sexuación y economía de goce. Sexo, responde a la pregunta que se le hace a la anatomía. ¿Es macho o es hembra? ¿Es varón o mujer? Según el genotipo, al que se corresponde un fenotipo determinado. Así el término sexo divide aguas entre femenino y masculino.
Sexualidad abarca la capacidad erótica de un sujeto, es decir sus modalidades de obtener placer a través del cuerpo y sus orificios. Las especies de los objetos de la pulsión, circunscriben zonas erógenas del cuerpo que se satisfacen mediante esos cúmulos de goce que son las especies del objeto. Ya lo dijo Freud, la sexualidad infantil es perversa y polimorfa. Serán los diques contra el incesto, repugnancia, vergüenza y pudor asentados por la cultura los que establecerán una orientación sexual con determinadas características.
Ambos, sexo y sexualidad, son términos que no alcanzan para decir de las peculiaridades de cómo cada sujeto obtiene la satisfacción sexual en sus variantes de goce.
Las fórmulas de la sexuación, acuñadas por Lacan, proporcionan una lógica a las distintas maneras en que el ser hablante muestra su relación al goce. Fórmulas de cómo goza quien se dice mujer o quien se dice hombre, según en cuál lado de las fórmulas se ubique. Lo cierto es que es una lógica arraigada en las diferencias, diferencias en relación al falo. Proporcionan herramientas para pensar las singularidades de los sujetos en sus goces placenteros y desplacientes ya se trate de hétero, homo, lesbis, gays, bisexuales, transexuales. ¿Cómo pensar esa novísima modalidad que es la del artículo neutro3, aquéllos que en un intento de borrar las diferencias, eluden el encasillamiento en alguna de esas dos categorías, femenino o masculino?
Nuevos desafíos para el psicoanálisis que no juzga la sexualidad, pero sí trata de explorar las causas por las que un sujeto se posiciona de determinado modo, particularmente cuando el goce del cuerpo, el amor y el deseo desenlazados y contrariados son ocasión de importantes padecimientos. Ofrece un lugar para que el sujeto se interrogue y decida cuándo alguna elección le es posible, frente a las improntas del destino que le aguardaban.
________________
1. Jacques Lacan. “Prefacio a El despertar de la primavera” en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.
2. Giorgio Agamben: Nuda Vida , concepto de GA, que refiere a la vida desprovista de toda cualificación, lo que tiene en común la vida humana con la animal o vegetal.
3. Del artículo de la revista Soy, de abril de 2013, “Degenerando”, que refiere que la Enciclopedia Nacional Sueca, acaba de incluir en su versión online un nuevo pronombre personal neutral (hen), incluyendo una opción que pone en jaque al supuesto de la división entre hombres y mujeres.
 
 
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