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Espejos
  Por Élida E Fernández
   
 
Recortaré tres espejos literarios:

“—Espejito, espejito ¿Quién es la más hermosa de este reino?
—Tú, majestad
Y fueron pasando los años. Un día la reina preguntó como siempre a su espejo mágico:
—¿Quién es la más bella? Pero esta vez el espejo contestó:
—La más bella es Blancanieves.
Entonces la reina, llena de ira y de envidia, ordenó a un cazador:
—Llévate a Blancanieves al bosque, mátala y como prueba de haber realizado mi encargo, tráeme en este cofre su corazón.”
Fragmento del cuento de Blancanieves de los hermanos Grimm

“Ahora que si me prestas atención en lugar de hablar tanto, gatito, te contaré todas mis ideas sobre la casa del espejo. Primero, ahí está el cuarto que se ve al otro lado del espejo y es completamente igual a nuestro salón, sólo que con todas las cosas dispuestas a la inversa… todas menos la parte que está justo del otro lado de la chimenea. ¡Ay cómo me gustaría ver ese rincón! Tengo tantas ganas de saber si también ahí encienden el fuego en el invierno… en realidad, nosotros, desde aquí, nunca podremos saberlo, salvo cuando nuestro fuego empieza a humear, porque entonces también sale humo del otro lado, en ese cuarto… pero eso puede ser sólo un engaño para hacernos creer que también ellos tienen un fuego encendido ahí. Bueno, en todo caso, sus libros se parecen a los nuestros, pero tienen las palabras escritas al revés: y eso lo sé porque una vez levanté uno de los nuestros al espejo al espejo y entonces los del otro cuarto me mostraron uno de los suyos”
A Través del espejo y lo que Alicia encontró allí, Lewis Caroll

“Se propuso adelgazar e iba a la sauna al menos una vez a la semana .Un día de primavera, hacia el mediodía, mientras se duchaba después de la sauna, vio delante de él a un desconocido de piel bronceada que le intrigó profundamente. El vaho que empañaba el espejo sin duda estaba allí por algún motivo: ese desconocido era él.”
Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura, Kenzaburo Oé

Tres espejos: el de la confirmación narcisista de muchas neurosis, que nunca termina de completar una imagen porque el asentimiento nunca se inscribió; el espejo de Alicia, que propongo como de rasgos perversos, donde nada funciona como límite, siempre intenta ir detrás de la escena y el de la psicosis que no refleja, que no arma cuerpo, donde deducimos que no hubo mirada que hiciera consistir ese cuerpo.
Tres espejos, tres formas de corporizarse o de no corporizarse, o de hacerlo con su correspondiente falla.

En el mito. El mito de Narciso da cuenta de ese momento de encuentro y reconocimiento de la imagen en que se desencadena el juego del deseo.
La versión de Ovidio, poeta romano del Siglo I de nuestra era, tiene una riqueza metafórica extraordinaria. Lo que nos ayuda a pensar la complejidad de este acto constituyente del yo.
Ovidio sitúa a Narciso como hijo de Liríope, ninfa de las fuentes y del río Céfiso. Este dato resulta significativo a la hora de tomar en cuenta que es en el reflejo en la fuente, en el reflejo materno donde aparece la imagen que enamora a Narciso. Efectivamente el cuerpo materno es de hecho el cuerpo primordial. La madre en tanto semejante encarna al Otro deseante, introduce al sujeto en el campo de la palabra. “Lengua materna” decimos para nombrar aquella primera lengua en la que fuimos hablados. Lengua que nos permite apropiarnos de un cuerpo que nace como cuerpo ajeno.
En la recreación del mito de Narciso por Ovidio, hay algo que en las otras versiones se pasa por alto y que considero central.
La primera reacción de Narciso ante la imagen es de admiración. Se enamora inmediatamente de lo que ve y le suplica su amor, creyendo que se trata de otro. De pronto se da cuenta de que la imagen reproduce sus propios gestos y reconoce que esa imagen le pertenece. Entonces se desgarra de dolor y dice algo así: “quisiera que lo que amo distara”. Clama por la separación entre él y la imagen de la fuente.1 Cuando esta separación no se logra el encierro narcisista resulta mortal.
Son los casos donde nunca se termina de tener un cuerpo y se busca en la mirada de los otros volver a intentar darle consistencia. ¿Se acuerdan de la película Zelig de W. Allen?2
La formulación neurótica no dice: soy un cuerpo, sino “tengo cuerpo”. Afirmo que me pertenece. Esta afirmación de soberanía sobre el cuerpo propio que muchos adolescentes, por ejemplo, enuncian en acto o en palabra, es un modo de restarse como pertenencia de los padres. Es el modo de restarle ese cuerpo a Otro, de quien fuera parte en el inicio de su vida, y de anclarlo a un medio social más amplio.

Avatares del lazo especular en la clínica. Juan, 23 años, derivado por el psiquiatra que lo atendía como un enigma ¿era un psicótico? ¿Pero, un psicótico historiza?
Juan escuchaba voces, había tenido dos desencadenamientos y dos internaciones. Tomaba alcohol y se drogaba, datos que hacían más difícil abordarlo, pensarlo. Había empezado el CBC con muy buenos resultados, era brillante, hasta que tuvo el segundo desencadenamiento. No podía sostener ninguna actividad.
Empezamos el tratamiento y Juan, cuando no está alucinado, tiene buen humor, hace chistes, nos reímos. Viene con ganas y lo recibo con ganas. Un día toca timbre, le abro y se desmorona sobre mí, me abraza, llora en mi hombro:
—Estoy muy emocionado, hoy me vi en el espejo del ascensor. Me sorprendo.
—Yo no sabía que no te veías.
—Nunca lo dije, pero hoy me vi.
Cómo es posible pensar que Juan no se viera en el espejo y un día pudiera hacerlo ¿se puede recomponer la imagen especular? ¿Va y viene? Pensamos que en la neurosis sí, pero en los nudos que no anudan, esto se estabiliza… ¿o no?
Raúl tiene 50 años, no tengo dudas diagnosticas con él ya que él da un testimonio permanente de su psicosis. Un día llega y me dice:
—Me estuve buscando doctora y no me encontré. Me busqué en las librerías, soy de Tauro, leí mi horóscopo y no soy yo eso que dicen de mi signo. Yo no sé cómo soy, ese es el problema. ¿Ud. me puede decir cómo me ve? Sí, como si usted fuera un espejo vaya diciéndome que ve y yo anoto (toma birome y papel de mi escritorio y se dispone a anotar)
Este es uno de esos momentos en la clínica donde el analista ve que todo su andamiaje teórico no alcanza ni para empezar: hay que inventar. Hay que decidir, no se puede postergar. Hacer una apuesta.
Empiezo vacilante a describir su cara.
—Pelo negro, contorno redondo, ojos oscuros, una cicatriz en el labio superior.
Me interrumpe y me dice…
—Bueno, hasta acá, no vamos a hacer todo hoy. Podemos retomar esto en varias sesiones… ¿Cómo me va a entrar todo junto?

¿Cómo entra un cuerpo en el psiquismo? El sujeto no es su cuerpo, lo tiene. Lo tiene (o no lo tiene), como un bien, una propiedad, un objeto que se trata bien o mal, que se lo desdeña, que se lo abandona, o que se lo acaricia. Los cuidados que se le aportan o no se le aportan a ese cuerpo, denotan el valor inconsciente que se le atribuye. Por otro lado el cuerpo es un mapa, mosaico bizantino, un recipiente, un objeto de delirio, el lugar del dolor y las torturas, el lugar de posesiones, lugar a ser parasitado. También el lugar del éxtasis amoroso o místico. El albergue de Dios, del Diablo, de todo tipo de ocupantes.3

Hacerse un cuerpo. El estadio del espejo es formador de la imagen del cuerpo como propio, del Yo y de la imagen del semejante.
“Ciertamente, el sujeto –nos dice Lacan el Seminario de La Angustia, en la clase del 21 de junio de 1961– el sujeto no se refleja en el espejo del gran Otro: se inscribe, bajo la forma de un rasgo einziger Zug, de aquello por lo cual Freud caracterizaba la segunda forma de identificación. El giro del niño se presenta entonces como una operación compleja en el curso de la cual “el yo autentico” recibe del Otro “un asentimiento” bajo la forma de un signo, que a partir de ahí valdrá como Ideal del yo, punto a partir del cual se sostiene la diferencia entre el “yo auténtico” y el yo ideal.”

De este modo, la mención al giro del niño, cierra todo este asunto en el tríptico real, simbólico e imaginario. Al ubicar el yo ideal enteramente del lado de la imagen especular y al señalar el ideal del yo como puro rasgo fuera del espejo desde donde la imagen se ve como amable, Lacan construye “una escena” de la que uno puede pensar que se funda otra alteridad que la de su imagen: ¿no se asiste allí a una especie de segundo nacimiento, un cuasi bautismo que introduciría esta masa gritona y pataleadora en el vasto espacio de los intercambios humanos? Se pregunta Legaufey.4
El infans queda así enganchado a la imagen dispensadora de unidad por un lado y a una mirada de asentimiento por el otro. El hecho de que el niño se reconozca en la imagen especular necesita un testigo, de modo que dado ese testimonio el asunto se pueda cerrar.
La imagen i(a) está doblemente suspendida de lo que se le escapa: lo indivisible, es decir aquello que no hace “otro” en la imagen virtual (los tonos de voz, los afectos mezclados con las palabras recibidas, el calor del cuerpo que lo sostiene frente al espejo, la fuerza o la debilidad del abrazo) y lo que no se ve en el espejo, lo invisible (lo que lo espera antes de que el infans advenga, por ejemplo).
Dentro de estos avatares de la escena especular tendríamos que inventariar todos las faltas, las ausencias, los desencuentros en esta tripartición entre el cuerpo del espacio tridimensional, el cuerpo de la imagen bidimensional, el ojo que mira, su ubicación, lo que ese ojo ve o no mira, y a qué el adulto asiente o no.

Vuelvo a la clínica. Mujer de 60 años, profesional exitosa. Me llama con urgencia, quiere una entrevista ya. Acaba de hacerse una cirugía plástica en la cara, se quiso “estirar”, no verse arrugas, parecer más joven. Pero cuenta horrorizada que no se reconoce en el espejo. Que está pendiente de la mirada de los otros, que quiere saber “Cómo la ven” pero no encuentra aprobación, sólo cierta compasión en los demás. No puede dormir. La desespera que no se pueda volver atrás y recuperar el rostro con el cual se reconocía. Dice al pasar que cree que su marido la engaña con una mujer joven.
Cuerpos que buscan ser armados constantemente, porque cada situación dramática por la que atraviesan se desarma. ¿Quizás no hubo una mirada de asentimiento? Es posible pensar que por distintas razones que no necesariamente hagan a su patología, la madre no lo mire.
Esto trae distintos derroteros de la locura.

En El Doble de Dostoiesvsky, en El Horla de Guy de Maupassant ya la literatura nos muestra que se puede encontrar en el espejo la imagen de otro cuerpo sin reconocerse. La tensión agresiva entre el cuerpo propio y la imagen especular no reconocida, da lugar a una lucha a muerte: o él o yo. La imagen en lugar de prestar consistencia, muestra la cara del enemigo al que si se logra matar, el propio sujeto muere.5
“Has vencido y me entrego. Pero a partir de ahora tú también estás muerto... muerto para el mundo, para el cielo y para la esperanza. ¡En mí existías... y observa esta imagen, que es la tuya, porque al matarme te has asesinado tú mismo!”
Los celos, la rivalidad, la competencia se inician en esta escena especular.
Para tener un cuerpo es preciso una operación donde ese cuerpo se constituye como propio, como uno, gracias al Otro que mira, asiente y nombra, pero este desfiladero es riesgoso ya que, cuando algo de esta escena no se arma, el cuerpo puede volver a fragmentarse como originariamente es vivido por el infans.

Es interesante mencionar que en el seminario Le shintome,6 Lacan dice que la caída del cuerpo como propio (se está refiriendo a la novela El arrebato de Lol V. Stein de Marguerite Duras) es sospechoso de psicosis. Dato clínico muy preciado.
Es aquí donde me pregunto, en el caso del joven que al entrar a sesión me cuenta emocionado que se reconoció en el espejo, ¿es posible que esta imagen se vuelva a rearmar? Quizás, por momentos.
Un cuerpo, para ser asumido como propio, es preciso que sea amado como uno, mirado como uno. El amor dirigido al cuerpo como primera nominación del Yo –narcisismo primario– es un cuerpo que nos remite al uno unificante. Esa célula primordial que imaginariamente constituye el primer momento de la evolución el niño y su madre.

Antes del lenguaje no existe el cuerpo, hay organismo, hay pulsiones desordenadas, hay fragmentación. Lo primero que unifica es la imagen del propio cuerpo vivida como Gestalt completa.
En el estadio del espejo el niño descubre prematuramente su imagen, mucho antes de lograr el dominio motor.
El cuerpo del niño se refleja en un espejo y él asume con júbilo que esa imagen reflejada en el espejo es él. La imagen especular le da al niño la imagen triunfante de dominar su cuerpo, que siente agitado por el furor de pulsiones que actúan en él desordenadamente.

Para que este efecto engañoso se produzca es preciso que el ojo esté ubicado en el lugar adecuado. Lugar que en la metáfora óptica alude a su inscripción dentro de las coordenadas del orden simbólico a través del Deseo de la Madre.
Retorno de la mirada del niño hacia la madre, aparición de lo uno en el campo del Otro, en lo escópico estamos a nivel del deseo del Otro y la madre es soporte de ese Otro. Para que esta mirada deseante de la Madre se ubique en el buen lugar deberá haber operado en ella la metáfora fálica y darse las circunstancias favorables para que ese niño metaforice para ella aquello que la completa. Sin esta coincidencia, como decía Laing, el niño será para la madre un culo para limpiar, una boca para alimentar, un objeto que le pertenece y que no puede pensar separado y distinto de ella. Es decir que el niño puede ser objeto de goce de la madre, sostén de la madre, sede de su satisfacción o del aquietamiento de su angustia.7 Si recordamos a Klein el pecho-inodoro puede ser el de la madre o estar encarnado por el mismo infans.8

El cuerpo es hablado por el Otro y el cuerpo es escrito por los múltiples traumas que van jalonando un no dicho de su existencia, múltiples sentimientos cercenados, historias secretas, pactos de silencio, muertes de las que no se habla, impunidades, deslices nunca confesados, que van a ir configurando la perla de lo traumático.
El cuerpo es así sede de una memoria que no olvida y quiere inscribirse. De este intento fallido de escritura, podemos, a veces, leer. A veces inventar, darle palabras que vayan tejiendo el agujero, palabras que vayan cicatrizando la carne que duele.
El cuerpo no habla, debemos descifrar lo que en él hace marcas de algo que no tiene nombre, que no encontró palabra.
Las herramientas del psicoanálisis quedan en jaque cuando, en la no constitución de lo esencialmente especular, el sujeto de la palabra, incluso de la palabra reprimida, no se ha constituido. La apuesta es la génesis del sujeto.

Concluyendo
. Esta escena especular en su origen es constitutiva de la posible emergencia del sujeto dividido. Como toda “escena” se desvanece y es necesario volverla a montar.
En los sucesivos momentos del recorrido histórico el sujeto va a demandar la mirada de asentimiento en distintas circunstancias y a distintos actores. Otros espejos… que serán puestos a comparar con el fundante. Dependerá del sujeto en cuestión qué lugar de verdad le dará a estas otras especularidades, si las toma o no en su diferencia o sólo va a corroborar que siempre encuentra más de lo mismo.
Aunque renovada, la escena matriz es una. Sobre ella se tejerán o no, se bordarán o no, nuevas figuras, nuevas ficciones.

El psicoanálisis se sostiene en la transferencia como puesta a punto de la realidad del inconsciente. Realidad en la que nos podemos encontrar con rostros opacos, sin boca, sin ojos o con la ausencia de rostros y sólo fragmentos de cuerpo, con cuerpos que se deshacen ante la mirada. Mirar, mirarse, ser mirado en este espejo que se convoca vez a vez.
Sólo en la transferencia, si se instala, podremos intentar otro lazo especular posible, sin olvidar que algo de esta primera escena fundacional no cesa de no inscribirse, en tanto real.
Es necesario establecer en la transferencia un lugar donde la semilla de la “verdad posible” pueda hallar su suelo donde germinar. Llamo “verdad posible” a una versión tolerable de una verdad inasimilable. Sólo entonces las palabras pueden dejar de ser cosas, o sacos vacíos, para encontrar el camino de la metáfora.

Nota: este escrito se corresponde con la exposición de la autora en Amaicha del Valle, Tucumán, el presente año.
________________
1. Ovidio.
2. Película, 1983.
3. Pavlovsky, F. Te tengo bajo mi piel Topía Buenos Aires 2011 pag. 115.
4. El Lazo especular. Un estudio travesero de la unidad imaginaria. Edelp.Argentina. 1998.
5. Como tan bien describe Edgard Allan Poe en William Wilson.
6. Lacan, J. Seminario 23, El sinthome. Paidós, Buenos Aires , 2006.
7. Amigo, Silvia: Paradojas Clinicas de la vida y la muerte. Homo Sapiens Ediciones. Argentina 2003, cap. v, La pasión de ser.
8. Klein, M. Obras Completas. Paidós, Argentina.
 
 
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