Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Psicoanálisis y Género

El transexual. De la cuestión de la psicosis a la cuestión de la época
  Por Gimena Sozzi Uboldi
   
 
Se propone aquí realizar un breve abordaje del fenómeno1 transexual desde el psicoanálisis en relación a la estructura subjetiva y de acuerdo a tres momentos contextuales. Teniendo en cuenta que para Lacan el inconsciente es el discurso del Otro, entendemos que cada momento socio-histórico-político traza sus marcas en las subjetividades. Siguiendo a Catherine Millot, afirmamos que el fenómeno transexual es “la conjunción de una convicción, que no debe nada a nadie, y una demanda que se dirige al otro”.2 Intentaremos dar cuenta de la importancia de circunscribir el fenómeno y explicarlo con la época sin que ello implique hacer a un lado las categorías diagnósticas propias del psicoanálisis lacaniano.

Las aproximaciones freudianas a la temática
A finales del siglo XIX surgen discursos que, desde lo legal, médico y psiquiátrico, inventan y luego patologizan y/o criminalizan el concepto de ´homosexual´. Es innegable que Freud no está al margen de su época, dialoga con ella, la polemiza. En sus “Tres ensayos de teoría sexual” toma como antecedente las elaboraciones de Hirschfeld,3 neurólogo militante homosexual, para explicar la disposición bisexual de todo ser humano.
Freud anuda la idea de sexualidad al novedoso concepto de ´pulsión´, desnaturalizando así la sexualidad previamente reducida a la genitalidad adulta. Diferencia objeto sexual y meta sexual, y anuncia que la experiencia analítica muestra desviaciones respecto de ambas, “desviaciones cuya relación con la norma supuesta exige una indagación a fondo”.4 Nos está marcando una presunción de su época que él subvierte: que a cierta anatomía corresponde determinada elección de objeto. Nos dice que ni siquiera es obvio que el hombre tenga inclinación por tomar a una mujer como objeto sexual, sino que requiere esclarecimiento. En esta línea afirma que “sustituir el problema psicológico por el anatómico es tan ocioso como injustificado”.5 La teoría freudiana entonces da un giro de 180º a la concepción ´norma´ de su época, proponiendo en primer lugar el concepto de ´pulsión´, y destacando que la pulsión sexual es en principio independiente del objeto, objeto que se soldará a ella en un segundo tiempo lógico. Es decir, hay un cuerpo, éste es erógeno, pulsional, y no hay ningún grado de determinismo biológico en cuanto a la elección de objeto.

No se observa en la obra de Freud referencia directa respecto de la problemática transexual. Esto claro que no es llamativo teniendo en cuenta el avance de la ciencia hasta el momento de su producción teórica. Si bien ya en la antigua Roma y Grecia aparecen los primeros antecedentes de personas que han buscado un cambio de sexo -sea interviniendo ellos mismos sobre su organismo o invocando a la figura del médico-, consideramos que hay una demanda que es relativamente novedosa y se actualiza constantemente conforme la oferta en curso del mercado. Así, Jean-Claude Maleval nos invita a pensar la aparición de esta problemática no antes de 1920. Sin embargo podemos sí repensar el caso del Presidente Schreber, de quien Freud analizó sus escritos, ya que al respecto Lacan ubicó que el estado terminal de su delirio “lo sitúa a él mismo como ser completamente feminizado”,6 siendo su “práctica transexualista”7 la modalidad razonable hallada por el sujeto para circunscribir el goce.

Schreber ubica haber tenido sus enfermedades de los nervios por un exceso (sobrecarga que él sitúa en relación al trabajo). El comienzo de la segunda enfermedad tal como lo postula Freud: Schreber sueña que se vuelve a enfermar y tiene una fantasía en duermevela, “Qué hermoso sería ser una mujer al momento de copular”. En el texto “Neurosis y psicosis”, la sexualidad queda para Freud en la etiología tanto de neurosis como de psicosis dado que comporta una carga, economía libidinal no tramitable en su totalidad, la diferencia es que en la psicosis el Yo se deja avasallar por el Ello. Entiende la psicosis como una “perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo exterior”,8 ahora bien este mundo exterior no es necesariamente la realidad exterior efectivamente acontecida, sino que la entendemos como una construcción psíquica, fantasmática. Inclusive ubica cómo el principio de realidad sustituye al principio de placer pero no en su totalidad, no implica el destronamiento del primer principio sino un aseguramiento de distinta índole. La sexualidad humana se realiza a través de la Ley, pero Lacan nos dice “Partamos de la idea de que un agujero, una falla, un punto de ruptura en la estructura del mundo exterior, está colmada por la pieza agregada que es el fantasma psicótico”,9 este fantasma que se expresa en la mencionada fantasía que, si bien lo sorprende e indigna, va a llevarlo, junto a su producción escrita, al “apogeo de estabilización en que escribió su obra”.10

El diagnóstico que Freud da de Schreber es el de demencia paranoide, señalando dos puntos de fijación que se combinan: regresión al momento del autoerotismo cuando vivencia su cuerpo despedazado, y regresión al narcisismo en el segundo tiempo cuando rearma su realidad por el delirio de grandeza. En el momento de desencadenamiento, toda la serie de fenómenos en el cuerpo, un cuerpo que es dañado por alternativos perseguidores, cuerpo no unificado en la imagen por el Falo. El desencadenamiento provoca un retorno al primer efecto del lenguaje sobre el hablante ser, regreso al cuerpo fragmentado. La fantasía de duermevela irrumpe con el efecto de destrucción del cuerpo. En tanto la función del padre como castrador es para Freud universal, interpreta a esta fantasía en relación al complejo paterno, posición aquí femenina respecto del padre. Hay un retiro de la libido de los objetos del mundo exterior y cataclismo a nivel imaginario en tanto la libido retorna al Yo de modo excesivo (no a la fantasía). El cuerpo queda inundado por cantidades que superan la posibilidad del Aparato Psíquico de tramitar la irrupción libidinal.

Luego de haber sido desgarrado el vínculo con el exterior, habrá un intento de restitución que será más acorde al Ello, paso que presenta un carácter reparador, de parche, creando una realidad nueva. Es menester aclarar que el rearmado de la realidad tiene lugar, ya para Freud, no necesariamente en el exterior sino en las huellas mnémicas, juicios y representaciones del mismo, por medio de la alucinación, dando lugar, más que a la pérdida de la realidad, a una sustitución de la misma. La respuesta del sujeto, nos dirá Freud, es por medio del delirio como intento de restablecer los lazos libidinales con el mundo nuevo, creación del sujeto, Lacan lo lee como un reordenamiento del Imaginario. En este segundo tiempo en la psicosis, el sujeto trabaja para restaurar la realidad psíquica, rearmado del cuerpo, y lo hará por medio de una idea rectora que le permite mantener cierta estabilidad en la estructura. Situamos entonces un goce en la compensación, que no es fálico propiamente dicho (que corresponde a la neurosis) pero sí es un goce que lo compensa, lo apacigua. Se produce una sustitución que anuda los tres registros con un cuarto enlace, “ser la mujer de dios”. El Otro que había tomado la iniciativa tiene un nombre en vez de ser una multiplicidad y Schreber una misión en el mundo, restaurar el orden cósmico. Progresivamente se transformará en mujer, fantasía asintótica como recurso que repara su realidad y el universo. Delirio de grandeza, nos dice Freud, como intento de curación.

Al principio Schreber se opone a la idea de transformarse en mujer para satisfacer a Dios, luego se reconcilia con ella, apaciguando así algo del goce disruptivo del Otro. Freud deduce entonces que el modo hallado por el sujeto en la vía de tramitación del complejo de Edipo ha sido por medio de su feminización a nivel delirante. Es un delirio transexualista para Lacan, ya que el goce intrusivo cobra significación femenina y apaciguadora sin ser necesario para el sujeto realizar una operación a nivel del organismo.

Un tiempo después, las coordenadas de Lacan
El nazismo y la Segunda Guerra Mundial reprimen y destrozan los esbozos de logros de los grupos de defensa de los derechos de las minorías sexuales. Alrededor de 1950, homosexuales blancos y de clase media de los Estados Unidos comienzan a buscar tener algún lugar donde ser alojados en el discurso dominante de la época. Es recién hacia 1970, ya en un contexto sociopolítico propicio, que surgen los grupos de liberación gay, los que insisten en ser reconocidos desde la diferencia con los grupos hetero -y no ya desde la igualdad como sus pioneros de los 50´s-. Así, pasan a reivindicar el término ´gay´ asociado a una identidad, como separado del discurso normativo y patologizador que insistía en llamarlos ´homosexuales´.

Sin realizar un recorrido por el término, dejaremos únicamente indicado que fue Harry Benjamin quien en 1953, sitúa por primera vez el transexualismo como síndrome, que en los 70´s formará ya parte de las categorías de la OMS y en los 80´s, del DSM III. Él diferencia al verdadero transexual (que no presenta signos fenoménicos de psicosis desencadenada) y el falso (que sí presenta).
Los ´estudios de gays y lesbianas´ tienen lugar a partir de la diferenciación propuesta en los 60´s por Robert Stoller, quien, tomando aportes de la Psicología del Yo, ubicó al sexo como característica natural y al género como el conjunto de las adquisiciones socioculturales que recibe la persona.

Muchas críticas se han hecho desde las teorías de género hacia el Psicoanálisis. Estas críticas las podemos situar en los impasses freudianos respecto del padre, el falo y la mujer, cuestiones que podemos leer hoy a la luz de las conceptualizaciones lacanianas. Lacan dialoga con los intelectuales del momento, sin perder la impronta subversiva freudiana y desde su propio marco teórico. En este sentido es de importancia al menos señalar aquí que Lacan enseñaba en el mismo lugar y época que Foucault, que buscó dar una vuelta posible a las protestas de mayo del ´68, y que intentó contestar oportunamente a interrogantes de acérrimas feministas, por ejemplo.
Ya en la primera parte de su enseñanza, Lacan vincula al transexual con la psicosis. Así lo hace en 1956, situando que la forma que Schreber tuvo de realizarse es “admitiéndose como mujer, como transformado en mujer. Este es el eje del delirio”.11 Unos años más tarde ubica cómo Schreber con su transformación en mujer practicada a nivel delirante recurrió a una significación imaginaria frente a un agujero en lo Simbólico, dando cuenta así de la función restauradora de la psicosis “le queda la solución de ser la mujer que falta a los hombres”.12 En la misma línea se encuentra otra breve referencia del mismo año, donde diferencia a las mujeres que proclaman su calidad de hombres del “estilo de delirio del transexual masculino”.13

En los 70´s Lacan se expresa sobre el mencionado Stoller, a quien acusa de eludir en los casos presentados de transexuales “la cara psicótica de estos casos”14 por desconocer la forclusión lacaniana. En esos años comienza a dar forma a sus fórmulas de la sexuación, ubicando los dos modos de gozar, dando cuenta de cómo cada sujeto se posiciona electivamente en uno u otro lugar. Posición sexuada relacionada con el modo de gozar de cada quien, que no se corresponde con la naturaleza ni tampoco con las identificaciones que provee la cultura, elección que corresponde al trabajo inconsciente. En tanto no hay todo-decir respecto de lo que son el hombre y la mujer, lo que se observa es la presencia de Un sexo y el Otro sexo, lugares a ser ocupados más allá del feno y genotipo de un individuo. El sujeto, explica, acepta o rechaza inscribir su goce en el universo fálico.

A esta altura de su enseñanza nos dice que “Para acceder al otro sexo hay que pagar realmente el precio, justamente, el de la pequeña diferencia, que pasa engañosamente a lo real a través del órgano (…) El transexual no lo quiere en calidad de significante, y no así en calidad de órgano”.15 Entonces, continúa, el transexual “padece un error, que es justamente el error común. Su pasión, la del transexual, es la locura de querer liberarse de este error, el error común que no ve que el significante es el goce y que el falo no es más que su significado. El transexual ya no quiere más ser significado falo por el discurso sexual que, lo enuncio, es imposible. Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es el pasaje de lo real”.16

Hasta aquí entonces el transexual como un sujeto fuera-de-discurso, de la ley fálica. Rechazo del Falo como significante, el sujeto porta un órgano para el que no encuentra función, órgano que lo inunda de un goce mortificante, intrusivo, que debe ser extraído. Pugna entonces por la intervención de la medicina que repare el ´error´ de la naturaleza del que siente haber sido víctima. Lejos de las reivindicaciones de derechos en pos de distanciarse de los discursos dominantes y patologizantes, observamos al transexual reivindicando el discurso normalizador. Lleva al extremo la diferencia sexual, no rompe el dualismo sino que lo reivindica (entre otras cosas) en su pasaje ´necesario´ por la cirugía. Un error común, ¿no? el presupuesto de que habría una ´identidad´ sexual fija e inamovible y de que ella implicaría una adecuación física, ubicar al ´ser´ en la carne y en el yo.

Qué novedades
Casi llegando a los 80´s, el mercado explota su saber hacer con la cultura gay, que es absorbida, perdiendo en gran medida el potencial subversivo, por lo que a finales de los 80´s surge un nuevo colectivo que se autoafirma ´queer´. Algunos autores post estructuralistas (Foucault, Derrida, Deleuze y Guattari) e ideas del feminismo son el caldo de cultivo para los teóricos que se agrupan bajo el significante queer. Significante injurioso con el que intentan apropiarse de un lugar, es nombrar a alguien raro, diferente. Se apropian de un espacio de lucha en diferencia respecto del orden heterosexista y contra la cultura gay capitalista, subvierten y conmocionan a los ´estudios de género´. Buscan reivindicar en las luchas políticas la importancia no sólo del género, sino también de la raza y la clase social, critican los binarismos, el heterocentrismo, ubican al género como producto de tecnologías sociales, institucionales, invitan a pensar al género y a la sexualidad como performativo, entre otras cuestiones.

Se observa que vivimos el apogeo de las categorías de género, el progresismo idealista queer promueve la diversificación y multiplicación de los nombres identitarios. La sigla que representa a las minorías sexuales ha agregado recientemente dos letras, LGTTBIQ (hasta ahora…). Encontramos entonces una pluralización de S1, multiplicidad que podemos leer con las fórmulas de la sexuación como característica de la lógica femenina. En el auge de la imagen, donde los cuerpos son conminados a transformarse cada vez más y con mayor facilidad, adquiriéndose partes del organismo como objetos mercancía al alcance de la mano, Millot ya sugería en el `84 una similitud entre los transexuales y los candidatos a la cirugía estética, que hoy se oferta al por mayor.

La multiplicidad de las ´identidades de género´ posibles parece intentar suturar la falla estructural de la no relación sexual con una respuesta por el ser o el tener, y en pequeños grupos, micrototalidades que aplastan la singularidad y la pregunta por lo sexual al reducirlo a una cuestión de elección yoica y/o construcción de género. Y justamente, fue “lo sexual de la diferencia sexual lo que se dejó caer cuando este término fue reemplazado por el de género”.17 Es necesario considerar asimismo que la demanda de los sujetos transexuales al Estado y a la medicina (operaciones, tratamientos hormonales, cambio del estado civil), no es posible sin una oferta por parte de dichos organismos. En este sentido “será preciso inventariar además las consecuencias que las tecnociencias producen al ofrecer el sueño de hacer posible lo imposible”.18

Frente a la multiplicación nominalista, el empuje al consumo y el imperativo a gozar de la hipermodernidad, si bien no podemos caer en el desliz que le señala Lacan a Stoller, es preciso sostener la pregunta por el diagnóstico con cautela. Si pensamos a la transexualidad como fenómeno, debemos considerar a qué responde en la estructura subjetiva y en el contexto actual. En este punto entonces, advertimos que el sujeto que se presenta como transexual, por un lado, está haciendo uso de un significante que le da ´identidad´ ofrecido por la época, por un lado. Y por otro, teniendo en cuenta que “volverse mujer y preguntarse qué es una mujer son dos cosas esencialmente diferentes”,19 presenta el enigma de antaño sobre la sexualidad, sólo que la respuesta adviene sin mediatización, en el ´error´ del pasaje a lo real, error facilitado en parte, por el Estado y las técnicas médico-quirúrgicas.

En tanto “en el psiquismo no hay nada que permita al sujeto situarse como ser macho o ser hembra”,20 y al ubicar el goce como lo más singular de cada sujeto, el Psicoanálisis da cuenta de la inadecuación del sujeto con su organismo biológico y con el ´género´ al que se identificaría. Más allá de la multiplicidad de S1 ofertados, para nosotros hay dos lugares donde el sujeto se puede posicionar de forma electiva -el lado hombre y el lado mujer-, elección inconsciente claro, y que marca el rumbo de los modos de gozar la pulsión. La pulsión, por su parte, sigue siendo la misma, lo que efectivamente se modifica es su recubrimiento.
En la época de la declinación del Nombre del Padre y la promoción feroz del derecho al goce, si el Otro no existe, sí existen los síntomas que a ello responden, síntomas cuya vestimenta varía. Distintas formas en que el contexto sociohistórico arma soluciones –fallidas- al invariable de la no complementariedad entre los sexos. Atendemos a qué responde la subjetividad contemporánea, en cada caso qué función cumple el fenómeno transexual en la estructura subjetiva y en el marco de la civilización actual.



1 En este escrito elegimos utilizar la palabra ´fenómeno´ con el objetivo de dar cuenta de lo fenoménico, intentando de este modo abarcar algunas de las diversas manifestaciones de la problemática (la transexualidad como síntoma-problema, como solución sinthomática, como novedad de una época).
2 Millot, C. (1983). Exsexo. Ensayo sobre el transexualismo. Buenos Aires, Catálogos, 1984, p. 14.
3 Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual, en Tomo VII. Buenos Aires, Amorrortu, 2003, nota pie de página 1, en p. 123.
4 Ibid.
5 Ibid., p. 130.
6 Lacan, J. (1955-1956). Seminario 3. Las psicosis. Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 94.
7 Lacan, J. (1966). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, en Escritos 2. Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2010, p. 543.
8 Freud, S. (1923). Neurosis y psicosis, en Tomo XIX. Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 155.
9 Lacan, J. (1955-1956). Seminario 3. Las psicosis. Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 71.
10 Ibid., p. 92.
11 Ibid., p. 361- 362.
12 Lacan, J. (1966). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, en Escritos 2. Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2010, p. 541.
13 Lacan, J. (1966). Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina, en Escritos 2. Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2010, p. 698.
14 Lacan, J. (1971). Seminario 18. De un discurso que no fuera del semblante. Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 30.
15 Lacan, J. (1971-1972). Seminario 19. …O peor. Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 17.
16 Ibid.
17 Copjec, J. (2013). “Encore. Un esfuerzo más para defender la diferencia sexual”, en Ser-para-el-sexo. Barcelona, S&P, 2013, p. 48.
18 Sinatra, E. (2013). L@s nuev@s adict@s. La implosión del género en la feminización del mundo. Buenos Aires, Tres Haches, 2013, p. 22.
19 Lacan, J. (1955-1956). Seminario 3. Las psicosis. Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 254.
20 Lacan, J. (1964). Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 212.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com