Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Entrevista

ALFREDO JERUSALINSKY
  “De la melancolía argentina a la manía brasileña”
   
  Por Viviana Kahn
   
 
¿Puede contarnos cómo fue su inserción como psicoanalista dentro de la comunidad brasileña?

Uno de mis primeros gestos fue dirigirme a las librerías de la ciudad y preguntar cuáles textos de Lacan estaban disponibles en portugués. Para mi sorpresa nadie lo conocía ni por el nombre. Posteriormente supe que ya existía el Seminario 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” como la primera publicación de Lacan en portugués, lengua a la cual había sido traducido por Jaques Laberge, destacado psicoanalista de Quebec que se radicara en Recife (Pernambuco). Pero ese libro no estaba disponible ni era conocido en Porto Alegre ciertamente por el efecto indirecto de censura provocado por la opción kleiniana totalmente unívoca de la Sociedade Brasileira de Psicanalíse (IPA) local. Esta Sociedad (SPPA - IPA), que en aquella época era totalmente hegemónica, ejercía por entonces un rígido control de la circulación del psicoanálisis restringiendo su divulgación y, consecuentemente, también la extensión de su implementación clínica y social. Solamente tenían acceso a la formación médicos psiquiatras, lo que causó que un buen número de médicos que no habían elegido ser psiquiatras fuesen a formarse en la Argentina, en la APA, donde hasta entonces se exigía solamente la condición médica. Fueron precisamente esos jóvenes psicoanalistas brasileros formados en la Argentina, sumados a un numeroso conjunto de psicólogos estudiosos del psicoanálisis (la Sociedad de Psicología local había comenzado a invitar a nuestro querido colega Roberto Harari para dictar seminarios de Freud y Lacan) y un pequeño núcleo del Círculo Brasilero de Psicoanálisis (seguidores de Igor Caruso) los que me abrieron puertas para la práctica del psicoanálisis en la ciudad a la que acababa de llegar. Un psicoanalista vienés, el Dr. Siegfried Kronfeld, que había huido de Austria durante la Segunda Guerra Mundial, me abrió generosamente su enorme y maravillosa biblioteca de psicoanálisis ya que yo había llegado acompañado apenas por los tres volúmenes de las Obras Completas de Sigmund Freud editados en 1948 por López Ballesteros. Siendo mi mayor experiencia clínica con niños con problemas graves (psicóticos, autistas, portadores de síndromes genéticos o de problemas neurológicos), médicos, psicólogos y educadores locales rápidamente me convocaron a formar parte de sus filas en equipos interdisciplinarios de atención social y de formación de profesionales. En esos equipos pude continuar desplegando las contribuciones del psicoanálisis en esa difícil práctica clínica.

¿Qué puntos de confluencia y divergencia encuentra entre la clínica psicoanalítica en Brasil y en Argentina?

Sabemos que la posición del inconsciente está marcada por el imperativo que, bajo la forma de un Otro, la cultura, a través del discurso, impone. Esto es algo común al sujeto de cualquier geografía. Pero justamente por el hecho de ser la cultura la que establece la red en la que el sujeto tiene que decidir su singular representación, ella también incide imponiendo repeticiones que hacen diferencia de grupo a grupo, tribu a tribu, etnia a etnia, nación a nación, lengua a lengua. Es un lugar común afirmar que Brasil es un país más bien maníaco que contrasta con la melancolía argentina, samba y tango lo demuestran. Pero como toda cultura tiene sus momentos de fiesta y su corazón perdido, ahí está la chacarera para demostrar que el espíritu argentino no sólo es triste y, del otro lado, los brasileros transitan por la letanía en los senderos de la bossa nova o en los versos de Fernando Pessoa. Sin embargo esas no son las principales diferencias. Brasil es un raro caso de politeísmo exitoso mientras que la Argentina –como todos los países oriundos de la colonización española– es absolutamente monoteísta. En Brasil conviven etnias y minorías nacionales que tienen grandes diferencias entre sí y que conservan sus trazos culturales originarios. En cambio, la Argentina se caracteriza por una población mucho más homogénea y europeizada que lo que demuestran los otros países de América. Un psicoanalista, por ello, se confronta, en Brasil, con formas sintomáticas que son raras o inexistentes en la Argentina y también con una mayor diversidad discursiva.

Usted dirigió la investigación que dio lugar a la formulación de un proyecto de ley, que, de ser aprobado, tornaría obligatoria, en Brasil, la aplicación del protocolo de detección temprana de riesgos psíquicos para el desarrollo infantil, en todos los niños brasileros de 0 a 18 meses. ¿Cómo surgió la idea?

Ese proyecto (PLS 451 de 2011) ya fue aprobado de forma unánime por el Senado Nacional y actualmente se encuentra a consideración de la Cámara de Diputados. Sólo después de su aprobación por esta instancia y refrendado por la Presidenta de la Nación entraría en vigor. En Brasil, existe una “Cartilha de saúde da criança”, pequeño manual de orientación pediátrica que prescribe los procedimientos, referencias y parámetros para la prevención y el acompañamiento del desarrollo de los niños durante el primer año y medio de vida. Pero en esas prescripciones nada había respecto de los procesos de constitución del sujeto psíquico; y decimos que nada había porque un primer efecto de la investigación citada ha sido que se incorporaron a esa cartilla tres pequeños ítems que refieren condiciones psíquicas de los bebés. Hoy en día sabemos que el desarrollo infantil es una resultante compleja de la intersección entre los factores biológicos (genéticos, neurológicos y metabólicos) y los procesos psíquicos. Esa intersección es especialmente sensible en los tres primeros años de vida y sobre todo durante los primeros 18 meses. Además está comprobado y es consenso mundial que cuando hay fallas en esos procesos la intervención temprana tiene una eficacia mucho mayor que cuando se interviene más allá de esas edades. Por eso ya no es coherente que se preste atención solamente a los factores biológicos y se omita evaluar la marcha de los procesos constituyentes del psiquismo. Habida cuenta que sobre estos se han acumulado, en más de cien años de psicoanálisis, conocimientos más que suficientes para establecer un adecuado monitoreo paralelo y simultáneo al que ya hace varias décadas se realiza y se considera obligatorio en los procesos biológico-madurativos durante la primera infancia. Se trataba, entonces, de crear un instrumento que, inspirado en las contribuciones psicoanalíticas, permitiese a los pediatras y cuidadores primarios detectar fallas en manifestaciones nodales de la relación del niño con el “otro”.

Se trata no de prescribir un comportamiento adecuado sino de detectar si lo que está ocurriendo en la relación madre-hijo viabiliza la instalación de un sujeto o si la ausencia de las operaciones necesarias para ello coloca en riesgo esa instalación. El término “instalación” no es usual pero si evocamos la resonancia que ha adquirido en el arte contemporáneo aparece muy adecuado para denominar un proceso (el de la inscripción de un sujeto) que, aunque inacabado, contiene las llaves de una lectura que precisa ser realizada por otro y no por su autor. Crear un instrumento apto para ser usado durante la consulta pediátrica sin demasiada extensión temporal y fácil de transmitir, de modo que pudiese ser incorporado a la práctica habitual sin exigir cambios ni ampliaciones de presupuesto ni de la planta hospitalaria. Aplicable, entonces, al conjunto de la población infantil. Una contribución del psicoanálisis al campo de la Salud Mental (véase el deseo de Sigmund Freud en el Congreso Internacional de Psicoanálisis en Budapest en 1919) sin distinción de status económico y anticipándose al momento en que el niño podría correr serio riesgo de ser capturado en cualquier tendencia innecesariamente medicalizante. Tal nuestra pretensión inicial que, además, exigía la verificación de la validez de los indicadores elegidos porque estábamos, y aún estamos, un poco cansados de que se insista en esa pavada de que el psicoanálisis no ofrece pruebas de lo que sostiene cuando, en realidad, es la vida misma la que ofrece pruebas de lo que el psicoanálisis apenas se dispone a transcribir. Los psicoanalistas no pasamos de mansos escribas que colocamos en letras lo que la vida de las personas nos dicta. Lo extraño es que a algunos eso aún les parece poca ciencia.

¿Considera que la voz del psicoanálisis es escuchada en la política pública en Salud Mental?

Con la intervención del psicoanálisis desde inicio de siglo hasta la década del ‘70 en el campo de la Salud Mental disminuyó a un tercio la población internada, contribuyó fuertemente a detener la masacre lobotómica (32.000 lobotomias en EE.UU. y Europa en la década de 1930), limitó significativamente el uso del electroshock y humanizó marcadamente la posición social y el tratamiento de los enfermos mentales, haciendo retroceder fuertemente la línea de frontera entre lo normal y lo patológico. A pesar de ello, el surgimiento de lo que podríamos llamar quimiopsiquiatría a partir de los años ‘80, en alianza con la presión expansiva de la industria farmacológica y con el auge de los sistemas psicopatológicos clasificatorios destinados a facilitar tanto la administración como el control y no la comprensión ni el conocimiento de las enfermedades mentales, dieron como resultado el resurgimiento de la resistencia contra el psicoanálisis –que en realidad hoy es una resistencia al sujeto del inconsciente porque éste escapa al control de los sistemas corporativos– y la recaptura de vastas extensiones de la población dentro del territorio de lo que hoy se redefine como “trastornados”. Las políticas públicas de Salud Mental en todos los países sufren la incidencia de la globalización liderada por los EE.UU. identificándose con las posiciones de la American Psyquiatric Asociation, (autora de los DSM del I al V) y, por esa vía, padecen del mismo “trastorno”.

¿Piensa que será posible la inclusión del protocolo aquí en Argentina?

El contenido del protocolo es ciertamente compatible en la medida en que es indudable la analogía de nuestros países en lo que concierne a los cuidados primarios en la infancia. Sin embargo me inclino por la prudencia de validarlo localmente, contrariamente a lo que se ha hecho con la aplicación de tests americanos como el Bayley, el M-CHAT o la escala ABA, destinados a medir funciones psicológicas (no a detectar estructuras psíquicas) o comportamientos. Ya está en marcha un proyecto de validación del IRDI en el Instituto de la Facultad de Psicología de la UBA, proyecto en el que yo participo junto a FEPI (Fundación para el Estudio de los Problemas de la Infancia – Centro Dra. Lydia Coriat) y que está a cargo de la profesora Norma Brunner.
Teniendo en cuenta que el DSM se administra con intención nominativa, considerando el problema como trastorno a ser eliminado ¿Cómo pensaron el protocolo de indicadores de riesgo psíquico en el desarrollo?
Lo pensamos a la inversa. Los indicadores son operaciones en la relación madre-hijo o cuidador-niño que es necesario que ocurran. Es su ausencia lo que indica el riesgo. Dicho de otra manera, el clínico es inducido a buscar el indicador de salud y no el de enfermedad, tampoco una medida que sitúe al niño en una escala de valor, y mucho menos que pronostique un diagnóstico. Cuando los indicadores son recortados para detectar enfermedad lo que suele producirse es una falsa epidemia; plena demostración de ello son los efectos producidos por el DSM IV (el V seguramente será aún peor) en lo que concierne a las falsas epidemias de autismo, bipolaridad, TDAH, depresión.

¿Qué preguntas debemos formularnos los psicoanalistas en relación con los distintos discursos “psi” que hoy están en boga?

Los comportamientos existen y constituyen un campo válido de observación de hábitos y costumbres pero el comportamentalismo, por el hecho mismo de reducirse a la colección o modificación de estos, resulta incapaz de descifrar y comprender sus razones y su significación. Así, interviene sólo sobre el epifenómeno y no sobre su estructura ni su causa (vale en este punto comentar que resulta extraño que un procedimiento que no opera sobre la causa sea considerado científico). Por eso, al intentar suprimir o modificar comportamientos corre el riesgo de anular algo esencial para ese sujeto, justificando su imposición en el simple hecho de que tal o cual comportamiento o tal o cual raciocinio no corresponda a la tabla oficial de “normalidad”. Por agregado, la terapia cognitivo-comportamental borra al sujeto de esos comportamientos ya que lo ignora y excluye por completo de las decisiones sobre su praxis. Es natural que la práctica médica o la psicología funcionalista encuentren gran facilidad en ponerse de acuerdo con ese modo de ver las cosas porque, en suma, es el modo que les es propio, o sea, decidir el acto clínico sin consultar a ese otro que, en tanto paciente, es precisamente el sujeto que soportará los efectos de esa intervención. Lo que ocurre es que el hígado o el metabolismo no obedecen a los mismos principios que el odio, el amor, los compromisos, la reciprocidad, el cuidado, el deseo, la demanda, la angustia, la frustración, el duelo, etc. Y todos estos no son comportamientos, siendo que de ellos o su falta la gente se puede, también, enfermar psíquicamente y, dependiendo de su intensidad y prolongación también pueden determinar que el cuerpo se enferme. Que el lenguaje los determine no quiere decir que basta con hablar. Hay que saber lo que se dice. Quien sabe es el sujeto del inconsciente, que no se “comporta” pero da señales, signos y letras que –para quien no se engolosina con la evidencia superficial de los comportamientos– se tornan legibles con la condición de que se haya escuchado el argumento que las inspira, o sea, la vida y la historia del sujeto al que pertenecen.

Del otro lado, reducir el funcionamiento mental al neurometabolismo no sólo es una posición anticientífica –en la medida en que ignora activamente innúmeras variables intervinientes en el fenómeno– sino también una encubierta maniobra contra la cultura: que Guernica requirió neurotransmisión para ser pintada es cierto, pero también es cierto que requirió el impacto sobre la sensibilidad representacional de Picasso causado por el sanguinario bombardeo de las fuerzas de Franco contra las fuerzas republicanas y la población española.

Por el lado de la psicología genética o la funcionalista, si bien es cierto que la lógica de lo real forma parte del psiquismo ella es incapaz de comprender el deseo del sujeto ni la lógica que de ese deseo deriva. Así, saber que la rueda facilita un desplazamiento físico no constituye el chofer que decide para donde ella rodará. Cuando hay una falla, las consecuencias son muy diferentes si ella está en la cuadratura de la rueda o en la inexistencia o fragilidad del chofer, o en ambas. Así, por ejemplo, podríamos decir que el autismo es una rueda redonda pero sin chofer. Esos son los problemas que el menú psi contemporáneo nos presenta a los psicoanalistas.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 193 | noviembre 2015 | Marcelo Negro  ¿De qué hay que curar al paciente muriente?
» Imago Agenda Nº 185 | octubre 2014 | Alberto Rojo  “Borges y la física cuántica”

 

 
» Laura Caime
Taller de escritura  Para liberar el deseo de escribir y aprender a leer la propia escritura
 
» Centro Dos
Cursos con práctica clínica. Ingreso agosto 2020 
 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Seminario "Psicoanálisis con niños y bebes" • Ilda Levin 
 
» Adriana Bauab
Grupo de estudio • Seminario XI - Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis 
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Actividades virtuales 
 
» Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires - Distrito XII Quilmes
Test de colores - Max Lüscher - Test Mis Mano 
 
» Fundación Tiempo
Curso virtual: Psicodiagnósticos y psicotécnicos 
 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Seminario: El deseo y su interpretación. Una lectura clínica  Liliana García Maese • Stella Maris Guilian • Invitada Lidia Matus
 
» La tercera
Seminarios 2020 
 
» Fundación Causa Clínica
Ciclo de conferencias abierto al público. Gratuito. Con inscripción previa 
 
» AASM 2020
XIII Congreso Argentino de Salud Mental  
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Actividades incio AGOSTO 
 
» La tercera
Programa de formación integral en psicoanálisis 
 
» Fundación Causa Clínica
Cursos clínicos psicoanalíticos para graduados con práctica rentada - CURSADA PRESENCIAL / VIRTUAL 
 
» Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires - Distrito XII Quilmes
Nuevas paradas en el recorrido hacia el daño psíquico 
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Psicología Forense 
 
» Fundación Causa Clínica
Talleres • Acompañamiento Terapéutico 
 
» Fundación Causa Clínica
Pasantías Clínicas cuatrimestrales y Cursos breves. Virtuales / Presenciales 
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com