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   Psicoanálisis y Ciencias

“Me siento un bicho de investigación”
  Psicoanálisis y ciencia, un viejo debate
   
  Por Patricia Alkolombre
   
 
“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”.
Eduardo Galeano

“Me siento un bicho de investigación, por eso no me gusta venir a los hospitales”, decía Mariela, una joven mujer a la que asistí hace muchos años. Su aspecto era infantil, de baja estatura, desconfiaba de los médicos y se quejaba por sentirse un objeto de estudio. El motivo era su genética, nació con un solo cromosoma X, tenía Síndrome de Turner (X0) –un intersexo1– y su caso iba a ser tratado en un ateneo. En su historia clínica figuraba que había hecho consultas en otros hospitales, y en esta oportunidad fue derivada a una entrevista psicológica por presentar un cuadro de angustia.
Recordé las primeras entrevistas con esta paciente en las cuales la problemática central bordeaba el tema al que me voy a referir, las tensiones entre “el psicoanálisis y la ciencia”, un viejo debate que se despliega y se enriquece en la clínica interdisciplinaria.

Mariela era muy conciente que para el campo médico interesaba su anatomía y refería que en todas las consultas era estudiada con mucho interés. En este sentido se sentía “elegida”, pero como un objeto de investigación y no como sujeto. Enfrentaba el vacío de no ser reconocida en su subjetividad, en aquello que sentía en relación con su cuerpo, su femineidad y sobre todo, cómo el cromosoma X faltante, hacía trama en su historia y en los alcances que tenía en su vida. No iba a poder tener hijos ya que su útero era “infantil” por el tamaño, no tenía ovarios, ni menstruaciones. La frase “la anatomía es destino” se presentaba dentro de ella con todo su rigor y sus interrogantes eran muchos. A la vez desconfiaba de todos los profesionales y vivía en soledad sus angustias y temores.

Podríamos conjeturar que en su discurso se agitaba dramáticamente la bifurcación de las ciencias denominadas coloquialmente “duras” –las ciencias naturales y físicas–, y las “blandas” –las ciencias sociales y humanas–, sin encontrar respuestas que pudieran aliviar su sufrimiento.
Su caso era distinto de otros pacientes que apoyados en las ciencias “duras” presentan en las consultas a un psicoanalista un discurso fuertemente medicalizado transformándolo todo en cifras y palabras provenientes del campo médico, como en esta breve viñeta de una primera entrevista.

Silvana: “Ayer me hice una IU, el swim up de Carlos dio bien por suerte, tenía unos valores muy bajos pero el médico pensaba que iba a alcanzar para esta inseminación, hay que esperar los resultados”.
Son pacientes que se presentan objetivando su sufrimiento en causas orgánicas, diríamos que hablan sólo de “átomos” y nada de “historias” ni de poner en juego su subjetividad, tomando la frase del epígrafe de Eduardo Galeano.
Son diversos los modos de presentación de los pacientes, en particular cuando atraviesan consultas médicas, tanto en la clínica privada como en los espacios interdisciplinarios. Están hiperpresentes los estudios y análisis médicos, como un modo de bordear aquello inasible que les sucede en el cuerpo, y muchas veces pasa un tiempo hasta que puedan hablar en nombre propio. En este punto podemos recordar a David Liberman (Liberman, 1983) cuando plantea que un psicoanalista trabajando en forma interdisciplinaria es importante que tenga cierta información sobre algunos elementos de las disciplinas con las que interactúa para poder acercarse a la problemática que se le plantea. Señala que la comunicación entre disciplinas es un eje importante en el abordaje de los pacientes en estos contextos.

Psicoanálisis y ciencia, un viejo debate: si entramos más de lleno en el debate sobre Psicoanálisis y ciencia, caben reflexiones en varios sentidos, tomando en cuenta los fundamentos teóricos y metodológicos de las distintas disciplinas, las diferencias en cuanto al objeto de estudio, el método científico empleado y sus formas de validación.
En este caso me voy a referir a dos disciplinas, la medicina y el psicoanálisis, siendo la consulta de Mariela un modelo en el que las mismas se bifurcan.
Entre las ciencias “duras” que reducen el cuerpo a lo somático, anatómico y mecanicista, y las ciencias “blandas” como el psicoanálisis, en donde adquiere valor la metáfora, la distinción entre soma y psiquis se torna indiscutible, como también las diferencias entre los discursos respectivos. El discurso del psicoanálisis va de lo general a lo particular, es singular en cada paciente y se busca el sentido de su padecimiento a través de la palabra. En cambio en el discurso médico es a la inversa, va de lo singular a las leyes generales buscando el tratamiento más efectivo. Esta diferencia hace difícil compatibilizar los distintos campos, y su convergencia no deja de ser problemática.
Ahora, si pensamos en los orígenes del psicoanálisis, el mismo nace “entre” disciplinas. Freud trabajó para crear una psicología diferenciada de la neurología y de la filosofía. Definió al psicoanálisis como “un instrumento destinado a posibilitar al yo la conquista progresiva del ello” (Freud, 1923). Se orienta hacia a lo desconocido y enigmático del deseo en cada sujeto.

Recordamos también que es un método de investigación, un método terapéutico y un conjunto de teorías psicológicas y psicopatológicas. Freud trabajó con rigurosidad y con libertad, y escribía en “Las resistencias contra el psicoanálisis” lo siguiente: “En la empresa científica no debería haber espacio para el horror a lo nuevo. Por su carácter eternamente incompleto e insuficiente, la ciencia está condenada a confiar para su salud en nuevos descubrimientos y concepciones” [Freud, 1925 (1924)].

Desde sus comienzos fue incorporando nuevos aportes, ampliando sus bases teórico-clínicas y hoy, a más de cien años de su fundación, se han desarrollado distintas corrientes teóricas y prácticas dentro del mismo. A su vez se han abierto diferentes líneas de investigación como ser en psicosomática, en perspectivas vinculares, en articulaciones con las teorías de género, entre otros campos. La influencia de su pensamiento está presente en muchas disciplinas, entre ellas la sociología, la historia, la antropología, el derecho, por nombrar algunas.

Por otra parte podríamos afirmar que no hay “un” psicoanálisis, sino muchos modos de pensarlo, sin soslayar con esto sus pilares teóricos más importantes que lo constituyen y a su vez lo diferencian de otros modos de comprender el psiquismo y sus determinantes: el inconsciente y sus leyes, la transferencia y la sexualidad.
Un modelo para pensar una articulación entre la mente y el cuerpo lo encontramos en el seno de la teoría psicoanalítica mediante el concepto de pulsión, ubicado en el límite entre lo psíquico y lo somático, representante psíquico de las excitaciones provenientes del interior del cuerpo que llegan al psiquismo (Freud, 1915). La pulsión misma es la interface entre lo psíquico y lo somático, que en las experiencias de placer-displacer en el encuentro con otros significativos, traza los contornos del cuerpo erógeno, no ya limitado por la anatomía, sino por el universo de significados que emerge en cada sujeto.

Las fronteras entre disciplinas: si retomamos la pregunta de cómo pasar de leyes generales que rigen la medicina a las cuestiones singulares del psicoanálisis, nos encontramos en una zona de fronteras. Las mismas delimitan territorios, lenguajes, legalidades y sus límites serán más precisos o vacilantes.
Pero las fronteras también se constituyen en un lugar de encuentro en el cual entra en contacto lo diferente. Podemos de este modo pensar las fronteras entre el cuerpo y la mente, entre la realidad y la fantasía, entre lo conciente y lo inconsciente, entre lo propio y lo ajeno. Trabajar en las fronteras entre disciplinas requiere de un trabajo de construcción de un espacio compartido que confluye en el mismo objeto de estudio: el paciente que consulta, pensado desde distintos modelos que se permeabilizan.

No podemos soslayar la heterogeneidad que se presenta en la clínica psicoanalítica, tanto desde el punto de vista teórico como desde las prácticas. En su artículo sobre “La influencia de Freud sobre la medicina”, Ferenczi escribía lo siguiente, en este tema: “Puedo afirmar que antes de Freud la medicina era enseñada como una mera ciencia natural” (Ferenczi, 1933) y agrega que el psicoanálisis “nos hace recordar –cualquiera sea la enfermedad– que es necesario tratar al paciente a la vez que tratamos el mal”.

En esta dirección, David Le Breton –sociólogo y antropólogo francés– plantea que el cuerpo es un tema que se presta especialmente para el análisis antropológico, ya que pertenece a la identidad del ser humano: “Nada es más misterioso, para el hombre, que el espesor de su propio cuerpo” (Le Breton, 1995). En un análisis crítico señala que la medicina tradicional hace del cuerpo un alter ego del hombre, y cuando cura al enfermo no tiene en cuenta su historia personal, su relación con el inconsciente y sólo considera los procesos orgánicos.
Es muy interesante su planteo ya que señala que esta dificultad es la fuente de muchos debates éticos contemporáneos vinculados con la importancia de la medicina en el campo social y con la particularidad de su concepción del hombre. Postula que la medicina tradicional está basada en una “antropología residual”, a partir de la cual es posible curar la enfermedad –percibida como ajena y extraña– y no al enfermo como tal.
El abordaje interdisciplinario es un trabajo de fronteras que lleva el debate sobre el psicoanálisis y la ciencia no ya por las diferencias en los discursos y las leyes que rigen cada disciplina, sino por sostener –en esa franja fronteriza– los distintos métodos científicos pero articulados en torno al paciente, el objeto de estudio común a ambos, ampliando su comprensión.

Estamos hechos de historias: volviendo a la clínica, a Mariela le indican realizarse varios análisis hormonales junto con una histerosalpingografía. La médica le explica que es un estudio para ver radiográficamente su útero y el resto de los órganos reproductivos. Este estudio le despertó mucha inquietud y temores, enfrentar su interioridad, aquello faltante que aparecería en la radiografía.
En las sesiones comenzó a hablar de la época en que le hicieron el diagnóstico, cuando le dijeron que tenía Síndrome de Turner, tenía una sola X, faltaba la otra y esto era determinante para ella en las diferencias con otras mujeres, su madre, su hermana, sus amigas.

Evocó los fantasmas de vacío, recuerdos de las consultas que comenzaron en la pubertad, ante la falta de menstruación. Y sobre todo el impacto que el diagnóstico tuvo en ella y en su familia. Se sentía que era la rara, la distinta. De aquí a la transferencia médica, un paso solamente: “sentirse un bicho de investigación” venía desde esa época.
Y esto iba más allá de lo que podríamos llamar su angustia de castración desde su trama Edípica. La angustia estaba anclada en su cuerpo, soldando una diferencia que la hacía distinta a las demás mujeres y sentía a la vez que no tenía un contexto familiar y afectivo que la sostuviese.

Fue muy conmocionante en el transcurrir de las sesiones, asistir al efecto que tuvo en Mariela saber por este estudio que tenía “rudimentos” de ovarios. Fue para ella descubrir algo que la acercaba a la categoría de mujer, sentía que tenía “algo” de mujer. Esta diferencia marcó un cambio, que sólo pudo pensarlo desde lo “anatómico”, aunque sabíamos que el trabajo analítico de historizar y poner palabras a su sufrimiento le habían permitido alojar dentro sí “algo” más humanizado de su cuerpo, menos “átomos”, diríamos y más historia.
Como psicoanalistas trabajamos a partir de un après-coup y desde el deseo inconsciente en cada sujeto, en una clínica de la singularidad. Se trata en muchos casos –como el de Mariela– de aspectos vinculados al cuerpo, su materialidad, su espesor y su ajenidad. Su presencia puede transmitirse en forma verbal o preverbal, en forma conciente o inconsciente, y puede resultar disparadora de fantasías o convicciones acerca de las causas del padecer y del sufrimiento. 

Referencias bibliográficas:
Alkolombre, P. (2011) “Cada 28 días. Sobre la erogeneidad de la sangre femenina”, en Travesías del cuerpo femenino. Un recorrido psicoanalítico en torno a temas de ginecología y obstetricia, Buenos Aires, Letra Viva Editorial.
— — (2012) “Cuerpos transparentes y tecnología”, en Deseo de hijo. Pasión de hijo. Esterilidad y técnicas reproductivas a la luz del psicoanálisis, Buenos Aires, Letra Viva Editorial.
Ferenczi, S. (1933), “La influencia de Freud sobre la medicina”, en Problemas y métodos del psicoanálisis, Buenos Aires, Ed. Paidós.
Freud, S. (1915), “Las pulsiones y sus destinos”, Buenos Aires, A. E., vol. X.
— — (1923), “El Yo y el ello”, Buenos Aires, A. E., vol. XIX.
— — [1925 (1924)], “Las resistencias contra el psicoanálisis”, A.E. vol XIX.
Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Buenos Aires, Editorial Siglo XXI.
Le Breton, D. (1995), Antropología del cuerpo y modernidad, Buenos Aires, Nueva Visión.
Liberman, D. (1983), Linguística, comunicación interactiva y proceso psicoanalítico, ed. Kargieman.
___________________
1. El Síndrome de Turner es un trastorno genético que sólo se da en mujeres, y está causado por una alteración (por la falta total o parcial) del cromosoma X que provoca diversos problemas de crecimiento.
 
 
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