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   Colaboración

“Indagaciones sobre la cuestión del amor” (VIII)
  Por Luis F. Langelotti
   
 
Introducción

Alienarse a la alienación del sujeto analizante. Este es mi modo de leer que la neurosis de transferencia es una neurosis del analista y, desde allí, se explicaría por qué la resistencia en el análisis sería la resistencia de este último. Resistencia a desujetar al sujeto del campo del Otro movimiento este último que implica hacer primar otra lógica que la de los ideales-meta, esto es, el orden del objeto a como causa del deseo. Implicancia radical: perder la propia consistencia. Recuérdese que la separación implica una caída del A allí donde ese A deberá soportar el duelo por lo que el $ no es. El sujeto es representado por un significante para otro significante, es decir, no está representado para ninguna entidad integrativa (léase: el yo, del analizante o del analista). No se trata de comprehender. Si el analista se ubica en A para retener, haciendo predominar su amor garra, obstruirá la efectuación del desprendimiento, única operación que puede correr al neurótico de la estulticia y llevarlo al pensamiento y al amor críticos (como corolarios de recorrer una travesía analítica).  

Esta idea de alienarse a la alienación analizante, en la entrega anterior, se deriva de la afirmación de Lacan según la cual, en el análisis, debemos estar en el lugar del sujeto (formulación previa a la conceptualización del objeto a del Seminario X). Estimo que allí se juega un modo interesante de situar algo que puede servirnos para no caer en la desimplicancia clínica, quitando nuestra castaña del fuego del análisis.

La posición y la época. ¿Tratamos con personas? 
Al analista se le plantea la dicotomía clínica de llevar al analizante hacia la consecución del Ideal (“adaptar a la realidad”, robustecer el fantasma) o de sacarlo de allí, vía la reorientación del deseo al orden de la falta y no de los “objetos”, lo que implica un corrimiento del velo que recubre la causa real. Pensemos un poco en nuestra época. 
Tomo unas cuantas palabras de Octavio Paz:

“La [pos] modernidad desacralizó al cuerpo y la publicidad lo ha utilizado como un instrumento de propaganda. Todos los días la televisión nos presenta hermosos cuerpos semidesnudos para anunciar una marca de cerveza, un mueble, un nuevo tipo de automóvil o unas medias de mujer. El capitalismo ha convertido a Eros en un empleado de Mammon. A la degradación de la imagen hay que añadir la servidumbre sexual. La prostitución es ya una vasta red internacional que trafica con todas las razas, sin excluir, como todos sabemos, a los niños. Sade había soñado con una sociedad de pasiones fuertes y leyes débiles, en donde el único derecho sería el derecho al placer, por más cruel y mortífero que fuese. Nunca se imaginó que el comercio suplantaría a la filosofía libertina y que el placer se transformaría en un tornillo de la industria. El erotismo se ha transformado en un departamento de la publicidad y en una rama del comercio. En el pasado, la pornografía y la prostitución eran actividades artesanales, por decirlo así; hoy son parte esencial de la economía de consumo. No me alarma su existencia sino las proporciones que han asumido y el carácter que hoy tienen, a un tiempo mecánico e institucional. Han dejado de ser transgresiones.”1

Los ideales epocales son definidos (y reproducidos) conciente e inconscientemente por aquellos grupos societales que detentan contingentemente el poder, el saber, el tener. Dichos ideales, comandan una línea a seguir en función de la cual se cohesiona una lógica particular de circulación, de intercambios sociales, de modos de goce y de lazos libidinales. Tomando como referencia la extensa cita de Paz, pues, se destaca la degradación contemporánea del cuerpo y del erotismo, articulada a su mercantilización. Ahora bien, degradado el cuerpo y el erotismo, ¿qué lugar para el amor? Desde la perspectiva del autor, también ha habido una profunda degradación, en buena lógica, por cuanto el cuerpo y el erotismo son capturados por la maquinaria del capitalismo posmoderno en su específico imperativo de consumo, transformando esto al erotismo en una mera “mercancía” (pornografía, prostitución, trata de blancas, por ejemplo) y al cuerpo humano en algo regulado por ideales de “marketing” (belleza estética a los meros fines de la compra - venta de productos, marketing individual al estilo facebook en donde lo que se busca es vender una imagen2).

¿Vendrán los analizantes a consumirnos? Recuerdo el caso de un analizante quien me decía: “Vos además de mi psicoanalista, sos mi asesor.” Este planteo cuadraría bastante con lo que vengo señalando, allí donde la lógica epocal daría pie a la emergencia de otros modos de resistencias contra el psicoanálisis. Por eso, la incorporación acrítica del campo del análisis a la lógica del sistema, puede suponer una depreciación de nuestra posición clínica. Lo interesante es que podamos sostener una posición de desprendimiento que interpele las alienaciones necesarias y que, sobre todo, nos posibilite descartar las innecesarias.3
La época, mundialmente hablando, en su globalización y su capitalismo financiero, parecería apuntar a la impersonalización, al anonimato, a la masividad, a la pérdida de lo comunitario, hacia la enfatización del sujeto del lenguaje (sujetado) y, si tomamos como referencia la tecnocracia imperante, hacia el olvido más nefasto del sujeto de la palabra.4 No parecería haber tiempo para el amor, porque no parecía haber lugar para el sujeto de la palabra. La exaltación de la idea de individuo – de la que “sujeto” hoy en día parecería ser un subrogado - es congruente con un empobrecimiento de la idea de persona. ¡Un psicoanalista hablando de persona! Pero, ¡cómo! ¿No es que en el análisis ni somos ni tratamos con “personas”?

Vuelvo a citar a Paz:
“La persona humana, que había dejado de ser el trasunto de la divinidad, ahora también deja de ser un resultado de la evolución natural e ingresa en el orden de la producción industrial: es una fabricación. Esta concepción destruye la noción de persona y así amenaza en su centro mismo a los valores y creencias que han sido el fundamento de nuestra civilización y de nuestras instituciones sociales y políticas. Así pues, la confiscación del erotismo y del amor por los poderes del dinero es apenas un aspecto del ocaso del amor. El otro es la evaporación de su elemento constitutivo: la persona: Ambos, se completan y abren una perspectiva sobre el posible futuro de nuestras sociedades: la barbarie tecnológica.” 5
¿El poeta siempre nos lleva la delantera? Vaya a saberse si eso es efectivamente así. Lo cierto es que parecería ser de trascendencia preguntarnos de qué sujeto hablamos cuando hablamos de “sujeto” en psicoanálisis, para cuidarnos de no reeditar ni reproducir tontamente lo más nocivo de la clínica psicoterapéutica - tan cuestionada por Lacan y por el propio Freud, quien siempre desechó la cura basada en la sugestión-educativa y en el principio del placer - ni de la posmodernidad.  
¿Estar desengañado en cuanto al “sistema” (lo instituido) será entonces nodal a la hora de conducir un análisis, aunque no tal vez una psicoterapia? Creo que sólo así es cómo puede acaecer una cura analítica, en tanto al analista-alienado, hasta diría falo imaginario del analizante, le es dada la posibilidad y la responsabilidad de transmitir en sus actos y decires (enunciación) el camino de la separación y del vaciamiento del Gran Otro – siempre constituido en torno a lo epocal.
Pasaje progresivo de la falicización imaginaria a la presencia real: Ф, como dice Lacan, una vez más, en El seminario VIII. “Presencia real” que aparece como un neto antecedente conceptual del objeto a, causa real del erotismo humano.

Buenos Aires. Julio de 2014.

1- Paz, O.; “La plaza y la alcoba” en La llama doble. Amor y erotismo. Ed. Seix Barral, Barcelona, 1993. Pág. 159.
2 -Muchas cosas pueden decirse de las redes sociales y de los modos de “comunicación” contemporáneos que dejan bastante por fuera al cuerpo y al habla. Me limito a establecer la siguiente pregunta: si las relaciones humanas ya conllevan algo de virtuales, ¿para qué redoblar su virtualidad?
3-Excede el marco de esta nota profundizar en la alienación contemporánea entre el psicoanálisis y el sistema, y poder situar lo que considero alienaciones innecesarias al orden instituido, en donde se esboza nítidamente una posición reactiva contra el discurso analítico.
4 -Diferenciar sujeto del lenguaje y sujeto de la palabra, me resulta interesante en este punto para situar una escisión entre la alienación acrítica y estulta – objetivada - a lo instituido, por un lado, y la emergencia de lo incalculable, de lo poético, de lo interpelante, por otro.
v - Paz, O.; Op. cit. Pág. 165-66.
 
 
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