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   Saber de la historia

Filicidio y locura en Nieves Lobato (1882) (Segunda entrega)
  Por Mauro  Vallejo
   
 
UNO. Los dos informes que Lucio Meléndez redactó a propósito de Nieves Lobato, asesina de su hijo y de su hermano, aparecieron en la Revista Médico-quirúrgica de 1882. Esas dos entregas vieron la luz en dos números sucesivos del principal órgano de prensa de la corporación médica porteña*. El nombre de Meléndez era conocido para los lectores de esas páginas, pues el director del Hospicio de las Mercedes solía publicar allí sus consideraciones sobre los pacientes a su cargo o acerca del desenvolvimiento cotidiano del manicomio. Más aún, prácticamente casi todo lo que Meléndez escribió en su vida puede ser leído en esa revista. Volviendo al informe de Nieves Lobato, la segunda entrega se cerraba con el anuncio de una continuación que jamás apareció. De todas maneras, los únicos dos capítulos existentes nos brindan un fresco muy valioso del modo en que el padre del alienismo argentino abordó el caso.

Los informes sobre la filicida Lobato interesan sobre todo porque permiten despejar uno de los núcleos argumentales más conflictivos –y peor entendidos– de la medicina mental finisecular. En efecto, tanto en el informe de Meléndez como en el de Ramos Mejía se produce la convivencia entre una conjetura determinista ligada al poder de la herencia, y el postulado de la operatoria de mecanismos psíquicos o sociales (emparentados con la sugestión o la imitación) que explican tal o cual patología de aparición familiar. Siempre se trata de la familia y del modo en que en su seno se originan los desarreglos. De todas formas, lo que en un caso es descrito en el lenguaje de las sangres corrompidas –que, merced a un oscuro proceso de transmisión material, pasan de una generación a otra–, en el otro, por el contrario, es analizado en términos de los efectos de convivencias hogareñas. Lo interesante es que esas dos familiarizaciones pudieron convivir y potenciarse mutuamente durante largas décadas del alienismo. Ello muestra, de un lado, que al presunto hereditarismo no le cuadran los calificativos que suelen destinársele –organicista, determinista, simplista–, y de otro, que no hubo que aguardar ninguna revolución para que lo familiar comenzara a ser entendido según la lógica de una interacción (en la que el deseo, la imitación, la sugestión, la identificación o el odio oficiaron de hilos de la madeja). De hecho, desde el punto de vista de sus respectivas génesis, es muy difícil deslindar cuál sirvió de modelo a la otra; no resulta sencillo descartar que la herencia haya sido la transcripción sanguínea de una percepción moral, y tampoco es fácil medir con precisión hasta qué punto los nuevos ingredientes de la familia-ambiente no son otra cosa que resabios o derivaciones de una concepción obsesionada por los linajes sustanciales.

DOS. Citemos a Meléndez. “Nieves desciende de raza de locos; por la rama paterna tiene un tío con varias entradas al Hospicio de la Merced, por padecer una vesania de forma periódica; la madre se encuentra enferma de sus facultades psíquicas desde el año 71, después de la fiebre amarilla”. Aquel fatídico 27 de abril, los hermanos salieron temprano para hacer sus tareas en el campo. Cuando regresaron al promediar la tarde, se encontraron que todas las mujeres de la casa, por orden de Nieves, se hallaban dentro rezando. No era una escena inhabitual. Desde pequeña Nieves, además de mostrar signos de histerismo, se entregaba a un entusiasmo religioso exagerado. Y desde siempre habían sido sus caprichos y excentricidades quienes regían la vida cotidiana de la familia. Nadie jamás se atrevía a cuestionar sus ocurrencias, y ella ejercía un despotismo duradero. El día 27 Nieves ordenó a los hermanos que se escondieran debajo de las camas y que no dejaran de orar. Mientras ellos permanecían en ese estado, Nieves se ausentó un rato largo para dar muerte a uno de sus hermanos pequeños y a su propio hijo. Luego quiso arrastrar afuera a su propia madre, pero los hermanos salieron en su auxilio. Obedeciendo otra orden de Nieves, toda la familia se quedó dentro de la casa hasta el día siguiente, momento en que llegó la policía.

Toda la familia fue conducida a Buenos Aires, donde Meléndez tuvo ocasión de observar a todos. Acerca del estado de Nieves, el alienista estableció su diagnóstico sin dudar un segundo: se trataba de una histeria. Unos días más tarde, cabe hablar de lipemanía histérica. Ahora bien, la pregunta más acuciante es otra: ¿por qué todos los miembros de la familia se comportaron como enajenados mentales durante esas horas infernales? En la primera entrega, Meléndez alude al “contagio, en el cual entra por mucho la imitación, máxime existiendo en todos la predisposición por herencia”. En el cierre del segundo capítulo, allí donde se produce el abrupto fin de la serie, escribe: “¿Cómo ha podido ejercer Nieves tanta influencia sobre la madre y los hermanos, al extremo de convertirlos en instrumentos inconscientes y hasta producir la enajenación mental? Esto es lo que no se explica ninguna de las víctimas; sin embargo el hecho existió. Es menester partir del principio de que en la casa, no se encontraba el padre o el esposo de Nieves, que podrían ejercer algún poder sobre ella, cuando tuvieron lugar los sucesos pasados y que todos sus hermanos le conservaban un respetuoso cariño como menores de edad”. ¿Qué prima en la mirada de Meléndez, la certeza de tener ante sí una familia afectada de degeneración hereditaria, o la sospecha, confusamente enunciada, de que los patrones familiares de morbilidad deben ser más bien explicados con una mezcla de moral, psicología social y sociología de las masas? Sería insensato imaginar para el caminar cojo de Meléndez un sendero que unos años después sería inaugurado, muy lejos de aquí, merced a un reordenamiento sutil de aquellos ingredientes. ¿Acaso Ramos Mejía, más leído y mucho más dado a la aventura teórica, estaba en mejores condiciones para operar una familiarización más razonada de los Lobato?
______________
*. Lucio Meléndez, “Locura histérica - Manía religiosa - Influencia moral sobre varios miembros de la misma familia: enagenación mental de los unos, panofobia de los otros; filicidio, intervención de la autoridad policial, informe médico de los tribunales”, Revista Médico-quirúrgica, 1882, XIX, pp. 109-111, 125-126.
 
 
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