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   Dispositivos en Psicoanálisis

La práctica del psicoanálisis hoy
  Por Élida E Fernández
   
 
Freud vivió disidencias o planteos en discrepancia con su línea de investigación. Podía recibir el beneplácito o la condena, pero él defendía a su criatura y sus declaraciones ponían a raya a las ovejas díscolas.
A su muerte, el post freudismo desplegó una lucha de posiciones e intereses, por lo tanto de diferentes maneras de pensar la teoría y la práctica. El eclecticismo reinaba. Más tarde la hegemonía del kleinismo no impidió divisiones en su interior entre Meltzer, Bion, y Winnicott, mientras que por fuera las peleas se desarrollaban entre Anna Freud y Melanie Klein.

Todo esto tuvo sus repercusiones en nuestro país donde Etchegoyen, Fidias Cesio, Pichon Rivière, Bleger y Joel Zac, repicaban diferencias en nombre de un pluralismo que no lograba ocultar luchas intestinas.
Con la llegada de Lacan en la década de los ‘60, principios del ‘70, los analistas, que ya estaban hartos del “aquí, ahora y conmigo”, encontraron una liberación de la teoría y de la práctica. Volver o empezar a leer a Freud, encontrarlo, para luego, siguiendo la enseñanza de Lacan, ir acentuando primero la escucha del significante, luego la aparición del objeto a, más tarde con la topología y los nudos: el análisis de lo real. Al principio de la enseñanza del maestro el tema era ser lacaniano o no ser.

Lacan en 1968 le dice a los estudiantes revolucionarios: “Como los histéricos están pidiendo un nuevo Amo, ¡lo tendrán!”
“La esencia misma de la relación paterno-filial incluye la ambivalencia, por tanto en el curso de los tiempos tuvo que reanimarse aquella hostilidad que otrora había impulsado a los hijos al asesinato del admirado y temido padre.”1
Ahora estamos en el post lacanismo y las diversidades se multiplican, el psicoanálisis se diferencia en muchas escuelas, puntos de vistas, respecto a la clínica y las maneras de orientar la cura. Se intenta una unicidad amable que no logra ocultar enormes diferencias en la práctica. Cada escuela actúa, en general, ignorando a las demás e ignorando las diferencias en su propio seno. O por lo menos haciendo como si.
En este momento en la Argentina coexisten muchas escuelas, muchas divisiones, muchas maneras distintas de practicar el psicoanálisis.

Vamos a situarnos, para ir más a nuestra actualidad, en el 2006: a 150 años del nacimiento de Freud. El hallazgo de una confrontación publicada me lleva a resaltar estos escritos. Uno intenta esta reunificación doctrinaria y el segundo se distancia abismalmente de la propuesta.

Más precisamente 2 de setiembre del 2006: Eric Laurent enuncia bajo el título de “Principios rectores del acto psicoanalítico”, redactado como una Constitución de cualquier estado democrático capitalista, una “Carta Magna para el Psicoanálisis”*
Tiene un preámbulo y ocho principios que no voy a transcribir en toda su extensión pero voy a enunciar:
1) El psicoanálisis es una práctica de la palabra.
El analizante habla de lo que le trae, su sufrimiento, su síntoma. Este síntoma está articulado a la materialidad del inconsciente, está hecho de cosas dichas al sujeto que le hicieron mal y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir.
2) La sesión psicoanalítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a la cual el sujeto está fijado.
3) El analizante se dirige al analista.
Se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido. Esta recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión. Su objetivo (el del analizante) es encontrar a la pareja de su fantasma.
4) El lazo de la transferencia supone un lugar “el lugar del Otro” como dice Lacan, que no está regulado por ningún otro particular.
5) No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica.
6) La duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas.
Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino el acuerdo del sujeto consigo mismo.
7) El psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación del sujeto a normas, reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. El descubrimiento del psicoanálisis es, en primer lugar, el de la impotencia del sujeto para llegar a la plena satisfacción sexual. Esta impotencia es designada con el término castración.
8) La formación del psicoanalista no puede reducirse a las normas de formación de la universidad o a las de la evaluación de lo adquirido por la práctica. (trípode)

“La nominación del psicoanalista incluye componentes contradictorios. Hace falta una formación académica, universitaria o equivalente, que conlleva el cotejo general de los grados. Hace falta una experiencia clínica que se transmite en su particularidad bajo el control de los pares. Hace falta la experiencia radicalmente singular de la cura.
La historia del movimiento psicoanalítico es la de las discordias y de las interpretaciones de esa heterogeneidad. Forma parte ella también de la gran Conversación del psicoanálisis, que permite decir quién es psicoanalista. Este decir se efectúa en procedimientos que tienen lugar en esas comunidades que son las instituciones psicoanalíticas.”

En la revista psicoanalítica Conjetural N° 452, Sara Glasman publica un trabajo que titula “Psicoanálisis estándar”. Es una crítica mordaz, irónica y por momentos feroz a esta Carta Magna. Quiero subrayar algunos párrafos.
“Los últimos 50 años del psicoanálisis estuvieron marcados por la obra de Lacan, con efectos en todas direcciones. En 1956 escribe un texto de crítica feroz sobre las instituciones psicoanalíticas. En el 2006, todo es llamado al orden, a la reunión, a la homogeneización. Nace el psicoanálisis estándar, es el tiempo del postlacanismo.”
Glasman va a desmenuzar esta Carta Magna aludiendo a Laurent –irónicamente– como el “Delegado General”, diciendo que promueve un regreso a la noción de intersubjetividad que Lacan destituyó al concebir la transferencia como obstáculo contra esa intersubjetividad.

“Por supuesto que no se malentiende a Lacan. El postlacanismo está en otra cosa. ¿Qué cosa? La Carta está plagada de enlaces o suturas de todo tipo, sin abordar nunca anudamientos a partir de agujeros.”
El postanálisis –diferencia no menor– propone, en cambio, una especie de Iglesia que conmueva el favor de los ilustrados hacia nuestros templos predicadores. Para definir el campo del psicoanálisis no alcanza con afirmar que se trata de una práctica de la palabra, también los sacerdotes la realizan y enaltecen.
“Para poder conversar civilizadamente, se debe afirmar que ‘la recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión’. Creíamos que era la pérdida, pero eso no impide aseverar luego ‘la transferencia anuda a los dos participantes’, y más aún ‘el objetivo del analizante es hallar la pareja de su fantasma’, de lo cual el analista debe abstenerse.”

“Se culmina afirmando que ‘lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino el acuerdo del sujeto consigo mismo’.”
“Autoritario sería aquel que conmina a ajustarse a una norma, dictada por el Estado o la Institución. ¿Acordar consigo mismo? ¿Yo es yo? ¿Se terminó la división del sujeto? ¿O producimos locos?
En coherencia con esta línea de elisión de lo Real, la Carta asimila impotencia sexual a la castración, equivalencia que reduce el alcance de la castración como lógica.”
No sé si con este rápido punteo logro transmitir un esbozo de las fracturas que hay hoy en la concepción de la práctica del psicoanálisis. El intento de unificar criterios y ordenar a la tropa, dictando las tablas de la ley que apuntan a legislar el caos, es fallido. No hay reconciliación.

“Surgido de una religión del Padre, el Cristianismo, se convirtió en una religión del Hijo. No pudo eludir, pues, el aciago destino de tener que eliminar al Padre”.3
Mientras la Carta Magna nos habla de un paciente “clásico” que puede hablar de lo que sufre, traer un síntoma, la clínica actual nos enfrenta con modalidades de sufrimiento que o no tienen palabra o no tienen pregunta y que no se puede reducir fácilmente a la fórmula “no hay demanda de análisis”. Porque sí, es cierto, no la hay y en muchos casos no la habrá nunca, pero sí hay demanda de escucha y de mirada. Sí, de mirada, esa que le habíamos dejado con desprecio al reducto psiquiátrico y hoy también es demandada en la clínica. Y hay analista… o digamos que ese es el desafío y la apuesta.
La práctica del psicoanálisis hoy, en el post lacanismo, es una atomización de saberes, que nos enfrentan en multiplicidad de parroquias, donde cada una lucha por conquistar su santo Grial4 y donde en nombre del Psicoanálisis de lo real, se autorizan y se estandarizan prácticas diversas.

Creo que estos intentos ocultan (o lo intentan), que no hay fórmula para operar con lo Real, que lleva mucho tiempo, agudeza y azar y que a veces no se puede, o uno no puede. Las discusiones podrían girar alrededor de cómo se puede leer el “pas de sense”. Cómo lograr hacer vacilar el sentido coagulado que cada uno tiene en el “yo soy”, cómo hacer que el sujeto se escuche y se sorprenda de lo que él mismo ha dicho “sin querer”.
Si leemos los relatos publicados por algunos de los analizados de Lacan: Jean-Guy Godin (Jacques Lacan 5 Rue de Lille, 1986), Houda Aumont, Claude Halmos, encontramos que a cualquier cosa que dijera o callara Lacan se le encontraba un sentido.5 Todos se sentían aludidos en el trato que recibían. Si bien es cierto que el sentido no debe provenir de la intervención del analista, siempre encuentra un agujero por donde colarse.
Hoy se nos hace presente a los psi la pregunta ¿hacia dónde nos dirigimos cuando dirigimos una cura o un tratamiento posible?

Primero aclaremos que son dos cosas distintas: la dirección de una cura o la dirección de un psicoanálisis y la conducción de un tratamiento posible.
La transferencia en juego, el lugar que ocupa el analista, la técnica de abordaje, la dirección, son distintas en cada caso.
Pero, si nos detuviéramos en la clínica de las neurosis, ¿cuál es la dirección? Aquí es donde las distintas maneras de pensar la teoría hacen que se dividan aguas y se forme un delta donde cada uno navega más o menos orientado, con una brújula, que a veces pierde el norte.

Hay temas que son centrales, y las lecturas pueden ser contrarias: el deseo decidido, al que según ciertas lecturas, uno debería arribar si tiene –o mejor si tuvo– un análisis que arribó a buen puerto.
Tomo esta noción ente otras por la cantidad de malos entendidos que genera: para algunos analistas esto es deseo sin ley o hacer lo que a uno le apetezca sin medir consecuencia alguna.
Así como podemos tomar las distintas maneras de pensar la noción de deseo decidido podríamos hacerlo con la noción de Goce, usado de múltiples maneras según cada autor, mencionado para nombrar cosas tan disímiles como el masoquismo, la reacción terapéutica negativa, las distintas adicciones a un objeto, la plenitud sexual, lo prohibido, lo anhelado, lo que le hace delirar a un psicótico, lo que lo ata al neurótico a su síntoma, lo que lo lleva a conseguir un momento de gloria con su partenaire, lo que logra con un fin de análisis. La teoría de los goces intenta poner orden en todo este desmadre, sin evitar que se siga hablando de goce sin explicitar de qué se habla ¿o debería quedar claro en cada presentación?
Tampoco escapa a esto cómo se entiende el “ir más allá del padre” o “el analista no se autoriza más que por sí mismo”6 Aunque luego también leemos “Autorizarse no es auto ri(tua)lizarse. Pues he planteado por otra parte que de donde sale el analista es del ‘no todo’ ”.

Tomo estos conceptos por que en parte dirigen y determinan lo que es la práctica del psicoanálisis en la actualidad: así como muchos conceptos hacen de contraseña de nuestra posición, otros, los pertenecientes al kleinismo, han sido o interdictos, o han caído en desuso: contratransferencia, proyección, envidia, spliting, y tantos otros, muchos por avances de nuestro tiempo lógico, otros porque la malla tendida sobre el inconsciente del sujeto es otra.
Si tuviera que hacer algunas conclusiones –¿por qué no?– digo que nuestra práctica se encuentra hoy fracturada por las distintas maneras de pensar los lineamientos fundamentales a su dirección, por los distintos ámbitos en que se despliega, sin que haya demasiada interlocución entre ellos, ya que para muchos (entre los que hay que incluir a los propios psi) el psicoanálisis es sólo el que ocurre en un consultorio. En los ámbitos públicos los profesionales psi se sienten presionados entre su manera de pensar su tarea, los requerimientos como empleados de una Institución y el tipo de consultas que llegan. Esto ocurre también en las prepagas, aunque el circuito pueda diferenciarse en cada caso.
¿Pero este no es acaso el estado posible y cualquier intento de reunificación nos llevaría a –en un imaginario– todo absurdo e imposible…?

La práctica del psicoanálisis plantea la diversidad de lecturas, abre a las confrontaciones. Pero creo que en nuestro ámbito hay más peleas y divisiones que debates posibles.
Las diferencias legítimas están siempre en los estilos de cada uno. Y las luchas por la hegemonía del criterio forman parte de la estructura del Inconsciente mismo.
Para finalizar, si tuviéramos que pensar en el resultado de una cura, ¿no pensamos con Freud (y con Lacan en un momento de sus desarrollos) que sería bueno poder arribar a estos resultados?:
“En el curso de unos años fue posible devolverle una gran parte de su independencia, despertar su interés por la vida, y ajustar sus relaciones con las personas que más le interesaban”?7 ¡Lástima que estaba referido al Hombre de los Lobos!


* http://ampblog2006.blogspot.com/2006/09/principios-rectores-del-acto-analtico.html.
1. Idem,pag 283.
2. Conjetural, Ediciones sitio, octubre 2006. Argentina.
3. Freud, S. Biblioteca Nueva, tomo III ,Madrid 1968, pág. 284.
4. Copa o cáliz usado por Jesucristo en la última cena, según la leyenda católica.
5. Jabif, Elena “Lacan al final de su carrera y la actitud de pacientes y discípulos”. www.pagina12.com.ar/2000/suple/psico/00-07/00-07.../psico01.htm.
6. Lacan, J. Nota italiana 1974.
7. Freud, S. “Análisis Terminable e Interminable” Biblioteca Nueva, O. C. Tomo III pág. 541, Madrid,1968.
 
 
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