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   Dispositivos en Psicoanálisis

El psicoanálisis como dispositivo
  Por Susana  Kuras de Mauer
   
 
Disponernos a pensar el psicoanálisis del siglo XXI supone un desafío múltiple: por un lado atender a los fundamentos que le dieron origen, por otra parte considerar las transformaciones ocurridas en su seno teniendo en cuenta, además, los atravesamientos socio culturales que lo afectan. No menos importante es preguntarnos qué nos ha pasado a nosotros mismos como psicoanalistas en relación con esta potencialidad transformadora del Psicoanálisis.
Ya no concebimos al Psicoanálisis replegado sobre sí mismo, sino como un dispositivo cuyo entramado, heterogéneo y móvil trasciende la dimensión teórico–clínica. El concepto foucaulteano de dispositivo, es, en este sentido, un concepto muy útil en tanto remite a las redes de relaciones entre los enunciados científicos, las instituciones, sus discursos, sus legalidades. “El dispositivo mismo es la red, el reseau, que se establece entre estos elementos. La idea de dispositivo, básicamente, podría definirse como la relación o la red de naturaleza estratégica, de formaciones heterogéneas, en un entramado de saber/poder” 1.

Tomando esta definición como punto de partida, nos interesa rescatar en ella tres aspectos para pensarlos en relación con el psicoanálisis: la naturaleza estratégica del dispositivo, su heterogeneidad y su carácter reticular. Atendiendo a los múltiples intersticios de este concepto “bisagra” –como M. Foucault lo llamaba–, podríamos pensar al Psicoanálisis mismo como dispositivo. Pero hay también otra dimensión a considerar cuando hablamos de dispositivos. La diversidad de las intervenciones clínicas, su diseño y construcción que implementamos en la singularidad de cada vínculo paciente–analista nos fueron llevando a ampliar el espectro de variantes de intervención psicoanalítica.
Los conflictos de la subjetividad contemporánea, sus modos de sintomatizarse, las angustias y malestares de nuestro tiempo, la necesidad de entramados fraternos que nos sostengan, fueron inquietudes que abordamos con Sara Moscona y Silvia Resnizky en Dispositivos clínicos en Psicoanálisis, nuestro libro recientemente publicado (2014).

“Desenmarañar las líneas de un dispositivo es en cada caso levantar un mapa, cartografiar, recorrer tierras desconocidas”2, y eso es lo que Foucault llama el trabajo en el terreno. Nada más afín a nuestra clínica psicoanalítica que la necesidad de diseñar con cada paciente un dispositivo a medida. Atentos al sufrimiento de quien consulta, nos disponemos a cartografiar, a trazar en conjunto con quienes demandan un análisis las líneas del dispositivo.
Subjetividad, Saber y Poder son para Michel Foucault cadenas de variables relacionadas entre sí que no poseen contornos definidos. Él intenta analizar los mecanismos de donde surge el poder y resalta del mismo no su esencia represiva sino su potencial productivo. El poder es algo múltiple, es un juego de fuerzas que excede la violencia. Nuestra práctica clínica nos desafía a observar cómo opera este poder en los distintos dispositivos que recorremos, orientando nuestras intervenciones.

El carácter productivo del poder –y por ende de los dispositivos– es, sin duda, una de las tesis más fuertes e interesantes de Foucault respecto de la problemática del poder. Él sostiene que el poder produce, y plantea que el poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos. El poder, en las sociedades modernas, es un poder de “hacer vivir o dejar morir”. Es eso lo que Foucault llama un biopoder.
La variabilidad y fluidez de la experiencia actual nos fue alejando, descentrando, de un modo de pensar binario, dicotómico, que apuntaba a buscar esencias y estructuras. La clínica psicoanalítica hoy arroja evidencias que necesitamos pensar en términos de transformaciones.

Tratamientos de parejas y de familias, vínculo de hermanos y otras combinatorias posibles, sucesivas o simultáneas, se entrelazan. ¨Pensamos los dispositivos clínicos como montajes complejos, construcciones conjuntas analista-paciente, donde el vínculo es el que va haciendo aparecer las diversas figuras del dispositivo. Es decir, que “el dispositivo es un producto del vínculo analítico en transferencia que, a diferencia del encuadre, no lo precede”.3 No está preconfigurado ni es fijo. Los dispositivos clínicos se construyen y se transforman en inmanencia. Se trata de intervenciones clínicas que multiplican los recursos clásicos. La clave de la validación se encuentra en la lectura a posteriori de sus efectos. Un “entre dos o más de dos” que habilita la producción de aperturas inéditas. El dispositivo es una malla cuyo entramado, textura, elasticidad y consistencia se nutre de la creatividad del conjunto generando combinatorias variadas. Las reglas de los dispositivos son situacionales.

En la configuración de los dispositivos: personal, pareja, familia, grupo, institución, “cada encuentro analítico, cada encuadre –dirá J. Pontalis– construye su paciente”.4 Nosotras diríamos que cada vínculo analítico construye su dispositivo. Y, a su vez, cada dispositivo psicoanalítico, crea sus propios itinerarios atendiendo a los problemas en juego, ilumina zonas diferentes. El cuidado por la singularidad del caso por caso es en psicoanálisis nuestro modo de rechazar los universales. Por otra parte hoy sostenemos y enfatizamos la necesidad de hacerle un lugar a lo nuevo de aquello no incluido en la repetición.

La posibilidad de descentrarnos de posiciones explicativas que postulan la hegemonía de un único eje central cambió sensiblemente nuestra aproximación al quehacer clínico.
Fue Gilles Deleuze en un breve artículo titulado “Qué es un dispositivo” quien ofrece una representación muy interesante del concepto en cuestión. “En primer lugar, es una especie de ovillo o madeja, un conjunto multilineal. Está compuesto de líneas de diferente naturaleza y esas líneas del dispositivo no abarcan ni rodean sistemas cada uno de los cuales sería homogéneo por su cuenta (el objeto, el sujeto, el lenguaje), sino que siguen direcciones diferentes”.5
Un ovillo es algo que preanuncia más de un destino posible. Se presta, en cualquier caso, a hacer algo con él. Un ovillo, por ejemplo, es un abrigo en potencia. Tiene por delante la posibilidad de transformarse en algo nuevo. Pero la trama de la malla no está en el origen, hay que tejerla. Ese particular posicionamiento de apertura y disponibilidad es en la demanda de análisis –como en el caso de la madeja– el punto de arranque del tejido ulterior.
Las líneas de un dispositivo nos “... forman procesos siempre en desequilibrio…”. “Cada línea está quebrada y sometida a variaciones de dirección (bifurcada, ahorquillada), sometida a derivaciones”.6 Encontramos en esta descripción de Deleuze un énfasis especial en la sinuosidad y complejidad de los recorridos propios de un dispositivo.

Cabe aquí una diferenciación entre el concepto de encuadre y el de dispositivo. Entendemos que el concepto de dispositivo abarca al encuadre, es decir lo aloja como uno de sus componentes determinantes. El encuadre, sostén y guardián de la estabilidad, pone en marcha el proceso analítico y lo regula con reglas fijadas de antemano. El diseño del dispositivo en cambio se construye en inmanencia, y más que la fijeza lo caracteriza su dinámica posibilidad de variación. La heterogeneidad de dispositivos y estrategias de abordaje en la clínica psicoanalítica enriquecieron los alcances de lo analizable. Esta apertura nos implica ineludiblemente y nos responsabiliza como psicoanalistas.

“(...) Cada dispositivo para G. Deleuze tiene su régimen de luz. Los dispositivos tienen pues, como componentes, líneas de visibilidad, de enunciación, líneas de fuerza, líneas de subjetivación, líneas de ruptura, de fisura, de fractura que se entrecruzan y se mezclan mientras unas suscitan otras a través de variaciones o hasta mutaciones de disposición. En todo dispositivo debemos desenmarañar y distinguir las líneas del pasado reciente y la parte de lo actual, la parte de la historia y la parte del acontecer”.7

Vivimos en una época signada por la opacidad y la ambigüedad de los referentes, las redes de sostén social son precarias e inestables. Las figuras que antaño estaban revestidas de autoridad y garantizaban continuidad se han desdibujado. Estos fenómenos, indudablemente, van produciendo efectos en el modo de construcción de la subjetividad.

En la actualidad frente al debilitamiento de las instituciones clásicas, en general verticalistas, que proveían sostén, aparece una mirada nueva sobre la dimensión de la paridad como alternativa de subjetivación. Los lazos horizontales en general y lo “fraterno” como una de sus configuraciones posibles ponen en jaque la pretensión de una legalidad única.
La dimensión clínica también plantea ciertas transformaciones. Los dispositivos de abordaje psicoanalítico hoy alojan, en nuestra experiencia, variantes vinculares que dan cuenta de cambios tanto en los paradigmas de época como en nuestra vida profesional.

Se trata de efectos que incidieron en la necesidad de revisitar conceptos clásicos del psicoanálisis para volver a pensar de qué modos se presentan los conflictos hoy, cómo se vehiculizan el sufrimiento y la angustia, cómo opera la transmisión, cómo pensamos los finales de un análisis, cómo diagnosticamos.
Abrevar en fuentes interdisciplinarias, filosóficas, políticas, literarias de autores no psicoanalíticos da cuenta de nuestra necesidad como analistas de pensar en los contextos de época y en la forma en que estos inciden sobre los modos de producción subjetiva.

Creo que una de las costumbres más nocivas del pensamiento contemporáneo –escribió Foucault– […], consiste en analizar el momento presente como si fuera, en la historia, el momento de la ruptura o el de la cumbre, el de la realización o el de la aurora que regresa. (…) Creo que deberíamos tener la modestia de reconocer que el momento en el que vivimos no es ese momento único, fundamental o disruptivo de la historia, a partir del cual todo finaliza o todo comienza; debiéramos tener la modestia de decirnos que el momento en el que vivimos es altamente interesante y exige ser analizado, desmenuzado, y que debemos plantearnos la pregunta: ¿en qué consiste nuestro hoy? (…).” 8

Nuestro hoy es sobre todo un tiempo de transición. Formamos parte de la escena. Estamos afectados como sujetos, como analistas y nuestra práctica clínica está atravesada por los modos instituyentes de nuestro tiempo. ¿Cómo hacer para interrogar críticamente nuestros referentes, nuestros puntos de apoyo? Nuestro desafío es no sólo animarnos a revisar conceptos hegemónicos, des–centrar, de–construir y crear nuevos dispositivos sino también poder reconocer y hacernos cargo de nuestras propias representaciones en conflicto, cuestionando la herencia para permitir su transformación.

Bibliografía
Agamben, G. “Qué es un dispositivo”, conferencia dictada en La Plata, 2005.
Castro, E. El vocabulario de Michel Foucault. Un recorrido alfabético por sus temas, conceptos y autores. Universidad Nacional de Quilmes. 2004.
Deleuze G. “¿Qué es un dispositivo?” En Michelle Foucault, filosófo. Editorial Gedisa. Barcelona.1999.
Freud S. (1920) “Más allá del principio del placer” Vol XVIII AE.
(1926 [1925]) “Inhibición, síntoma y angustia”. Vol XX AE.
(1930 [1929]) “El malestar en la cultura” Vol XXI AE.
(1937) “Construcciones en el análisis” Vol XXIII AE.
Mauer, S., Moscona, S., Resnizky, S. (2001) Psicoanalistas. Un autorretrato imposible. Ed. Lugar. Buenos Aires 2001.
Mauer, S., Moscona, S., Resnizky, S. Dispositivos Clínicos en Psicoanálisis Bs. As. Ed. Letra Viva 2014.
Morin, E. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona, Ed. Gedisa, 2001.

____________
1. Foucault, M. (1977) Entrevista (Dits et ecrits, 3, 299) citada por Agamben, G. en Qué es un dispositivo?
2. Deleuze G. ¿Qué es un dispositivo? En Michel Foucault, filosófo. Editorial Gedisa. Barcelona. 1999.
3. Mauer, S., Moscona, S., Resnizky, S. (2001) Psicoanalistas. Un autorretrato imposible. Ed. Lugar. Buenos Aires 2001.
4. Pontalis, J. B. (2002) Al margen de los días. Ed. Topia. Buenos Aires. 2007. Pág. 85.
5. Deleuze G. ¿Qué es un dispositivo? En Michelle Foucault, filosófo. Editorial Gedisa. Barcelona. 1999.
6. Deleuze G. ¿Qué es un dispositivo? En Michelle Foucault, filosófo. Editorial Gedisa. Barcelona. 1999.
7. Deleuze G. ¿Qué es un dispositivo? En Michelle Foucault, filosófo. Editorial Gedisa. Barcelona.1999.
8. Michel Foucault, «Structuralisme et poststructuralisme», en Dits et écrits, vol. II, p. 1267 (la traducción es de Manuel Mauer).
 
 
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